Martes, 02 de octubre de 2007
EL CRIMEN DE ESTADO NO SE OLVIDA

Hoy se cumplen 39 a?os de la masacre perpetrada por el gobierno de Gustavo D?az Ordaz en Tlatelolco, y el pa?s a?n no ha podido cerrar ese cap?tulo ignominioso de su historia reciente.
A fuerza de movilizaciones populares, muertes, encarcelamientos, destierros y sacrificios innumerables, M?xico ha desembocado en la formalidad ?democr?tica y electoral? pero ha sido incapaz de hacer justicia a los ca?dos en la Plaza de las Tres Culturas y a los cientos o miles de luchadores sociales o de ciudadanos ajenos a cualquier causa pol?tica que, en las CUATRO d?cadas transcurridas desde el movimiento estudiantil de 1968, fueron asesinados, desaparecidos, torturados, reprimidos y vejados por un poder p?blico corrompido, desvirtuado y carente de contrapesos.
Hoy, el grupo neoconservador en el poder se vanagloria de un cambio y una modernidad que parecen expresarse en la destrucci?n de la educaci?n p?blica, en ataques sistem?ticos a lo poco que queda de propiedad nacional y en la glorificaci?n de modelos de pol?tica social que suplantan la solidaridad constitucional del Estado para con los m?s desfavorecidos, por un asistencialismo caritativo. Los beneficiarios coyunturales de la larga lucha social en favor de la democracia dicen y acaso hasta lo creen que la modernizaci?n del pa?s implica gobernar como si se administrara una empresa, y renunciar al Estado laico y a la soberan?a nacional frente a Estados Unidos; pero una naci?n verdaderamente moderna no se funda en una suerte de mesianismo gerencial sino, antes que nada y por encima de cualquier otra caracter?stica, en la plena vigencia del estado de derecho, en la erradicaci?n de la impunidad y en un ajuste de cuentas con los arca?smos autoritarios, sobre todo si se trata de un c?mulo de acciones oficiales delictivas y criminales, como lo fueron la represi?n del movimiento estudiantil y la guerra sucia que sigui?.
A pesar de la creaci?n de una fiscal?a especial para investigar tales cr?menes de Estado, Luis Echeverr?a Alvarez sigue sin ser sometido a juicio. Miguel de la Madrid confiesa impunemente que no hizo gran cosa para investigarlos; Carlos Salinas no ha sido indiciado por los centenares de asesinatos pol?ticos perpetrados durante su mandato ni por los fraudes monumentales de las privatizaciones de su sexenio, y Ernesto Zedillo no ha sido llamado por la justicia para que declare lo que sabe sobre las masacres de Aguas Blancas, Acteal, El Charco y otras que ocurrieron en su gobierno, ni para que responda por la corrupci?n galopante y obscena que desol? al pa?s durante su gesti?n.
Por estas razones, a pesar de las grandes transformaciones nacionales ocurridas de 1968 a la fecha las positivas y las deplorables, sigue vigente la exigencia de esclarecer y castigar los cr?menes de Tlatelolco, de la guerra sucia, de los asesinatos pol?ticos, de los megafraudes y de las matanzas rurales. Esa exigencia se sintetiza en una consigna con plena validez en nuestros d?as: 2 de octubre no se olvida.


2 de octubre: 39 a?os.

Paco Ignacio Taibo II

En el 93 me toc? actuar como relator del informe sobre el 2 de octubre de 1968, como secretario t?cnico de la Comisi?n de la Verdad. El resumen se elabor? a partir de una amplia revisi?n documental, testimonios y entrevistas realizadas ex profeso por la Comisi?n con estudiantes, materiales enviados por ex funcionarios y entrevistas con personajes que pidieron se conservara su anonimato. A pesar de las nuevas investigaciones y la aparici?n de nuevos documentos, creo que estas notas, s?lo notas, siguen siendo ?tiles para saber lo que sucedi? el 2 de octubre de hace 30 a?os y por qu?.
1) El 2 de octubre de 1968 era mi?rcoles.
2) En la ma?ana, en el Consejo Nacional de Huelga se decidi? limitar el acto programado a un mitin y suspender la manifestaci?n al Casco de Santo Tom?s, exigiendo la devoluci?n de las instalaciones al Ej?rcito. Se hab?an celebrado tres peque?os m?tines en d?as pasados en Ciudad Universitaria y en Tlatelolco. El movimiento iniciaba una recuperaci?n, tras haber estado a la defensiva en la secuencia iniciada el 19 de septiembre con las acciones armadas del gobierno (toma militar de Ciudad Universitaria, ataque de los granaderos y toma del Casco de Santo Tom?s, toma militar y policiaca de Zacatenco). El mitin era importante porque habr?a de anunciarse el inicio de una huelga de hambre de los presos pol?ticos estudiantiles detenidos a lo largo de las operaciones militares de septiembre.
3) En la ma?ana del 2, en una sesi?n del CNH se acord? que s?lo estuvieran en la tribuna organizadores y oradores; se sugiri? que los miembros del CNH que no tuvieran algo que hacer en el acto no asistieran y que en caso de que lo hicieran se mezclaran con la multitud. Eran las medidas de precauci?n habituales. La direcci?n del movimiento estudiantil no esperaba ninguna represi?n. De hecho, el acto coincid?a con la apertura de conversaciones con la comisi?n Caso-De la Vega. Es m?s, el aviso de que hab?an salido del Monumento a la Revoluci?n camiones con agentes armados de la Direcci?n Federal de Seguridad, fue recibido como un anuncio alarmista m?s.
Otros indicadores de que podr?a producirse una represi?n podr?an haber llegado hasta la direcci?n del movimiento estudiantil, como que se hab?a otorgado un d?a de asueto a los trabajadores de la Secretar?a de Relaciones Exteriores porque ``iba a haber problemas''.
De ser as?, fueron interpretados como una de las habituales medidas para aislar a la poblaci?n y, en particular, a la burocracia de los actos del movimiento.
Paralelamente las provocaciones se suced?an: existen multitud de testimonios de aproximaciones a los miembros m?s conocidos del CNH realizadas por supuestos estudiantes radicalizados, que insist?an en que el movimiento estudiantil ``deber?a armarse''. Hay constancia de que en muchas de estas ocasiones los dirigentes rechazaron estas propuestas. Ayax Segura, del que luego se sabr?a era agente de Gobernaci?n, hizo la oferta p?blicamente en una sesi?n del CNH. El autor de estas notas recuerda que hab?a actuado a fines de septiembre para desmontar una provocaci?n organizada por la polic?a en este sentido, que involucraba a un grupo de brigadistas de la Preparatoria uno.
Antes de iniciarse el mitin, en la plaza se present? un individuo con un recado ap?crifo de Genaro V?zquez pretendiendo que se leyera durante el acto. Era un texto absurdo. Gilberto Guevara lo despidi? sin hacerle caso.
M?s tarde, el personaje habr?a de intervenir como agente policiaco en la represi?n.
La tentaci?n, tras 70 d?as de lucha, de responder a la violencia gubernamental con violencia, estaba en el interior del movimiento. Los tiroteos contra brigadistas, las agresiones de las porras, las intervenciones armadas de granaderos, polic?as y soldados en las escuelas durante septiembre, actuaban como revulsivo, pero la idea dominante en el movimiento, sobre todo entre los cuadros de direcci?n, era que la fuerza de la movilizaci?n estaba en su acci?n de masas y que si una minor?a optaba por las balas el movimiento perder?a su fuerza, incluso justificar?a pol?ticamente la represi?n gubernamental.
Hab?a pistolas entre los estudiantes, pero en manos de una absoluta minor?a, y sus propietarios las entend?an m?s como un elemento defensivo para evitar el asesinato o la detenci?n.
La oferta de armas por parte de provocadores parec?a confirmar la tesis de la mayor?a de la direcci?n estudiantil.
4) La decisi?n de reprimir en Tlatelolco fue tomada por D?az Ordaz al menos el 30 de septiembre, probablemente antes, bajo la forma de desatar una represi?n ``ejemplarizante'', aunque la decisi?n de hacerlo el 2 de octubre dependi? del accionar del movimiento.
5) Seg?n estimaciones de la Comisi?n de la Verdad, en Tlatelolco habr?an actuado m?s de 8 mil efectivos de las fuerzas represivas estatales entre soldados, granaderos, polic?as del DF, Polic?a Montada, polic?as secretas de todo tipo, polic?as judiciales del DF y federales, miembros del Batall?n Olimpia y bomberos y 300 veh?culos entre tanques, tanquetas, blindados y jeeps con metralletas.
