martes, 06 de noviembre de 2007
Discurso completo de Julio Scherer García en Oaxaca.
México, D.F., 5 de noviembre (apro).- Me alegra sobremanera encontrarme entre ustedes y desearía abrazarlos. Razones me sobran para expresarme de esta manera. Ni en uno que otro de mis sueños narcisistas habría imaginado una feria del libro que se ocupara de mi trabajo como escritor. Viejo como soy cabe en mí el estupor, un aliciente para continuar la crítica al poder impune que nos asfixia.

Salvo “El Indio que mató al padre Pro” y un primer intento fallido de “La Piel y la Entraña”, mis libros han sido escritos en el marco humano y profesional de “Proceso”. No podía ser de otra manera. Las amplias líneas que recorren las páginas de la revista y la línea que me recorre, marcan una vía congruente. Hemos hecho nuestras las ideas de don Daniel Cosío Villegas, pensador contemporáneo. Decía que si la hubiéramos emprendido contra la corrupción del poder, la batalla habría tenido por sí misma el valor eminente de una revolución social. Don Daniel se expresaba así a mediados del siglo pasado y de entonces para acá no ha dejado de caernos lluvia ácida. Nunca pensó en la violencia como solución, nunca en las armas.

En la Presidencia de la República hemos tenido de todo: perversos, falsarios, ladrones, traidores, asesinos. Juntos, cómplices en el silencio, han matado a disidentes políticos, han masacrado estudiantes, han arrebatado a la nación sus mejores tierras, han exprimido al erario, han vulnerado la prístina concepción del Estado, han arrasado pueblos enteros, han empobrecido nuestros recursos no renovables, han asistido a la extinción de algunas etnias, han propiciado un éxodo que no cesa y han culminado su tarea colectiva en el dato que más duele: en la misma geografía y en la misma historia, lado a lado conviven sesenta millones de mexicanos sin recursos con fortunas cotizadas entre las más altas del mundo. La salvaje inequidad cobra aquí su verdadero carácter: ruin, infame.

Vicente Fox ha labrado su estigma indeleble. No le recuerdo un acto de grandeza, la noble actitud que conmueve y persevera. Sus seis años resumen necedades, desplantes, degradación propia y del gobierno, exhibicionismo con una mujer hoy cercada por su personal bajeza. Ya como ex Presidente asestó un golpe a Felipe Calderón. Ocurrió el día en que él, él, él declaró que había derrotado a Andrés Manuel López Obrador. Frase tan breve trajo de vuelta la turbiedad en la elección de 2006. Ya sabemos que contra hechos no hay argumentos y Fox, Presidente de todos por mandato supremo de nuestras leyes, tomó partido en la contienda política, hizo burla de la Constitución y alteró para mal la ya difícil convivencia entre los mexicanos.

Dividido el país, en declive la economía, imbatible el narco, en bancarrota la educación, en su ocaso la seguridad social, Felipe Calderón tiene ante sí, además de problemas de esta magnitud, la inocultable riqueza de Vicente Fox y un criminal tráfico de influencias que se va develando poco a poco. Si deja correr los días como hasta ahora y se lava las manos en “el agua sucia” de que hablaba Jesús Reyes Heroles, vestido de azul terminará en línea con los priístas más distinguidos, cómplices todos, corruptos por omisión o por comisión en el despojo a la República.

Algo más. Oaxaca se me impone como un deber de conciencia. Inmensamente rico e inmensamente pobre, el estado padece por un gobierno sin honor. Fortalecido por la impunidad e insensible a la desdicha que siembra, seguirá en lo que está: el poder a costa de lo que sea.

La tragedia se ahonda, tarda la solución civilizada y no cabe olvidar, menos desdeñar, que la desesperación nace de situaciones extremas.

Me conmueve el trato amable y la generosidad con la que me ha recibido la Feria. Sin palabras que pudieran dar cuenta de mis sentimientos, he de llevarlos a todos ustedes en la memoria.

