Viernes, 13 de abril de 2007
La disputa de arriba

Enrique Pineda

Los movimientos antisist?micos necesitamos de una clara comprensi?n de la disputa que vivimos en M?xico. Un paso en falso en esta coyuntura puede determinar lo que suceder? m?s adelante. Este ensayo es un intento de generar esa comprensi?n de manera integral. Sostendremos en esta primera parte del ensayo tres hip?tesis: a) que vivimos una fase de desintegraci?n y disputa de las clases dominantes en M?xico, que no permite contar con la hegemon?a de ninguna facci?n; b) que los nuevos grupos pol?ticos en disputa fueron incorporados como mecanismo para sostener al sistema pol?tico en su conjunto y c) que la crisis general abre un intervalo de debilidad sist?mica que podr?a permitir una bifurcaci?n que bien pueda generar una reforma y reordenamiento de las clases dominantes o bien, la desintegraci?n total del sistema.


I. Adi?s a la vieja hegemon?a

La crisis pol?tica actual es producto de la desestructuraci?n del r?gimen posrevolucionario que vivimos poco m?s de 70 a?os. El r?gimen pri?sta, era una red de poder m?ltiple, jerarquizada y legitimada que comenz? a erosionarse en las ?ltimas cuatro d?cadas. La forma de relaci?n pol?tica del sistema se establec?a en la subordinaci?n de la sociedad civil al r?gimen, que se explicaba por los beneficios que otorgaba el Estado a cambio de la lealtad y docilidad pol?tica de la poblaci?n. Esta relaci?n casi simbi?tica manten?a la hegemon?a del grupo en el poder, que no s?lo gobernaba sino que manten?a el consenso de la mayor parte de los gobernados.

A diferencia de otros reg?menes que en diversas partes del mundo colapsaron en un periodo muy breve, el r?gimen mexicano se erosion? lentamente a causa de fuerzas centr?fugas que desgastaron su poder al m?ximo y lo obligaron a reformarse hasta perder su capacidad de dominio y estabilidad.

El primer factor determinante fue el agotamiento del modelo de reproducci?n econ?mica de sustituci?n de importaciones. Frente a los signos de dicho agotamiento a finales de la d?cada de los 60, dos corrientes al interior del r?gimen comenzaron a tener diferencias sobre la conducci?n del modelo econ?mico. Estas diferencias fueron irreconciliables por la influencia global y creciente del neoliberalismo y tambi?n por la contingencia de las crisis econ?micas sexenales. El grupo de tecn?cratas al final obtuvo la conducci?n por esas dos causas y por primera vez en la historia del r?gimen, una disputa terminar?a con el poder total de una de las corrientes. Ello implicar?a, a la postre, el debilitamiento del grupo en el poder, que por primera vez no ten?a consenso interno sobre la conducci?n de la reproducci?n econ?mica dominante. Era pues, una divisi?n interna. Sin embargo, las reformas neoliberales, como todos sabemos, avanzaron, y en el largo plazo, el neoliberalismo significar?a una poderosa fuerza centr?fuga, desarticuladora del poder de la vieja hegemon?a.

Las pol?ticas de contracci?n del Estado en sus funciones sociales atacaron directamente al sistema circulatorio del r?gimen que permit?a mantener a raya cualquier disidencia. Al ir perdiendo paulatinamente su capacidad de intervenci?n social, el Estado se mostraba s?lo como un esqueleto represor y de control pol?tico. Su capacidad para mantener la estabilidad y el consenso fue decreciendo. Podemos, en resumen, considerar que la llegada de los tecn?cratas neoliberales al r?gimen abri? una bifurcaci?n en la forma en que ?ste se hab?a reproducido durante d?cadas, debilitando la cohesi?n de la elite dominante y provocando una disputa interna por la direcci?n de la conducci?n hegem?nica.

Una segunda fuerza centr?fuga, son los movimientos democratizadores y antisist?micos, que durante tres d?cadas y media enfrentaron al r?gimen. Desde el movimiento de 1968 hasta el alzamiento zapatista, pasando por la insurgencia obrera en los 70, las guerrillas y el movimiento cardenista en 1988.
Estos movimientos, s?lo despu?s de 1968, tuvieron la oportunidad de enfrentar al r?gimen y obligarlo a dar un paso atr?s.
Expliqu?monos. Antes de 68 tambi?n existieron movimientos disidentes, pero que chocaron frente al muro de consenso, represi?n y estabilidad que formaban al sistema. En ese muro, sin embargo se abri? una grieta con el movimiento estudiantil del 68 y se seguir?a ensanchando con cada golpe de los movimientos que atacaron su autoritarismo. La elite dominante entendi? en cada batalla con esos movimientos que su legitimidad y reproducci?n estaban cuestionadas, por lo que de vez en vez -adem?s de la represi?n- impuls? reformas que como v?lvulas de escape permitieran que la estabilidad del r?gimen perdurara. Todas las reformas electorales fueron producto del temor de las elites pol?ticas mexicanas en momentos de incertidumbre sist?mica que amenazaba al r?gimen. Estas decisiones lograron sortear cada crisis coyuntural, pero lentamente minaron la capacidad de las elites de mantener las disputas de direcci?n DENTRO de un solo partido.

