Mi?rcoles, 23 de abril de 2008

El fascista espot de Calderón

Luis Linares Zapata

El griterío en los medios de comunicación ha sido, en tiempos recientes, atronador. Y en el mero epicentro de tanta energía patrocinada, de tanta enjundia estómago-conceptual, se halla el personaje predilecto a denostar: Andrés Manuel López Obrador. Él es el causante de toda perturbación, entrevista o inventada, que ronda por el país. Un rutilante actor del ámbito público cuyos fines o propósitos son alumbrados al detalle por una caterva de críticos que lo siguen de manera compulsiva.

Afectados hasta en sus mismas entrañas por convulsiones de odio, desprecio, de enojos que por momentos se transforman en ira irreprimible, sus detractores no cesan de acusarlo de cuanto sucede de malo en esta angustiada República. Es, de varias y torcidas maneras, su personaje inolvidable, irresistible. Recurren a cualquier artificio para ponerlo a hervir en el lodo de sus consignas, de sus fundadas condenas que forman, hiladas una tras otra, deformantes diatribas. Noticieros completos de radio imbuidos en el sacro deber de expulsar, al lopitoz de sus anatemas, de la escena política del presente. Todo un fenómeno colectivo de fobias que se trasminan en cada una de las palabras, en cada frase, en cada parrafada que, sin continencia ni pudor alguno, lanzan al tabasqueño.

La cúspide de esta andanada, superior a la que se vio y oyó durante el desafuero o en la campaña electoral pasada, concluye en un espot comparativo con tiranos de la historia que pasa en los mejores espacios de Televisa. No se puede ser ingenuo ante este hecho difusivo de la peor ralea: la autoría debe adjudicarse al gobierno panista de Calderón. Sólo ellos, apoyados por su maquinaria, pusieron en movimiento las piezas del tinglado que lo llevó a la pantalla. Es un espot con la indeleble marca del calderonismo más depurado, a la conocida usanza del haiga sido como haiga sido. Es la última arma de la derecha más reaccionaria, corrupta y amedrentada ante la posibilidad de ser derrotada en sus prospectos de hacer inmensos negocios al amparo del petróleo mexicano. Es un sustituto a la cárcel de los represores para el agitador.

El terreno se preparó con meses de antelación. Se hicieron los trabajos cotidianos para auscultar la opinión y el sentir ciudadano que indicara el momento preciso de la acción. Se estudiaron los atajos y eufemismos para disfrazar sus intentos privatizadores y entreguistas. Identificaron a los que darían su triste e inocua cara como autores y el plan de medios y horarios convenientes. Así las cosas, las negativas, desconocimientos y las distancias adoptadas por el oficialismo del espot no son más que poses, falsas puertas que tratan de esquivar el costo de sus patrañas y dolosos actos a mansalva. ¿De qué manera si no lo puso Televisa al aire? ¿Por qué lo sostiene, a pesar de la determinación del IFE de parar su exhibición, o la misma petición de sus aparentes autores de retirarlo, pues, según ellos, ya cumplió su cometido?

Este espot de marras ha sido precedido por múltiples antecedentes, a cual más enrojecido de amenazas y sugerencias para que la fuerza pública sea aplicada sin contemplaciones contra los oponentes callejeros, contra los tomadores de tribunas: todos ellos transformados, por trucos retóricos, en negadores de diálogo, cegadores de la democracia.

La trifulca en el interior del PRD dio pábulo inicial a la gritería: un cochinero, exclamaron al unísono, alentados desde el palacio de Bucareli para diluir, para sosegar al menos, las probadas acusaciones de tráfico de influencias contra su torpe titular. El causante del pleito entre perredistas fue identificado de inmediato y contra él se enfocó todo el aparato público de comunicación.

Es AMLO quien pretende controlar a su antojo al PRD, concluyen iluminados desde lo alto de sus inteligencias superiores. Después vinieron las acusaciones de incitación a la violencia que, aseguran con desparpajo, pero con arraigada pasión contrariada, AMLO lanza, según su agudísima y tergiversada opinión, al calor de las masivas presencias zocaleras. Lo siguieron los sesudos análisis de intelectuales sobre el ataque, frontal, irreverente, a la democracia con la toma de una tribuna que, según los mismos denunciantes, era el emblema del diálogo, del debate. AMLO no quiere debatir, le tiene aversión a la confrontación de ideas por su estructural vena autoritaria, sentencian diariamente. En democracia, afirman sin atender a la realidad imperante, predomina la mayoría y ésta puede llamar a la fuerza pública para poner orden en el pleno.

Vino después el salto cualitativo empresarial: el secuestro del Congreso equivale a un golpe de Estado, ¡sópatelas! Y lo siguió el sospechosismo alocado, enfermizo, de varios locutores, articulistas y columneros de fama: lo que se está viendo no es más que un ensayo de la insurrección que viene, y AMLO es su progenitor. Lo crucial, alegan, es la decisión de derrocar al gobierno, nada de lo demás importa. La purulenta herida de la derrota electoral. Todo un concierto, bien orquestado de infundios y sospechas convenencieras, para ocultar lo principal: la intentona privatizadora y entreguista de la industria petrolera que auspicia Calderón y séquito.

