Tricolores, blanquiazules y verdes la aprueban y rehúyen el debate
Imponen Ley del ISSSTE sin cambiar ni una coma
ANDREA BECERRIL , VICTOR BALLINAS
Prácticamente sin debate, en un ''monólogo'', como lo definieron los perredistas, porque los legisladores de PRI y PAN no quisieron discutir las propuestas de cambio para proteger los fondos de retiro de los trabajadores, el Senado aprobó en lo particular la reforma a la Ley del ISSSTE.
Con ello concluyó el proceso legislativo, y la nueva ley, por la que se privatizan las pensiones de más de 2 millones de servidores públicos y se abre la puerta a la subrogación de servicios médicos de alta especialidad de ese instituto, finalmente fue turnada al Ejecutivo federal para su promulgación y puesta en marcha.
La mayoría PRI-PAN-PVEM se impuso otra vez en Xicoténcatl, pero a excepción de un día antes, en que hubo un fuerte debate cuando lo reforma se aprobó en lo general, ayer los tricolores, blanquiazules y verdes optaron por insistir en las "bondades" de la reforma y evadir los argumentos de fondo de senadores del PRD y Convergencia.
Inclusive el PRI reconoció ''la valía'' de los argumentos de los perredistas pero, precisó el senador Eduardo Calzada, los pueden analizar ''en el futuro''.
Como ocurrió con la llamada ley Televisa, en la pasada legislatura, ayer la mayoría desechó uno a uno los cambios a los 24 artículos reservados por PRD y Convergencia en el caso de la también ya conocida como ley Gordillo.
''¡Qué grave que esta situación sea ya una práctica parlamentaria en el Senado! No discutir ni una sola coma, no modificar una sola palabra, aunque se perjudique a los trabajadores al servicio del Estado'', recalcó en tribuna el perredista Ricardo Monreal. Sin embargo, el presidente de la Comisión de Hacienda, el panista Gustavo Madero, pidió a los perredistas que dejaran ya de ser ''catastrofistas'', como ''si se fuera a acabar el mundo con la aprobación de una ley de esta naturaleza, que es un gran avance''.
Y ''¿quién diablos ha dicho que el mundo se va a acabar?'', le replicó Pablo Gómez y le pidió respondiera a los muchos argumentos expuestos por el PRD, sobre todo de ''la tomadura de pelo'' que es hablar de que se duplica la pensión mínima en la nueva ley, cuando en realidad es de dos salarios mínimos, poco más de 3 mil pesos, y en este momento un profesor de primaria se puede jubilar con 5 mil pesos al mes.
Madero insistió en que la ley es un avance, que garantiza la seguridad y la rentabilidad de los fondos de pensiones de los trabajadores.
Por ello, el también perredista Graco Ramírez propuso que el presidente de la mesa directiva, Manlio Fabio Beltrones, traslade las aportaciones de retiro de los senadores, que hoy están en Met Life, al Pensionissste. ''Estoy seguro que van a aceptar que pasen para allá nuestros recursos, con lo cual estaremos dando certeza a los trabajadores que se ha legislado con gran sabiduría''.
Rosalinda López, senadora del sol azteca por Tabasco, puso en problemas a la mayoría al proponer que se modificara el artículo 17 transitorio, ya que se da un beneficio ''inmoral a diputados y senadores'' al permitir que puedan integrarse al nuevo régimen con sólo aportar las cuotas constitutivas, beneficio que se niega a los servidores públicos contratados por honorarios y/o lista de raya.
El panista Guillermo Anaya argumentó que no es posible, porque a esos 350 mil trabajadores la propia Ley del ISSSTE los excluye, pero ahora se les dará la seguridad social. ''¿Legislamos entonces para nosotros? ¿No nos coloca esto como una elite privilegiada?'', preguntó Monreal.
Sin embargo, ni siquiera aceptaron discutir las propuestas de modificación al dictamen presentadas por los perredistas Tomás Torres, Ricardo Monreal y David Jiménez, para poder garantizar que las comisiones que cobrará el Pensionissste por el manejo de cuenta sean ''por una tasa inferior a la más baja que cobren las Afore''.
Desecharon asimismo los cambios al artículo 109, para prohibir que los fondos de pensiones se inviertan en el extranjero, y lo mismo hicieron con las modificaciones que eviten que el Pensionissste se convierta en botín de las dirigencias de la FSTSE y del SNTE. Votaron en contra de cambiar la integración de la junta directiva del Pensionissste, para incluir a un representante de los pensionados y la posibilidad de que el director de ese órgano sea nombrado por el Presidente y ratificado por el Senado. Ello motivó que Monreal les dijera que dejan en manos de ''Alí Babá o más bien de El Babá y sus 40 ladrones" los ahorros de los servidores públicos.