La forma social de reproducci?n corporativa, esa red capilar de control, estabilidad, subordinaci?n y concesiones que se calificaba como la dictadura perfecta se fue desarticulando, haciendo perder la hegemon?a al grupo en el poder. El neoliberalismo abri? una disputa interna entre la elite, debilit? los mecanismos corporativos que sosten?an al r?gimen y aceler? las condiciones sociales que son caldo de cultivo de movimientos democr?ticos y antisist?micos.

Estos movimientos, disidencias, resistencias y luchas tuvieron entonces la oportunidad de crecer e ir ganando terreno. La hegemon?a y el poder del r?gimen empezaron a tener fisuras por doquier. No s?lo en las universidades, sino tambi?n, lentamente, en sendas capas obreras, campesinas y populares: los pilares organizativos del poder clientelar.

Este proceso de erosi?n provocado por las fuerzas que describimos fue REORDENANDO los campos de las elites dominantes. La forma de reproducci?n pol?tica, pero tambi?n la forma de relaci?n gobierno-sociedad ha desaparecido paulatinamente por la fuerza insurgente y organizada de decenas de movimientos y por las contradicciones al interior de la clase dominante. El grupo en el poder perdi? la cohesi?n que permit?a la estabilidad. La forma del estado posrevolucionario permit?a la unidad de la clase dominante. Al romperse esta unidad, la disputa por cada parcela de poder es enorme. Como si el poder posrevolucionario hubiera sido una pi?ata, al romperse, la clase pol?tica se abalanza sobre cada pedazo y su contenido. La descomposici?n de la clase pol?tica toda, se debe entre otros factores a esta ruptura de las reglas por la disputa del poder. El espect?culo de corrupci?n, ridiculez y pragmatismo de la clase pol?tica que hemos visto estos seis a?os es producto de la ruptura del viejo sistema y sus reglas.

As?, los campos de las elites se reordenan porque estamos en un proceso de formaci?n de un nuevo grupo dominante, de un nuevo r?gimen. No estamos transitando a democracia alguna. Estamos en el tr?nsito de reordenamiento de las elites dominantes. Lo que vivimos es la disputa entre la(s) clase(s) dominante(s) por conformar una nueva hegemon?a y la ?ltima fase de desintegraci?n y descomposici?n del viejo r?gimen.


II. Los nuevos poderes pol?ticos en disputa.

La estabilidad de la vieja hegemon?a depend?a de su unidad interna y de su poder de consenso y legitimidad que corr?a a trav?s de la red de corporativismo por todo el pa?s. Pero depend?a tambi?n del arte de utilizar la cooptaci?n y la represi?n en las dosis necesarias para mantener ese consenso y por tanto, la hegemon?a.

El viejo r?gimen alarg? su vida y su estabilidad gracias a que una y otra vez utiliz? una doble maniobra cuasi perfecta de los recursos de los que goza el Estado para mantener la gobernabilidad. El viejo grupo hegem?nico era un experto en gobernabilidad.

Frente al movimiento del 68 y su posterior radicalizaci?n en una pl?yade de movimientos populares, sindicales y armados utiliz? terribles dosis de represi?n que todos conocemos, pero tambi?n opt? por dosis controladas de cooptaci?n que como v?lvulas de escape permitieran respirar al sistema en su conjunto, y con ello mantener la estabilidad....y el poder.

En los a?os 70 acudieron a una estrategia de cooptaci?n de cuadros de la izquierda que trataron de transformar al sistema ?desde adentro? y que fue acompa?ada por una reforma que legaliz? al partido comunista.

Esta estrategia muchas veces utilizada neutraliz? ?aunque sea moment?neamente- el descontento. Mientras unos recib?an puestos y becas, otros enfrentaban la tortura y la desaparici?n. Pero hay dos momentos claves para entender a las nuevas fuerzas en disputa por la hegemon?a en M?xico.

En 1988 el cardenismo se ali? a la peque?a izquierda partidaria y se gener? un fen?meno de movilizaci?n del descontento y la disidencia nunca visto desde 1968. A pesar de que el movimiento representaba un nacionalismo progresista moderado, para el r?gimen representaba una afrenta porque surg?a de una disidencia interna (la corriente democr?tica), porque llegaba en un momento de inestabilidad econ?mica (despu?s del crack de la bolsa en 1987), porque se aliaba al movimiento estudiantil que hab?a puesto en evidencia al r?gimen (el movimiento universitario 1986-1987); porque encausaba el descontento popular en la Ciudad de M?xico por la incapacidad gubernamental frente al sismo de 1985 (a trav?s del movimiento urbano popular); y porque encausaba el descontento campesino, afectado ya por las reformas del modelo econ?mico. Pero sobre todo, cuestionaba la legalidad y legitimidad del r?gimen como consecuencia del fraude electoral. Todos esos elementos hac?an que el grupo en el poder tuviera que reaccionar y enfrentar el peligro de inestabilidad sist?mica.

