Martes, 24 de octubre de 2006
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Tomado del peri?dico "La Jornada".


Luis Hern?ndez Navarro

Oaxaca: el tejido fino de la sublevaci?n
Al caer la noche, la ciudad de Oaxaca cambia. Con los ?ltimos rayos de luz comienzan a aparecer en barrios y avenidas cientos de barricadas. Los vecinos organizados toman las calles, encienden fogatas, colocan piedras y asumen el control de la circulaci?n de veh?culos y personas. A partir de ese momento, moverse por la ciudad resulta muy dif?cil.

En las barricadas se comentan las ?ltimas noticias, se conversa, se preparara caf?, se cocina, se realizan asambleas y se escucha la estaci?n de radio de la APPO. Con ellas se garantiza la seguridad p?blica en la oscuridad nocturna. Se protege a los barrios pobres de la delincuencia y de los ataques de los pistoleros al servicio de Ulises Ruiz. Se hace sentir el control de los ciudadanos sobre su territorio.

La comunicaci?n radial es el hilo que enhebra los centenares de focos de resistencia aparentemente desarticulados en calles y hogares. La radio ocupada informa de los ataques de sicarios y polic?as vestidos de civil y llama a los ciudadanos a movilizarse y organizar la defensa. Transmite a tel?fono abierto llamadas de solidaridad y apoyo. Difunde programas para ni?os con historias ejemplares. Emite segmentos informativos sobre la biopirater?a y la defensa de los conocimientos tradicionales de los pueblos ind?genas. Comunica al movimiento consigo mismo.

Desde radio APPO (www.asambleapopulardeoaxaca.com) se emiten canciones de la Guerra Civil espa?ola. ?No pasar?n! es una especie de segundo himno del movimiento, despu?s del ?Venceremos!, adaptado y adoptado por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educaci?n (CNTE), a la que pertenece el magisterio oaxaque?o, desde 1979.

Con los primeros rayos de luz del d?a, las peque?as barricadas de los barrios se levantan. Permanecen las m?s importantes. El campamento principal del movimiento en el centro de Oaxaca se llena de actividades. Grupos solidarios entregan v?veres y comida preparada. Las brigadas m?viles de la APPO toman camiones y edificios p?blicos. Conminan a los funcionarios y empleados a abandonar los edificios donde despachan. Los altos mandos de la administraci?n local se mueven a salto de mata. Se re?nen en hoteles y casas particulares, siempre temerosos de que los inconformes lleguen a desalojarlos.

En Oaxaca los ciudadanos han perdido el miedo, ese cemento social b?sico para que funcione un sistema de dominaci?n. Cuando los pistoleros gubernamentales disparan contra la multitud o contra las estaciones de radio la gente no huye, sino que se lanza contra los agresores. A convocatoria de la radio centenares o miles de personas se concentran en cuesti?n de minutos en el lugar del ataque para perseguir a los responsables.

En cambio, las polic?as locales tienen miedo. Temen a los ciudadanos organizados y su ira. Tienen pavor a la respuesta decidida de la gente desarmada. Perdieron la batalla del 14 de junio contra el magisterio, cuando el gobernador los mand? a desalojar del z?calo de la ciudad. Han perdido todas y cada una de las pruebas de fuerza a las que se han sometido.

En contra de lo que se ha dicho, y a pesar de la indudable importancia que desempe?a el sindicato magisterial, no se trata de un mero movimiento gremial. En la lucha encontraron un lugar y una identidad aquellos que no tienen futuro. Los j?venes punk y los desempleados, los excluidos que no han emigrado a Estados Unidos, al valle de San Quint?n o la periferia de la ciudad de M?xico han encontrado en la protesta un espacio de dignidad y la posibilidad de hacerse de un lugar en el mundo. Su radicalidad es notable, como tambi?n su arrojo.

El magisterio tiene una cultura y una pr?ctica sindical que hace muy dif?cil la cooptaci?n de sus dirigentes. Ulises Ruiz, ignorante como es de los asuntos de su estado, lo vivi? en carne propia el pasado 21 de noviembre, cuando festin? por adelantado el levantamiento del paro de los maestros s?lo porque parte de la direcci?n gremial impuls? y anunci? el repliegue. El (des)gobernador del estado confi? a los suyos que ten?a listas 50 pipas de agua para entrar a limpiar el centro hist?rico de Oaxaca. Pero las pipas tuvieron que quedarse estacionadas porque la asamblea estatal de los trabajadores de la educaci?n decidi? hacer una nueva consulta para ver si se regresaba o no a clases.

En la secci?n 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educaci?n (SNTE) las c?pulas no mandan, porque no las dejan mandar. Por el contrario, deben obedecer las decisiones de la asamblea estatal, instancia organizativa en la que participan el comit? seccional y los secretarios generales de todas las delegaciones sindicales del estado. El movimiento orienta su acci?n a partir de 20 principios rectores de claro contenido democr?tico. Los delegados que asisten a la asamblea van amarrados a lo que sus bases han acordado. Si rompen ese acuerdo pueden ser destituidos.

Ese funcionamiento democr?tico de 26 a?os de antig?edad fue lo que impidi? que la decisi?n de promover el levantamiento del paro, impulsada por el secretario general de la secci?n, Enrique Rueda, y su corriente dentro del sindicato, prosperara. Fue, adem?s, lo que facilit? que la secci?n sindical se mantuviera unida, a pesar de sus diferencias internas.

El tejido fino de la sublevaci?n oaxaque?a est? integrado por una convergencia de pobres urbanos, j?venes sin futuro, comunidades ind?genas, organizaciones campesinas, gremios, ONG y maestros democr?ticos, con su respectivo memorial de agravios. Muchos ya no tienen miedo del gobierno. La horizontalidad de su funcionamiento hace muy dif?cil que un acuerdo entre autoridades gubernamentales y dirigentes sociales que no resuelva la demanda central -la cabeza del gobernador- sea viable. Oaxaca de abajo sabe que la permanencia de Ulises Ruiz al frente del estado provocar? una carnicer?a. No puede abandonar la lucha por su salida.
Publicado por solaripa69 @ 9:47
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