A pesar de que se señalaron errores y omisiones que pueden dar lugar a interpretaciones equivocadas que vulneren derechos adquiridos por maestros y demás gremios al servicio del Estado, PRI y PAN no quisieron cambiar ni una coma al dictamen. Desoyeron la petición de Tomás Torres para corregir el artículo 20 de esa nueva Ley del ISSSTE, en la que, contrariamente a lo establecido en la Constitución, se autoriza descontar hasta 50 por ciento del salario o pensión del trabajador en caso de que no se hayan hecho las aportaciones para el fondo de retiro.
Igual ocurrió con el artículo 25, por el que se autoriza al ISSSTE a suspender parcial o totalmente el servicio médico, de seguros y prestaciones, cuando el organismo o dependencia deje de pagar las cuotas al trabajador.
Integrante de la Comisión de Hacienda, el senador priísta Eduardo Calzada reconoció ''la valía de las aportaciones y argumentos que han expresado quienes no están de acuerdo con la reforma''. El PRI, agregó, reflexionará en lo dicho por los perredistas, pero ''votaremos a favor de esta iniciativa, porque es lo mejor que hoy tenemos''. Agregó que no se niegan a, ''más adelante, perfeccionar la ley''.
Al final, antes de la votación, el perredista René Arce reprochó al PRI: ''¿Por qué si ustedes construyeron las instituciones de seguridad social, como el IMSS y el ISSSTE, que le dan orgullo a este país, por qué se encargaron de enterrarlas y se convierten así en sepultureros?''.
El coordinador de los senadores del PRD, Carlos Navarrete, se reunió por la mañana con dirigentes de la Unión Nacional de Trabajadores, con quienes se comprometió a luchar de manera conjunta para echar abajo la reforma. ''Vamos a iniciar una lucha de resistencia contra esa ley, que va a ir aumentando de nivel para hacerla nacional y trabajaremos con el Frente Amplio Progresista'', sostuvo el dirigente de los telefonistas, Francisco Hernández Juárez, luego de la reunión, a la que asistieron también Monreal, Graco Ramírez, entre otros legisladores, y el líder del STUNAM, Agustín Rodríguez.
Una de las movilizaciones fundamentales contra la Ley del ISSSTE se dará en la marcha del primero de mayo, que será ''la más combativa de los últimos años'', sostuvo Hernández Juárez.
Sin embargo, el coordinador de la bancada del PAN, Santiago Creel, pidió dejar que la reforma ''se instrumente durante un tiempo y si vemos que requiere mejoramientos (sic), sin duda lo vamos a hacer, pero hoy vamos a proceder a su operación''.
Adolfo Sánchez Rebolledo
La reforma, los sindicatos y la democracia
La aprobación fast track de la reforma a la Ley del ISSSTE, gracias a la convergencia del PRI con el gobierno, no está mal sólo porque echa en saco roto experiencias importantes de otros países pioneros en esta clase de modernizaciones, sino porque deja fuera de la discusión a los directamente interesados, que son los trabajadores al servicio del Estado, ese enorme ejército puesto casi en su totalidad al servicio del interés ilegítimo de un reducido número de seudodirigentes. En ese sentido, como en el antiguo corporativismo, los sindicatos bajo la tutela del PRI son, todavía, correas de transmisión del poder. En el caso de las reformas que se discuten en el Senado, se abusa de la situación de indefensión de los empleados del Estado, sujetos por partida doble a un sindicalismo que no los representa, pero negocia a sus espaldas. Predomina la práctica, revestida de legalidad, mediante la cual el gobierno impone a la sociedad ciertos objetivos de gran calado.
El lento desmantelamiento del viejo régimen político no ha tocado el papel de los sindicatos ni las reglas del juego aceptadas por el gobierno: si en nombre de cierto liberalismo, el panismo oficial se dice enemigo de "los monopolios" en lo que respecta a las camarillas gremiales, ni Fox ni Calderón han pronunciado palabra, pese a la muy sospechosa persecución de Napoleón Gómez Urrutia. Ambos siguen el camino trillado convertido en ley no escrita por el antaño partido dominante: a los líderes sindicales se les hacen concesiones a cambio de tranquilidad laboral en la empresa, aquiescencia servil ante los cambios exigidos por las fuerzas económicas hegemónicas; en fin, patriotismo mal entendido para sacrificar a los asalariados hasta la ignominia. Las diferencias ideológicas, conforme a lo visto en el Senado, o no existen o no importan pues, al final, tanto el PRI -sin las notables excepciones que en la anterior legislatura defendieron la bandera de la dignidad- como el PAN coinciden en la necesidad de fundar la nueva cultura laboral, complemento y parte indispensable en el gran ajuste privatizador y antiestatista requerido desde el exterior.
