Lunes, 27 de abril de 2009

Muertas de Juárez: Juicio contra el Estado mexicano.

ALEJANDRO GUTIéRREZ

México deberá responder por tres de los más de 400 casos de feminicidio ocurridos en su frontera norte, luego de siete años de espera para que la Corte Interamericana de Derechos Humanos determinara una probable responsabilidad internacional del Estado por la desaparición y muerte de las jóvenes, por no proporcionar protección a las víctimas y por no prevenir los crímenes. Esta será la primera vez que la CIDH aborde la figura del feminicidio en un juicio.


MADRID.– El Estado mexicano será juzgado por primera ocasión ante un tribunal internacional por los feminicidios de Ciudad Juárez. Tres mujeres de condición muy humilde, las madres de Esmeralda Herrera Monreal, Claudia Ivette González Banda y Laura Berenice Ramos Monarrez, lograron que el próximo martes 28 México deba responder ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos por el cúmulo de negligencias e irregularidades que han afectado la investigación de la muerte de sus hijas.

         Considerado "emblemático" entre los alrededor de 400 homicidios contra mujeres cometidos en Ciudad Juárez, el caso atañe a tres de los ocho cadáveres encontrados entre el 6 y 7 de noviembre de 2001 en un campo algodonero, en el cruce de las avenidas Paseo de la Victoria y Ejército Nacional, en esa frontera. Los cuerpos mostraban signos de tortura y violación agravada.

         A siete años y medio de distancia del hallazgo, la persistencia de las señoras Irma Monreal, Josefina González y Benita Monarrez (madres de Esmeralda, Laura Berenice y Claudia Ivette, respectivamente) consiguió que, también por primera vez, la Corte Internacional aborde la figura del feminicidio en un juicio.

         El caso inició en marzo de 2002, cuando las mujeres lo presentaron ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que tardó tres años para admitirlo y revisar si el gobierno mexicano había violado los derechos humanos de estas víctimas y sus familiares al no ofrecerles justicia ni castigo a los autores materiales e intelectuales de esos crímenes.

         Irónicamente, sólo se juzgan tres casos y no los ocho por los graves errores de las autoridades ministeriales en la identificación de los cadáveres. Pese a la reiterada insistencia de los abogados mexicanos, la CIDH ya no admitió la atracción de los otros casos.

 

La violencia del narco en Juárez eclipsó los asesinatos de mujeres

Si se aclararan los crímenes ya no habría más, dice una de las madres que hablarán hoy en la CIDH

Blanche Petrich.

Los niveles de violencia ligada al narcotráfico en Ciudad Juárez, con su dosis de 10 cuerpos diarios en promedio, eclipsó la otra cadena de asesinatos seriales de mujeres que escandalizó al mundo en la década de los años 90. Pero el feminicidio en Ciudad Juárez no ha cesado. Entre 2008 y 2009 las organizaciones de derechos humanos ya cuentan 28 nuevas víctimas, todas muy jóvenes.

¿Te doy nombres?, pregunta Alfredo Limas, del Centro para el Desarrollo Integral para la Mujer en Ciudad Juárez. Y se arranca de memoria: Valeria López, 15 años. Desapareció en enero. Adriana Sarmiento, también 15. Se le perdió el rastro también en enero. Mónica Janet Alanís, 18 años, en marzo. Lidia Ramos y Beatriz Castañón, ambas de 19 años, desaparecieron en diciembre.

Frente a esta serie incesante de crímenes, advierte la señora Josefina González Rodríguez: Si las autoridades hubieran trabajado desde el principio para esclarecer lo que pasó con nuestras hijas y para buscar y castigar a los culpables, hoy no hubiera habido tanta muchachita desaparecida. Pero no fue así. A mí por eso no me gusta oír las noticias, porque sé que a cada rato me voy a enterar de que ya mataron a otra. Y me acuerdo... sé lo que se siente.

Ella es madre de Claudia Ivette González. Era una cumplidísima obrera de la maquila. Cubría el turno de la mañana y se afanaba mucho porque le iban a dar un bono de puntualidad. Al terminar su turno tenía que regresar rápido a su casa porque su hermana Mayela cubría el horario de la tarde y ella se quedaba cuidando a sus sobrinos. Pero el 10 de octubre de 2001 quiso su mala suerte que se retrasara dos minutos de la hora de entrada y la regresaron. Perdió algo más que el bono: la vida. Nunca volvió a su casa.

Lo que sigue es un patrón de conducta de las autoridades, incapaces e indolentes ante los asesinatos seriales. Al día siguiente doña Josefina acudió a la procuraduría estatal para reportar su desaparición. No aceptaron su denuncia porque, dijeron, tenían que esperar 72 horas.Un mes después se encontraron ocho cuerpos de mujeres jóvenes en el Campo Algodonero. De manera arbitraria, sin que mediaran peritajes o pruebas de ADN válidos, atribuyeron la identidad de uno de los restos a Claudia.