Y lo hicieron. Una vez m?s con una estrategia de cooptaci?n y represi?n. La represi?n fue feroz durante seis a?os con la naciente izquierda institucional. M?s de 600 asesinatos, m?ltiples fraudes electorales en elecciones estatales y municipales y el aislamiento en los medios de comunicaci?n surtieron efecto. El joven Partido de la Revoluci?n Democr?tica en las elecciones intermedias de 1991 llegaba con un escaso 11% de la votaci?n cuando el movimiento cardenista con el Frente Democr?tico Nacional en 88 ten?a poco m?s del 35% de los votos reconocidos oficialmente. Mientras unos recib?an asesinatos, fraude y aislamiento, otros recib?an las mieles del Estado.
El Partido Acci?n Nacional, hoy en el poder, recibi? el reconocimiento oficial de la victoria en algunas gubernaturas. Con ello, se reconoc?a el acceso al Estado de la vieja disidencia de derecha representada en ese partido. Desde entonces y hasta ahora, en numerosas ocasiones el PAN fue el mejor aliado del pri?smo con abiertas y escandalosas alianzas en las distintas c?maras. Esta historia es conocida. La intervenci?n estatal del r?gimen, la incorporaci?n real del PAN al Estado, la necesidad obligada de compartir el poder y otorgar concesiones en favor de la estabilidad y gobernabilidad general le abrieron el sendero del poder a la derecha, hasta entonces arrinconada como una disidencia marginal.
El panismo ven?a creciendo conforme el poder del r?gimen se erosionaba lentamente. Pero el acceso al Estado y al poder real le dieron el impulso que consolidar?a su crecimiento. El r?gimen en ese momento requer?a de una oposici?n a modo con la cual fortalecer la gobernabilidad y su legitimidad. Una oposici?n a modo que adem?s apuntalara sus nuevas reformas econ?micas. Un aliado que le permitiera adem?s aislar a la disidencia. El r?gimen le hab?a abierto la puerta del poder a un nuevo grupo que m?s tarde ganar?a la elecci?n presidencial.

Pero si bien esta historia es conocida, lo que nos interesa es resaltar el patr?n del viejo r?gimen para conservar su hegemon?a: represi?n, cooptaci?n y de vez, en vez reformas al sistema. Nos interesa resaltar que el segundo nuevo grupo de poder en disputa surgi? tambi?n por medio de una de las concesiones del viejo r?gimen.

En 1994 y 1996 se realizaron nuevas y mucho m?s importantes reformas electorales que permitieron que los partidos pol?ticos tuvieran esencialmente dos cosas primordiales: verdaderos recursos econ?micos y verdadero acceso a los medios de comunicaci?n. Pero adem?s, se entregaba el control del proceso electoral a un ?rgano aut?nomo. ?porqu? el r?gimen permit?a reformas que a la larga facilitar?an que perdieran el poder? ?porqu? permit?an reformas que le daban aliento, recursos y poder a sus oponentes? ?porqu? si el PRD hab?a sido neutralizado y pr?cticamente eliminado de la contienda, ahora se reformaba al sistema en su conjunto permitiendo que esa oposici?n creciera?. ?porqu? si el PAN era una oposici?n c?moda y manejable se le daba m?s aliento con las reformas?

El r?gimen en el periodo de 1994-1996 estuvo de nueva cuenta obligado a otorgar concesiones en favor de la estabilidad y la gobernabilidad que aseguraran la cohesi?n del sistema pol?tico en su conjunto y por tanto la hegemon?a del todav?a grupo en el poder. El r?gimen estuvo obligado de nueva cuenta por una convergencia de coyunturas desfavorables que, reunidas, significaban la debilidad moment?nea del Estado. La primera de ellas fue la disputa interna por la sucesi?n presidencial que termin? con dos magnicidios al interior del otrora partido oficial. La segunda coyuntura desfavorable fue la enorme crisis econ?mica de 94-95 que desestabiliz? al pa?s, al sistema pol?tico y sus alianzas con la c?pula econ?mica. La tercera y definitiva coyuntura que determinar?a adem?s la estrategia del r?gimen frente a la izquierda, fue sin lugar a dudas el alzamiento ind?gena del Ej?rcito Zapatista de Liberaci?n Nacional.

El r?gimen, que con mucho esfuerzo hab?a sorteado el peligro cardenista, ten?a ahora enfrente un alzamiento armado en medio de condiciones pol?tico-econ?micas que acrecentaban su peligrosidad. La coyuntura oblig? a que el r?gimen optara nuevamente, por una estrategia de cooptaci?n y represi?n. Contener, aislar, neutralizar y si era posible exterminar al movimiento rebelde era una prioridad del r?gimen. Pero esto no era posible en medio de la contienda electoral, de la disputa interna del pr?ismo y los signos ya evidentes de debilidad econ?mica. La estrategia de exterminio y desarticulaci?n del movimiento zapatista se puso en juego a partir del 9 de febrero de 1995 y el avance militar. Desde entonces y hasta poco antes de la elecci?n del a?o 2000 est? claro que la decisi?n del r?gimen fue la destrucci?n del movimiento rebelde. Esta estrategia fracas? parcialmente. El objetivo de desarticular y exterminar al movimiento no fue posible debido a la enorme y masiva capacidad organizativa y de resistencia zapatista, a su intensa capacidad medi?tica, y al apoyo internacional y nacional que se hab?a creado alrededor del zapatismo. Pero la estrategia funcion? en un aspecto: aislar y marginar su influencia sobre el sistema consolidando lo que podr?amos llamar un pacto de las fuerzas moderadas de la clase pol?tica.

