Mi?rcoles, 05 de noviembre de 2008

La ilusión de Obama.

 

Txente Rekondo

Rebelión

 

 

El triunfo de Barack Hussein Obama ha sido presentado como la victoria del cambio y la ilusión, pero para ilusión la que ha venido albergando el propio Obama desde hace años. Toda su carrera política ha estado marcada por la búsqueda de su propio acomodamiento en las instituciones y el sistema actual, más que a buscar cualquier transformación del mismo.

El triunfo de Obama ha estado basado en varios pilares. Una campaña casi “perfecta” (uso de Internet, movilización de voluntarios, marketing), las grandes dotes comunicativas (como orador y escritor) del candidato, las grandes sumas de donaciones y dinero que ha recibido (claves en las primarias) y una coyuntura política y económica favorable (la crisis financiera de septiembre, cuando las encuestas auguraban un vuelco favorable a McCain, y ser el candidato anti-Bush).

El hecho de que se convierta en el primer presidente negro de EEUU es un factor importante, pero los que tenían esperanzas en un cambio profundo pueden esperar sentados. Los discursos de Obama no varían en el fondo de lo que han defendido sus antecesores en el cargo, y su oposición a Bush era táctica (críticas a los errores y el coste&hellipGui?o más que objeciones morales o éticas.

Como han señalado algunas voces críticas en EEUU, “Obama ha sido el candidato de las clases dominantes”. Los que manejan la política y la economía en el país impedirían que cualquiera que ponga en duda la “jerarquía dominante y sus doctrinas” llegara a la Casa Blanca. Y no debemos olvidar que Obama ha recibido ingentes donaciones económicas de esos sectores, así como el apoyo de los medios de comunicación del establishment.

La anécdota de color, con un presidente negro en la Casa Blanca, no significará una mejora sustancial para la minoría negra, ni el racismo estructural que domina la sociedad cambiará. El futuro presidente de EEUU, definido con ironía como “republicrata” (por su capacidad por absorber los discursos de los dos partidos mayoritarios y dominantes) protegerá los privilegios de las élites y de las poderosas corporaciones, todas ellas dominadas mayoritariamente por blancos.

A partir de ahora el color del dinero en EEUU será el verde del dólar, el de su presidente, negro, pero el de la Casa Blanca, y los pilares que sustentan a ésta, seguirán siendo blancos. La obamanía y las ilusiones que se han creado se irán diluyendo en los próximos meses, dando paso a la fotografía completa de este “histórico acontecimiento”.


Cambio... ¿cuál cambio?

 

BBC

 

 

Pese a que los candidatos presidenciales en Estados Unidos lucharon por apoderarse de la idea de "cambio", muchos fuera de las fronteras de ese país son escépticos de que un nuevo ocupante de la Casa Blanca genere diferencias radicales en la actitud de ese país hacia el mundo.

"¿Cómo la elección de una persona puede implicar un cambio de política del país más poderoso del mundo?", dicen algunos que creen poco en las promesas de los candidatos.

Incluso algunos ciudadanos de Estados Unidos dudan de las continuas menciones al cambio que los candidatos hacen en sus actos de campaña.

"Cuanto más hablan de cambio, más pienso que las cosas no van a cambiar", escribía en un foro de discusión en internet un votante.

La aparición de una figura radicalmente diferente a lo que el mundo se había acostumbrado a imaginar como presidente de Estados Unidos -un afroamericano, hijo de un inmigrante keniata- parece haber despertado expectativas del comienzo de una nueva era en la historia de Estados Unidos.

"El mundo no debe hacerse demasiadas ilusiones sobre Barack Obama. Es -está a punto de ser- simplemente el nuevo presidente de los Estados Unidos", escribía hace pocos días en su columna de la revista colombiana Semana, el analista Antonio Caballero, sugiriendo que, al fin y al cabo, el cargo supera a la persona que lo ocupe y lo que ésta piense.

"Barack Obama es gringo. Político gringo. O sea, con las características de un político profesional, de un senador, de un presidente gringo: hipócritamente religioso, militarmente patriotero, inevitablemente imperialista. (...) Los imperios son imperialistas. Y Barack Obama es -está a punto de ser- emperador del imperio actualmente imperante", opinaba Caballero.

Expectativas

"Creo que hay una expectativa excesiva de que el presidente que resulte elegido en estas elecciones va a hacer cambios muy radicales", señaló a BBC Mundo Mariano Aguirre, analista del instituto de investigación madrileño FRIDE.

"Los cambios, si llegan a ocurrir, van a ser realmente muy lentos. Las políticas no se definen sólo por la figura del presidente. Se definen por una relación muy compleja entre la Agencia Central de Inteligencia, el Pentágono, las Fuerzas Armadas, el Congreso, e incluso la influencia de los medios, los lobbys de presión y la relación con las fuerzas locales", dice.

Según explicó a BBC Mundo Armand Peschard, del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales en Washington, sí se notará al menos una diferencia de actitud.

"Obviamente, con un nuevo presidente habrá un cambio de visión", dice Peschard. "Pero ese cambio depende de otros factores como la composición en el Congreso. Otro factor importante es la crisis económica".

Crisis

Peschard cree que la actual crisis financiera y el daño que le ha infligido a la estabilidad económica de Estados Unidos será un factor más poderoso en el momento de definir una nueva política que la identidad de quien ocupe la Oficina Oval.

