Mi?rcoles, 05 de septiembre de 2007
De ?Noticias?:

Ind?genas serranos toman la Casa Oficial

PEDRO MATIAS/REYNALDO BRACAMONTES

Unos 200 ind?genas de La Trinidad, agencia municipal de Santiago Xiacu?, Ixtl?n, bloquearon ayer el acceso a la casa oficial, en protesta porque edil Maximiliano Santiago Morales, se niega a entregarles los recursos del Ramo 28 que ascienden a m?s de 500 mil pesos.

Tras siete horas de negociaci?n, el gobierno representado por el Subsecretario Joaqu?n Rodr?guez Palacios, determin? suspender participaciones municipales al mun?cipe de Santiago Xiacu?, hasta que las partes lleguen a un acuerdo.


Exige que jefes policiacos
sean tambi?n detenidos
OCTAVIO V?LEZ ASCENCIO
(De Portada)
Entre los funcionarios que merecen ser castigados, Karem Cruz Franco cit? al secretario de Protecci?n Ciudadana, Sergio Segreste R?os; al director de la Polic?a Ministerial del Estado, Daniel Camarena Flores; al coordinador de Seguridad P?blica, Vialidad y Tr?nsito del Ayuntamiento de Oaxaca de Ju?rez, Aristeo L?pez Mart?nez y al director de la Polic?a Auxiliar, Bancaria, Industrial y Comercial, Alejandro Barrita Ortiz, ?y hasta el propio (gobernador) Ulises Ruiz Ortiz, por ser quien dio la orden de reprimir?.
Y subray? que su familia no cree ni tiene confianza en las palabras y en las actuaciones del procurador Evencio Nicol?s Mart?nez Ram?rez y del gobernador Ruiz Ortiz.
?Para mi sus palabras no valen. No tengo confianza en ninguna de esas personas?.
Cruz Franco dijo ?es una total tonter?a? de la Procuradur?a General de Justicia del Estado de pretender hacer declarar a su padre para identificar a sus agresores.
?Es una burla que el procurador quiera que mi pap? identifique a sus agresores. No esta en condiciones de declarar; no habla?, se?al?.


Miseria y exilio en San Mart?n Peras
De ?Contral?nea?:
La miseria ha expulsado a cientos de nu?saavi de la Sierra Mixteca. No hay incentivo que valga para permanecer en San Mart?n Peras: la marginaci?n y el abandono los obliga al exilio. Su destino est? en los campos de fresa en California y jitomate en Culiac?n, donde trabajan s?lo para el gasto diario. Algunos volver?n para la fiesta de Todos Santos, pero encontrar?n la misma desolaci?n y miseria que dejaron al partir.

