Viernes, 07 de noviembre de 2008

Discurso generoso en adjetivos con párrafos propios de misa

■ Despedida a una vieja clase política que llenó el Campo Marte

■ Amor por México y sensibilidad, prendas de Mouriño, dijo Calderón

Arturo Cano. La Jornada.

Le faltan adjetivos al Presidente. En el acto de convertir los funerales de Juan Camilo Mouriño y sus colaboradores en un adelantado evento electoral, Felipe Calderón encuentra 50 palabras o expresiones para elogiar a su desaparecido amigo y, al mismo tiempo, para despedir a la vieja clase política. Mouriño es, dice el mandatario, digno representante de una “nueva generación de políticos formada en la pluralidad y la absoluta lealtad a la democracia”. Jóvenes –Mouriño tenía 37 años– que son “una promesa que se cumple conforme asumen responsabilidades públicas”.

La “vieja” clase política atestigua en las primeras filas de las gradas. Y brinda un aplauso de despedida tras el torrente de elogios. El presidente Calderón destaca de Mouriño su amor a la patria, el apego a sus principios, su dedicación y talento, su energía y su eficacia.

El discurso tiene poca sustancia, muchos adjetivos y párrafos propios de una misa. Pero dura 25 minutos. Se trata, al parecer, de hacerlo extenso para subrayar la idea de la “nueva generación de políticos” que llegó para quedarse, pese a la trágica pérdida de su principal exponente.

Calderón alude cinco veces a la cualidad de Mouriño que más le benefició, en tanto su jefe: la lealtad. Otras caracterísiticas también merecen subrayarse: su amor a México (tres veces), su sensibilidad política (tres), su eficacia (tres), su inteligencia (dos), su “visión estratégica” (dos), su disposición o capacidad para el diálogo (siete menciones).

Frente al presidente Calderón hay ocho féretros y una especie de urna. El ataúd con los restos de Juan Camilo Mouriño ocupa un lugar especial, separado de los demás. Delante de cada caja hay una foto grande de la persona muerta.

Seis batallones, banda de guerra, funeral de Estado con más de mil invitados, oscuras las tribunas por la ropa de luto.

Los féretros son colocados poco antes de las nueve de la mañana, mientras arriban los últimos convocados.

“¡Que tomes a Olegario Vázquez Raña!”, le ordenan a un camarógrafo, quien busca con su lente al personaje aludido en las gradas repletas de dirigentes partidistas, ministros de la Suprema Corte, diputados y senadores, empresarios, líderes sindicales, la plana mayor de Televisa y funcionarios públicos de los más altos niveles.

Abajo, de pie, el gabinete en pleno y los representantes de los otros poderes. La última en tomar su lugar es la secretaria de Educación, Josefina Vázquez Mota. El miércoles, la SEP puso como cabeza principal de su síntesis informativa la nota de interiores de un diario: claro, hablaba de que Vázquez Mota “suena” para ocupar el lugar del desaparecido secretario de Gobernación.

En las gradas del frente, el Campo Militar Marte de por medio, están los demás invitados.

Al centro, en la primera fila del graderío destinado a los invitados importantes, está Marcelo Ebrard, única voz oficial en las primeras horas de la tragedia. Cerca de él ocupan lugares varios gobernadores, Beatriz Paredes y Emilio Gamboa Patrón, cuya presencia subraya la ausencia de Manlio Fabio Beltrones. En la misma fila está el senador Carlos Navarrete, de los últimos en llegar en compañía de Guadalupe Acosta Naranjo, quien recibe en la espalda palmaditas de César Nava, secretario particular del presidente Calderón.

En Campo Marte, “todo México” –escribirían los cronistas de antaño– escucha atentamente la lista de elogios hecha discurso que el Presidente dedica al secretario de Gobernación que, según numerosas versiones, estaba a punto de dejar de serlo.

Franco, alegre, sereno, capaz, talentoso, dedicado, lleno de energía, inteligente, disciplinado, recto, tolerante, patriota con “amplitud de miras”. No es la hora de regatear ningún calificativo para un “hombre de acción”, de “carácter”, que con su “liderazgo” supo darle “mayor cohesión” al equipo de gobierno.

