Jueves, 22 de febrero de 2007
Del fraude electoral a la imposici?n ileg?tima


Carlos Antonio Aguirre Rojas
Rebeli?n

?...la gente ya est? harta, ya est? harta y no cree en

ning?n partido pol?tico, en ninguno, ni cree en la v?a electoral. Se est? levantando all? abajo, se est? preparando un gran estallido social, grande, como ni en la Revoluci?n Mexicana ni en la Guerra de Independencia...?


Subcomandante Insurgente Marcos, ?Reuni?n con el Magisterio y otros sectores de Tlaxcala?, 20 de febrero de 2006.







El gobierno de Felipe Calder?n, que ha entrado en funciones en M?xico a partir del 1 de diciembre de 2006, constituye, sin duda alguna, el gobierno m?s ileg?timo que M?xico ha conocido dentro de toda la larga serie de gobiernos que conforman su vida como naci?n formalmente independiente, desde 1821 y hasta hoy. Porque al haber nacido de un escandaloso fraude electoral, y de una verdadera elecci?n de Estado, llevadas a cabo por el gobierno de Vicente Fox, y al haberse impuesto a contrapelo de una vasta y generalizada oposici?n de la inmensa mayor?a de la opini?n p?blica mexicana, este gobierno de Calder?n no cuenta con ning?n apoyo social importante dentro de las clases populares mexicanas. Con lo cual, las ?nicas bases de apoyo de este gobierno calderonista son, exclusivamente, un limitado sector de las clases dominantes mexicanas, y los instrumentos de represi?n del propio Estado, que son el ej?rcito y la polic?a de M?xico, junto tambi?n a un peque?o sector muy conservador de las elites dominantes de los Estados Unidos de Norteam?rica.

As?, este gobierno de Felipe Calder?n no s?lo ha eliminado totalmente, las ya de por s? erosionadas y fr?giles bases de un cierto consenso social antes todav?a vigente, sino que tambi?n ha polarizado hasta el extremo, la ya de por s? desgarrada situaci?n pol?tica nacional, llev?ndola a un punto de un evidente equilibrio totalmente inestable, que puede quebrarse ?y que se quebrar? sin duda?, en cualquier momento.

Por eso, y tratando de hacer marchar a M?xico, en un sentido contrario al que ahora se mueve toda Am?rica Latina ?con la excepci?n, tambi?n absurda, de Colombia y de algunos pa?ses de Centroam?rica?, el gobierno de Felipe Calder?n contin?a reivindicando, como lo hizo recientemente en el Foro Econ?mico Mundial de la ciudad de Davos, las m?s retr?gradas pol?ticas de un neoliberalismo econ?mico salvaje, junto a las m?s f?rreas y autoritarias pol?ticas de represi?n de toda forma de disidencia social posible, y de todos los movimientos sociales de oposici?n [1] .

Pues es ?ste el hilo conductor que explica el conjunto de medidas diversas que, en estos dos meses de existencia, ha ido tomando este inestable gobierno de Felipe Calder?n. Medidas econ?micas, sociales, pol?ticas y culturales, que adem?s de presagiar el dif?cil futuro inmediato que le espera a la vasta mayor?a de las clases y sectores subalternos mexicanos, han hecho ya de Calder?n, en este breve lapso de arranque de su gobierno, no s?lo el presidente m?s ileg?timo de toda la historia del M?xico independiente, sino tambi?n uno de los m?s impopulares dentro de estos dos siglos mencionados.

Ya que en contra de todas sus promesas de campa?a, Calder?n arranca su gobierno subiendo el precio de la tortilla en un 40%, es decir elevando desmesuradamente el costo del principal alimento de amplios sectores de las clases populares mexicanas. Y ello, junto a un aumento de los salarios m?nimos de menos de 4%, y tambi?n junto a otros aumentos, igualmente importantes, en los precios del huevo, la leche, el gas, la gasolina y la energ?a el?ctrica. Es decir, con una verdadera ofensiva econ?mica neoliberal en contra de las ya de por s? deterioradas bases de la econom?a popular.

Al mismo tiempo, y previendo la l?gica respuesta que habr?n de desatar estas absurdas y agresivas medidas econ?micas neoliberales, Calder?n ha implementado toda una serie de operativos militares del ej?rcito mexicano, a todo lo largo y ancho del territorio nacional, operativos que bajo la falsa versi?n oficial de ser operativos contra el narcotr?fico y el crimen en general, en realidad constituyen ejercicios de adiestramiento y de reconocimiento de las condiciones reales del terreno, en las que ese ej?rcito y esa polic?a habr?n de enfrentar, muy pronto, a los diferentes movimientos sociales de todo el pa?s, y a las diversas formas de la protesta callejera y p?blica que ya est?n generando, y que seguir?n provocando, esas impopulares pol?ticas econ?micas neoliberales reci?n mencionadas [2] .