La movilizaci?n de estas fuerzas y las ?rdenes se dieron al menos 24 horas antes. Las ?rdenes fueron diferentes. Mientras el Ej?rcito probablemente recibi? la orden de intervenir en caso de ``disturbios'', el Batall?n Olimpia, los agentes de la DFS y la Polic?a Judicial recibieron orden de crear el ``disturbio''.
El Batall?n Olimpia hab?a sido integrado en febrero del 68 con la misi?n de custodiar las instalaciones y ejercer servicios de orden en las futuras Olimpiadas, depend?a directamente en la l?nea de mando del Estado Mayor Presidencial y, por lo tanto, de la Presidencia de la Rep?blica. Hab?a sido formado tomando tropa de batallones de todo el pa?s y ten?a un n?mero de suboficiales m?s alto de lo normal. Estaba dirigido por el coronel Ernesto G?mez Tagle y el 2 de octubre hab?a sido reforzado por dos secciones de caballer?a del 18 y el 19 regimiento.
Sus ?rdenes eran asistir al acto vestidos de civil y con un guante blanco en la mano izquierda como identificaci?n. Esa misma orden recibieron los judiciales federales 24 horas antes. La orden inclu?a la prohibici?n de portar identificaci?n o documentos personales y no se precisaba si los miembros del batall?n deber?an llevar un guante o un pa?uelo enrollado en la mano izquierda.
En las investigaciones de la Comisi?n de la Verdad apareci? frecuentemente otro nombre, el del mayor Cuauht?moc C?rdenas, posiblemente mayor de la polic?a, cuya misi?n era coordinar militares del Batall?n Olimpia y judiciales.
6) El Batall?n Olimpia ten?a ?rdenes de bloquear el edificio ``Chihuahua'', detener a los miembros del CNH, tomar el segundo y tercer piso, disparar sobre la multitud.
Los judiciales tomaron posiciones en la plaza, a la que arribaron incluso antes que los estudiantes, la torre de Relaciones Exteriores, que dominaba la Plaza de las Tres Culturas; en particular en el piso 21, donde hab?a un grupo de agentes de la Direcci?n Federal de Seguridad a cargo del comandante Llanes. Versiones no confirmadas insisten en que Mendiolea dirigi? la operaci?n desde la torre de Relaciones Exteriores.
En la zona de niebla que a?n hoy cubre lo sucedido el 2 de octubre de 1968, se encuentran los nombres de los que coordinaron la operaci?n represiva, qui?nes de los jefes policiacos y militares dentro de la zona conoc?an exactamente lo que habr?a de pasar y qui?nes ten?an informaci?n parcial. Al menos tres fuerzas actuaron sincronizadamente a las 6:10 de la tarde: los francotiradores de la polic?a, que dan la se?al al arrojar las bengalas; las fuerzas militares, que irrumpen en la plaza; y los efectivos del Batall?n Olimpia.
7) A las 6:10 de la tarde se producen en una secuencia r?pida los siguientes acontecimientos:
Arribo de los camiones de los paracaidistas que comienzan a descender en los alrededores de la plaza.
Un helic?ptero (?militar?) sobrevuela la plaza.
Desde la torre de Relaciones Exteriores (y no desde el helic?ptero, como se afirm? posteriormente) se disparan dos bengalas, la primera verde y la segunda roja.
El Ej?rcito avanza hacia el mitin.
S?crates le quita el micr?fono al orador y grita: ``?No corran, es una provocaci?n!''.
Desde el ``Chihuahua'' se producen los primeros disparos sobre la multitud. El testimonio de Eduardo Valle, El B?ho, es preciso y con ?l coinciden muchos m?s: ``Dos bengalas e inmediatamente despu?s vi a un civil armado y vestido con gabardina que disparaba una carga de pistola contra la multitud''. Varias versiones coinciden en se?alar a este hombre y a otros vestidos de civil como los iniciadores del tiroteo. Hasta el censurado Diario de la Tarde registr?: ``Los individuos enguantados sacaron sus pistolas y empezaron a disparar a boca de jarro e indiscriminadamente sobre mujeres, ni?os, estudiantes y granaderos''.
Hay versiones contradictorias sobre si los disparos de los miembros del Batall?n Olimpia se iniciaron en el tercer piso o tambi?n en la planta baja y el segundo piso.
?Inclu?an sus ?rdenes disparar s?lo sobre la multitud?, ?o tambi?n sobre los militares uniformados en la plaza? La hip?tesis de que lo hicieron cuando la multitud avanzaba hacia el edificio para proteger a los miembros del CNH y/o repleg?ndose de la tropa fue desechada por la Comisi?n de la Verdad. Los disparos fueron hechos antes de que la multitud se moviera hacia el ``Chihuahua''.
Sobre la multitud se dispara desde la torre de Relaciones y, seg?n testimonios de vecinos recogidos por la Comisi?n, hubo ``disparos de ametralladora que sal?an de los altos del edificio''.
?Se dispar? desde el segundo piso? ?Fue desde el departamento que hab?an tomado previamente y que luego usar?an para las primeras concentraciones de detenidos?
Existen testimonios varios de que los soldados dispararon sobre la multitud en la zona del Eje Central, una vez que cayeron las bengalas.
8) A estos disparos siguen de inmediato los tiros disparados por los efectivos del Ej?rcito uniformado en la plaza, que viene entrando desde diferentes lados. Los tiros son de abajo hacia arriba y/o sobre la multitud.
Mientras esto sucede, un alud de efectivos del Olimpia y polic?as irrumpen en el tercer piso con pistolas en las manos. Comienzan a golpear y a detener a los estudiantes y periodistas que se encuentran all?.
Cuando se inicia el tiroteo ya el Batall?n Olimpia hab?a ocupado el tercer piso del ``Chihuahua'' y ten?a a la gente con los brazos en alto, o lo estaba ocupando. Ten?an adem?s bloqueadas las salidas del edificio.
En el ``Chihuahua'' habr?a unos 300 estudiantes entre miembros del CNH, de las comisiones de orden, del grupo t?cnico que se hac?a cargo del sonido, periodistas y colados.
La multitud que se replegaba hacia el ``Chihuahua'' fue recibida por civiles que en la planta baja del edificio descargaron rev?lveres contra ellos.
Algunos miembros del Olimpia en el edificio ``Chihuahua'', tras hacer tirarse al suelo a los detenidos, se encuentran con que el Ej?rcito en la plaza dispara sobre el mismo inmueble. Soldados del batall?n , al ver que el ej?rcito les disparaba, azorados buscaban un walkie-talkie para comunicarse con los de abajo. Se suceden los gritos de ``no disparen, Batall?n Olimpia''.
Multitud de testigos rese?an estas frases. Los tiros y luego los llamados a no tirar y los reclamos de: ``somos guante blanco''.
Este hecho confirmar?a que la intervenci?n del Olimpia era del conocimiento del Ej?rcito.
En paralelo comienza la detenci?n de los estudiantes que lograron ocultarse en los departamentos. Contin?an las comunicaciones entre el Olimpia y los soldados mientras sigue el tiroteo: ``Aqu? Batall?n Olimpia, bajo con un prisionero''.
El helic?ptero ametrall? a la multitud; a veces tiraban balas trazadoras, sobre esto hay m?ltiples testimonios.
Durante una hora y cincuenta minutos se dispara contra una multitud desarmada. Seg?n datos oficiales se hacen 15 mil disparos. Dentro del cerco, la multitud es arrojada hacia uno u otro lado de la plaza, donde la reciben a tiros o con la bayoneta calada.
Seg?n testimonios oficiales recogidos por el diario El Universal, que coinciden con el primer reporte de la Cruz Roja, la mayor?a de los muertos reconocidos por las autoridades lo fueron a causa de heridas de bayoneta, entre ellos un ni?o.
9) El comportamiento de las fuerzas del Ej?rcito fue diferente seg?n las zonas y los mandos. Vari? de una voluntad asesina a una indisciplina pasiva que salv? a muchos manifestantes. Hay variados testimonios de que soldados dispararon contra ambulancias de la Cruz Verde para que no entraran al cerco en los primeros momentos; existen testimonios de estudiantes dejados salir del cerco por soldados ``haci?ndose los ciegos'' (fundamentalmente en la parte norte de la plaza y durante los primeros 15 minutos); testimonios que narran c?mo en los primeros momentos algunos soldados dispararon al aire y tambi?n hay m?ltiples testimonios de estudiantes impulsados por los soldados a bayoneta calada hacia la zona del tiroteo (por ejemplo, en la zona de los asta banderas cercana a Voca Siete sobre la calle Manuel Gonz?lez). Los heridos all? lo fueron a bocajarro. seg?n la revista Time varios de los cad?veres ten?an huellas de p?lvora en la ropa.