Paulina Monroy / David Cilia, fotos / enviados

San Mart?n Peras, Oaxaca. Mar?a trenza la palma, ?giles sus dedos la entrelazan para el sombrero que le comprar?n en 2.50 pesos, su ?nico ingreso por d?a. Las hojas p?lidas le rozan la falda de color encendido y apenas va en la copa; moldea veloz la hojarasca, pero en un par de horas habr? terminado. Si teje uno al d?a, en dos semanas, tendr? lista la docena que ofrece en el tianguis cada s?bado. Mar?a es el ?nico sustento de su familia porque Pedro, su esposo, ya no hace ni petates, ni canastas, ni sombreros: se cort? la mano con el machete y apenas puede moverla.
Hace ya casi una semana que la pareja contrajo gripe y Pedro, de 57 a?os, arde en fiebre. En San Miguel Peras, su comunidad, el gobierno estatal construy? una cl?nica sin equipo, medicinas ni doctor, y su ?nica opci?n es esperar dos meses m?s para ser atendido por las brigadas de salud.
La pareja conf?a que ?a la buena de Dios? se venda toda su mercanc?a, aunque lo ganado ser? insuficiente para aliviar ese resfriado. Adem?s de las medicinas, cuyo costo en el municipio de Juxtlahuaca est? muy por encima del precio normal, tendr?an que pagar 700 pesos para trasladarse donde s? hay atenci?n m?dica adecuada.
No hay equipo m?dico ni en San Miguel Peras ni en la cabecera municipal, por eso, hace algunos meses, Dominga Nepomuceno muri? en labor de parto. Falleci? junto con su hijo al llegar al hospital de Juxtlahuaca.
La condici?n de Marcelina Villanueva no es mejor. Hace 20 d?as que la mujer de 56 a?os sufre de v?mitos y diarrea, y los m?dicos ?nada m?s le echaron suero?, dice su hijo. No supieron explicarle qu? ten?a, porque no hab?a un int?rprete con ellos; la lengua sigue siendo una barrera. Ahora Marcelina ya no es la misma que aquella rebosante de la credencial de elector. En la fotograf?a se ve sana, de gesto templado y suave, ahora est? p?lida y macilenta, de mirada afligida y en los huesos, se distingue lo redondo de sus ojos y lo afilado de sus p?mulos.
Postrada en un catre de madera, a lado del fog?n, se queja en mixteco de una ?bola? en el est?mago. ?No quiere comer tortilla ni frijoles?, dice su esposo Manuel P?rez. Tambi?n a ?l hace tiempo le duele la cabeza y no ha ido al doctor, porque se gastaron todo el dinero en la consulta y las medicinas para Marcelina en Coicoy?n de las Flores. Su hijo mayor gast? 435 pesos en antinflamatorios, vitaminas y suero oral, medicamentos a punto de agotarse y que no remedian el mal de Marcelina. El dinero lo consigui? al hacer unos trabajos, pero la familia no tiene fuentes de ingreso, s?lo comen lo que la milpa les da. Para comprar m?s antibi?ticos tendr?n que pedir fiado.
El agente municipal Mauricio Gonz?lez explica que desde hace ya m?s de dos a?os se hizo una solicitud para que haya un doctor de manera permanente, pero jam?s han recibido respuesta del gobierno de Oaxaca. Tambi?n las autoridades de San Mart?n Peras hacen caso omiso a los reclamos de la comunidad. S?lo la mitad de sus habitantes tienen luz y agua. Hace cinco a?os demandaron la construcci?n de un puente para que 50 alumnos puedan atravesar el r?o y llegar a la escuela, pues ya un ni?o se ahog? cruz?ndolo durante la temporada de lluvias, pero les dicen que no hay recursos.
Sin un panorama m?s alentador, Mauricio se?ala que familias enteras se est?n yendo a Ensenada, Baja California, y que incluso ?l lo ha hecho: ?Hay puro grande y todos los j?venes se fueron. Aqu? no hay trabajo, puro sembrar ma?z nada m?s?.
San Mart?n Peras es el primer expulsor de emigrantes en Oaxaca y, de acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, es el cuarto municipio m?s pobre de M?xico con un ?ndice de desarrollo humano de 0.4688, similar al de pa?ses como El Congo, Ruanda o Angola.
El 50 por ciento de los pobladores de San Mart?n Peras son emigrantes, 3 mil 500 de manera permanente. Seg?n el Instituto Nacional de Estad?stica, Geograf?a e Inform?tica (INEGI), entre 2000 y 2004, el saldo neto migratorio fue de 2 mil 242 personas.
Las Minas
La algarab?a de una radio irrumpe sobre el paisaje. La tonada de la canci?n parece ser lo ?nico vivo en Las Minas. El aire est? callado y las tolvaneras, serenas sobre la c?spide de la Sierra Madre. En la brecha agreste no hay hombres y tampoco mujeres, s?lo ni?os peque?os ayudando a los ancianos en las parcelas. Francisco se agacha para limpiar la milpa hasta donde el anciano ya no puede. Tiene apenas nueve a?os. Como les sucede a 80 ni?os de Las Minas, ?l est? al cuidado de su abuelo porque sus padres emigraron.