Preparando entonces, las muy pr?ximas batallas callejeras que estas fuerzas militares y polic?acas habr?n de librar en contra de la protesta social de los subalternos, Calder?n no s?lo ha prometido aumentarles de modo importante a esas fuerzas represivas sus salarios, sino que tambi?n se ha declarado ?un presidente cercano a las fuerzas armadas?, reuni?ndose hasta hoy p?blicamente con los militares, m?s que con cualquier otro sector de la sociedad mexicana. Junto a esto, Calder?n se ha negado a resolver los casos escandalosamente injustos y oprobiosamente violatorios de los derechos humanos, tanto de los presos de Atenco, como de los presos de Oaxaca, ubicando como su Secretario de Gobernaci?n a un personaje de negra fama como represor, y precisamente como violador de esos mismos derechos humanos, a Francisco Ram?rez Acu?a.

Congruente con todo esto, Calder?n ha aceptado pactar con los peores personajes pol?ticos de la escena mexicana actual, manteniendo en el gobierno de Oaxaca, en contra de la voluntad abrumadoramente mayoritaria del pueblo oaxaque?o, a Ulises Ruiz. Y en Puebla, al llamado ?gober precioso? Manuel Mar?n, ambos, gobernadores totalmente desacreditados y deslegitimados, y ambos miembros del decadente Partido Revolucionario Institucional. Mostrando entonces una nula capacidad de operaci?n pol?tica, el gobierno calderonista se limita a vivir de la inercia, benefici?ndose para su desempe?o cotidiano del car?cter acomodaticio y tambi?n indolente de toda la corrupta y decadente clase pol?tica mexicana, sumida hoy en el descr?dito absoluto, y caracterizada por una absoluta falta de principios de todo orden.

Finalmente, Calder?n ha recortado los presupuestos de la educaci?n, de las universidades, de la ciencia y la tecnolog?a, y de todo el sector cultural, reiterando una vez m?s c?mo, para los gobiernos de derecha como el suyo, la cultura es una suerte de ?lujo prescindible?, cuya existencia no tiene sentido, salvo en los limitados casos en que produzca ganancias inmediatas y tangibles. Lo que, una vez m?s, y al igual que con el gobierno de Vicente Fox, se ha manifestado en el hecho de que todos los funcionarios p?blicos de este sector cultural, sin excepci?n, son personajes de muy bajo nivel y de d?bil perfil intelectual, cient?fico, literario, art?stico, educativo o cultural en general.

Sin embargo, si todas estas pol?ticas se presentan como las pol?ticas que, usualmente, han implementado e implementan los gobiernos de derecha en todo el mundo, el caso de M?xico actual se matiza en cambio, por el hecho de que este impopular e ileg?timo gobierno derechista que reci?n comienza, lo hace en un contexto espec?fico que, m?s all? de la crisis terminal del capitalismo en la que ahora vive todo el planeta, se asemeja notablemente y en m?ltiples sentidos, a la situaci?n que M?xico vivi? en v?speras de la Revoluci?n de Independencia de 1810, y tambi?n y en segundo t?rmino, a las condiciones que precedieron al gran estallido de la Revoluci?n Mexicana de 1910.

Contexto particular que, enraizado claramente en las estructuras de larga duraci?n de la historia profunda de M?xico, nos remite a esa compleja dial?ctica de regularidades y de singularidades que constituyen la complicada trama de toda historia nacional posible.


M?XICO: 1810, 1910... ?2010?


Si la historia no se repite nunca, y si es falsa siempre la repetida frase de que ?no hay nada nuevo bajo el sol?, eso no quiere decir tampoco que la historia sea s?lo novedad absoluta, y que no existan ciclos, regularidades, permanencias, y elementos que se repiten y reiteran, una y otra vez, dentro del complejo tejido de la historia humana. Porque la historia es, justamente, la rica combinaci?n y dial?ctica entre esos elementos reiterados y que reaparecen tenazmente en distintas circunstancias y coyunturas hist?ricas, y aquellos otros que son realmente ?nicos, singulares e irrepetibles.