Esto se logr? con una estrategia de incorporaci?n de la izquierda aceptable para el sistema pol?tico. Apenas unos a?os antes el r?gimen combati? con toda su fuerza a la izquierda institucional. En 1996 sin embargo, los llamaba al di?logo y la negociaci?n. Mientras en San Andr?s el r?gimen simulaba el di?logo con los rebeldes para una reforma radical y estructural del Estado, en las calles de Bucareli, se negociaba el pacto para que las fuerzas pol?ticas tuvieran las condiciones para acceder al Estado. Un a?o despu?s de esas negociaciones y de una nueva reforma electoral, el Partido de la Revoluci?n Democr?tica, por primera vez con recursos suficientes para enfrentar al partido oficial y por primera vez con acceso a medios electr?nicos y masivos de comunicaci?n, ganaba la elecci?n a la jefatura de Gobierno del Distrito Federal. Era un momento de euforia para la izquierda aglutinada en ese partido. Muchos de ellos y ellas hab?an enfrentado al r?gimen y luchado por el poder por 5, 10, 20 o hasta 30 a?os. Mientras en la Ciudad de M?xico hab?a abrazos y festejos, repartici?n de puestos y designaciones de asesores, en Chiapas, muy lejos de ah?, se preparaba la masacre de Acteal y el terror de la muerte y el exterminio con la guerra de baja intensidad.

Una vez m?s, el r?gimen ?pero por ?ltima vez- lograba sortear la crisis temporalmente con una estrategia de represi?n y cooptaci?n. Para unos, acceso al Estado, al Congreso, a recursos econ?micos. Para los otros, una estrategia de exterminio que dej? un caudal de muertos y perseguidos.

Sin embargo, la del r?gimen era una victoria temporal. Hab?a creado las condiciones que aseguraban la estabilidad del sistema pol?tico en su conjunto, pero tambi?n hab?a permitido que dos grupos, que dos facciones que hab?an estado fuera de la estructura del poder entraran al Estado. Lograba sin embargo, atraer a la izquierda a las reglas del sistema democr?tico liberal con todos sus beneficios, pero tambi?n con todas sus limitantes. La victoria real del r?gimen fue integrar al PRD al sistema institucional y que paulatinamente se fuera alejando de las clases y movimientos verdaderamente peligrosos, oblig?ndolos a someterse al marco institucional liberal-democr?tico y con ello alargando la vida del sistema pol?tico y permitiendo su estabilidad as? como un reordenamiento de las elites DENTRO de un marco cupular, alejando las posibilidades de una fractura sist?mica que permitiera que otras fuerzas m?s peligrosas para ellos actuaran. La dirigencia del PRD en su conjunto acudi? gustosa a esa inclusi?n y junta con ella una oleada de dirigentes de organizaciones y movimientos sociales que corrieron a insertarse en el reci?n abierto Estado abandonando a su suerte a las lucha de abajo y aislando a TODO lo que quedara fuera del pacto de los moderados de los tres partidos que integran al sistema.
El PRD convencido de una transici?n pactada, acudi? al acuerdo sist?mico de incorporaci?n al Estado y con ello sell? la ?ltima etapa del viejo r?gimen que hab?a optado por incorporar a la derecha y a la izquierda institucionales. Estos dos nuevos grupos no tardar?an en volverse poderosas elites pol?ticas que buscar?an a toda costa volverse hegem?nicos. Se lograba con ello consolidar que la disputa pol?tica se diera entre las c?pulas partidarias y no entre los movimientos antisist?micos y la elite. Se formaba, por as? decirlo una relaci?n central al interior de las elites y marginalizaba al resto de los movimientos, conden?ndolos a una relaci?n que podr?amos llamar perif?rica. Dig?moslo en pocas palabras: se pusieron de acuerdo ellos traicionando y dejando afuera a todos los dem?s. A eso le llamaron transici?n a la democracia.

Las otras c?pulas pol?ticas reci?n incorporadas al Estado, no s?lo se convirtieron r?pidamente en poderosas elites burocr?ticas sino en jugosas redes de acceso al poder econ?mico estatal. Partidos y gobiernos de derecha e izquierda son fuentes de control piramidal de una gigantesca red jer?rquica burocr?tica pero tambi?n una red transversal para que el poder econ?mico se reproduzca. Si antes el r?gimen era una red piramidal y jer?rquica, ordenada, que aseguraba la estabilidad integrando y ordenando a las elites econ?micas y pol?ticas en disputa, hoy el sistema pol?tico es una multiplicidad de redes ?igual de jer?rquicas, y piramidales- en competencia.

La batalla no s?lo es entre facciones en disputa sino tambi?n al interior de ellas. La nueva derecha y la nueva izquierda institucionales, as? como el partido del r?gimen en retirada tienen profundas divisiones internas. Creer que estas son disputas doctrinarias o ideol?gicas es lo menos de decir, est?pido. Son batallas de poder, por articularse al grupo que pueda consolidar una nueva hegemon?a.