El doble juego

“Soy el primer interesado en que surja la verdad y se esclarezcan las causas de estos hechos”, dice el Presidente, antes de los adjetivos. En esa línea se ha mantenido desde su primera declaración. A Luis Téllez, vocero de ocasión del gobierno federal, le ha correspondido fortalecer la hipótesis del accidente, incluso deslizando a los medios el posible “error humano”.

No se alude, en las explicaciones oficiales ofrecidas hasta el momento, a las fallas en la seguridad que comenzaron a ser señaladas desde que ocurrió el accidente. Pero mientras Téllez va ofreciendo pruebas de un “accidente”, el presidente Calderón se niega a darle ese nombre y destacados panistas sugieren la posibilidad de un atentado por la vía de insistir en la investigación a fondo.

“Están en un doble juego: Luis Téllez machaca la versión oficial del accidente y el Presidente y los panistas juegan con la posibilidad de un atentado. Quieren su Colosio para 2009”, dice un legislador priísta, pescado al término del acto mientras espera su automóvil.

Puede ser, admite el priísta, que como dice Germán Martínez, Mouriño haya sido el “arquitecto del triunfo electoral” de Calderón, pero el discurso presidencial lo quiere convertir también en pieza clave de la reforma de Petróleos Mexicanos. “No fue un actor relevante en esa reforma”, remata el legislador, en alusión a los ya célebres contratos familiares que inhabilitaron políticamente a Mouriño para negociar el tema energético.

A unos pasos, otro personaje espera su automóvil, un Audi gris, mientras el Paseo de la Reforma se inunda de bocinazos a causa de los camiones que van por los invitados, de las camionetas y autos lujosos que acuden por los funcionarios.

Como pollitos alrededor de mamá gallina, los dirigentes del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación permanecen en bolita, atentos al menor gesto de la profesora Elba Esther Gordillo, quien hizo publicar tres esquelas para lamentar la muerte de Mouriño: una por el Partido Nueva Alianza, otra por el SNTE y una más a nombre propio.

Enfundada en un traje sastre negro, con una bufanda color hueso, la maestra no hace caso de los atentos líderes. Gira sobre sí misma a cada instante, mira hacia todos lados, impaciente. Sólo habla con el muy solícito secretario ejecutivo del sindicato, Rafael Ochoa Guzmán, quien no se cansa de apurar a los ayudantes por el carro de la maestra. Ella al fin se va, sin que nadie pueda preguntarle si se fue con Mouriño la alianza electoral con el Partido Acción Nacional.

Dos tandas de aplausos

La clase política observa, a su derecha, a las familias de las víctimas del avionazo, que ocupan una carpa levantada ex profeso. Padres, madres, esposas, hijos, reciben las condolencias del presidente Calderón, quien les entrega también las banderas que poco antes cubrían los féretros. Sólo los poderosos lentes de los fotógrafos alcanzan a tomar los gestos de dolor, las lágrimas.

Poco antes, el presidente del rebase por la izquierda acude a las bienaventuranzas de la liturgia católica (Mateo) para afianzar desde su cargo al Estado laico: “Sabemos que son bienaventurados los limpios de corazón,… bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, bienaventurados los que por causa de lo alto son insultados y se diga toda clase de calumnias en su contra, porque su recompensa será grande”.

Mouriño es, ya, merced a su prematura desaparición, símbolo de esa “nueva generación” de Calderón, una figura que huele a elecciones intermedias. Una generación de políticos, a juzgar por el discurso, que ha de ser no sólo leal a la democracia, sino también creyente. Porque, ¿quién insulta y persigue a los bienaventurados? Aquellos, explicaría un cura, cegados por las “fuerzas diabólicas” que niegan el advenimiento del reino de Dios.

No se baten palmas al finalizar el discurso. Pero un largo aplauso, solicitado por los organizadores, despide los féretros. Desde los altavoces anuncian que Calderón se retira. En lugar de hacerlo, camina hacia el principio de la fila de su gabinete y saluda uno por uno a sus secretarios. Nuevo aplauso. Muchos priístas y perredistas ya no se suman. Ni Marcelo Ebrard ni Carlos Navarrete, por ejemplo. El calderonismo, el partido arropa. La muerte de Mouriño y una de sus muchas consecuencias: la tregua en las filas azules. Sólo ahí, y eso tal vez.

 

¿Atentado?