Y en esta l?gica, llaman poderosamente la atenci?n varias similitudes que la actual situaci?n mexicana presenta, con las v?speras de 1810 y 1910 [3] . Pues es claro que M?xico vivi?, a causa de las Reformas Borb?nicas, y cien a?os despu?s de las pol?ticas porfiristas, procesos de modernizaci?n econ?mica brutales, que no s?lo reconfiguraron sustantivamente la estructura econ?mica imperante, sino que tambi?n implicaron modificaciones importantes de la estructura de clases entonces vigente. Y con ello, la formaci?n y el reacomodo de nuevos y de viejos actores pol?ticos, junto al desarrollo de transformaciones culturales tambi?n muy relevantes.

As?, las pol?ticas neoliberales que desde 1982 padece M?xico, han sido nuestras nuevas Reformas Borb?nicas o nuestro nuevo Porfiriato, al desencadenar similares cambios econ?micos r?pidos y profundos, que han rehecho en gran medida la pir?mide social, expres?ndose tambi?n en cambios pol?ticos y culturales claramente significativos. Por eso hoy, igual que en 1810 y 1910, hay sectores econ?micos importantes de las clases dominantes que no est?n nada contentos con el gobierno y el Estado actual, junto a sectores y clases sociales que no ven reflejados sus intereses ni sus demandas en ese mismo Estado y gobierno, y que por lo tanto quieren hacer valer su presencia y su fuerza social, pol?tica y cultural, de un modo mucho m?s claro y contundente.

Y si en 1810 la cerraz?n de la corona espa?ola, y en 1910 la anquilosada y tambi?n excluyente estructura del poder porfirista, se negaron a asumir y dar curso a esos vastos reclamos econ?micos, sociales, pol?ticos y culturales, provocando sendas revoluciones, ahora, en 2007, la cerraz?n y autismo del gobierno de Calder?n, que ya hemos descrito, ante los reclamos tanto populares como incluso de sectores de las clases medias y de ciertas fracciones de las clases dominantes, nos recuerdan muy de cerca esa bien sabida trama, con el tambi?n consabido resultado del muy posible 2010 hist?rico.

Pues tambi?n es claro que hoy, y desde hace m?s de dos d?cadas, se repite igualmente otro de los procesos que precedieron claramente tanto a 1910 como a 1810: el de una clara ofensiva generalizada, masiva, y anormal en t?rminos de la evoluci?n hist?rica previa, tanto de las clases dominantes como del Estado vigente, en contra de los intereses, los bienes, y las propiedades, pero tambi?n de la limitada autonom?a y los precarios equilibrios de la existencia cotidiana, de las amplias masas populares y de los vastos sectores subalternos.

Ya que es bien sabido que las Reformas Borb?nicas, fueron el ?ltimo intento de la corona espa?ola por recuperar el control de la Nueva Espa?a, intento desesperado que termin? fracasando, pero que, mientras se despleg?, constituy? una clara ofensiva antipopular. Pues frente al florecimiento de mercados locales y regionales, que a lo largo de todo el siglo XVII y la primera mitad del XVIII incentivaron el desarrollo de poderes y autonom?as locales de todo tipo, las Reformas Borb?nicas aparecen como un claro intento de regular, reordenar, someter a un nuevo control, a todos los espacios, sectores, clases y grupos sociales de la Nueva Espa?a. Y si esto afecta sin duda, tambi?n a ciertos sectores y elites locales de las clases dominantes, igualmente se afirma como una clara ofensiva que le ?aprieta las tuercas? a todas las clases populares, a las que no s?lo acosa con viejos y nuevos tributos e impuestos, sino que tambi?n les recorta sus espacios de autonom?a comunal, de libertad pol?tica, y hasta de afirmaci?n y reproducci?n cultural [4] .

Constituyendo entonces un claro ataque contra la econom?a, la autonom?a y la vida social de los sectores subalternos, esas Reformas Borb?nicas aportan otro de los elementos que nos llevan al estallido revolucionario de 1810. Lo que habr? de repetirse, de otro modo y en otro sentido, durante el Porfiriato, el que como es bien sabido, constituye un periodo anormalmente intenso de expropiaci?n y despojo de las tierras comunales de los campesinos, generando otra vez no s?lo la p?rdida de la tierra y de los recursos de su territorio, para los subalternos de nuestro pa?s, sino tambi?n un ataque y degradaci?n de las autonom?as populares, y de los h?bitos y costumbres cotidianas de la reproducci?n global de estos mismos grupos subalternos.