?La mitad del pueblo ya se fue?, expresa el agente municipal Modesto D?az y ?l mismo admite que dej? su tierra para trabajar como jornalero en Sinaloa, Jalisco y Michoac?n. Por un d?a en la pizca de jitomate, le pagaban menos de 50 pesos, dinero que ?no alcanza para comer?, dice. Hoy cuida a sus nietos de cinco y 12 a?os. Ana Rosa, su hija, tambi?n parti? hacia los campos de fresa, en California. Los nietos de Modesto ven a su madre una vez al a?o y reciben ?poquito? para el gasto de la escuela.
No ocurre as? con Adriana y sus dos hermanos. En cuatro a?os no han vuelto a ver a sus padres y s?lo atinan a contestar que se fueron al norte, que los extra?an y que no dejar?an su casa. Ella ya termin? la primaria y en dos a?os m?s cumplir? los 14, edad en la que comienzan a irse los adolescentes nu?saavi de Las Minas. A falta de oportunidades y medios para sobrellevar la miseria, este a?o, una treintena de j?venes entre 14 y 16 a?os emprendieron el viaje y atravesaron la frontera para ganar 5.75 d?lares por hora en la colecta de fresa.
Aislada sobre la cima de la monta?a, en Las Minas todo es lejan?a. Apenas hace siete a?os construyeron la carretera: un angosto camino de tierra sobre la Sierra Madre, donde los deslaves son frecuentes y arrasan los cultivos. Los apagones son tambi?n habituales y s?lo la lluvia alimenta los pozos. No hay cl?nica y las brigadas de salud llegan cada dos meses. La comunidad vive de lo poco que se vende en las improvisadas expendedur?as y del ma?z, el frijol, la calabaza y el chilacayote, que se siembran para autoconsumo.
Gregoria Flores mira el estante semivac?o donde reposa el jab?n, el arroz, los frijoles, los huevos y las veladoras de su tienda. Afirma que toda la ganancia del d?a se reduce a la venta de una bolsa de sal. Pueden pasar meses sin que le compren su mercanc?a, pues cada vez tiene menos vecinos.
No tiene m?s remedio que endeudarse hasta por mil pesos en la cabecera municipal por la mercader?a que adquiere. Por eso, ni sus tres hijos ni Adriana toman leche diario y comen carne cuando hay dinero. Desde que se fueron los padres de Adriana, Gregoria alimenta a los seis ni?os. Cuando todav?a no era madre, trabaj? en el cultivo de jitomate en Culiac?n: ?Poquito gan?, pero gast? todo y no pude ahorrar; por eso ya me quede aqu?, a dedicarme al campo?, confiesa Gregoria.
Los gastos de su estad?a como jornaleros les impiden ahorrar dinero. Por su condici?n de emigrantes tampoco pueden tener acceso a programas como Oportunidades o Procampo. El Seguro Popular no est? presente en una comunidad donde se curan los males con paracetamol y soluci?n para la fiebre.
Tambi?n auxiliar de salud, Gregoria declara que la papilla ?suplemento nutricional para los ni?os? s?lo la reciben unas cuantas mujeres a trav?s de Oportunidades y no las decenas de emigrantes que estuvieron imposibilitadas de inscribirse en la lista de beneficiarias.
Los favorecidos por Procampo tambi?n son escasos. Emilio D?az Cruz dej? de recibir el apoyo una vez que decidi? irse. Ahora est? fracturado de la columna y la pierna se le duerme debido a su trabajo como recolector en los plant?os de California. Obligado a regresar, s?lo se dedica a su milpa y a cuidar a sus hijos m?s peque?os con la ayuda de su hija. Su esposa y sus tres hijos mayores, dos j?venes de 18 y 14 a?os y una m?s de 16, permanecen all?. Tuvieron que pagar mil 100 pesos para viajar de Juxtlahuaca a Tijuana y mil 200 d?lares para cruzar la frontera. Con pesar, Emilio refiere que su sobrina de ocho a?os muri? atropellada por una camioneta de la border patrol, mientras ella y su padre se escond?an en un mont?n de basura para no ser detenidos en la frontera.
?C?mo se va a quedar a vivir la gente aqu?, si todo va subiendo y de d?nde vamos a obtener el dinero para comprar lo que se necesita. Trabajamos para mantenernos, no nada m?s comemos frijol y ma?z, necesitamos m?s alimentos, porque a veces no se da la milpa y vienen terremotos que echan a perder nuestras plantas?, se queja Gregoria.
Las Minas no recibe recursos de San Mart?n Peras, ?pues ?explica Modesto? el presidente municipal dice que hay muchas agencias y que no alcanza, que hay mucha maquinaria en Peras que requiere gasolina y que es muy cara, y no quiso emparejar nuestra calle?.