El candidato ? de la izquierda? utiliz? al m?ximo esta batalla de corrientes y facciones entre la elite pol?tica y uno de los factores que influy? en el caudal de votos en la elecci?n de julio a favor de L?pez Obrador es haber tejido minuciosamente una red de desprendimientos del viejo r?gimen, haber utilizado la divisi?n entre salinistas y zedillistas, (Camacho, Monreal, De la Fuente) haberse aliado con sectores descontentos del pr?ismo en b?squeda de poder (Zeferino Torreblanca, Jaime Sabines, Vega Galina, Guadarrama) y sectores minoritarios de poder que deseaban crecer (convergencia por la democracia). Al parecer, la estrategia fue exitosa pero no suficiente para consolidar un grupo que ganara las elecciones. Esa integraci?n, sin embargo, era una coalici?n de inter?s por el poder. Sin el elemento aglutinador ?la presidencia- muy pronto todos sus ?aliados? han comenzado a desarticularse y acomodarse en la nueva conducci?n calderonista. La batalla de arriba deja m?s d?bil de lo que se piensa a la izquierda institucional, deja cuestionada a la derecha gobernante y a la defensiva al partido del viejo r?gimen. Divididos, cuestionados entre s? y en batalla permanente por lograr la hegemon?a y m?s espacios de poder estatal. Esa es la disputa de arriba al interior de la clase pol?tica.

III. el poder econ?mico dominante en disputa

El ?ltimo elemento que manten?a la cohesi?n de la vieja hegemon?a era su capacidad estrat?gica para complacer a la burgues?a nacional a la vez que esta se manten?a aliada de la elite burocr?tica que dirig?a al pa?s. Esto era posible por el momento mundial que se vivi? a lo largo de 50 a?os hacia el desarrollo end?geno, la guerra fr?a, y los estados de bienestar. Era posible adem?s porque el poder econ?mico ?nativo? mexicano era lo suficientemente grande para obligar a la burocracia gobernante a darle concesiones, pero lo suficientemente d?bil para no insubordinarse ante la elite burocr?tica representada en el viejo partido-Estado. Por lo dem?s, durante varias d?cadas el poder econ?mico no tuvo objeciones graves a la conducci?n que le aseguraba su crecimiento. La estabilidad se lograba por las concesiones populares a las masas controlada por el Estado pero tambi?n por la alianza de la elite burocr?tica con el desarrollo capitalista mexicano que nunca se detuvo. Con una mano se daban concesiones masivas y con la otra se aseguraba la reproducci?n y la acumulaci?n capitalista.

Pero estas condiciones se desestructuraron, desarticularon y erosionaron a partir de la d?cada de los 70, confluyendo con el crecimiento de los movimientos democratizadores y antisist?micos en M?xico y con la llegada del neoliberalismo.

Primero, las condiciones de acumulaci?n capitalista cambiaron globalmente. Despu?s el r?gimen dio se?ales confusas sobre su relaci?n hasta ese momento arm?nicas con los poderes econ?micos locales (la nacionalizaci?n de la banca, las crisis econ?micas consecutivas). Pero quiz? lo m?s importante es que las empresas dominantes hab?an comenzado un acelerado proceso de crecimiento que durante los 80 y 90 se consolidar?a gracias a las reformas estructurales neoliberales. La elite econ?mica se transnacionaliz? y construy? imperios oligop?licos que le dieron un poder sin precedentes. [4]

Si antes la elite guardaba silencio y era precavida en su actuaci?n pol?tica, el poder que hoy tienen los hiperpoderes econ?micos dominantes les permiten ser un actor que no quiere ni tiene porqu? subordinarse al poder pol?tico. M?s bien hoy tienen el tama?o para subordinar al poder pol?tico a sus intereses. Los grupos econ?micos dominantes empezaron a jugar desde hace tiempo pol?ticamente, pero al contrario de lo que asegura la propaganda de la izquierda institucional el poder econ?mico en M?xico no es un bloque homog?neo. Con la erosi?n del viejo r?gimen y con el creciente poder de la elite empresarial, existen al menos tres contradicciones al interior de la burgues?a ?nacional?.

La primera de ellas es la posici?n en la pir?mide de la acumulaci?n que juega cada grupo econ?mico. El neoliberalismo enriquece enloquecidamente a una elite, pero los damnificados no son s?lo las clases populares sino tambi?n los medianos empresarios, muchos de ellos arrasados por la apertura comercial y otros disminuidos en su capacidad y poder. Estas franjas descontentas por supuesto quieren escalar en la pir?mide de la acumulaci?n y juegan local, regional y nacionalmente frente a las facciones pol?ticas en disputa por una nueva hegemon?a. Y no juegan de s?lo un lado de la?geometr?a pol?tica? de la clase pol?tica sino con todas las facciones en disputa incluyendo a la llamada izquierda institucional porque esta ya es parte del Estado y gobierna un enorme segmento del pa?s. Hay entonces una divisi?n entre el empresariado dominante y aquel que anhela serlo, este ?ltimo, ?vido de ser beneficiado por las estructuras partidarias de todos los colores y por los gobiernos locales y estatales de todos los partidos en todas sus necesidades publicitarias, de infraestructura, de abastecimiento. As?, este empresariado en ascenso busca a las clases pol?ticas todas y es probable que para muchos de ellos su campo de acci?n sea el mercado ?interno?, porque todav?a no tienen el tama?o global de la elite econ?mica en M?xico. El caso Ahumada representa esta vinculaci?n ??ntima? entre el empresariado en crecimiento y la clase pol?tica, que en este caso fue la izquierda. Ahumada[5] es la regla y no la excepci?n en toda la clase pol?tica incluyendo a la izquierda partidaria.