El horror se vuelve absurdo en el caos. ?Quince mil disparos para disolver un mitin? Ciento diez minutos de terror sobre una multitud indefensa tratando de salir del cerco.
10) La magnitud de la represi?n la da con m?s fidelidad la cifra de heridos: no menos de 700.
Gracias a la intervenci?n memorable de la Cruz Roja y la Cruz Verde, muchos de los heridos hoy pueden contar la historia. Las dos Cruces tuvieron 42 ambulancias en el terreno sacando heridos y su presencia cost? a los trabajadores de esas dependencias tener en la jornada seis camilleros heridos.
Estos fueron enviados, en principio, al Hospital Rub?n Le?ero y al Hospital de la Cruz Roja. Seg?n el director de emergencias del Le?ero, el doctor Jim?nez Abad, all? se recibieron ``600 heridos'', de los cuales ``entre 12 y 18 murieron''.
Saturado el Le?ero, algunos de los heridos fueron enviados a otros nosocomios del DDF, Cruz Roja y aun al Hospital Militar. Pero a partir de las nueve de la noche, y por ?rdenes del subjefe de la polic?a Mendiolea, los hospitales fueron intervenidos por la polic?a y seg?n el testimonio de un doctor en el Rub?n Le?ero, ``los granaderos y los secretos ven?an y nos quitaban a los muchachos de los quir?fanos donde los est?bamos operando y se los llevaban. D?nde quedaron esos muchachos, y si murieron, nadie lo sabe''.
11) No hay duda que las diferentes fuerzas represivas que participaron en Tlatelolco intercambiaron disparos entre ellas. ?Fue una manera en la que los Olimpias y los agentes de la DFS provocaron al Ej?rcito para luego estalecer la farsa de la agresi?n estudiantil o simplemente resultado del caos, descoordinaci?n de las fuerzas que interven?an e ineptitud de los mandos?
El Ej?rcito tuvo diez bajas en la operaci?n de Tlatelolco. Tres soldados muertos y siete heridos, entre ellos el general de paracaidistas Hern?ndez Toledo, que dirig?a la operaci?n. Ninguno de ellos fue herido por balas de bajo calibre. Uno de los soldados reportaba ante el Ministerio P?blico que se hab?a herido solo al dispar?rsele un tiro en el pie, otro que hab?a sido herido por un fragmento de metralla rebotada (probablemente de las balas de alto calibre que dispararon las tanquetas), un tercero que hab?a sido herido por un disparo que vino del edificio ``Chihuahua''. El propio Hern?ndez Toledo recibi? una bala en la baja espalda en el momento en que se iniciaba la operaci?n. La bala era de un AR-12, un fusil muy poco com?n en M?xico. En los momentos de recibir el impacto estaba dando la espalda a la torre de Relaciones Exteriores. Por la trayectoria del impacto le hab?an disparado los agentes de la DFS all? situados o los que actuaban desde el helic?ptero.
?Qu? pensar?a el general mientras convalec?a de su herida? ?Se supondr?a v?ctima de un fuego cruzado entre compa?eros o pensar?a que era un pe?n en un juego de provocaciones en el que poco importaba volarle la columna vertebral?
Las bajas del Batall?n Olimpia, oficialmente inexistente en Tlatelolco, nunca se reportaron. Tampoco se reportaron las bajas de las diferentes polic?as.
12) El Estado mexicano nunca se ha mostrado muy sofisticado en la elaboraci?n de sus mentiras. Pareciera como si en el fondo la cortina de humo s?lo tuviera un car?cter ritual y quisiera que, en su absoluta prepotencia, se reconociera su decisi?n de masacrar. La masacre as? adquiere su verdadera dimensi?n de advertencia. Quiz? esto explica la inconsciente torpeza de sus argumentos, la debilidad absoluta de sus pruebas.
La versi?n oficial se produjo antes de que los disparos terminaran de escucharse en Tlatelolco. El jefe de prensa de la Presidencia, Fernando M. Garza, habl? a periodistas de una ``provocaci?n estudiantil que hab?a terminado en tiroteo''. D?az Ordaz se aferr? en todas sus intervenciones a la tesis de que los estudiantes hab?an disparado sobre el ej?rcito y que ?ste,que ten?a ?rdenes de defenderse, respondi? a la provocaci?n. El general Garc?a Barrag?n, ministro de la Defensa, ampli? diciendo que se hab?a tratado de ``guerrilleros que provocaron al Ej?rcito''. Meses m?s tarde, en los juicios a los dirigentes estudiantiles capturados la versi?n se elaborar?a un poco m?s, apoy?ndose en declaraciones de infiltrados como S?crates y Ajax Segura, se?alando que en el CNH se habr?a tomado la decisi?n de crear cinco columnas armadas y que ?stas actuaron en Tlatelolco.
Pero la versi?n gubernamental en clave de telenovela hac?a agua por todos los rincones. Los altos mandos del Ej?rcito y la polic?a nunca pudieron ponerse de acuerdo en sus declaraciones respecto a c?mo hab?a empezado el tiroteo y qui?n hab?a pedido la intervenci?n de qui?n: la Secretar?a de la Defensa declar? que hab?a recibido una petici?n de apoyo de la polic?a (40 minutos antes de que se produjeran los disparos); la polic?a asegur? que no hab?a pedido la intervenci?n de nadie y los judiciales se limitaron a declarar que los disparos hab?an surgido del edificio ``Chihuahua'' y que ellos hab?an respondido.
Los supuestos francotiradores situados en los edificios vecinos jam?s aparecieron y sus armas nunca fueron encontradas, a pesar de que la plaza estuvo bajo control militar por tres d?as.
D?as m?s tarde la polic?a mostr? el arsenal supuestamente capturado a los estudiantes, compuesto de siete pistolas, dos escopetas y un aparato de radio. Un arsenal min?suculo, con armas cuyos calibres no coincid?an con las balas que se extrajeron a los heridos. La aparici?n de algunas escopetas de caza en departamentos registrados de la Unidad Tlatelolco fue mostrada como parte del arsenal estudiantil, pero incluso la prensa controlada de la ciudad de M?xico se?alaba que las escopetas no hab?an sido usadas.
El n?mero de detenidos rebas? el millar y medio, pero el ?nico estudiante al que se le encontr? un arma en el tercer piso del ``Chihuahua'' fue a Florencio L?pez Osuna. Una pistola familiar de bajo calibre. No hab?a disparado.
La versi?n gubernamental no s?lo era una chapuza rid?cula, era algo peor, era la demostraci?n de que la impunidad estatal dominaba la vida de los mexicanos, que D?az Ordaz pod?a hacer reaparecer a la Virgen de Guadalupe o llevar a juicio al pato Donald acusado de extranjero pernicioso activo en el movimiento estudiantil.
13) Hubo una segunda balacera de corta duraci?n hacia las 11 de la noche. ?Un despiste? ?La tensi?n? Ya no hab?a contra qui?n disparar. Ten?an todo controlado. Aprovecharon para perforar todas las ventanas del edificio con los proyectiles de ametralladoras de grueso calibre de las tanquetas.
14) M?ltiples testimonios de la solidaridad y la defensa de los vecinos, escondiendo, bronque?ndose con la polic?a, sacando, disfrazando a los estudiantes. Incluso la acci?n de unos vecinos de la unidad, que apedrearon tanquetas en los alrededores.
15) La operaci?n policiaco-militar de la Plaza de las Tres Culturas produjo un n?mero que podr?a alcanzar los cinco millares de detenidos, colocando a la ciudad de M?xico en un estado de sitio virtual, ilegal y terrible. Parecer estudiante fue, durante muchos d?as, un grave delito.
Los detenidos ``especiales'', capturados en el edificio ``Chihuahua'', fueron identificados por polic?as infiltrados en el movimiento, conducidos a la iglesia y en la ex prisi?n de Tlatelolco fueron desnudados por los soldados, hombres y mujeres.Ah? mismo se golpe? a varios de ellos y se les robaron sus pertenencias personales.
En lo siguientes d?as habr?an de ser sometidos a golpizas, fusilamientos simulados y torturas en instalaciones policiacas y en el Campo Militar n?mero 1.
Una semana despu?s de la matanza permanec?an detenidos mil 500 de ellos. M?s de 300 lo ser?an hasta la amnist?a del 71.
16) La cifra de las v?ctimas se volvi? un baile burl?n y terrible que habr?a de durar hasta nuestros d?as. En el hospital, Hern?ndez Toledo declar?: ``No falleci? ninguno'', y D?az Ordaz se neg? a ofrecer cifras y nombres.