Carlos Montemayor.

Por fortuna, el secretario de Comunicaciones y Transportes, Luis Téllez Kuenzler, no está al frente de ninguna oficina de comunicación social, porque su desempeño para el país sería más peligroso ahí que en las dos secretarías que ha ocupado. Su gran insistencia en que los ciudadanos mexicanos le creamos que la tragedia aérea ocurrida el pasado martes 4 de noviembre fue sólo un accidente despierta más sospechas que certidumbre. No es conveniente para el país y para el gabinete al que pertenece que esa versión oficial se presente con tanta insistencia e intolerancia. No es momento, no es prudente dirigirse así al país en un asunto de tal trascendencia.

No me propongo defender ni rechazar la posibilidad de que la tragedia del día 4 de noviembre pudiera considerarse un atentado. Sólo me propongo explicar que, a diferencia de la postura enfática de Luis Téllez, muchas acciones del gobierno federal indican que el gobierno parte de la hipótesis del atentado.

Primero, no fue la PGR ni la PFP ni la policía judicial del Estado quien ocupó las instalaciones del aeropuerto de San Luis Potosí al momento de conocerse la caída del Jet XC-VMC, sino el Ejército Mexicano. ¿Por qué una medida como ésta? Es lógico que con esta acción militar, se buscaba conocer el movimiento de personal que pudiera haber tenido acceso a la aeronave durante el tiempo que estuvo en tierra. Es decir, la hipótesis de esta acción militar no parte de un accidente inesperado.

Segundo, el discurso del presidente Felipe Calderón leído en el hangar presidencial no hizo referencia a ningún accidente, lo cual hubiese allanado el camino al discurso oficial de Luis Téllez. Esa omisión en una persona como él, tan dado a apresurarse en sus conclusiones, sugiere que la información que se le entregó antes o durante su vuelo a la ciudad de México también contenía una opción más que la del solo accidente.

Tercero, Lorenzo Chim, corresponsal de La Jornada, informó que “a las 20:30 horas, llegaron efectivos militares vestidos de civil fuertemente armados” a la casa de Carlos Mouriño Terrazo, y que entre ellos había “elementos del Estado Mayor Presidencial”. La mansión de Juan Camilo, del barrio de San Román, y su rancho Villa Geli, en la zona suburbana de Imí, se encontraban vacíos, pero también contaban con vigilancia. Esto sugiere que el Ejército trató de anticiparse a algún posible “percance” que pudiera sufrir el hermano del secretario de Gobernación. Es decir, partían de una hipótesis diferente a la de sólo un lamentable accidente.

Cuarto, el Learjet 45 se encontraba en perfectas condiciones, según informó el 6 de noviembre Fabiola Martínez en La Jornada, pues “fue sometido recientemente a un mantenimiento integral en Estados Unidos para asegurar su correcta operación (&hellipGui?o La rigurosa revisión de la aeronave se inició a finales de julio de este año y fue entregado hasta los primeros días de octubre pasado (&hellipGui?o existen evidencias acerca de los cuidados extremos a que era sometido el Learjet como asunto de seguridad nacional, debido a que estaba asignado al responsable de la política interna del país.” En estas condiciones, hablar de “fallas mecánicas” es aventurado y requiere de un tratamiento más abierto y prudente por parte del secretario Luis Téllez.

Quinto, y vinculado con el punto anterior, el asunto debe centrarse, pues, en el tipo de accidente. Por ejemplo, una aeronave como ésta es capaz de volar con una sola turbina; no es un aparato que pueda desplomarse fácilmente, sobre todo si había sido sometido a un mantenimiento minucioso. La ruta de vuelo era la correcta y la velocidad de su acercamiento al aeropuerto para tomar la pista indicada por la torre de control también era correcta. En estas condiciones, ¿qué tipo de falla mecánica podría sugerirse como explicación plausible? O mejor, ¿qué inusitada falla mecánica podría explicarnos lo ocurrido?

El punto sexto se conecta con el anterior: ¿para aclarar una falla técnica, por muy compleja que sea, no es natural que el ciudadano mexicano considere excesivo el asesoramiento de expertos extranjeros? Tal asesoría sugiere que el gobierno federal parte de la idea de que el “accidente” puede ser más complejo de lo que afirma el secretario Téllez.

