Martes, 16 de enero de 2007
M?xico ?ltimo modelo
?Se despiden los derechos humanos?
Hermann Bellinghausen

La barbarie pol?tica del Estado ha sido una constante de los gobiernos mexicanos contempor?neos. Desde Gustavo D?az Ordaz hasta Ernesto Zedillo, los gobiernos pri?stas desataron sucesivas "guerras" contra la protesta social, te?idas de paranoia y deliberadamente inexactas. Bajo una eficaz pantalla de "paz social", los gobiernos pri?stas emprendieron acciones represivas con una continuidad que va de Tlatelolco en 1968 a las represiones contra los pueblos de Atenco y Oaxaca en 2006, ya bajo los gobiernos panistas de Vicente Fox y Felipe Calder?n.
A la par que crec?a el uso de mazmorras, tortura y "desapariciones", triste eufemismo de asesinatos, en la guerra sucia de Luis Echeverr?a contra las protestas en la ciudad de M?xico, y luego los grupos "subversivos" que brotaban por todo el pa?s demandando un cambio profundo, se fue creando una cultura civil in?dita. La derrota estudiantil del 68 acab? siendo una victoria cultural y hasta pol?tica, con ?nfasis en que el Estado mexicano era injusto y que era necesario vigilarlo y denunciarlo siempre que se excediera.
Los presos pol?ticos del 68 morder?an dentro de la c?rcel, a pesar del proverbial silencio medi?tico. Y mord?an afuera. Ya para los a?os 80, en el interregno postrevolucionario donde el Estado nacional viraba al neoliberalismo, en lo que va del fracaso de Jos? L?pez Portillo al contenido gobierno de Miguel de la Madrid, qued? establecido que los derechos humanos exist?an. Organizaciones de madres de los desaparecidos, centros de defensor?a frecuentemente ligados a la iglesia cat?lica progresista, nuevos grupos pol?ticos y sindicatos independientes, movimientos campesinos y luchas urbanas por los derechos de las minor?as (empezando por los de las mujeres, que adem?s son mayor?a), estimularon la creaci?n de una cultura de los derechos humanos, la legitimaron y enaltecieron con acciones pertinaces y bajo no pocos castigos.
Al llegar el r?gimen de Carlos Salinas de Gortari, y con ?l el mareo ideol?gico y moral de muchos sesentayocheros, esta nueva cultura ten?a tal peso que el gobierno hubo de establecer una Comisi?n Nacional de Derechos Humanos (CNDH) para atender el rubro. Y cada vez m?s, los muertos contaban. Y eran contados.

En 1982 hab?a ocurrido la matanza de Wolonch?n, en las monta?as de Chiapas, donde gobernaba Juan Sabines. Una ocupaci?n de tierras por campesinos tzeltales fue destruida y dispersada a sangre y fuego por el Ej?rcito federal y los terratenientes locales. Nunca se supo el n?mero exacto de muertes. Fueron decenas. Un testigo de la ?poca relata que en ese tiempo "no hab?a quien contara los cad?veres, quien fuera al lugar de los hechos a recoger testimonios y evidencias". Para 1997, cuando sucedi? la matanza de Acteal, esto era impensable. Al lugar de los hechos llegaron hasta Televisa y Televisi?n Azteca; se report? en la prensa de todo el mundo.
Y aunque nadie le crey?, el gobierno de Ernesto Zedillo escurri? el bulto y sigue impune. De esa y de muchas otras; el suyo ha sido el gobierno mexicano que m?s civiles asesin? directa o indirectamente: de la zona chol zapatista y los Altos de Chiapas a Aguas Blancas, El Charco en Guerrero y los Loxichas en Oaxaca.
En el mundo hab?a prestigio para los derechos humanos. Las dictaduras del Cono Sur no resistieron m?s, eran indefendibles, y hab?a que castigarlas, aunque fuera a rega?adientes. Una condena universal a las pr?cticas de tortura increment? la observaci?n y denuncia en nuestro pa?s. En el proceso de ascenso de los pueblos ind?genas se dio tambi?n un incremento cualitativo y cuantitativo de organismos no gubernamentales, redes de defensor?a y colectivos de solidaridad que se fueron uniendo a las redes internacionales de informaci?n de derechos humanos.
El levantamiento zapatista de 1994 potenci? la observaci?n de violaciones a los derechos fundamentales, la denuncia y la defensa. Los muertos ya contaban, y se contaban. Esa primera "revoluci?n de internet", como se burlaba, malamente, el salinismo, signific? que ya nada suceder?a sin que se supiera, incluso en tiempo real, en todo el mundo. Las protestas contra la soluci?n de exterminio en Chiapas recorrieron el pa?s y el planeta, y el gobierno debi? "contenerse". En pleno ingreso al primer mundo, el Estado salinista detuvo su cong?nita barbarie.
Fue el siguiente gobierno, con Zedillo, el encargado de hacer el trabajo sucio. Como de costumbre, se busc? criminalizar a los presos pol?ticos, con fracasos tan estrepitosos como el de los "campesinos ecologistas" de Guerrero, que hasta premios internacionales recibieron estando en prisi?n. Se extendieron los programas de contrainsurgencia y paramilitarizaci?n en Chiapas, Guerrero, Oaxaca, las Huastecas, la sierra de Veracruz. Se poblaron las c?rceles con ind?genas inconformes. Y los cementerios.
No obstante, nunca como entonces se desarroll? mayor activismo por los derechos humanos. Era una actividad peligrosa, pero hab?a muchas personas dispuestas a llevarla a cabo, y lograban triunfos. A?n las hay, en mayor n?mero de seguro. Parte de esa red de lucha por los derechos humanos, incluidos los electorales, apuntal? al gobierno "del cambio" de Vicente Fox. Si bien el foxismo nunca control? a los organismos de derechos humanos, tampoco se atrevi?, como Zedillo, a violar la ley para expulsar "extranjeros inc?modos" en plena borrachera global del neoliberalismo. Tambi?n ocurri? que decenas de pueblos y municipios ind?genas decidieron defender directamente sus derechos.