Un proceso que vivimos nuevamente y de manera intensa en M?xico, en los ?ltimos veinte o veinticinco a?os. Pues ahora vuelve a despojarse a los campesinos de su tierra, apoy?ndose en la reforma salinista de 1992, y mediante los perversos programas del PROCEDE, a la vez que se vulnera la econom?a popular con los impuestos del IVA, y la amenaza de su extensi?n a medicinas y alimentos, y que se recortan los limitados espacios de la autonom?a popular, criminalizando toda forma de protesta social, y retando al pueblo con la injusta, escandalosa y oprobiosa actitud de impunidad hacia los casos de Atenco y Oaxaca, entre otros [5] .

Y del mismo modo que en 1810, y en 1910, estas intensas y anormales ofensivas sostenidas por lustros en contra de las clases populares, abonaron los grandes estallidos sociales de comienzos de los siglos XIX y XX, as? tambi?n la agresiva ofensiva neoliberal que hemos padecido ya desde 1982, parece encaminarnos directamente hacia un escenario que reeditar?, por tercera vez, la abierta y masiva irrupci?n revolucionaria del descontento popular.

Y si este doble proceso profundo, de una completa reestructuraci?n global de la sociedad mexicana, y de una sostenida ofensiva en contra de las clases populares, fue el tel?n de fondo de esas v?speras de 1810 y 1910, y vuelve a serlo de esta antesala de 2010, todo esto se complementa con otros procesos econ?micos, sociales y pol?ticos que, del mismo modo, asombran por las reminiscencias que evocan de las etapas inmediatamente anteriores a los movimientos de la Independencia y de la Revoluci?n mexicanas.

Pues como a finales del siglo XVIII y a finales del siglo XIX, tambi?n hoy vivimos una crisis econ?mica general de grandes dimensiones, que lo mismo se expresa como aguda crisis agr?cola, que como crisis de las ramas m?s din?micas de nuestra econom?a ?antier como crisis de la miner?a, ayer de la miner?a y de la incipiente industrial textil, y hoy como crisis de los sectores de punta de nuestra industria manufacturera--, pero tambi?n y de modo agudo, como una clara y sensible baja del salario real. Crisis entonces global de la entera esfera econ?mica, que si en v?speras de 1810 se expres?, entre muchas otras formas, como un cierto incremento de la migraci?n interna dentro de la zona central de M?xico, y antes de 1910 como una fuerte migraci?n desde el centro hacia el norte del propio M?xico, hoy en cambio se manifiesta como una verdadera migraci?n masiva de mexicanos hacia los Estados Unidos de Norteam?rica.

Migraci?n masiva que alcanza la enorme cifra de medio mill?n de mexicanos emigrados al a?o, y que habiendo sido una clara v?lvula de escape de las crecientes tensiones sociales y de esa brutal baja del salario real, parecer?a ya estar llegando a un posible ?punto de saturaci?n? respecto de las propias necesidades del funcionamiento de la econom?a norteamericana. Y del mismo modo en que la crisis de la miner?a y la econom?a norteamericana de 1907, fue un elemento m?s en la suma de factores desencadenantes de 1910, as? la posible crisis de la econom?a norteamericana y la crisis de ese flujo migratorio mexicano hacia Estados Unidos, podr? muy posiblemente agregarse a los factores desencadenantes del muy cercano y posible a?o de 2010 hist?rico.

Adem?s, y para continuar con la lista de estos evidentes paralelismos hist?ricos, es sabido que otra de las muy claras y extremas manifestaciones de esas crisis econ?micas previas a 1810 y 1910, fue la del alza desmedida de los precios del ma?z, entre 1808 y 1811 en los tiempos de la Colonia, y desde 1907 y hasta 1911 durante el Porfiriato. Lo que, a la luz del reciente incremento de 40% al precio de la tortilla ?a?n ahora, elemento central de la alimentaci?n popular mexicana?, no hace m?s que acrecentar nuestra certidumbre de que avanzamos, r?pidamente, hacia ese a?o hist?rico de 2010.

Otro elemento importante, que reaparece al final de la Colonia, en las postrimer?as del Porfiriato, y ahora, es el de una clara fractura profunda de las propias clases dominantes, las que a partir de los r?pidos cambios econ?micos y sociales provocados, respectivamente por las Reformas Borb?nicas, por el Porfiriato, y por el neoliberalismo salvaje, terminan por dividirse profundamente, dificultando la reproducci?n general de las condiciones de su dominio y de su hegemon?a global. Y si antier se separaron los espa?oles fieles a la corona, frente a los criollos independentistas, y ayer los hacendados conservadores y la burgues?a comercial fieles al gobierno de Porfirio D?az, frente a los hacendados mas capitalistas y avanzados del norte [6] , hoy se confrontan claramente, los sectores de la burgues?a entreguista y trasnacional, contra el sector de la burgues?a nacional que vive y prospera a partir del desarrollo del mercado interno nacional.

