Jueves, 26 de abril de 2007
La oportunidad para la reforma
Porfirio Mu?oz Ledo
26 de abril de 2007
Ayer qued? instalada en el Senado de la Rep?blica la Comisi?n Ejecutiva de Negociaci?n y Construcci?n de Acuerdos del Congreso de la Uni?n, en consonancia a lo dispuesto en la Ley para la Reforma del Estado. El nombre es tan complejo como la ambici?n anunciada, y las dudas que lo circundan tan densas como frustrantes fueron los empe?os anteriores. Cuidado sin embargo con banalizar el ejercicio. Lo que se juega es nada menos que la capacidad de los actuales actores pol?ticos e instituciones representativas para reconducir la transici?n mexicana; para otorgar a la Rep?blica nuevas bases de legitimaci?n y de sustento.
Pareciera que nuestros legisladores se hacen cargo de la deriva en que se ha extraviado la maltrecha nave de las instituciones p?blicas. As? lo reconocen en el texto justificativo del proceso que ahora emprenden. Afirman que las reformas precedentes se constri?eron casi exclusivamente a los aspectos electorales y que a pesar de ello hemos incurrido nuevamente en comicios ilegales. Admiten que la cultura antidemocr?tica ha sobrevivido y que nos encontramos "en un momento peligroso de agotamiento de las instituciones, profundizaci?n de las desigualdades, estancamiento econ?mico, desbordamiento de la delincuencia y penetraci?n del narcotr?fico en las esferas del Estado".
La gravedad del diagn?stico obliga a preguntarse sobre el sentido y tama?o de los cambios que pretenden realizarse. Supone un deslinde con las llamadas "reformas estructurales", hasta ahora frustradas, que son secuela de las hondas mutaciones introducidas por los gobiernos neoliberales y que est?n en el origen del dram?tico adelgazamiento de las instituciones p?blicas y del imperio de los poderes f?cticos denunciados hoy por el Congreso mexicano. Implica la determinaci?n de llevar a cabo una genuina contrarreforma en consonancia con los vientos que soplan. Se tratar?a de desandar un lamentable trecho de la historia en el reencuentro de nuestra mejor tradici?n republicana.
El impulso contempor?neo por la transformaci?n democr?tica del pa?s parti? del an?lisis de la situaci?n que se viv?a a finales de los a?os 80. La cuesti?n era entonces c?mo reaccionar frente a una globalizaci?n inducida: mediante el fortalecimiento de nuestras capacidades internas para la competencia y la actualizaci?n del Estado, o bien, por la aceptaci?n sumisa a los dictados privatizadores y la cesi?n de nuestras potestades soberanas a sistemas ajenos de decisiones. El fraude electoral de 1988 y los titubeos de la dirigencia opositora resolvieron el dilema en t?rminos catastr?ficos, que 20 a?os despu?s debi?ramos remontar a trav?s de un nuevo consenso nacional.
En el primer programa de la revoluci?n democr?tica asentamos el a?o siguiente: "En nombre de una supuesta reforma del Estado asistimos a una desmedida privatizaci?n y desregulaci?n del poder estatal que transfiere hacia el extranjero y los sectores oligop?licos internos las decisiones fundamentales del pa?s". A?adimos: "los cambios introducidos no obedecen al libre juego de las fuerzas econ?micas y pol?ticas, sino que han sido impuestos verticalmente con el apoyo del andamiaje corporativo, la defraudaci?n electoral y el control de la comunicaci?n".
La denominada "modernizaci?n autoritaria" se implant? en efecto con el concurso de reg?menes dictatoriales y partidos hegem?nicos. Para contrarrestarla propon?amos una democratizaci?n profunda. Avanz?bamos as?: "La reforma del Estado que nuestro pa?s necesita exige la revaloraci?n de la funci?n p?blica, la participaci?n social, la desconcentraci?n de la autoridad y el establecimiento de fronteras claras entre lo estatal y lo privado, que eliminen el car?cter patrimonialista del poder p?blico, disuelvan los monopolios y liberen las energ?as productivas de la naci?n". Exactamente lo que es necesario hacer hoy, de modo tard?o pero impostergable.
En la misma direcci?n a?ad?amos: "La suficiencia del Estado y el car?cter eminentemente distributivo de la acci?n p?blica son elementos indispensables de la reforma pol?tica". Y algo m?s: "El Estado democr?tico no se define solamente por el origen de su mandato y la regularidad de su ejercicio sino por el cumplimiento de sus objetivos b?sicos, de conformidad con el pacto social que justifica su existencia". No acierto a vislumbrar un sentido distinto a los cambios que ostensiblemente requiere el pa?s.
Han quedado claros en los contactos preliminares del presente intento los siguientes puntos: que estamos hablando de reformas constitucionales de gran calado, que el tratamiento ser? secuencial pero que se agotar? la totalidad de la agenda -aun si se requiere pr?rroga o cambio de m?todo-, que comprende modificaciones sustantivas, capaces de desencadenar consecuencias notables en las reglas de acceso, ejercicio y distribuci?n del poder, as? como en su relaci?n con la sociedad y, por ?ltimo, que la participaci?n de especialistas y organizaciones civiles habr? de ser propositiva y de calidad, no de relleno.
La pregunta que flota en la atm?sfera es: habida cuenta que las reformas a la Constituci?n requieren el voto de los legisladores del PAN, ?cu?l ser? la actitud de ?ste y de su gobierno? ?Buscar?n amortiguar los cambios de envergadura, como lo han venido haciendo desde el inicio de la transici?n? ?Ensayar?n atraer al PRI hacia posiciones conservadoras, aprovechando sus tensiones internas? O bien enfrentar?n con honestidad el debate sobre las grandes cuestiones nacionales y entrar?n con seriedad al terreno de la negociaci?n parlamentaria y de la explicaci?n p?blica de sus posiciones.
Llama por ello la atenci?n el art?culo publicado por Felipe Calder?n en memoria de su mentor, Carlos Castillo Peraza, present?ndolo como el "verdadero ide?logo de la transici?n pol?tica mexicana, porque la concibi?, la dise?? y la supo llevar adelante". Con independencia de los m?ritos intelectuales y militantes del estimable personaje, salta a la vista que tan rotunda afirmaci?n es inexacta, ya que su participaci?n en los movimientos sociales y en las negociaciones que produjeron los cambios fue m?s bien cauta, marginal y casi siempre contraria a la creaci?n de instituciones innovadoras.
Algunos han interpretado el texto como una declaraci?n pol?tica, m?s que como una constancia de filiaci?n no pedida. Es parte desde luego del empe?o panista por atribuirse la paternidad de una democracia que ellos mismos han torpedeado y de su fervor en ofrecernos una nueva estatuaria y una nueva historia oficial. Pero quiz? el mensaje sea que, visto que el autor de la transici?n ha fallecido, ?sta ha concluido tambi?n. O peor a?n, que el objetivo que los animaba no era la instauraci?n de un r?gimen democr?tico, sino el arribo al poder, montados taimadamente en el esfuerzo de los dem?s.
En virtud de la relevancia hist?rica del asunto procede una aclaraci?n puntual, en las palabras y en los hechos. As? lo esperamos.
Publicado por solaripa69 @ 10:07
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