El gobierno hizo de no reconocer ninguna cifra un asunto de Estado. Los asesinados en Tlatelolco deb?an desaparecer. En la moderna brujer?a de la desinformaci?n el conjuro era tan barroco como sinuoso: la masacre queda como monumento a la omnipotencia del Estado; los muertos son an?nimos e incontados.
El vac?o informativo fue llenado de cualquier manera. El diario ingl?s The Guardian hablaba de 325 muertos. Las cifras estudiantiles fueron dadas de manera irresponsable en los primeros d?as y m?s como una reacci?n ante el intento del gobierno de ocultar los datos, que como un intento de reconstruir la verdad. Se habl? de mil muertos, de 500.
Declaraciones llegadas a?os m?s tarde a la Comisi?n de la Verdad hablaban de que una parte de los cad?veres hab?an sido arrojados al Golfo de M?xico por aviones militares.
No era f?cil reconstruir la lista. Muchos de los muertos no eran estudiantes, lo que hubiera facilitado el reconocimiento, sino empleados, trabajadores, vendedores ambulantes; las familias fueron presionadas para firmar actas de defunci?n que atribu?an la muerte a causas naturales y los parientes fueron amenazados por la polic?a. Finalmente, en diciembre de 1969 el Consejo Nacional de Huelga report? ``cerca de 150 muertos'', esta cifra permaneci? en la memoria colectiva.
Las primeras listas confiables reconoc?an tres docenas de nombres y todo el mundo pensaba que eran dolorosamente incompletas, que morir en Tlatelolco ten?a la doble maldici?n del anonimato: Cecilio, comerciante de 24 a?os, se hab?a visto su cad?ver en Traumatolog?a de Balbuena; Leonardo P?rez Gonz?lez, maestro de vocacional; Guillermo Rivera Torres, voca 1, 15 a?os; Antonio Sol?rzano ambulante de la Cruz Roja; Gilberto estudiaba en cuarto a?o en la ESIQIE; Cordelio en Prepa 9; Jos? Ignacio, 36 a?os, empleado...
Finalmente, en el 93 los nombres y apellidos de m?s de una treintena fueron colocados en la estela que hoy existe en la Plaza de Tlatelolco. La Comisi?n de la Verdad analiz? 70 casos en 1993, de los cuales se pudo lograr la plena identificaci?n de 40 muertos.
17) Como ep?logo a esta mexican?sima historia de la ignominia podr?a narrarse que unos d?as despu?s de la matanza fueron detenidos en Tlatelolco ocho saqueadores armados con pistolas calibre 22 y 38, que estaban desvalijando departamentos abandonados por vecinos aterrorizados. Al identificarse como polic?as y tras hacer una llamada al Departamento del Distrito Federal fueron liberados, quedaron constancia de sus nombres y de sus armas.
Estos ?ltimos saqueadores se sumaron a las decenas de actos de rapi?a del Ej?rcito contra los detenidos y a los robos a departamentos mientras la zona se encontraba cercada y guarnecida por lo tropa.
La masacre puso a la defensiva al movimiento estudiantil y forz? la llamada ``tregua ol?mpica'', pero la huelga se sostuvo masivamente dos meses m?s.


Casi 40 a?os y no se olvida
Paco Ignacio Taibo II
A lo largo de las semanas recientes he vuelto a contar mi versi?n del movimiento de 1968. Fuerzo la memoria, rasco en los recuerdos, intento interpretaciones, definiciones. He hablado en un mercado, en un tianguis de libros en la plaza mayor de Tlalpan, en una escuela. El espacio previsto est? desbordado, hay gente sentada en el suelo, parados en las ?ltimas filas. Los ojitos le brillan al personal; y no por mis dotes de narrador oral, sino porque estoy convocando a un fantasma.
No deja de sorprenderme el inter?s, la persistencia de la memoria, el atractivo del pasado reciente.
Entre los asistentes hay algunos veteranos. Veo a lo lejos al Che, que ahora vende juguetes educativos, y que protagoniz? durante los primeros d?as del movimiento una batalla brillante para quitar de las manos de la gandalla la direcci?n del movimiento en la escuela de derecho de la UNAM, y que pas? por la c?rcel; hay una ex estudiante de Prepa Uno que devino maestra de primaria; hablo con una pareja de doctores que estudiaban Medicina en la UNAM; reconozco a uno de los dirigentes del movimiento en Voca 7 y me da gran placer verlo sonriente.
?Cu?ntos a?os debes tener para ser veterano del 68? No menos de 55, y eso si eres un veterano junior y ten?as 14 o 15 cuando se produjo el movimiento, como Luis G?mez, que estudiaba en una prevocacional, el miembro m?s joven del CNH. Pasas de los 60 si ten?as m?s de 25. Habr? de aceptar que somos una generaci?n desgastada por el paso del tiempo. Pero he visto a centenares de los veteranos en la reciente gran batalla del DF, los campamentos contra el fraude de agosto-septiembre del a?o pasado. Ruquitos pero rijosos.
Han pasado 39 a?os y como si lo traj?ramos grabado en el ADN, no se olvida. Y este ?No se olvida? se socializa. ?No se olvida? es patrimonio nacional. No lo olvida el medio mill?n de estudiantes que lo vivieron ni lo olvida la nieta, que lleg? a la vida 23 a?os despu?s; ni Josu?, que lleg? al DF cuando el movimiento estudiantil se hab?a extinguido; ni los estudiantes de CCH a quienes se lo han contado tan mal que piensan que Cueto y Mendiolea son nombres de calles que hacen esquina. Y generosamente no lo olvidan los supervivientes del movimiento ferrocarrilero del 58-59, que tendr?an muchos motivos para que lo que no se olvidara fuera su gloriosa batalla, o los jaramillistas, o los electricistas del SUTERM, o los maestros de Oaxaca.
Nacidos para perder, pero no para negociar
El 68 no se olvida, es patrimonio de los mexicanos que han hecho de la memoria, falsa o cierta, memoria prestada u original, un recurso de orgullo para sostener la resistencia. Resumo para m? mismo: no se olvida, porque no nos da la gana. Y porque no queremos olvidarlo.
En otros pa?ses celebran las victorias, en M?xico se celebra la honrosa derrota. En el pa?s de la transa, el negociado tortuoso, la venta al por mayor de las nalgas y el alma, la traici?n como una de las bellas artes, el abandono de los principios por desidia, agotamiento o deudas m?ltiples de la renta, se festina la irredenta terquedad del golpeado que vuelve, una y otra vez, de la lona para ganar la gloria brevemente ante el marrano Estado que juega sucio.
Alguna vez propuse que nuestra coraza emblem?tica deber?a ser una camiseta que en la parte delantera llevaba la frase: ?Nacidos para perder?, pero que en la espalda, con letras grandes, dijera: ?Pero no para negociar?. La frase tuvo ?xito, pero se la propuse a mis amigos, que no tienen idea de c?mo grabar una camiseta.
Pero met?monos en el interior de la historia. ?Qu? es de los 123 d?as de huelga general estudiantil contra el gobierno de D?az Ordaz lo que no se puede olvidar, lo que no queremos olvidar o lo que amablemente hemos olvidado?
No se olvida el 2 de octubre, la matanza, la conspiraci?n, la sucia y asesina maniobra del gobierno para acabar con el movimiento. Y no se olvida por canallesca, porque ni siquiera la mancuerna D?az Ordaz-Echeverr?a fue capaz de ir de frente a reprimir, tuvieron que construir una conspiraci?n, crearon el Batall?n Olimpia y sus francotiradores, les dieron ?rdenes de disparar contra una multitud desarmada en la que abundaban los adolescentes y los vecinos de Taltelolco, incluso dispararon contra el Ej?rcito cuando tomaba la plaza para crear la cobertura (entre el saldo militar de Tlatelolco hay dos cad?veres, varios soldados heridos y un general balaceado en una nalga).
Las brigadas
Pero condenar al movimiento estudiantil y la huelga general a ser recordado por el 2 de octubre es de un reduccionismo pat?tico. En la memoria colectiva est? el 2 de octubre, pero tambi?n est? el ataque al Casco de Santo Tom?s por un batall?n de la polic?a armado con rifles, la toma por el Ej?rcito de la Ciudad Universitaria, los tanques confrontados por j?venes que cantaban el Himno Nacional. Y tambi?n est?n las escuelas tomadas, los debates, las lecturas colectivas y, sobre todo, est? el brigadismo, las grandes manifestaciones, las memorias de la solidaridad popular.