Y si esta clara divisi?n de la clase dominante, nos demuestra que ?los de arriba ya no pueden gobernar? al modo antiguo, y que urgen cambios sociales radicales de gran envergadura, las experiencias de 1810 y 1910 tambi?n nos aleccionan respecto de lo tibios, vacilantes y poco confiables que son siempre esos sectores ?de oposici?n? de las propias clases dominantes, lo que nos confirma en la necesidad de mirar, para esos cambios sociales radicales, no hacia arriba, sino m?s bien hacia abajo y a la izquierda.

Naturalmente, junto a la crisis econ?mica y la inestabilidad social, viene la crisis de legitimidad del gobierno y de los gobernantes, pero tambi?n del Estado e incluso de la clase pol?tica en su conjunto. Porque luego de varios lustros de la ya mencionada ofensiva general en contra de los sectores subalternos, y en el contexto de una tambi?n reiterada crisis econ?mica y social generales, las clases populares y los grupos subalternos dejan de creer en los de arriba. Y cuando los de arriba ya no pueden y los de abajo ya no quieren vivir al modo antiguo, el claro resultado es una revoluci?n social. Por eso, en v?speras de 1810, el poder del gobierno novohispano se debilita enormemente, recibiendo el golpe de gracia con la invasi?n napole?nica a Espa?a, lo que deja sin sustento alguno al Virrey y a su gobierno, y prepara el estallido de 1810.

E igual sucede con el gobierno porfirista, que se debilita a pasos acelerados, y que despu?s de la entrevista D?az-Creelman, culmina este desgaste completo de sus ya escasas bases de legitimidad social, abriendo la puerta a la abierta impugnaci?n maderista, y m?s adelante al estallido de 1910. Lo que, en el escenario mexicano actual, se reproduce otra vez de forma casi id?ntica, pues a la sostenida erosi?n del consenso de los tres ?ltimos gobiernos pri?stas, acelerada grandemente por el gobierno de Vicente Fox, viene a culminarla el escandalos?simo fraude electoral del 2 de julio de 2006, y luego la rid?cula imposici?n, llevada a cabo a sangre y fuego, del gobierno de Felipe Calder?n, lo que nos conduce directamente y sin m?s mediaciones hacia el posible 2010 hist?rico.

Y si de modo para nada parad?jico, esa clara debilidad del gobierno y del Estado, se manifest? como un recrudecimiento de su autoritarismo y de su car?cter represivo, a finales de la Colonia, en v?speras de la Revoluci?n Mexicana, y ahora mismo en el M?xico de 2007, eso s?lo confirma la ya sabida tesis de que cuando el elemento del consenso disminuye o hasta tiende a desaparecer, la ?nica alternativa de los poderosos para mantener su poder, es recurrir al otro elemento del Estado, es decir a las fuerzas del orden, de la represi?n, y de la cruda y brutal imposici?n del dominio. Lo que precisamente, y de modo m?s que evidente, est? haciendo ahora el gobierno de Felipe Calder?n.

Por todo esto, y como un ?ltimo elemento de similitud entre las circunstancias hist?ricas de M?xico, antes de 1810, de 1910 y de 2010, es obvio que, como respuesta a la ofensiva intensa del Estado y de la clase dominante en contra de las clases oprimidas y explotadas, y en ese contexto de m?ltiples crisis econ?micas, de la hegemon?a, de la dominaci?n y de la legitimidad, hayan prosperado y est?n prosperando, en los tres casos citados, fuertes y subterr?neos movimientos de todos los grupos y clases subalternos, que no quer?an ya un simple ajuste del gobierno existente, ni la sola reparaci?n de un agravio o injusticia locales o sectoriales de cualquier tipo, sino que preparaban y clamaban por una verdadera y profunda revoluci?n social.

Porque aunque el term?metro de la econom?a moral de la multitud [7] , empez? a subir r?pidamente en las v?speras de 1810 y 1910, igual que como se eleva aceleradamente ahora, eso no fue perceptible entonces para las clases dominantes en turno, ni para algunos sectores de la sociedad mexicana, mas que en el momento en que dicho term?metro alcanz? el punto de ebullici?n, y los ?Ya Basta! de todos los humillados, ofendidos, explotados, oprimidos y discriminados, arrancaron el movimiento de Independencia en 1810, degollando gachupines por doquier y asaltando las tiendas y las haciendas de la ?poca, o cien a?os despu?s, iniciaron la Revoluci?n Mexicana, ajustando las cuentas con los ?catrines?, y recuperando las tierras que les hab?an sido injustamente expropiadas en los a?os recientes.