La segunda disputa es la disputa capitalista tradicional. Es decir, una disputa por los mercados o por acaparar monop?licamente un servicio, un sector o un producto. Es decir, la competencia, muchas veces, regulada por el Estado. La disputa que hemos visto en M?xico en los medios de comunicaci?n en contra de los monopolios, no es una cruzada por el libre mercado, ni contra los privilegios de la elite econ?mica. Es una disputa comercial que es llevada al ?mbito pol?tico. Los grupos que desean abrir un mercado atacan al grupo econ?mico dominante tratando de modificar la estructura legal que le permite su crecimiento y su acumulaci?n sin freno. Los grupos dominantes se resisten a perder su poder y tambi?n juegan pol?ticamente. Esta es una disputa no por ser favorecidos por las clases pol?tica sino por controlar a las facciones pol?ticas para cambiar, mantener o acelerar las reglas estatales que favorecen la acumulaci?n de unos y no de otros. A esto debemos sumarle la disputa de burgues?as ?no mexicanas? y la presi?n de sus gobiernos por modificar las reglas estatales. La guerra verbal entre el titular del Banco de M?xico y el magnate Carlos Slim representa esta disputa de mercados y reglas institucionales para la acumulaci?n. [6]

Pero en la guerra por lo mercados han aparecido lo que yo denominar?a empresarios radicales en ascenso. Este segmento de nuevos empresarios ?radicales? en ascenso disputan sus diferencias con armas. Son la ultra del empresariado. Es el narcotr?fico. M?s que buscar concesiones de los gobiernos o controlar las reglas institucionales que controlan los mercados, estos empresarios radicales necesitan comprar la protecci?n que asegure la reproducci?n y acumulaci?n de sus empresas. Es decir, tienen una estrategia una tanto distinta al de empresarios en ascenso y al de los poderes econ?micos dominantes. Este segmento necesita comprar la protecci?n de mandos medios y bajos de TODAS las polic?as donde sus empresas se desarrollan. As? que requieren jugar pol?ticamente con las facciones pol?ticas en disputa de forma local, porque unas u otras son m?s f?ciles de controlar en una zona, en un municipio, en un estado y otras en otros lugares. As?, el narcotr?fico trata de controlar e infiltrarse en capas bajas, locales y regionales de la clase pol?tica toda. Y hasta ahora lo ha logrado con gran ?xito. Sin embargo como cualquier capitalista los narcotraficantes buscan controlar cada vez m?s mercados y esto lo hacen a balazos. En M?xico esta disputa ha dejado m?s de 2000 muertos durante 2006 mientras municipios, regiones y estados gobernados por todas los partidos se cruzan de brazos porque sus mandos policiacos ya han sido comprados para que las empresas que comercian estupefacientes logren impunidad total. La narcopol?tica es una necesidad del mercado.

Por ?ltimo, la tercera divisi?n es el tipo de relaci?n ideol?gica del empresariado dominante con las facciones pol?ticas en disputa. Hay dos tendencias entre el empresariado. Algunos de ellos son fieles a sus alianzas con alg?n partido o grupo pol?tico particular. (por ejemplo el grupo MASECA con su larga lealtad al PRI y su ambigua relaci?n con los Salinas, o el grupo Industrial Alfa, ligado a los legionarios de Cristo y al Partido Acci?n Nacional). Pero hay una segunda tendencia entre el empresariado, m?s flexible, que trata de estar por encima de las facciones pol?ticas, incidiendo en cada una de ellas y permitiendo que gobierne uno u otro porque saben que tiene el poder suficiente para arrodillar a cualquier gobernante. Por eso es que Lorenzo Zambrano, el segundo empresario m?s poderoso en M?xico[7] se pudo dar el lujo de declarar durante el proceso electoral que ?L?pez Obrador ser? un reto si se convierte en presidente...pero no una tragedia?. Por eso Carlos Slim apoy? la campa?a del candidato de la izquierda con una aportaci?n de 94 mil d?lares, pero entreg? una cantidad similar al resto de los candidatos. Por ello Emilio Azc?rraga declar? que ?la democracia vende bien y hay que apostar por ella, (porque) la democracia...es un gran cliente para la televisi?n.