?De d?nde sac? su sabidur?a organizativa el movimiento? Curiosamente de la necesidad de impedir que se creara una direcci?n reducida y que ?sta se vendiera y negociara con el Estado en lo oscurito. De la experiencia del 66. El movimiento desde sus or?genes puso el poder en manos de la asamblea de la escuela y ?sta nombraba a tres delegados al Consejo Nacional de Huelga, el CNH. Los delegados no eran permanentes, la asamblea pod?a removerlos cuando no estuvieran de acuerdo con las posiciones de la mayor?a. La direcci?n del movimiento quedaba as? depositada en una gran asamblea que no pod?a ser destruida por cooptaci?n o represi?n, porque renovaba sus miembros al instante. Sabiamente el CNH cambi? a lo largo del movimiento a sus oradores y a sus portavoces. Entre asamblea y asamblea en las escuelas exist?a un comit? de huelga, de composici?n bastante flexible, que sol?a rondar por la docena de miembros. Por la base, el movimiento estaba organizado por brigadas y por comisiones que desaparec?an cuando se acababa su misi?n. Las brigadas eran grupos de afinidad, generalmente peque?os, siete u ocho compa?eros; a veces enormes, 20 o 30, que actuaban a su antojo, sobre todo en labores de propaganda. Miles de brigadas sal?an a la calle todos los d?as. Fue quiz? el ?nico momento en que la propaganda directa fue capaz de derrotar el inmenso poder del monopolio medi?tico que el poder construy? y puso frente a nosotros como si fuera un muro berlinense.
Lamentablemente la asamblea no incluy? a profesores ni a trabajadores que tuvieron que darse sus propias formas de organizaci?n dentro del movimiento, cierto es que los profes que se incorporaron lo hicieron lentamente y bajo tremendas presiones.
A los mitos no se les avienta tierrita. Somos muy generosos cuando giramos hacia nuestro pasado, se nos olvida el sectarismo que hab?amos heredado de la vieja izquierda, las batallas absurdas entre el ala derecha y el ala izquierda del movimiento, que vistas al paso del tiempo no dejaban de tener raz?n y razones ambas. Se nos olvida la pobreza de nuestro lenguaje pol?tico; como en nuestras esquizofr?nicas mentes que no se permit?a que la parte del cerebro que conten?a a Cort?zar, la prosa del Che en los Pasajes... o los poemas de Benedetti, llegara a la otra parte del cerebro donde insult?bamos a D?az Ordaz y sus sabuesos. Se olvida el farragoso tedio de la asamblea, la duraci?n interminable, las mociones continuas, el di?logo tartamudo. Pero la democracia es cabrona cuando los que no hablaban hablan. Dec?amos de un camarada que era poema de Miguel Hern?ndez, por lo de ?el rollo que no cesa?, en alusi?n al Rayo de Miguel, y no era el ?nico.
Afortunamente nos acordamos de los locatarios de los mercados que nos regalaban sacos de papas, de los aplausos en las puertas de las f?bricas, de la solidaridad maravillosa y de alto riesgo de los maestros de primaria, de la entrega, la generosidad, el buen humor para enfrentar al totalitarismo pri?sta.
El 68 es el punto de partida, de ah? venimos. Una generaci?n asume la voluntad de cambiar este pa?s, la mexicanizaci?n de los hijos de la clase media expresada en la recuperaci?n del Himno Nacional, y lo hace con la movilizaci?n social, la experiencia autogestiva, el descubrimiento de la ciudad y sus inmensos l?mites y fronteras, con la revoluci?n cultural y, sobre todo, con un pacto a futuro.
De ah? millares de nosotros nos desparramamos por la sociedad construyendo y colaborando a construir movimientos democr?ticos sindicales, agrarios, universitarios, populares, culturales, profesionales.
?C?mo se va a olvidar?
Al final de una de las conferencias una mujer me pregunta: ??Y el miedo? ?No ten?an miedo??
Mucho, le digo. Igual que ahora. Pero los miles que estaban al lado te quer?an tanto que te proteg?an y te quitaban las ganas de salir corriendo.
POSDATA: Mi hija tambi?n me pregunta que qui?nes eran Mendiolea y Cueto y que por qu? no hac?an esquina. Tengo que ponerme pedag?gico y contarle que b?sicamente no hac?an esquina porque no eran calles, sino los jefes de la polic?a de la ciudad de M?xico, cuya renuncia ped?a el programa de los seis puntos, bandera del movimiento estudiantil. Y espero sinceramente que los panistas nunca ganen las elecciones en la ciudad de M?xico, no vaya a ser que un d?a Mendiolea y Cueto s? hagan esquina.




Prensa extranjera: reacciones e impresiones
Varios peri?dicos extranjeros publicaron de forma destacada notas sobre la serie de fotos in?ditas de la represi?n en Tlatelolco que dio a conocer Proceso e hicieron notar que la salida a la luz de las im?genes tomadas por un fot?grafo del gobierno en 1968.
En una nota que ocup? media plana de la p?gina 3 de su edici?n del jueves 13, el diario The New York Times coment?:
Una serie de escalofriantes fotos en blanco y negro emergi? misteriosamente esta semana para ofrecer la primera documentaci?n gr?fica del papel jugado por una fuerza de seguridad especial que se llamaba a s? misma el Batall?n Olimpia.
La nota, firmada por la corresponsal Ginger Thompson, continu?:
La publicaci?n ocurre en un momento en que los mexicanos est?n inmersos en una b?squeda nacional de la verdad respecto de los m?s brutales abusos de poder en su historia reciente (...)
Demandas destellantes de conocer la verdad sobre abusos gubernamentales del pasado y sobre lo que se ha llamado la masacre de Tlatelolco se convirtieron en una tormenta de fuego, cuando los mexicanos pusieron fin al gobierno, de 71 a?os, del Partido Revolucionario Institucional, al elegir como presidente a Vicente Fox. Fox (...) prometi? formar una comisi?n de la verdad para investigar acusaciones de abusos cometidos en el pasado.
Desde entonces, el presidente se ha retractado de dicha promesa bajo presi?n del PRI y por advertencias de miembros de su propio gabinete (...) Sin embargo, en semanas recientes, cuestionamientos insistentes, en casa y en el extranjero, respecto del compromiso de Fox con los derechos humanos empujaron al presidente a ofrecer avances en casos prominentes.
El diario brit?nico The Guardian tambi?n puso la revelaci?n de la serie de fotograf?as en el contexto de una intensa presi?n para investigar violaciones a los derechos humanos en M?xico.
En una nota firmada por Giles Tremlett y Jo Tuckman, y publicada en la edici?n del lunes 11, el peri?dico londinense inform?:
Desde que tom? el poder, Fox se ha retractado de su promesa de campa?a de crear una comisi?n de la verdad para revisar abusos cometidos en el pasado, aparentemente por el temor de antagonizar con miembros del PRI, que se mantiene como el partido m?s grande en el Congreso. Sin embargo, el asesinato de la abogada defensora de derechos humanos Digna Ochoa en octubre ?ltimo renov? la presi?n sobre Fox para enfrentar el tema. El mes pasado, el presidente fue reconocido por responder r?pidamente a un informe de la Comisi?n Nacional de Derechos Humanos sobre los desaparecidos de la guerra sucia.
El informe encontr? evidencias claras de que entidades del gobierno fueron responsables de 275 de las 532 desapariciones que investig? y Fox orden? la creaci?n de una fiscal?a especial para revisar los casos.
Hasta ahora, sin embargo, la masacre de Tlatelolco ha permanecido en un segundo plano y la publicaci?n de las fotos a?n no ha propiciado una reacci?n oficial.
Por su parte, el diario espa?ol El Mundo, que public? el domingo 9 un reportaje en su primera p?gina y muchas de las fotograf?as obtenidas por Proceso, opin? que las im?genes prueban lo que era un secreto a voces: que el gobierno del presidente Gustavo D?az Ordaz y el Ej?rcito Mexicano fueron los responsables de la matanza de cientos de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas, perpetrada la noche del 2 de octubre de 1968. Este crimen de Estado ?continu? el diario madrile?o? fue orquestado para permitir el desarrollo sin incidentes de los Juegos Ol?mpicos celebrados ese a?o en M?xico.

La brutalidad del 68, testimonios sobre la noche del 2 de octubre
Una serie de fotograf?as in?ditas hasta ahora, que presentan a v?ctimas mortales de los sucesos de 1968 en Tlatelolco, da cuenta de la sa?a utilizada para atacar a quienes se hallaban en el lugar. Las im?genes, que en su mayor?a presentan cuerpos de j?venes a los que se arranc? la vida de manera brutal, arrojan elementos discrepantes con la versi?n oficial en torno de estos hechos, especialmente sobre cu?ntas personas murieron durante los sucesos, por qu?, c?mo y a manos de qui?n.
De acuerdo con testimonios que ha sido posible recabar, las gr?ficas fueron tomadas por el fot?grafo de EL UNIVERSAL Manuel Rojas, fallecido a?os despu?s, quien logr? salvarlas de un amplio operativo de allanamiento y despojo desarrollado esa larga noche por agentes gubernamentales que virtualmente tomaron bajo su control a los peri?dicos capitalinos. El reportero gr?fico entreg? despu?s ese material a directivos de la instituci?n, quienes lo resguardaron, y hoy disponen su publicaci?n.
Durante las ?ltimas semanas este juego de 12 fotograf?as fue mostrado a especialistas en medicina forense, a defensores de derechos humanos, a intelectuales y a ex l?deres de aquel Movimiento del 68. Los dos principales funcionarios del Servicio M?dico Forense (Semefo) del Distrito Federal eran en 1968 auxiliares de perito en ese mismo sitio y ahora, casi 34 a?os despu?s, rememoran aquella noche dif?cil: "Nunca en todo este tiempo coinciden hemos vuelto a ver escenas tan crueles como aqu?llas".
Los comentarios de ellos y de los dem?s personajes consultados ratificaron la pertinencia de presentar a la opini?n p?blica este material por decisi?n de esta casa editorial, como una aportaci?n para el debate sobre el pa?s que fuimos y sobre el pa?s que deseamos ser.
?Hicieron lo que sab?an hacer...?
Estos dos pares de ojos est?n entrenados para detectar y seguir los rastros de la muerte. Cad?ver tras cad?ver, a?o tras a?o, han ido acumulando una experiencia que muy pocos humanos llegan a tener. La mirada de estos dos hombres recorre los mismos cuerpos sin vida, las mismas heridas, los mismos rictus de dolor con los que hace 33 a?os se encontraron de improviso en una noche de octubre.
Jos? Ram?n Fern?ndez y Gilberto Ibarra est?n ampliamente calificados para esta tarea. Son el director y subdirector, respectivamente, del Servicio M?dico Forense del DF. El 2 de octubre de 1968 eran asistentes de perito en el mismo lugar en el que hoy observan las fotos de los muertos de Tlatelolco. Desde entonces, nunca han vuelto a ver escenas tan crudas y lesiones tan atroces como las que hoy de nuevo tienen entre sus manos. Las fotos que examinan hablan por s? mismas, lo dicen todo: "Tienen algo en com?n: muestran el uso diestro de las bayonetas y disparos de armas de fuego con balas expansivas. Sab?an d?nde atacar. Las heridas no est?n en los brazos, en las piernas o en un pie. Van al coraz?n y a los ?rganos vitales. Hicieron lo que sab?an hacer...". Alguna raz?n tendr?n para no concluir la frase anterior. No se atreven a decir expl?citamente "Hicieron lo que sab?an hacer: matar". Pero igual lo expresan con otras palabras. Igual de secas, duras, contundentes. "Recuerdo que en un cad?ver hab?a un golpe de bayoneta sobre un costado del cuerpo, y arriba el disparo", dice el doctor Ibarra.
?Y eso qu? implicaba? ?Lo remataron en el piso?
Bueno, a la hora de meter la bayoneta en el cuerpo, se jalaba tambi?n el gatillo. Como si fuera un combate cuerpo a cuerpo, como si estuvieran en guerra...
Estaban adiestrados para ello. Es lo que los militares hacen todos los d?as. Los entrenan para eso.
El doctor Fern?ndez interviene. Trata de encontrar alguna l?gica a lo que de entrada es irracional. Es hombre de largas horas de vuelo en los anfiteatros. "La comparaci?n es muy burda... y no quiero ofender a los soldados... pero si tuvi?ramos un perro de caza, lo entren?ramos... y de repente lo solt?ramos....y le dij?ramos "sobre ?l"... ?qui?n ser?a el verdadero culpable? ?El perro? Los culpables son los que dieron la orden.
"Perros de caza"... acaba de decir quien habla no en su calidad de director del Semefo, sino de experto en determinar por qu? es que la gente pierde o le es despojada la vida. Intenta decir que los soldados mataron de esta manera porque para eso los educaron.
Las frases sueltas, cortas, que ambos van pronunciando mientras observan lo que el 3 de octubre del 68 vieron por primera vez se acumulan: "Los cad?veres ten?an destrozado el t?rax", "cr?neo deshecho por instrumento corto-contundente", "traumatismo brutal", "herida por proyectil expansivo en la cabeza", "heridas van dirigidas al coraz?n", "gran escurrimiento de sangre sobre abdomen"...
Los t?rminos m?dicos tratan de no reflejar emoci?n alguna, pero no alcanzan a cubrir la dimensi?n de lo que ocurri? ese 2 de octubre. "Fue impactante. Presenciamos lesiones que nunca hab?amos visto y que a la fecha nunca m?s hemos visto. Mortales, muy precisas. Lesiones de la vida militar".
* * *
En 1968 Gilberto Ibarra hab?a cumplido 17 a?os y cursaba tercero de preparatoria. A?n no ingresaba a la Facultad de Medicina de la UNAM, pero ya acud?a al Semefo. Su padre, Juan Ibarra, era perito y ?l asistente.
Meses antes de que se produjera el asalto militar a Tlatelolco, ya sent?a temor. No hab?a clases. La Universidad estaba cerrada, tomada por el Ej?rcito. Ve?a a los militares en el Z?calo, camiones del Ej?rcito, con soldados armados, patrullando por las calles. El miedo se hab?a instalado entre los habitantes de la ciudad de M?xico.
"A m? me daba mucho temor. Yo era seleccionado del equipo ol?mpico mexicano de atletismo y entren?bamos en Ciudad Universitaria, pero para poder entrar al estadio Ol?mpico nos revisaban los soldados. Pas?bamos una guardia, luego otra, una tercera y una cuarta... Entraba uno con miedo. En el estadio hab?a gente apostada en las alturas, armada... Hab?a mucha intranquilidad".
Como todos los d?as, Gilberto Ibarra fue a entrenar a Ciudad Universitaria el 2 de octubre. De ah? se fue a las instalaciones del Semefo, a donde lleg? a las 10:00 u 11:00 de la ma?ana. A?n no ocurr?a nada, pero su padre intu?a o sab?a algo. Ten?a amigos en diversas fuerzas de seguridad. As? es que lo sac? de la zona. Cruzaron Reforma y el ambiente no era usual. La tensi?n era palpable. "Se ve?an pasar ambulancias, camiones del Ej?rcito. Llegu? a ver una tanqueta, tanques ligeros, atr?s de Tlatelolco...", recuerda Ibarra.
En la noche de ese 2 de octubre supo que algo hab?a ocurrido. Las noticias lo dec?an. Hab?a muertos. Y aunque ten?a idea, no imaginaba lo que ver?a horas despu?s.
La madrugada del d?a siguiente lleg? al Semefo y se encontr? con un mundo de gente, c?maras, polic?as; no se permit?a el paso a nadie.
Y llegaban m?s cad?veres, hab?an estado arribando en el transcurso de la noche. Los colocaban en los pasillos, en las mesas, en donde pod?an. En las cuatro gavetas ya hab?a cuatro cuerpos para empezar.
"Se ve?an muchos j?venes. Impactos de bala tremendos. Me dijo mi pap? ?sto es calibre grande". Era un boquete. "Aquello parece un arma con balas expansivas... de las balas que al pegar con un cuerpo explotan". Eran verdaderos boquetes, de ocho, 10 cent?metros... Cuando entran al cuerpo tienen un orificio de entrada normal, pero dentro del cuerpo explotan y se hacen unos boquetazos enormes...".
"A m? me impactaba mucho porque no eran lo que hab?amos visto antes. Eran balas del Ej?rcito. El soldado en batalla tiene un prop?sito: destruir, matar...".
Y ese d?a Gilberto Ibarra conoci? el horror de las balas expansivas que desfloraban la vida de los j?venes como ?l, como muchos de sus compa?eros de clase. Las balas expansivas... Son proyectiles que tienen una perforaci?n en el centro. Al final de la perforaci?n tienen un fulminante y debajo del fulminante una carga de p?lvora. En su trayectoria, es decir, el recorrido que hace en el aire, a esa perforaci?n le entra aire a presi?n. Cuando choca el proyectil con un cuerpo, ese aire a presi?n golpea inmediatamente el fulminante, ?ste hace ignici?n, se prende la p?lvora y explota.
As? es como descuartizan los cuerpos y las vidas.
* * *
Nadie conoce el n?mero real de muertos como resultado de la matanza en Tlatelolco. La cifra oficial es de 30 o 33 personas que dejaron sus ?ltimos minutos de vida en la Plaza de las Tres Culturas.