En esta misma l?gica, y ahora mismo, y en contra de las visiones falsamente tranquilizadoras que intentan difundir e imponer los grandes medios de comunicaci?n en M?xico, el term?metro del descontento popular se est? moviendo r?pidamente hacia arriba, pasando del agravio personal u ocasional a la insatisfacci?n colectiva y permanente, y madurando a esta ?ltima, desde la simple denuncia de la injusticia o el incipiente reclamo de una demanda espec?fica, hasta la comprensi?n de que la fuente de todos esos agravios, injusticias, despojos e inequidades es el propio sistema capitalista en su conjunto. Y de que no hay ya salida o soluci?n posible a toda esta multiplicidad de expresiones de la opresi?n, la discriminaci?n y la explotaci?n, que el cambio radical y total de todo el sistema social. Algo que ejemplifican claramente, tanto la lucha del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra de Atenco, como tambi?n el vasto movimiento popular de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca.

Y de la misma forma en que, antes de 1810, creci? el clamor independentista entre los criollos y entre los sectores populares, y en que antes de 1910, proliferaban los C?rculos Liberales y las distintas c?lulas magonistas del Partido Liberal Mexicano, as? crece ahora, d?a con d?a, el digno e importante movimiento de La Otra Campa?a [8] .


2010... ?COMO 1917 O COMO 1994?


Como hemos dicho antes, la historia es la compleja dial?ctica de repeticiones y de singularidades. Y si, a la luz de lo anterior, parece no haber duda de que en M?xico se prepara un gran estallido social, mucho m?s grande que los de 1810 y 1910, la gran pregunta entonces es si ese estallido repetir? tambi?n, despu?s de su irrupci?n, los periplos que M?xico vivi? entre 1810 y 1821, y luego entre 1910 y 1920. Y la respuesta m?s probable es que no.

Porque, m?s all? de toda la serie de similitudes ya referidas, subsiste una diferencia esencial entre la situaci?n que hoy vive M?xico, y las situaciones de finales de la Colonia y finales del Porfiriato. Y esa diferencia alude al hecho de que, desde 1968-1973, el sistema capitalista mundial ha entrado, como lo ha explicado amplia y reiteradamente Immanuel Wallerstein, en la etapa de su crisis terminal y definitiva. Es decir, que estas v?speras del 2010 hist?rico mexicano, son s?lo una parte del evidente caos sist?mico en el que ha entrado la reproducci?n del capitalismo mundial, desde hace apenas tres d?cadas [9] .

Lo que entonces, no s?lo explica la profunda y radical mutaci?n que han vivido todos los movimientos antisist?micos del planeta, despu?s de esa fecha simb?lica y emblem?tica de 1968, sino tambi?n el cambio igualmente profundo de las posibilidades de triunfo que tiene, ahora, todo proyecto de transformaci?n social radical posible. Porque lo mismo la Revoluci?n de Independencia de 1810 que la Revoluci?n Mexicana de 1910, igual que la Revoluci?n Rusa de 1917 o la Revoluci?n China de 1949, todas ellas se estrellaron, de diversas formas, con la entonces todav?a enorme fuerza de la din?mica de reproducci?n global del capitalismo, el que luego de todos los procesos revolucionarios mencionados ?y de much?simos otros similares?, logr? siempre reconstruirse y reconfigurarse, marginando a los sectores populares m?s radicales y a sus respectivos proyectos, y reinstaurando, m?s tarde o m?s temprano, nuevas formas de las mismas relaciones sociales capitalistas y burguesas, de explotaci?n, despotismo, humillaci?n, despojo y discriminaci?n.

En cambio ahora, el sistema capitalista se encuentra, en escala planetaria, en una clara situaci?n de bifurcaci?n hist?rica, o de transici?n hist?rica sist?mica, que combina la etapa final del capitalismo, con el surgimiento de diversos embriones y g?rmenes que prefiguran, aqu? y ahora, el nuevo sistema hist?rico que est? por llegar. Lo que incrementa enormemente las posibilidades de impacto mundial y de triunfo global de los distintos proyectos genuinamente revolucionarios. Por eso, lo m?s probable es que el 2010 hist?rico mexicano, no repita, despu?s de su ya muy pr?xima irrupci?n, la misma historia de las d?cadas que sucedieron, primero a 1810 y despu?s a 1910.

Lo que ya se hace claro desde ahora mismo. Pues a diferencia de las v?speras de 1810 y 1910, existe hoy en M?xico una alternativa social inteligente, que ha asumido muy concientemente las lecciones de la historia mexicana posterior a 1810 y a 1910, y que pretende darle un cauce y un destino diferente al muy cercano e inminente estallido social que se avecina en nuestro pa?s. Esa alternativa es La Otra Campa?a, la que hoy mismo pugna por darle a ese inevitable estallido social que muy pronto viviremos, un cauce pac?fico, racional y dirigido conscientemente hacia esa supresi?n total del sistema capitalista, y hacia la edificaci?n de un mundo nuevo, muy otro, por el que ahora claman millones y millones de seres humanos, en todo M?xico y tambi?n en todo el planeta.

Cauce pac?fico que pretende ahorrarnos el importante costo en vidas humanas que implicaron nuestra Independencia y nuestra Revoluci?n del siglo XX. Y adem?s, es un cauce racionalmente dirigido en t?rminos anticapitalistas, y en aras de un mundo nuevo, que tambi?n pretende atajar el desarrollo ca?tico y bastante azaroso que padeci? M?xico, despu?s de 1810 y despu?s de 1910, respectivamente.

Pues como nos lo han mostrado ya muy recientemente las clases y los sectores subalternos de Argentina, de Ecuador y de Bolivia, es totalmente posible derrocar a un gobierno impopular e ileg?timo, por v?as completamente pac?ficas y con m?todos de acci?n no violentos, evitando al m?ximo el derramamiento de sangre y la p?rdida de vidas humanas. Basta para ello el haber consolidado un vasto movimiento social popular, que agrupe a todas las clases y sectores subalternos de la naci?n, y que de manera firme y unida se plante con sus demandas y exigencias frente a los poderes y las clases hoy dominantes. Aunque, y es el paso que le ha faltado a esos pueblos sudamericanos mencionados, ese derrocamiento hubiese debido haber sido continuado con la instauraci?n de un nuevo gobierno que ?mande obedeciendo?, y con una redistribuci?n total de la riqueza, en donde ya no existen ricos, y cada quien vive s?lo de su propio trabajo, y en donde la tierra sea de las comunidades que la trabajan, y todos los miembros de la sociedad est?n otra vez ?todos parejitos?. Es decir, lo que precisamente persigue y propone, para M?xico y luego para todo el planeta, la digna iniciativa del movimiento de La Otra Campa?a.

Caminamos entonces, r?pidamente y sin posibilidad de vuelta atr?s, hacia el 2010 hist?rico mexicano. Pero ahora, y a diferencia de hace cien y tambi?n de hace doscientos a?os, con la posibilidad de un desenlace mucho m?s feliz y promisorio.

2010 hist?rico que, cabe recordar, y como saben bien todos los historiadores cr?ticos, no necesariamente coincidir? con el a?o de 2010 cronol?gico. Porque el simb?lico a?o de 1968, por ejemplo, se dio en China en 1966, y en Italia y Argentina en 1969, es decir en a?os cronol?gicos diversos, que sin embargo, conocen y albergan los mismos o muy similares procesos que el 68 mexicano, franc?s o estadounidense. As? que ese 2010 hist?rico, bien podr?a comenzar en 2007 ? 2008, ? retrasarse hasta el 2011 ? 2012.

Viendo entonces serenamente las cosas, quien apueste a que Felipe Calder?n no terminar? su mandato, tiene muy altas probabilidades de ganar. Pero quien apueste a que el 2010 hist?rico no repetir? el resultado de 1810 y de 1910, sino que abrir? para M?xico la m?ltiple y cada vez m?s ubicua gestaci?n de un mundo nuevo, no capitalista y muy otro, un mundo justo, igualitario, democr?tico, incluyente y radicalmente libre, tiene, adem?s de grandes probabilidades de acertar, tambi?n una enorme y profunda responsabilidad social. Pues si apostamos por ese futuro no capitalista, para M?xico y para todo el mundo, y creemos en ?l, es sin duda porque nos comprometemos a participar, activa e inteligentemente, en el proceso de su propia construcci?n.


Ciudad de M?xico, martes 13 de febrero de 2007.