El ?candidato de los pobres? sabiendo que no se puede gobernar sin estos ricos, impuls? toda una estrategia para utilizar estas divisiones y asegurar si no el apoyo, al menos la anuencia del poder econ?mico en M?xico. Para construir una nueva hegemon?a no basta el voto de sectores populares y clases medias, se requiere necesariamente de un segmento del poder econ?mico dominante. Andr?s Manuel L?pez Obrador sab?a desde hace mucho esto y trat? de aprovechar todas las divisiones al interior de las facciones pol?ticas en disputa y los grupos econ?micos en guerra por mercados, reglas estatales y favores gubernamentales impulsando toda una estrategia de acercamiento al poder econ?mico. Les env?o m?s de 400 cartas personales a la elite econ?mica asegur?ndoles que mantendr?a la estabilidad macroecon?mica y que no afectar?a sus intereses. Impuls? varias reuniones a puerta cerrada con muchos de ellos. En una veintena de ocasiones durante su campa?a asegur? que ?no estaba contra los empresarios honestos?. Y hasta en su programa alternativo de naci?n hizo afirmaciones enteramente dirigidas al poder econ?mico: ?no ser?a sensato alterar el orden macroecon?mico: debe haber disciplina en el manejo de la inflaci?n, el d?ficit p?blico y las deudas interna y externa, as? como mantener estabilidad en otras variables?(ya que) la nueva estrategia econ?mica debiera considerar, antes que cualquier otra cosa, el manejo t?cnico, no ideol?gico, de la pol?tica econ?mica?.[8] Incluso para aquellos que buscan abrir al mercado energ?tico, en su programa, les envi? un gui?o: ?pero tampoco deber?amos descartar que inversionistas nacionales, mediante mecanismos transparentes de asociaci?n entre el sector p?blico y el privado participen en la expansi?n y modernizaci?n del sector energ?tico?. [9] Desde el gobierno del Distrito Federal trat? de aliarse con la industria de la construcci?n, con el sector turismo y otros sectores medios y altos del poder econ?mico. Todo su gobierno fue una gran campa?a electoral. Todas sus acciones de gobierno estuvieron encaminadas a lograr el benepl?cito del poder econ?mico. Inclusive las populares tarjetas electr?nicas destinadas a ancianos y madres solteras terminan beneficiando a las empresas de autoservicio, que son parte de la c?pula del poder econ?mico en M?xico.

Esta agresiva estrategia, tuvo ?xito. Un par de meses antes de la elecci?n los empresarios ya comenzaban los acercamientos con el pr?ximo presidente ?de izquierda? y muchos se resignaban sabiendo que pod?an sortear esta conducci?n pol?tica bien porque tienen el suficiente poder para imponerse o bien porque el propio candidato y su programa NO SIGNIFICAN ning?n peligro para su reproducci?n econ?mica. Sin embargo, el candidato conservador, Felipe Calder?n, articul? a los segmentos duros (que tienen lealtad pol?tica) e impuls? una agresiva campa?a que argumentaba lo contrario. Ensoberbecido por el inminente triunfo, L?pez Obrador no aceler? sus alianzas con sectores empresariales dudosos. Su larga estrategia de alianza con los poderes dominantes se debilit? y fue insuficiente. Calder?n supo aprovechar esa debilidad. Una vez que Calder?n es presidente ?oficial?, los sectores que siempre guardaron lealtad a la derecha brindan por su triunfo y los sectores flexibles que no ve?an con malos ojos a L?pez Obrador e incluso algunos que le dieron su apoyo corren a acomodarse con el nuevo grupo en el poder, incluyendo a todos los gobernadores del PRD. El poder econ?mico se acomoda con todos los gobernantes, de cualquier ideolog?a siempre y cuando no sean un obst?culo para la acumulaci?n. Creer que las disputas entre los empresarios pueden ser una alianza para la izquierda es una posici?n pragm?tica pero tambi?n ineficaz. No hay empresarios progresistas. Creer en el acuerdo y la alianza con ellos desde la izquierda es, lo menos de decir, ingenuo y tambi?n, est?pido. EL PRD y el candidato de los pobres centraron su estrategia de crecimiento en organizar un electorado de centro basado en las disputas entre las facciones pol?ticas y los grupos econ?micos. Al perder la cohesi?n de la posibilidad del poder presidencial, ese electorado de centro, sumamente moderado, le da la espalda a L?pez Obrador y se acomoda con calderonistas, pr?istas y perredistas que ya gobiernan.

IV. La disputa en el n?cleo del sistema.

Tenemos entonces que numerosos grupos de poder han entrado en una batalla a muerte por la reproducci?n, conducci?n y hegemonizaci?n del sistema pol?tico y econ?mico en M?xico. Esta batalla, una vez desarticuladas y erosionadas las reglas del viejo r?gimen posrevolucionario, se somete a unas d?biles reglas institucionales de la democracia liberal. Esta disputa por una nueva hegemon?a mantiene inestable al sistema en su conjunto. Esta disputa tiene efectos y tiene dos posibles salidas.

El efecto primordial de la batalla es que esta es una disputa que est? destruyendo lo que queda de Estado y de Naci?n. Es una batalla depredadora por mercados y fracciones del poder estatal. Esa guerra, por poder y por dinero, como cualquier guerra, destruye todo a su paso, excepto el poder de la elite. Porque esta batalla puede reordenar a las facciones en disputa pero NO AFECTA la reproducci?n general sist?mica, es decir al sistema de depredaci?n capitalista. Mientras la batalla de arriba se realiza, el modelo de explotaci?n, represi?n, desprecio y despojo contin?a. Esta batalla entre unos y otros puede resultar de una manera u otra, pero el sistema de dominaci?n contin?a sin freno destruyendo pueblos, comunidades, ecosistemas y culturas. Esta guerra se desarrolla al interior del n?cleo del sistema y en la c?spide de las clases pol?ticas y econ?micas. Es, dici?ndolo ortodoxamente una lucha intra-burguesa. Poco importa si una o varias cuentan con apoyo popular. No ser?a la primera vez en la historia de M?xico que masivamente se apoyara a elites que no necesariamente representan a los de abajo, con tan malas experiencias y resultados hist?ricos. Creer que esa batalla es la nuestra, es un sinsentido. Todos los que lo creen, s?lo orbitan alrededor del n?cleo del sistema, a la cola de una disputa a la que no est?n invitados.