Es verdaderamente notable que todo el conjunto de críticos o simples denostadores de López Obrador hagan caso omiso de la iniciativa petrolera enviada al Congreso. Ninguno ha tratado de analizar su contenido, profundizar en sus consecuencias para la vida de todos y cada uno de los mexicanos de hoy y mañana. Eso lo dejan a la labor de la cara propaganda en curso.

Sólo los hombres y mujeres de izquierda le han tomado la palabra al gobierno y empiezan a difundir sus hallazgos y replican con sólidos argumentos a las flagrantes mentiras del oficialismo. Lo atractivo para los apoyadores del sistema es bordar al infinito sobre lo que disminuye la figura pública de su temido coco. Destacar sus defectos, los ribetes chuscos del acontecer, distraer la atención ciudadana del atraco que se piensa instrumentar contra la herencia de los mexicanos. Una forma sui generis de apechugar la violencia contra el mandato constitucional y un escape para disimular el saqueo planeado que viene a continuación de ser aprobada la contrarreforma calderoniana. No pasarán, dicen las y los que no tienen miedo, y eso sí que infunde miedo a otros.

José Steinsleger

México: terrorismo mediático

Fuentes de inteligencia de mi archivo personal revelan que la credibilidad de los medios monopólicos de difamación decrece, conforme los pueblos optan por caminos distintos a los sugeridos por el torpe terrorismo mediático y el retorcido neomacartismo new age.

Dejaré, para otra ocasión, la pobreza de un texto que da pena por quien lo firma (“Populismo y democracia en América Latina”, Roger Bartra, Letras Libres, abril de 2008); paso a detenerme en el espot televisivo contra Andrés Manuel López Obrador (AMLO), claro ejemplo de “terrorismo mediático”.

En ambos casos, la confusión guarda vasos comunicantes. En el uno, la insidia explícita del viejo cristero fascista que asocia a Hitler con AMLO: en el otro, la “excelencia académica” del converso apenado por el “antimperialismo rupestre y demagógico” que rechaza la globalización, “… el más importante motor del cambio”.

El escritor Fernando del Paso definió la esencia del espot con una palabra que no voy a repetir. De su lado, varios intelectuales manifestaron su indignación, aunque sin precisar que los responsables del espot son los mismos que presentaron ante la Procuraduría General de la República (PGR) una denuncia penal contra la única sobreviviente del ataque perpetrado por el ejército colombiano a un campamento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en territorio de Ecuador.

Se trata de Lucía Morett, joven estudiante mexicana. El documento presentado contra ella y otros estudiantes de la UNAM es un prolijo dossier de 77 páginas, elaborado con trascendidos de la prensa capitalina, anexos de cidí, archivos de audio y fotografías. La denuncia penal es por “delitos de delincuencia organizada en su modalidad de terrorismo internacional y terrorismo, así como apología del delito y los que resulten con relación a la operación de las FARC en México y la participación de mexicanos en la organización terrorista denominada FARC”.

En tono similar, El Comercio de Quito (afiliado a la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP), publicó el 20 de abril pasado un reportaje a plana entera intitulado: “Coordinadora bolivariana, el as de las FARC”, con dos fotografías a todo color. Una de las imágenes muestra a un grupo de jóvenes airados. El pie reza: “Activistas de izquierda contra el imperialismo”. Otros recuadros, sibilinamente, destacan: “¿Por qué se escogió a Ecuador para la cita?” “Venezuela es punto central de apoyo para las FARC.” “Plan para extenderse por todo el continente.”

Al día siguiente, el titular de otro periódico ecuatoriano, La Hora (que trató de “delincuente” al presidente Rafael Correa), publicó: “Mexicana herida en Ecuador se preparaba para crear una guerrilla en México, similar a las de la FARC”. La agencia de noticias española Efe transmitió la “noticia”, abriendo el paraguas: “una fuente del Ministerio de Defensa consultada dijo desconocer la información que aparece en el diario”.

Todo esto es “terrorismo mediático”, y las fuentes de mi lap-top blindada contra mentiras indican que entre AMLO y la joven Lucía no hay ligazón política válida, a no ser su dignidad, su coraje y su amor a México. Sin embargo, la “etica informativa” de varios medios impresos de la capital mexicana (es decir, la del gobierno de Colombia, o sea, la CIA) parecen copia perfeccionada de los que en 1968 satanizaron a la izquierda estudiantil, justificaron después la masacre de Tlatelolco y se pusieron a silbar cuando empezaron a desaparecer personas en el decenio siguiente.

En un encuentro de periodistas latinoamericanos, celebrado en Caracas a fines de marzo pasado (y del cual los medios “objetivos” nada han dicho), el flagelo del terrorismo mediático fue calificado de “peste de la cultura contemporánea”.

El terrorismo mediático fue definido como “… primera expresión y condición necesaria del terrorismo militar y económico que el norte industrializado emplea para imponer a la humanidad su hegemonía imperial y su dominio neocolonial”.