Si en otras épocas la seguridad social se presentaba como la gran conquista de la Revolución Mexicana, ahora se nos ofrece como el mayor ejemplo de fracaso. Y los sindicatos, reducidos a las camarillas, acatan. Ni siquiera exigen a sus eminencias grises de Hacienda explicaciones de fondo, razonamientos en vez de terrorismo verbal; la discusión pública de alternativas que no quebranten por completo el principio de solidaridad. Nada de eso les preocupa, pese a la irritación que ya comienza a causar dicha reforma. Al parecer, están dispuestos a pagar el precio que sea con tal de avanzar en un proyecto que se dice estratégico, pero no se ubica en un plan general convincente.
Los legisladores aliados en este punto con el gobierno actúan como vulgares tecnócratas: calculan cifras, datos, repiten lugares comunes del pensamiento único trasnacional, pero les tiene sin cuidado la opinión del trabajador que se siente despojado de algo muy importante: la tranquilidad de retirarse sin quedar desamparado, el gramo de esperanza, aunque suene cursi, que aún mantiene. Ahora les piden confianza en el nuevo esquema, importado de países que ya vienen de regreso en la materia. Ya han olvidado los autores de la reforma que hace muy poco se decía que el derecho a la seguridad familiar representaba el verdadero horizonte de futuro para trabajadores mal pagados, pero la utopía se esfumó entre la corrupción y la ineficacia de las autoridades, acompañada de la voracidad de los líderes. Las pensiones volaron antes de que envejeciera la población, dejando el camino libre a los enterradores del estado de bienestar diseñado en la Constitución. Ahora que cada quien se rasque con sus uñas, mientras el ahorro en favor del sector financiero sigue creciendo. ¿Alguien puede creerles?
Puede ser que los cambios en la sociedad conduzcan a la paulatina "descorporativización" del régimen, pero hasta ahora ésta no se ha traducido en verdadera liberalización del mundo de trabajo, que es su verdadera matriz. Si la democracia cojea y da tumbos en capítulos prioritarios, en la dimensión social se halla semimuerta, paralizada por los contratos de protección, el clientelismo, el desempleo, que multiplica la marginalidad y la economía "informal", el combate contra la contratación colectiva y los salarios mínimos, la avaricia de un sindicalismo nacido para sojuzgar no para redimir: allí donde la gente se gana la vida y construye (o sacrifica) su porvenir, si no hay mecanismos que garanticen los derechos básicos, menos existe la oportunidad de opinar y decidir qué es lo que desea. Y eso sin mencionar el océano de miseria extrema, la desigualdad que nos agobia, pese a las pretensiones declarativas. La "balcanización" de la vida pública no significa necesariamente mayor pluralismo ni la instauración de reglas democráticas. En el caso de los sindicatos tradicionales, vemos cómo las camarillas adquieren intereses propios, manejan sus organizaciones como cotos privados e, incluso, negocian con el poder de turno su papel dentro del Estado. Se reproduce así un pestilente neocorporativismo, donde los líderes actúan a la vez como parte del gobierno y como agentes privados en busca de beneficios. Negocian cargos y discuten las leyes con las autoridades, como si la institucionalidad que tanto se defiende fuera un mecanismo de simple legitimación. Es lamentable que el gobierno discuta primero con Elba Esther Gordillo los trazos de la reforma del ISSSTE. No importa si, para cubrir las apariencias, acude como testigo de segundo plano el otro "líder" de los burócratas. Lo cierto es que se trata de un albazo. (Literal)
El hecho de que el PRI se pronuncie por blindar el organismo que manejará las cifras estratosféricas del ISSSTE reformado parece patética, toda vez que sabe que se trata de un desesperado intento ad hominen de evitar que Elba Esther Gordillo ordeñe tan magníficos recursos (el manejo de las cuentas de los trabajadores) sin combatir políticamente el acuerdo entre ésta y el presidente Calderón, como si en verdad los candados sirvieran para evitarlo. Al fin y al cabo, con el discurso del salvamento de la institución, lo cual es necesario y urgente, se halla la pretensión de pasar a una nueva fase en la construcción del modelo inaugurado en los 80. Ante eso, vale la pena preguntarnos si es posible otra visión, una opción real y concreta, sin antes rescatar a la mayoría de los trabajadores de sus viejos líderes y sus nuevos sindicatos blancos.