Scherer, el anciano con voz de trueno, imponente

LUIS IGNACIO VELÁSQUEZ

A Julio Scherer García lo traiciona el cuerpo, no el espíritu. Arrastra los pies para caminar, mantiene la espalda encorvada, la papada cuelga de su cuello y el cabello blanco escasea; pero los ojos azules mantienen la mirada límpida, la voz sigue siendo grave y la mente lúcida.

Es más, a veces, da la impresión de que Scherer García juega a parecer más anciano de lo que verdaderamente es para no sucumbir a la lisonja, ni caer en las tentaciones de los elogios, que tanto rechaza.

En la primera fila del teatro Macedonio Alcalá, tomado de la mano de su hija María, izquierda con izquierda, Julio Scherer García permanece impávido frente a las emotivas palabras de Guillermo Quijas y el rector de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO), Francisco Martínez Neri, como un viejo autista.

Ni siquiera las palabras de su compañero de tantos años, Miguel Ángel Granados Chapa, y la espléndida intervención de Juan Villoro, conmueven al maestro de varias generaciones de periodistas, a pesar de las necesarias referencias a su salida de Excélsior, la fundación de Proceso, su larga trayectoria periodística, su compromiso ético, su incorruptibilidad y sus permanentes enfrentamientos con el poder.

Con paso trémulo y apoyado de su inseparable hija, Julio Scherer García sube la pequeña escalinata que divide las butacas del foro para recibir la estatuilla "El Pescado", de oro y cristal, que el artista Juchiteco Francisco Toledo, elaboró para el homenaje.

Pero apenas coloca las cuartillas que lleva preparadas para la ocasión en el atril, una extraña metamorfosis se apodera de su cuerpo. La espalda encorvada se endereza, las manos que se apoyan en la madera se muestran fuertes, la voz grave estremece a los presentes.

El anciano se convierte en un hombre robusto con voz de trueno. Duro como los señalamientos que hace contra los ex presidentes de México, principalmente Vicente Fox y su mujer "hoy cercada por su personal bajeza".

Sin concesión alguna dice lo que cree y lo hace de una forma directa, sin miramientos, porque lo desde hace muchos años asumió que el periodismo nada vale si no se critica al poder que nos asfixia.

De pie, erguido, el periodista desnuda a los presidentes del país como nadie lo ha hecho, llamándolo por lo que son, fueron y han sido: perversos, falsarios, ladrones, traidores, asesinos. Y vaya que sabe de esto, pues la mayor parte de su vida personal y profesional conoció a algunos de ellos. Entre otros a Luis Echeverría que lo echó de Excélsior y Vicente Fox que emprendió no sólo una campaña contra Proceso, sino también en contra de su familia.

Julio Scherer no pierde tiempo en subterfugios. Es directo, sincero, agradecido, porque después de todo confesará su deseo de "abrazar" a todos los presentes para corresponder a los aplausos que le prodigan.

Misma gratitud que demostrará cuando, otra vez en su papel de anciano, se mantiene en la mesa colocada en el acceso principal del teatro hasta que el último de los solicitantes de autógrafos consigue su objetivo, a pesar del tiempo delimitado por los organizadores a media hora para tal actividad.

Los ojos de Julio Scherer García brilla de manera especial, cuando para culminar las eventos de su homenaje, llega al Paseo Juárez a inaugurar formalmente la XXVII edición de la Feria del Libro 2007.

La algarabía de decenas de personas, ataviados con máscaras de carnaval que danza al compás de la banda; el sonido de los silbatos, que se confunde a veces con el ruido ensordecedor de los cohetes, y la fiesta popular, lo entusiasma.

Del brazo del rector de la universidad, Martínez Neri, y de su hija María, el maestro del periodismo se muestra feliz y sólo duda al momento que le ofrecen las tijeras para cortar el listón rojo de la ceremonia.
Publicado por solaripa69 @ 9:59
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios