Hoy se cumple un año de que las fuerzas represivas nacionales se cubrieron de ignominia al “tomar” la ciudad de Oaxaca. La mañana del domingo 29 de octubre, soldados y marinos disfrazados con el uniforme de la policía federal preventiva, avanzaron desde las entradas sur y poniente de la ciudad para apoderarse del centro histórico, previamente abandonado por los contingentes del movimiento social sindical.
A su paso enfrentaron acciones de resistencia pacífica de parte de militantes, simpatizantes y miembros del magisterio, particularmente a lo largo del acceso sur. Situación un tanto diferente sucedió en el acceso poniente ya que, dada la fortaleza de la barricada montada en esa zona, debieron desviarse hacia las riberas del Atoyac encontrando una dura resistencia popular, lo cual consiguió retrazar el avance hasta ya entrada la noche. En el enfrentamiento, fue muerto por la PFP el enfermero del IMSS que auxiliaba a otro herido.
La “victoria” de la fuerza expedicionaria represiva fue pírrica, a su paso se toparon con el repudio de las fuerzas del pueblo.
Pasado un año, queda absolutamente claro y comprobado que la intervención militar del gobierno federal tuvo como propósito central el sostener por la vía de las armas a un sátrapa sanguinario y corrupto que se sostienen en el poder, gracias a ello.
El costo de lo anterior significó, asesinatos, heridos, sangre, dolor, persecución y prisión para las y los oaxaqueños y evidenció que el poder sólo tiene como razón, la posesión y uso de las armas para reprimir la protesta social.
El magisterio, la APPO, las fuerzas militantes y simpatizantes, mantienen su convicción libertaria a pesar del cerco terrorista al que están sometidos, a pesar de las deserciones de pusilánimes y a pesar las traiciones.
Y sí, pisan las calles nuevamente donde se derramó la sangre inocente, detienen su paso a homenajear a sus caídos y reanudan la marcha, la marcha de la humanidad hacia su liberación.