Séptimo, es riesgoso, por incompleto y sesgado, que el secretario Téllez proponga como demostración de que se trató de un accidente una hipótesis insuficiente: creer que el único tipo de sabotaje posible es el de una bomba que despedace la aeronave. Aquí está el punto más débil de la argumentación del secretario Téllez. Los sabotajes pueden prepararse de diversas maneras: por ejemplo, por un desajuste o desperfecto en los instrumentos de control de la aeronave. En este caso, las hipótesis también pueden ser diversas: desde un sabotaje “mecánico” hasta un sabotaje de tipo electrónico; en este último caso, el sabotaje pudo haberse consumado tecnológicamente desde un teléfono celular.

Es natural que, a diferencia del secretario Téllez, las autoridades del gobierno federal manejen otras hipótesis y requieran de expertos extranjeros. Un sabotaje de tipo electrónico requiere, evidentemente, para su aclaración y confirmación de la asesoría de expertos extranjeros como los que visitan nuestro país en estos momentos.

La caja negra

Luis Javier Garrido

La derecha mexicana tiene miedo tras el avionazo en el que murió Mouriño, y el país se halla frente al riesgo de una mayor derechización del régimen ante sus fracasos en todos los órdenes.

1. La trágica muerte del empresario español Juan Camilo Mouriño, quien ocupaba ilegalmente el cargo de secretario de Gobernación desde el 15 de enero, al desplomarse el avión Learjet en el que venía acompañado de José Luis Santiago Vasconcelos, supuesto zar antidrogas y hombre de confianza de Washington, la tarde del martes 4, ha sumido al gobierno de facto, y en particular a Felipe Calderón, en una situación crítica, y ha generado un sentimiento de apanicamiento en amplios sectores de la derecha que, ante la posibilidad de un atentado ven con estupor la torpeza y debilidad del gobierno ilegítimo.

2. La desaparición de Mouriño tiene graves consecuencias para Calderón, pues él era quien detentaba las claves para el proyecto transexenal del que la prensa ha llamado “el gobierno de los amigos”: era su pieza clave para someter a Fox a través de su padre (prestanombres del ex presidente), su principal vínculo con el PP y los empresarios españoles, su hombre de confianza en los negocio del grupo, el negociador de los acuerdos con los priístas y el grupo de los chuchos y, como si fuera poco, el responsable de las principales funciones del gobierno.

3. La importancia de Mouriño era tal que para muchos era él, y no Calderón, “el número uno del gobierno”, lo que explica las reacciones. Un columnista se preguntaba por eso horrorizado: “¿Quién tiene el control del Estado? ¿Está en manos de alguien más que no sea el gobierno…?” Porque si fue atentado –agregaba, reflejando el sentir empresarial– “este país está en una de las peores crisis de su historia reciente” (Milenio, 5 de noviembre).

4. Los funerales “de Estado” del “español que se ganó la confianza de Calderón” –como lo llamó el diario madrileño El Mundo el día 5–, organizados ayer en el Campo Marte, no fueron por tanto un acto civil de duelo, sino un intento más por acallar con huecos ditirambos los señalamientos que se han multiplicado contra el gobierno por corrupción y complicidad con el crimen organizado, y que en las últimas semanas se habían dirigido particularmente a Mouriño por sus actos de enriquecimiento ilícito aprovechando sus cargos y por su interés personal en privatizar Pemex, y a quien ya muerto ha buscado una vez más exonerar.

5. Las dos versiones que se manejan sobre lo acontecido muestran en todo caso las dificultades que se presentan en lo inmediato al gobierno de facto sin Mouriño para tomar decisiones, y en este caso para indicar cuál va a ser el resultado de “la investigación”, al margen de la que sea la verdad. Si se presenta como “un atentado” de algún cártel, como pretenden hacerlo las agencias estadunidenses que se han adueñado de la investigación con la tolerancia del salinista Luis Téllez (titular de la SCT), se convalidaría lo correcto de la estrategia de violencia impuesta por Bush a Calderón, pero se haría ver al gobierno como fracasado. Si se dictamina que fue “un accidente”, como insiste desde ahora en hacerlo el propio Calderón, se les evidenciaría a él y a sus colaboradores como ineptos, al margen de que se hallarían en otro brete, pues nadie les creería.