"Van a tener que desempeñar una política exterior con mucha más humildad, que estará basada en gran parte en las limitaciones económicas: será mucho más selectivo en cuanto a sus aportes en asistencia internacional o en cuanto al uso de la fuerza en zonas conflictivas ", asegura Peschard.

Las decisiones sobre escenarios claves como Medio Oriente, además, no parece que serán realmente diferentes a lo que ha pasado hasta ahora.

"El cambio no será profundo. Obama tiene una actitud más propensa al diálogo, incluso con los enemigos. Pero, por ejemplo, ha buscado el apoyo del sector más conservador de la comunidad judía en Estados Unidos y es posible que en el conflicto palestino-israelí mantenga una posición similar a la del actual gobierno", dice Aguirre.

En escenarios de conflicto armado, como en Irak y Afganistán, son otros factores los que determinarán un cambio de estrategia, como explica Aguirre.

"Hay una presión muy fuerte y cada vez mayor de la sociedad estadounidense para salir de Irak, y cualquiera de los dos candidatos que gane va a tratar de responder".

Realidad

Algo parecido es lo que podría suceder en Afganistán: según Aguirre, más allá de las posiciones políticas del candidato que gane, ya está en preparación una nueva estrategia para el país -mezcla de negociación y aumento del número de tropas- y esto podría implementarse incluso antes de que el próximo presidente asuma.

Peschard insiste en que será la situación económica la que determine cuál será la nueva actitud militar de Estados Unidos.

"Gane quien gane, EE.UU. ya no está en la situación económica como para mantener una política exterior como la de estos últimos años y tener estas aventuras militares", asegura.

¿Y en cuanto a América Latina? ¿Realmente se abrirá un nuevo capítulo en las relaciones con la elección de este martes?

"Yo pienso que el ganador va a tener que desarrollar una política más inteligente y equitativa en cuanto a un equilibrio entre los intereses de la región y los intereses de los Estados Unidos. Esta prepotencia que se ha visto yo pienso que ya ha llegado a un límite", opina Peschard.

 

Un pueblo que vota pero no elige

 

Benytsa González

YVKE, Últimas Noticias

 

 

 

El sistema electoral de Estados Unidos, instituido hace 200 años, ha enfrentado muchas críticas por ser considerado complicado, arcaico y, por definición, poco democrático. Tales observaciones se acentuaron luego de las elecciones de 2000, cuando George Bush le ganó la presidencia a Al Gore, pese a que el demócrata triunfó en la elección popular por 300 mil votos.

La mayor de las críticas se refiere al carácter indirecto de los comicios. La regla democrática "una persona, un voto" no se cumple; el peso individual del sufragio se pierde en razón de la cantidad de votos electorales de cada estado. Un voto que decida un empate en California, con 55 votos electorales, no tendrá el mismo peso en Wyoming, que sólo cuenta con tres votos electorales. Por esa razón, muchas son las propuestas para llevar a cabo la reforma del sistema y, en esencia, la mayoría conlleva la eliminación de los colegios electorales y la implantación de la elección directa.

Al respecto, John Sides, politólogo de la Universidad George Washington, se pregunta por qué los estados deben ser una consideración relevante cuando se piensa en la calidad de la democracia e importar más que el voto por persona. A su vez, Tom Wicker, periodista político, en el prólogo de The People’s President, dice que "podemos ser 50 estados en el Congreso, pero somos un solo pueblo en la Casa Blanca, o deberíamos serlo, y nos debe corresponder a nosotros elegir al Presidente".

Participación. Algunas consideraciones relacionadas con el concurso de los ciudadanos son también base para la crítica. En principio, votar no es obligatorio y la naturaleza misma del sistema genera apatía en el electorado. Por otra parte, la participación en el acto electoral presenta algunos impedimentos.

Cada estado organiza las elecciones según su criterio. Por ello, en algunos, además de tener 18 años, se deben cumplir requisitos adicionales para ejercer el voto. En otras entidades, los ciudadanos pueden inscribirse para sufragar el mismo día de las elecciones. Esto facilita la asistencia de quienes se deciden a última hora, pero también es un factor que contribuye al fraude, ya que el registro en esa fecha evita la verificación de los datos del votante.

Adicionalmente, la falta de comprobación de la información suministrada por el elector permite que una persona que haya emitido su voto por correo también sufrague el día de la elección, en persona, en cualquier otra entidad. Otros casos frecuentes son los de marginación de las minorías en el ejercicio del voto.

Los afroamericanos en Florida acudieron a votar en 2000 en una cantidad 75% mayor que en 1996. Sin embargo, 20% de sus votos no fueron computados alegando defectos en las boletas. En Estados Unidos, no existe un registro único de electores. No se conoce la totalidad del padrón electoral, no hay control sobre los cambios de domicilio ni sobre los falsos votantes.

Candidatos. Los partidos Demócrata y Republicano no son los únicos que presentan candidaturas; otras 10 organizaciones políticas intervienen en la elección y, en esta oportunidad, tampoco es Obama el único aspirante de color a
la Presidencia.

Pero hacer campaña en los medios requiere de grandes cantidades de dinero, que sólo son capaces de movilizar estos partidos, financiados por grandes grupos económicos, con lo cual monopolizan la contienda. No obstante, entre vicios y críticas, la autodenominada "mayor democracia del mundo" elegió el martes a su 44° Presidente.

 


Publicado por solaripa69 @ 10:23
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Comentarios
Publicado por chopi64
Jueves, 06 de noviembre de 2008 | 18:06
Mucha gente ignora lo revelado en su entrada.
MAGNIFICA.