Desde fines del foxismo vemos resurgir con impunidad y cinismo las pr?cticas de tortura, detenci?n arbitraria, uso faccioso de las leyes y los organos de justicia. Las acciones represivas de las polic?as federales y estatales contra las protestas en Gudalajara en 2004, la resistencia de Atenco y la protesta oaxaque?a han alcanzado una perversidad inusual: se castiga a quien sea, se golpea a lo bestia, se viola u hostiga sexualmente, se humilla y aterroriza, se tortura y encarcela en penales para narcotraficantes y psic?patas.
La impunidad policiaca ha sido la regla, pese a que se sabe que los excesos en Oaxaca recurrieron al know how kaibil de los mandos policiacos locales y la brutalidad encubierta de la Polic?a Federa Preventiva.
El contexto m?s inmediato a M?xico, o sea Estados Unidos, no canta mal las rancheras. Bajo la doctrina de Seguridad Interna y guerra al terrorismo, de Irak a Guant?namo, George W. Bush ha reestablecido como "leg?timas" la tortura, la desaparici?n forzada y las matanzas indiscriminadas. Y en Oaxaca como en Washington, ahora se atreven a difamar y criminalizar a los defensores de derechos humanos con un descaro que ser?a risible si no tuviera consecuencias jur?dicas y en la integridad f?sica de las personas y comunidades.
La sociedad, crey?ndose mejor informada, es m?s autista y sorda que en 1968, y como la realidad ocurre tras la escenograf?a de pantallas, centros comerciales y fraccionamientos sensacionales, apenas se entera. Bajo sus narices la polic?a ejecuta y/o tortura, viola a mujeres y hombres. El Estado y sus fuerzas prueban que El apando de Jos? Revueltas no era realista, sino una novela futurista.
En ese punto estamos. ?Pasar?n o no pasar?n? ?Se saldr?n con la suya? ?El Estado mexicano podr? insistir en su barbarie a pesar de que se sepa en el mundo? ?Carece de contrapesos nacionales e internacionales?
Si no se devuelve raz?n y prestigio al cumplimiento de los derechos humanos universales, a la documentaci?n y la defensa de las personas, grupos y comunidades v?ctimas de abusos institucionales, M?xico podr?a internarse en un callej?n oscuro.
En un previsible desarrollo de protestas sociales y populares, ?podr? el Estado mexicano recurrir a la violencia, la tortura y la injusticia de una "justicia ejemplar" sin que la sociedad misma, con su indiscutible peso moral, lo detenga?
Publicado por solaripa69 @ 10:39  | Pol?tica
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