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[1] Sobre esta rid?cula defensa del neoliberalismo salvaje, una pol?tica que ahora es cuestionada y puesta en duda hasta por los altos directivos del Fondo Monetario Internacional, y que gener? un debate entre Felipe Calder?n y el hoy tibio y socialdem?crata presidente de Brasil, Luis Inazio da Silva, ?Lula?, cfr. la nota titulada ?Calder?n sufre acometida de Lula en Davos?, en el diario La Jornada, del 27 de enero de 2007, noticia de primera plana, en la p?gina 1. Sobre la pol?tica de represi?n abierta de toda disidencia social, v?ase tambi?n la nota ?No toleraremos desaf?os al Estado, advierte Calder?n?, en La Jornada del 20 de enero de 2007, p?g. 3. Y sobre el movimiento m?s de fondo de Am?rica Latina, desde dictaduras militares o gobiernos de derecha y autoritarios, hacia gobiernos hoy tibiamente de izquierda, y ma?ana, esperamos, de verdadero autogobierno de las clases populares, cfr. nuestro libro, Carlos Antonio Aguirre Rojas, Am?rica Latina en la encrucijada, Ed. Contrahistorias, segunda edici?n, M?xico, 2006.

[2] Y son los propios militares, los que declaran abiertamente que esos operativos actuales y todo el ?Plan de Seguridad Nacional? actual, tiene tambi?n como objetivo ubicar, y luego combatir a esos movimientos sociales de protesta. Sobre este punto cfr. la nota en el diario La Jornada, del 27 de enero de 2007, p?g. 5.

[3] Una sugerente comparaci?n entre las revoluciones mexicanas de 1810 y 1910, puede verse en el ensayo de Friedrich Katz, ?Las rebeliones rurales en M?xico a partir de 1810?, incluido en su libro Nuevos ensayos mexicanos, Ed. Era, M?xico, 2006, pp. 29-77.

[4] Leyendo entre l?neas muchos de los testimonios que aporta el libro de Eric Van Young, La otra rebeli?n. La lucha por la Independencia de M?xico. 1810-1821, Ed. Fondo de Cultura Econ?mica, M?xico, 2006, es posible descubrir tanto esta ofensiva general, como la larvada pero creciente respuesta popular, que coagula e irrumpe en 1810. Naturalmente, no coincidimos con la interpretaci?n general de este libro, que sin embargo contiene algunos de estos datos y testimonios interesantes, y que pueden dar lugar a otra lectura y a otra interpretaci?n de este mismo proceso de la Revoluci?n de 1810 en M?xico.

[5] Hasta el punto de que Amnist?a Internacional ha externado su honda preocupaci?n sobre el verdadero respeto a los derechos humanos de parte de este gobierno mexicano, sum?ndose al clamor nacional e internacional, cada vez mayor, por la libertad de esos presos pol?ticos de Atenco y de Oaxaca. Sobre esta postura de Amnist?a Internacional, cfr. el diario La Jornada, del 12 de febrero de 2007, pags. 1 y 7.

[6] Sobre esta clara divisi?n de la clase dominante en el proceso de la Revoluci?n Mexicana, cfr. nuestro ensayo, Carlos Antonio Aguirre Rojas, ?Mercado interno, guerra y revoluci?n en M?xico. 1870-1920?, en la Revista Mexicana de Sociolog?a, n?m. 2, 1990.

[7] Sobre este concepto, que en nuestra opini?n y tal vez en contra del propio Thompson, sigue teniendo una enorme vigencia y utilidad actuales, cfr. Edward P. Thompson ?La econom?a moral de la multitud en la Inglaterra del siglo XVIII?, y tambi?n ?La econom?a moral revisada?, ambos en su libro Costumbres en com?n, Ed. Cr?tica, Barcelona, 1995. Para una explicaci?n de los contenidos principales y de las implicaciones de este importante concepto, cfr. Carlos Antonio Aguirre Rojas, Antimanual del mal historiador, Octava edici?n, Ed. Contrahistorias, M?xico, 2005.

[8] Sobre este importante movimiento de La Otra Campa?a, cfr. el n?mero 6 de la revista Contrahistorias, M?xico, 2006, y en particular, Carlos Antonio Aguirre Rojas, ?Ir a contracorriente: el sentido de La Otra Campa?a? y tambi?n ?La otra pol?tica de La Otra Campa?a?.

[9] Sobre esta crisis terminal del capitalismo, cfr. Immanuel Wallerstein, Despu?s del liberalismo, Ed. Siglo XXI, M?xico, 1996, y tambi?n La crisis estructural del capitalismo, Ed. Contrahistorias, M?xico, 2005. V?ase tambi?n Carlos Antonio Aguirre Rojas, Para pensar el siglo XXI, Ed. El Viejo Topo, Barcelona, 2005 y tambi?n Chiapas, Planeta Tierra, Ed. Contrahistorias, M?xico, 2006.
Publicado por solaripa69 @ 11:43
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