El Sabinillo
Mientras en la cabecera municipal las excavadoras est?n estacionadas, en El Sabinillo 11 hombres, ni?os, j?venes y ancianos, abren el camino con palas y picos porque las lluvias se llevan las brechas que trazan. Desde que amanece hasta las cinco de la tarde, Fidel, de siete a?os, lleva piedras a la carreta por el tequio o ayuda a la comunidad. Los pobladores est?n habituados al trabajo diario en el camino, pues la temporada hace todo lodo, apunta Rogelio D?az, quien dirige la apertura de la ?nica vereda que comunica a El Sabinillo.
El agua tambi?n se lleva la cosecha, que de por s? es complicado sembrar: el abono les cuesta 350 pesos el saco y sin recibir ninguna ganancia, los campesinos piden prestado para comprarlo. El ma?z de Rogelio se da una vez al a?o y es escaso lo que se puede recolectar.
La familia de Rogelio se debe conformar con un tambo de granos y con los pocos pedazos de carne que se secan dentro de la habitaci?n. ?No se puede, vivo aqu? nada m?s?, responde cuando se le pregunta si se ha ido a Ensenada, y asegura que no podr?a costear el viaje de ida de 900 pesos y el de regreso de mil.
Heraclio est? esperando que llegue octubre para regresar a Baja California y recibir 300 pesos semanales como labriego; por ahora, trabaja en despejar el camino. Se?ala la casa que le construy? a su familia gracias a su salario en Ensenada, un hogar de cemento que corona el monte. Aunque Heraclio haya cambiado el sombrero por la gorra y los huaraches por los tenis, su nivel de vida sigue siendo el mismo. Todo el dinero que gan? la ?ltima vez que migr? se fue en la renta, la comida y el gasto diario.
Se r?e cuando escucha la palabra leche, porque para los ind?genas mixtecos es un lujo inaccesible, incluso para su hija Estela, de apenas unos meses. ?No hay dinero para darle leche, pero est? fuerte y no se ha enfermado?, afirma el padre.
Los j?venes de El Sabinillo tambi?n se van de la comunidad cuando terminan la primaria. La escuela es una choza prestada que hace las veces de sal?n, donde asisten 17 de ni?os de entre ocho y 12 a?os, y la instructora del Consejo Nacional de Fomento Educativo. En El Sabinillo, ni las casas ni la escuela tienen luz el?ctrica. ?Ni agua, ni brigadas de salud, ni carretera, nada m?s lo que se hace con la mano?, expresa Rogelio con cierto estoicismo.
Resignados a no recibir apoyos, las condiciones de los habitantes de El Sabinillo contrastan con el estatus de vida que se da Francisco Ram?rez. El s?ndico posee una onerosa camioneta que lava con chorros de agua y una casa de dos pisos y cemento que sobresale de las otras tantas de madera y piso de tierra. Mientras el mun?cipe se ausenta por d?as, un viejo nu?saavi se sienta en el suelo del palacio municipal y rodeado de hojas de palma pasa tardes enteras tejiendo sombreros.
Publicado por solaripa69 @ 10:44
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