Esta disputa irracional, destructiva, es la prioridad de los de arriba. Para ellos dominar y controlar y ganar en la batalla de arriba es su m?xima prioridad. La de todas las facciones y grupos. Consolidar una nueva hegemon?a, una nueva dominaci?n y por tanto nuevas reglas de reproducci?n pol?tica y econ?mica es su necesidad m?s urgente. Le temen a las luchas que desde la periferia del sistema y desde abajo se vuelven cada vez m?s peligrosas. Pero en su balance estos son peligros secundarios, al menos por ahora. Por eso, el desprecio y la soberbia con que desde arriba se mira a las luchas de abajo. Por eso, al menos por ahora, la batalla no es frente a frente entre los de abajo y las elites. Esta guerra de arriba, sin freno alguno, deslegitima, erosiona y golpea las propias reglas que seg?n ellos son la forma de dirimir sus conflictos. Es decir, las reglas del liberalismo pol?tico al que todas las facciones pol?ticas dicen supeditarse y al que todos los grupos econ?micos dicen subordinarse. Erosionan por tanto la legitimidad y la legalidad de lo que queda del Estado. Y si a eso sumamos que las reglas formales del viejo r?gimen no se han ido del todo en el aparato estatal, ello provoca la peor crisis pol?tica en M?xico desde hace 100 a?os. A esta batalla los de arriba y sus voceros le llaman democracia. Nosotros le llamamos crisis de la hegemon?a dominante.

Esa crisis tiene dos salidas: la primera de ellas, quiz? la m?s factible, es que las elites logren ordenar un nuevo grupo dominante, con peque?as reformas que estabilicen al sistema en su conjunto. Reformas lo suficientemente grandes para cohesionar y consolidar a las elites a trav?s de reglas liberales democr?ticas (los intelectuales dir?an democracias consolidadas), pero lo suficientemente peque?as para no poner en riesgo la reproducci?n del sistema pol?tico y econ?mico.

Por eso, los locutores, los intelectuales, los medios de comunicaci?n, los partidos pol?ticos, los empresarios, todos, hablan de reformas electorales y de otras modificaciones que permitan sobrevivir al sistema pol?tico dominante. Todos gritan y vociferan por volver a la estabilidad porque saben del peligro que significa que el sistema se debilite a?n m?s. Por eso esa fuerza centr?peta es enorme y atrae ya, a casi todo el aparato de la izquierda partidaria. Toda ideolog?a de la obediencia a ese sistema pol?tico y econ?mico dominado por las elites s?lo ayuda a fortalecerlo. (y de ello hablaremos en la siguiente parte de este texto). Toda acci?n que busque reformas a ese sistema (el de ellos) puede, en efecto, lograr ciertas mejoras generales, a riesgo siempre, de perpetuar, alargar y legitimar al sistema dominante, cuyos due?os est?n en disputa, divididos, sin consenso y sin hegemon?a.

Pero hay una segunda posibilidad. Mucho m?s lejana, dif?cil y riesgosa. A pesar de que como nunca en la historia las elites tienen m?s poder y dinero, quiz? nunca como antes estuvieron tan divididas entre ellas ? que es lo que hemos explicado en este texto- . La divisi?n hace que su propia ideolog?a dominante se debilite. Y he aqu? que en los ?ltimos 15 a?os los movimientos antisist?micos y democratizadores han venido creciendo, madurando. Muchas veces silenciosamente. Muchas veces a contracorriente. La coyuntura ?temporalmente- ofrece una oportunidad, un breve intervalo de unos a?os en el que las elites se encuentran m?s divididas que nunca.

Construir la(s) fuerza(s) que desde la periferia del sistema y desde abajo puedan desarticular la batalla de arriba y sus reglas, desarticulando su poder de dominaci?n es una segunda posible salida a la crisis. Por eso es la hora de las definiciones y las estrategias se bifurcan de forma irreconciliable. Concentrar nuestra energ?a, nuestra fuerza, nuestra acci?n en una salida desde arriba que estabilice al sistema, y a la dominaci?n o intentar construir desde abajo y a la izquierda y desde la periferia del sistema.

Hay que desarticular al poder dominante tanto pol?tico como econ?mico, no pactar con ?l. No desde una visi?n ideol?gica o una estrategia antisist?mica preestablecida. Estoy seguro que la ?nica salida para la sobrevivencia de los pueblos, del mundo y de la naturaleza es arrasar con el poder dominante, a pesar de que hoy todo nos indique que eso no es posible. Desestructurar la dominaci?n y no hacerla m?s vivible ?para las clases medias- son las opciones que hay para elegir.
Todo an?lisis de lo posible y de lo inmediato es en realidad una ideolog?a de la estabilidad y de la conservaci?n. Hacer todo lo que sea posible para acercarnos a ese objetivo, por m?s lejano que parezca es una decisi?n que muchos hemos tomado a pesar que corremos el riesgo de fracasar y postergar por mucho tiempo cualquier posibilidad de emancipaci?n.

Para muchos, el camino est? claro. Es abajo y a la izquierda. El camino es desmontar la explotaci?n, el desprecio, el despojo y la represi?n pero tambi?n al sistema pol?tico que lo hace posible. Desarticular al poder dominante pero tambi?n la ideolog?a que permite su poder y su cohesi?n. La alternativa es abajo y a la izquierda.
Publicado por solaripa69 @ 9:52
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