Ajustado a la ideología “comercio+seguridad” (nuevo capítulo de la añeja “doctrina de seguridad nacional&rdquoGui?o, la mierda informativa del terrorismo mediático (y ya plagié a Del Paso) que difunden los medios televisivos o impresos, y en particular los de la SIP, nos tiene a todos en nómina.

Puedes adherir al reformismo de centro o de izquierda. Quizá seas revolucionario sereno o rebelde. O quizá nada te importa porque detestas la política. Da igual. En la nómina del “terrorismo mediático” figuran todos los que dicen no a la infamia.

En los países del Cono Sur, los comandos de la noche empezaron con los militantes políticos, y luego siguieron con los que se preguntaban “¿y yo por qué?” Pero como en algún momento de sus vidas pensaron que algo andaba mal también resultaron culpables y, por ignorancia, sufrieron más que los que defendían un proyecto político.

Al fascismo le importa un carajo si peleas arriba, abajo, en posición horizontal, vertical, si te mantienes al costado o practicas la levitación intelectual. Si eres persona, defiendes tus derechos y a tu país, eres culpable. En la agenda de la “seguridad”, la mentira creíble pesa más que la verdad inverosímil.

Pemex: destruirlo desde adentro

Alejandro Nadal

Existen muchos caminos para desmantelar a Petróleos Mexicanos. Y no hay que equivocarse: destruir a la paraestatal es sucedáneo de privatizarla. Convertido Pemex en una entelequia, el camino a los hidrocarburos mexicanos estará abierto al capital privado, nacional o extranjero.

Por eso el paquete de reformas tiene varias líneas de ataque. La primera es la violación de los artículos 25 y 27 constitucionales. Por obvia, es la que más ha llamado la atención y buena parte del debate se concentra en este punto. Desde luego, la anticonstitucionalidad de las reformas propuestas ha quedado bien establecida.

Pero, cuidado, esto puede ser una cortina de humo. ¿Qué pasaría si en negociaciones inconfesables esa parte de la reforma es abandonada por el gobierno a condición de que se apruebe el resto del paquete?

Es importante recordar que hay otra agresión contra Pemex en el conjunto de reformas propuesto por el gobierno. Un componente decisivo se encuentra en la iniciativa de nueva Ley Orgánica de Petróleos Mexicanos. Su exposición de motivos habla de fortalecer el gobierno corporativo de Pemex para que “se ponga al día” y pueda competir en el entorno global. Pero más allá de esta retórica ramplona, la propuesta de ley entraña un peligro mortal para la muy golpeada empresa paraestatal.

La iniciativa propone “fortalecer el consejo de administración de Pemex, incorporando a cuatro consejeros profesionales” adicionales. La composición anterior queda sin cambio (seis representantes del Estado designados por el Ejecutivo federal y cinco representantes del sindicato). Sin embargo ahora, con los nuevos consejeros, también designados por el Ejecutivo, los representantes del presidente en turno tendrán una aplastante mayoría en el consejo. Pero no se alarme usted porque la exposición de motivos nos asegura que “la actuación de estos consejeros profesionales será fundamental para dar un valor agregado a las decisiones del consejo de administración” de Pemex.

El “valor agregado” podrá notarse desde el principio, pues el nuevo Consejo de Administración (CA) podrá redefinir de pies a cabeza la estructura corporativa de Petróleos Mexicanos. Leyó usted bien: de un plumazo quedaría abolida la estructura actual (refinación-exploración; refinación; gas-petroquímica y petroquímica) de Pemex. En su lugar, el flamante CA podrá proponer una nueva “estructura organizacional y operativa” para la paraestatal. No cabe duda: esto daría gran flexibilidad al señor Calderón para ofrendar bonitos regalos al lobby petrolero privado. Todo ello sin violar de manera flagrante la letra de la Constitución.

Por eso la ley orgánica de Pemex propuesta por el gobierno contiene muchas aberraciones. Una es el régimen de contratación de deuda que conducirá a comprometer todavía más la situación financiera de la empresa. Pero otra, igualmente grave, es la facultad del CA para “aprobar las disposiciones aplicables a Petróleos Mexicanos y sus organismos subsidiarios para la contratación de obras y servicios, adquisiciones, arrendamiento, etcétera”. Es decir, ahora el CA es quien define qué ley se aplica y cuál no. ¡Vaya forma de fortalecer a Pemex!

El artículo 134 constitucional señala que las adquisiciones de todo tipo de bienes, servicios y contratación de obras “se adjudicarán a través de licitaciones públicas mediante convocatoria pública”. También establece un régimen de excepciones y la nueva ley orgánica de Petróleos Mexicanos recurre a ese resquicio, proponiendo varios casos en los que la empresa puede no utilizar el procedimiento de licitación pública. Entre ellos destaca el caso de “contrataciones con el propósito de desarrollar innovaciones tecnológicas relacionados con el objeto de Pemex” (artículo 45). Este enunciado abarca tantas cosas que el régimen excepcional se convertirá en la regla general y abrirá las puertas al contratismo.

No cabe duda, todo estaría listo para completar la destrucción de Pemex desde adentro.

 


Publicado por solaripa69 @ 9:43
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