Jos? Ram?n Fern?ndez tampoco tiene idea. "No me acuerdo, pero fue impactante porque hab?a j?venes, mujeres, adultos, ni?os. Yo ten?a 18 o 19 a?os". Era estudiante de medicina, de primer a?o. Inicialmente se sum? a algunas manifestaciones, pero luego se sali? del movimiento. Ya no acud?a m?s... Ya era ayudante de perito. Cuando vio los cad?veres amontonados sinti? coraje, un enojo que se enquistaba dentro del cuerpo. "Eran personas de mi edad, estudiantes, con disparos de armas de fuego, con heridas de bayoneta. Era la primera vez que ve?a tantos cad?veres juntos. Y nunca hab?a pasado nada as?".
Pas? horas y horas asistiendo en las autopsias. No hablaba. No hab?a tiempo ni deseos de hacerlo. El malestar y el coraje aumentaron cuando vio el cuerpo de una compa?era de la Facultad de Medicina, precisamente una de las que hoy, 33 a?os despu?s, identifica de nuevo en las fotos. Tiene completamente desfigurado el lado derecho del rostro. No sab?a su nombre, pero sab?a que era ella. Y se qued? para siempre con su imagen.
* * *
Gilberto Ibarra escuchaba cifras enormes sobre el n?mero de muertos. "Se dec?a que hab?a cientos de muertos. Aqu? ten?amos unos 30 o 40. Lleg? un cami?n militar y tra?a otros muertos, tres, cuatro, cinco... Y otros hab?an ingresado en ambulancias de la Cruz Roja. Vinieron de diferentes lados y en algunos casos no ten?an papeles... Los tra?an aqu? porque no hab?a d?nde m?s. Hicimos una relaci?n de cu?ntos ten?an papeles y cu?ntos no. Qui?n sabe cu?ntos ten?an etiquetas...".
Y ante la confusi?n, entr? el Ej?rcito al Servicio M?dico Forense. "Entraban militares, ven?an a hablar con el director, bajaban los militares, sub?an... Las instalaciones estaban como tomadas por militares. El control lo ten?an ellos... Se met?an al anfiteatro, estaban ah?. Se asomaban... En la tarde llegaron veh?culos del Ej?rcito a recoger los cuerpos que no ten?an identificaci?n. La orden fue que se los llevaran...".
Las noticias dec?an que hab?a muchos m?s cuerpos. "Yo no ve?a que llegaran m?s, pero las noticias dec?an que iban m?s al Campo Marte... y me preguntaba ?qu? fue lo que pas?? ?Qu? fue realmente lo que pas?? Hubo violencia extrema. Muchos cuerpos ten?an tres o cuatro impactos".
* * *
Los j?venes que hace 33 a?os vivieron horas de miedo y de indignaci?n son ya hombres maduros. Jos? Ram?n Fern?ndez y Gilberto Ibarra han visto desde entonces cientos de cad?veres... Pero estos dos pares de ojos ya acostumbrados a la muerte no han vuelto a ver nada igual. Nada como aquellos cuerpos, sin vida, destrozados, sojuzgados, ultrajados. Nunca han visto nada como eso.

200 muertos en Tlatelolco: cifras de EU

WASHINGTON. De acuerdo con documentos desclasificados por Washington y entregados a la organizaci?n Archivos de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en ingl?s), la Embajada de Estados Unidos en M?xico cifr? entre 150 y 200 las personas que perecieron en la matanza del 2 de octubre de 1968, acto que es comparado por la NSA con la masacre de Tiananmen, en Pek?n.
Adem?s, un reporte de inteligencia estadounidense consider? que muchos de los reclamos estudiantiles ten?an legitimidad.
Asimismo, en algunos textos secretos hasta su "desclasificaci?n", la CIA, la Agencia de Inteligencia de la Defensa, la Embajada estadounidense en M?xico y el FBI descartaron la intervenci?n de organismos de inteligencia extranjeros en el movimiento, que en su opini?n fue resultado m?s de cuestiones pol?ticas internas que de agitaci?n externa, como aleg? el gobierno mexicano.
La documentaci?n tambi?n revela que los generales Mario Luis Ballesteros Prieto y Luis Guti?rrez Oropeza "cambiaron deliberadamente" las ?rdenes que les diera en ese entonces el secretario de la Defensa, Marcelino Garc?a Barrag?n.
En tanto, la Secretar?a de Gobernaci?n asegur? que el Centro de Investigaciones y Seguridad Nacional (Cisen) no tiene en su poder las fotograf?as ni material period?stico que agentes de esa dependencia incautaron la noche del 2 de octubre a peri?dicos capitalinos para impedir su publicaci?n.
La postura de la dependencia se dio luego de que este diario publicara ayer una serie de fotograf?as in?ditas sobre la matanza del 2 de octubre en Tlatelolco.
Por su parte, PRI, PAN y PRD demandaron al gobierno federal sumar esfuerzos para esclarecer los hechos y tomar como parte de sus investigaciones dicho material gr?fico.
En entrevista, el ombudsman Jos? Luis Soberanes manifest? que pese a la brutalidad de esos hechos los delitos prescribieron, por lo que ser? muy dif?cil que 33 a?os despu?s se finquen responsabilidades penales en contra de quienes cometieron la masacre.
Dijo que en este caso no podr?a proceder una fiscal?a especial como la que se conform? para investigar la guerra sucia , por lo que tendr? que buscarse un mecanismo dentro del marco jur?dico para tratar este problema.
Asimismo, la Suprema Corte de Justicia turnar? el expediente relativo a este caso al juez primero de distrito penal en el transcurso de la semana para que notifique a la PGR que debe investigar estos hechos.
Generales violaron ?rdenes de SDN
La masacre de Tlatelolco marc? el comienzo de una prolongada crisis pol?tica en M?xico, estim? la organizaci?n Archivos de Seguridad Nacional (NSA, en ingl?s) luego de recibir documentos desclasificados por el gobierno estadounidense sobre el movimiento estudiantil de 1968.
La NSA obtuvo los documentos desclasificados sobre el movimiento estudiantil mexicano desde 1998 y tiempo despu?s la encargada de esa organizaci?n para M?xico y Centroam?rica, Kate Doyle, escribi? un an?lisis al respecto.
De acuerdo con la informaci?n divulgada en memorandos y textos de inteligencia entregados a NSA, la Embajada de Estados Unidos en M?xico estim? que entre 150 y 200 personas murieron en la matanza del 2 de octubre de 1968 y un reporte de la inteligencia estadounidense consider? que muchos de los reclamos estudiantiles ten?an legitimidad.
El movimiento estudiantil de 1968 fue considerado por los analistas de inteligencia y pol?ticos estadounidenses como un "aviso" de que la "estabilidad" ya era algo sobrepasado. Los textos ofrecen una visi?n distinta a la versi?n del gobierno mexicano.
"El efecto del movimiento estudiantil, como m?nimo, es haber intensificado el autoexamen ya en proceso entre los l?deres pol?ticos de la naci?n", indic? un reporte especial agregado al sumario semanal de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) del 17 de enero de 1969.
En por lo menos una veintena de textos secretos hasta su "desclasificaci?n" la CIA, la Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA), la Embajada estadounidense en M?xico y la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) descartaron la intervenci?n de organismos de inteligencia extranjeros en el movimiento, que en su opini?n fue resultado m?s de cuestiones pol?ticas internas que de agitaci?n externa, como aleg? el gobierno mexicano de entonces.
El an?lisis de la CIA rest? importancia de hecho a la participaci?n del Partido Comunista Mexicano.
Los documentos han sido "desclasificados" a lo largo de varios a?os por los Archivos de Seguridad Nacional, un grupo privado.
Seg?n la CIA, una de las consecuencias inmediatas consignadas del movimiento fue el an?lisis, a fines de 1968 y principios de 1969, de la b?squeda de v?as para "relajar" las reglas para la liberaci?n de presos pol?ticos.
Para la NSA, la matanza de Tlatelolco es comparable con la masacre de Tiananmen en Pek?n, un momento en la historia "cuando el pacto entre el gobierno y el pueblo comenz? a desmadejarse y se inici? la prolongada crisis pol?tica de M?xico", seg?n el an?lisis de Doyle.
El movimiento de 1968 en general y particularmente la masacre de Tlatelolco permanecen en la memoria de los mexicanos, indic? Doyle, que en 1998 denunci? que el gobierno "sigue negando a su pueblo hechos b?sicos sobre lo que sucedi?".
La documentaci?n incluye un reporte en el que la DIA consign? que el entonces secretario de la Defensa Nacional, general Marcelino Garc?a Barrag?n, sustituy? a su jefe de Estado Mayor, general Mario Ballesteros Prieto, porque con el jefe del Estado Mayor Presidencial, general Luis Guti?rrez Oropeza, "deliberadamente cambiaron sus ?rdenes" respecto de la acci?n del Ej?rcito en la plaza de Tlatelolco.
De acuerdo con un memorando confidencial de principios de 1969, "Garc?a Barrag?n hab?a instruido a Ballesteros de enviar tropas para rodear la plaza de las Tres Culturas y observar lo que pasaba y prevenir que las manifestaciones estudiantiles se extendieran a otras partes de la ciudad".
El mismo documento consign? que una persona cuyo nombre fue borrado "expres? categ?ricamente que el avance del Batall?n de Paracaidistas a la plaza, que result? en una violenta confrontaci?n con los estudiantes, no fue parte de la actividad militar planeada".
(Con informaci?n Alejandro Torres, Jorge Teher?n, Juan Arvizu, Arturo Z?rate, Lilia Sa?l, Fabiola Guarneros, Carlos Avil?s y Jorge Rold?n)
?La plaza era una ratonera, y el edificio chihuahua, la trampa?
Un exmiembro del Ej?rcito, Mario Alberto Sierra, decidi? tambi?n ofrecer su testimonio sobre los acontecimientos de Tlatelolco, en lo que ?l llama un acto de conciencia. Estuvo asignado a labores de inteligencia, mezclado entre la multitud que asisti? al mitin del 2 de octubre, y narra, desde su punto de observaci?n, en calidad de cabo armero y desde sus recuerdos, qui?nes y c?mo prepararon la trampa que termin? en matanza.
Jos? Gil Olmos
No fue sino hasta el mediod?a del 2 de octubre de 1968 cuando el cabo armero Mario Alberto Sierra y su superior, el sargento de transmisiones Juan de Dios Gama Estrada, supieron que tendr?an que ir a Tlatelolco para estar pendientes de lo que pudieran hacer los estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas.
Sus superiores les ordenaron que no llevaran identificaciones y, sin darles mayores explicaciones, les dijeron que si hab?a problemas y eran detenidos por la polic?a, pidieran que los presentaran ante un agente del Ministerio P?blico. Ya en la delegaci?n, deber?an dar la consigna secreta para quedar libres: Yo ped? hablar con usted, se?or licenciado.
Tras de ver las fotos publicadas la semana pasada por este semanario, Sierra se comunic? a la redacci?n de Proceso para dar su testimonio de lo que vio esa tarde.
Y revela: es casi seguro que ese d?a estuvo en Tlatelolco el actual jefe del Estado Mayor Presidencial, general Armando Tamayo, que entonces ten?a el grado de teniente y formaba parte de la Primera Compa??a del Primer Batall?n de Infanter?a del Cuerpo de Guardias Presidenciales.
En un primer momento, Sierra quiso hablar desde el anonimato, pero luego acept? dar su nombre. Su familia lo convenci?. Tienes todo nuestro apoyo, le dijeron. De hecho, uno de sus hijos, que estudia periodismo, fue quien vio primero la revista y lo anim? a hablar.
Es un acto de conciencia, justifica el exmilitar, que a?n conserva una credencial que lo identificaba como cabo armero, matr?cula 5645478, del Primer Batall?n de Infanter?a, Cuerpo de Guardias Presidenciales.
Cuenta que su funci?n era de OP: Oreja de Perro. Se infiltraba entre los estudiantes, asist?a a marchas, m?tines y asambleas para informar sobre el movimiento estudiantil. El pelo largo era su camuflaje.
A veces retom?bamos la informaci?n de los peri?dicos porque era imposible entrar a las asambleas. La estructura de c?lulas del Consejo General de Huelga nos puso de cabeza porque nos imped?a infiltrarnos, dice el ahora editor de libros.
Sierra estuvo en el Ej?rcito cinco a?os, 10 meses y 13 d?as, seg?n el certificado de baja fechado el 16 de noviembre de 1971. Se gradu? como cabo armero en la Escuela de Materiales de Guerra, en Santa Fe, el 1 de enero de 1967. Hasta 1970 estuvo en el Cuerpo de Guardias Presidenciales y de ah? pas? a la Direcci?n General de Materiales de Guerra.
Su baja del Ej?rcito, relata, la decidi? poco despu?s del halconazo, la represi?n de la marcha estudiantil del 10 de junio de 1971. Afirma que el grupo paramilitar que realiz? esa acci?n, los Halcones, se comenz? a organizar, poco despu?s del 2 de octubre de 1968, en las instalaciones del Cuerpo de Guardias Presidenciales, en El Chivatito, a un costado de Los Pinos.
Hace precisiones al texto publicado en Proceso la semana pasada: El entonces coronel Jes?s Casta?eda Guti?rrez no perteneci? ni era responsable del Batall?n Olimpia, sino del Primer Batall?n de Infanter?a del Cuerpo de Guardias Presidenciales. Quien qued? al mando de la tropa en Tlatelolco, despu?s de que fue herido el general Jos? Hern?ndez Toledo, fue el general Cris?foro Maz?n Pineda.
Y a?ade: Ese d?a y en los siguientes, cuando el Ej?rcito ocup? la Plaza de las Tres Culturas, muy probablemente estuvo ah? el actual jefe del Estado Mayor Presidencial, general Armando Tamayo. Tuvo que haber estado ah? porque era teniente de la Primera Compa??a del Primer Batall?n de Infanter?a de Guardias Presidenciales, y porque como comandante de la guardia (en el Campo Militar N?mero Uno) s?lo se qued? un sargento.
Sierra recuerda haber visto a Tamayo el 9 de octubre, cuando los militares se retiraron de Tlatelolco. Esos d?as de ocupaci?n, ?l pernoct? en los bajos del edificio 20 de Noviembre, mientras que los mandos superiores ocuparon algunos departamentos del mismo inmueble. Para mayor referencia del general Tamayo, recuerda que le gustaba jugar futbol. Era defensa.
Pero el general Tamayo desmiente la versi?n de Sierra. El jueves 13, en el sal?n Adolfo L?pez Mateos de Los Pinos, a pregunta expresa de la reportera Mar?a Scherer sobre su presencia en Tlatelolco el 2 de octubre de 1968, s?lo contest?: Es absolutamente falso.
Ante la insistencia de que diera m?s detalles sobre d?nde hab?a estado ese d?a, reiter? con una sonrisa amable: ?Para qu?? Es absolutamente falso.
De acuerdo con su curr?culum, Tamayo ingres? en el Heroico Colegio Militar en 1964, egresando como subteniente del arma de Infanter?a en 1967.
En Tlatelolco tambi?n habr?a estado el entonces capit?n primero Rodolfo Alvarado Hern?ndez, comandante de la Segunda Compa??a del Primer Batall?n de Infanter?a, seg?n refiere Sierra. Actualmente retirado del Ej?rcito, Alvarado Hern?ndez pas?, en 1954, por la Escuela de las Am?ricas ?la llamada escuela de asesinos, del Ej?rcito estadunidense? y actualmente es subsecretario de Seguridad P?blica y Protecci?n Ciudadana del gobierno de Puebla. Buscado insistentemente la semana pasada por el corresponsal Julio Aranda, el general Alvarado Hern?ndez no devolvi? las llamadas.

La tarde triste

Cuenta Mario Alberto Sierra: El 2 de octubre acuartelaron a todos, pero nosotros, como ten?amos la tarea de OP, le preguntamos al jefe: ??Nosotros tambi?n?? Y ?l nos dijo: ?Ustedes no, par de cabrones, ya tienen su comisi?n?. As? que nos fuimos a comer a la casa del sargento Gama en la Unidad Adolfo L?pez Mateos, en Tlalnepantla. Llegamos a Tlatelolco, en cami?n, como a las cuatro y media de la tarde.
Sierra y Gama reportaban toda su informaci?n al mayor Javier de Flon Gonz?lez ?otro egresado de la Escuela de las Am?ricas?, quien era el jefe de operaciones (SIO) del Estado Mayor del Cuerpo de Guardias Presidenciales.
El Primer Batall?n de Infanter?a estaba alojado entonces en las instalaciones del Regimiento de Ingenieros de Servicio (RIS), del Campo Militar N?mero Uno, porque las de Guardias Presidenciales, en El Chivatito, estaban en remodelaci?n.
Desde agosto, ambos hab?an sido comisionados para realizar labores de espionaje del movimiento estudiantil, luego de ser interrogados por Carlos Eugenio Escobar Alemany, responsable de la Segunda Secci?n de la Primera Compa??a del Primer Batall?n de Infanter?a Guardias Presidenciales.
Cuando llegamos hab?a poca gente, como al diez para la cinco ya ha
Publicado por solaripa69 @ 9:25
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