6. La muerte de Mouriño es también un golpe duro para el grupo de los chuchos, que gracias a un plan auspiciado desde Gobernación se venían apoderando del PRD y de “la izquierda” institucional. En el desfile como plañideras de Jesús Ortega y de sus subalternos Navarrete, Graco y Lupillo Acosta en la Gayosso o el Campo Marte, no ocultaron hallarse en la orfandad, como los cuauhtemistas uncidos a ellos, esperando a quién poder cobrarle la factura por su respaldo a la contrarreforma petrolera de octubre, que entrega áreas significativas de la industria a las trasnacionales en traición al legado de Lázaro Cárdenas. Mouriño, dijo Calderón en el aeropuerto, logró “que México avanzara en muchas de las muy importantes reformas”, pues logró establecer “un clima de negociación”: “una relación de respeto con las diversas fuerzas” y “la generación de acuerdos que se tradujeron en importantes reformas legislativas”, reiteró ayer en las exequias.

7. El gran peligro del escenario actual es por consiguiente que ante la gravedad de la crisis económica y social que se ahonda y la debacle política que la acompaña, el gobierno de facto se vuelque abiertamente a un mayor endurecimiento e incluso a una fascistización. La oración fúnebre pronunciada ayer en el Campo Marte por un Calderón que no podía ocultar su desamparo, y en la que dijo que por “muy larga” que sea “la noche” de su propia adversidad “un día vendrá la luz”, e insistió en que él y Mouriño pactaron juntos romper “las sombras” de México, tiene resonancias mussolinianas que nada bueno auguran.

8. La disputa por el despacho de Bucareli y por el control del Estado en el futuro inmediato se estará dando en los próximos días entre quienes integran “el gobierno de los amigos” y los que representan a la compleja coalición de fuerzas nacionales y extranjeras de la reacción que asaltaron el poder en 2006, y los primeros no tienen ya las de ganar: antes de cumplir dos años el sexenio, parecen haber perdido por completo la posibilidad de seguir disponiendo del aparato estatal.

9. El proyecto de la derecha ha avanzado en los últimos cinco sexenios, reconvirtiéndose brutalmente el Estado posrevolucionario para dejarlo en una serie de aparatos destinados a servir a intereses facciosos, y esto ha proseguido durante los dos años de la administración de Mouriño-Calderón (2006-2008), en la que si bien no se logró mucho a juicio de los economistas neoliberales, sí por el contrario se han obtenido logros significativos en el proyecto de la derecha de apoderarse del aparato estatal, y ese proceso es el que las trasnacionales y los grandes capitales privados temen se detenga en la etapa post Mouriño; de ahí su desasosiego.

10. La derecha mexicana tiene miedo tras el cúmulo de acontecimientos económicos y sociales que se han sucedido vertiginosamente en pocas semanas, y el gran riesgo para el pueblo es que la disputa de las elites, crispadas por la crisis y por todo lo que el avionazo significa, reaccionen con nuevas políticas antinacionales y antipopulares y con golpes de autoritarismo, por lo que el compromiso del pueblo de defender a México debe ser cada vez mayor.

Aislados connatos de violencia al empezar el ciclo escolar en Morelos, afirman disidentes

■ En algunas zonas los padres de familia recibieron a los maestros con pastel y música de viento

■ En Guerrero continúan las protestas contra el pacto educativo; liberan a legisladores retenidos

Laura Poy y corresponsales

En un clima de tranquilidad, en el que sólo se vivieron incidentes aislados de confrontación entre padres de familia y docentes, cerca de 400 mil estudiantes de educación básica y 20 mil maestros de la sección 19 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) de Morelos empezaron el ciclo escolar 2008-2009, luego de 80 días de paro de labores en demanda de la cancelación de la Alianza por la Calidad de la Educación (ACE).

Mientras continúan las movilizaciones de protesta en contra del pacto educativo en Guerrero, Zacatecas y Michoacán, en Morelos se vivieron escenas festivas en al menos cuatro de las seis regiones estatales –Jojutla, Jonacantepec, Alpuyeca y Cuautla–, afirmaron integrantes de la dirección política del movimiento magisterial.

No obstante –dijeron–, en Cuernavaca y Yautepec hubo al menos seis incidentes de violencia en los que “hubo empujones entre maestros y padres de familia, estos últimos instigados por una minoría charra que se enquistó en algunas escuelas”.

Sin embargo, aseguraron que “en muchas comunidades se recibió a los profesores con música de viento y hasta con pastel, pues los amagos de violencia sólo se dieron en tres o cuatro planteles de la región, que es donde hay mayoría del magisterio charro”. Aun así, “el número de connatos de violencia es mucho menor de lo que esperábamos, luego de la campaña de linchamiento que se orquestó desde los gobiernos federal y estatal contra los maestros en lucha”, aseguró Alejandro Trujillo, líder magisterial en Jojutla.

En tanto, en Chilpancingo, Guerrero, miles de profesores continuaron las acciones de protesta contra el pacto educativo acordado entre la dirigente del SNTE, Elba Esther Gordillo, y el presidente Felipe Calderón, y liberaron a los 38 legisladores locales que permanecieron retenidos en el Congreso estatal durante 17 horas por integrantes de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero (CETEG), quienes demandaron al órgano legislativo pronunciarse en la próxima sesión del Congreso por la cancelación inmediata de la alianza.

Después de largas negociaciones, integrantes de los órganos de gobierno del Congreso local, como Noé Ramos Cabrera, presidente de la mesa directiva, suscribieron una minuta de acuerdo en la que se comprometen a gestionar una entrevista entre el gobernador Zeferino Torreblanca y los 35 integrante de la comisión negociadora de la CETEG, antes del 10 de noviembre próximo –cuando está convocada una marcha masiva estatal en repudio a dicho pacto–, así como a proponer un punto de acuerdo en el que se rechazará la puesta en marcha de la alianza en la entidad.

Asimismo, maestros de Zacatecas y Michoacán continuaron las movilizaciones en las calles, la toma de casetas de peaje y oficinas administrativas, así como bloqueos en los principales accesos a las capitales de ambas entidades, donde nuevamente se pronunciaron ante los congresos locales para exigir que se cancele la aplicación de la Alianza por la Calidad de la Educación.

Mientras integrantes del Movimiento Magisterial de Bases (MMB) de Morelos afirmaron que el retorno a clases se cumplió ciento por ciento, “porque ese fue el compromiso con los padres de familia y las comunidades”, el secretario de Educación estatal, José Luis Rodríguez Martínez, destacó que están reabiertas sólo mil 360 escuelas, lo que representa 80 por ciento de los planteles, ya que –aseguró– aún faltan por abrir al menos 400, información que fue rechazada por el MMB.

El funcionario también reconoció que se contrató a mil 800 docentes eventuales, quienes deberán abandonar su cargo para dejar su lugar a los maestros de base, pese a que profesores “democráticos” denunciaron que “en muchas escuelas, principalmente de Cuernavaca, se está gestando un nuevo foco rojo, porque los charros del SNTE prometieron de todo a muchos docentes eventuales, hasta la plaza, si daban clases, y ahora ya no se quieren ir”.

No le debemos nada a Mouriño

Integrantes de la dirección política del movimiento magisterial rechazaron las declaraciones del presidente Felipe Calderón, quien hizo un reconocimiento al fallecido secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, por su “dedicación para aplicar soluciones por medio del diálogo” al conflicto magisterial, y aseguraron que “Morelos no le debe nada a Mouriño. El jefe del Ejecutivo federal falta a la verdad cuando pretende honrar a su amigo y funcionario como el gestor del levantamiento del paro de labores. Decisión que gestó exclusivamente la base magisterial, con todos los riesgos que esto conlleva, porque somos congruentes en los compromisos con los padres de familia y las comunidades.

“Es totalmente falso que Mouriño haya actuado en favor de una solución pacífica”, insistieron, y agregaron que “estamos convencidos de que el gobierno ultraneoliberal que encabeza Calderón no puede enarbolar ningún movimiento que busque la libertad del pueblo y la defensa de sus derechos, como el acceso a una educación pública, gratuita y de calidad, pero libertaria y ajena a ideologías mercantiles y de ultraderecha”.

Rubicela Morelos, Sergio Ocampo, Alfredo Valadez, Misael Habana de los Santos y Ernesto Martínez, corresponsales

 

 


Publicado por solaripa69 @ 11:37
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