El drama, con algunas variaciones, se repitió cientos de veces, entre 1996 y la fecha. La cifra, siempre incierta, se acerca a las 400.

Hoy, el gobierno mexicano se sienta en el banquillo de los acusados en el 39 periodo extraordinario del tribunal de justicia de la OEA para responder por tres de estos casos.

Doña Josefina, que ya está en Chile, va con la esperanza de que haya aunque sea un poquito de justicia para todas las mamás que hemos perdido a nuestras hijas de esta forma tan horrible.

Dice a La Jornada: Aunque han pasado ocho años, no le hace. Quiero enterarme. ¿Y sabe por qué? Porque tengo otra hija que trabaja en la maquila, Gema Iris. Y porque es algo que sigue sucediendo. A cada rato nos enteramos: ya hay otra, ya hay otra. La única diferencia es que ahora se habla mucho menos. Las mamás ya no denuncian. No sé si es por miedo o porque han perdido la esperanza.

Josefina no. Ella no ha perdido la esperanza ni la combatividad. Ella y sus hijos iniciaron la búsqueda de Claudia Ivette sin apoyo de nadie. Ella se enfrentó a lo que siempre percibió como prepotencia de los funcionarios. Fue su denuncia la primera que alcanzó las instancias internacionales, primero ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, desde ese nefasto año, 2001.

Y sigue. Fue la señora Josefina la que increpó en una audiencia de la CIDH en Washington a la actual procuradora de justicia estatal Patricia González, quien ha llevado a ese foro el argumento de que los asesinatos del Campo Algodonero ya están resueltos con el encarcelamiento –y ahora la sentencia– de Édgar Álvarez Cruz como responsable.

Son puros chivos expiatorios los que nos presentan. A los culpables no los han agarrado. Nosotros lo que queremos es la verdad, insiste. Hoy se escuchará la voz de la señora Josefina en el más alto tribunal de justicia de América.

 

GENOCIDIO.

 

Índice Político / Francisco Rodríguez

* 610 Niños Ultimados en 27 Meses
* Aquí, Centro de Espionaje de E.U.

 

MÁS QUE A LAS decenas de muertes provocadas por la influenza porcina, en Los Pinos hay pavor por la condena que podría caer sobre sus actuales ocupantes, quienes bien podrían ser acusados de genocidas tanto en cortes domésticas como internacionales debido a los miles de víctimas que ha provocado la llamada guerra en contra del narcotráfico.

Por tal es que el señor Felipe Calderón busca ser blindado. Porque cuando menos está consciente de que el de Luis Echeverría, frente a su caso, resultaría un juego de niños.

Y han sido los niños y los adolescentes los que han urgido a los panistas a cargo de esta Administración fallida a que, al cuarto para las 12, justo cuando la LX Legislatura está a horas de concluir sus funciones, presenten un paquete de iniciativas que consigan relevar de responsabilidades a quien, sin inteligencia ni estrategia, embarcó al Ejército Nacional en tareas policíacas que, de suyo, no tienen en ningún país.

Fue el enorme temor al veredicto de la Historia, el que orilló a Calderón a pedir al secretario de la Defensa Nacional Guillermo Galván a que en su discurso del último 19 de febrero, en la celebración del Día del Ejército, considerara necesario un "debate legislativo" que analice la faceta jurídica que da sustento a la participación militar en la lucha contra la criminalidad.

Ese pavor fue el que empujó la presentación ante el Senado, del paquete de iniciativas arriba referido.

Sobre todo después de que, días antes, la misma Secretaría de la Defensa Nacional informara que unos 610 niños y adolescentes fueron asesinados por la violencia del narcotráfico entre diciembre de 2006 y marzo de 2009. Del total, 427 habían sido reclutados por el crimen organizado, 110 murieron de manera fortuita en el fuego cruzado entre bandas rivales o de los cárteles con la policía y 73 en ataques dirigidos a miembros de sus familias. También, que las edades de los niños y adolescentes muertos iban desde los dos meses hasta los 16 años. Y que en estos últimos 27 meses, murieron de manera violenta unas 12 mil personas en este país en hechos asociados al crimen organizado.

En paralelo, está el drama de los pequeños que pierden a sus padres de manera violenta. Tres mil 700 huérfanos han quedado marcados sicológicamente al haber observado el asesinato de sus padres y luego han tenido que vivir con desconocidos o familiares para no ir a una casa hogar, de acuerdo al informe de la Secretaría de Defensa.

Todo ello desatado por la "guerra" carente de líder, metas y estrategias.

A MEDIA SEMANA, justo cuando a la Plaza Lerdo de Tejada, donde se ubica la Cámara Alta, llegaban las iniciativas para blindar a Calderón, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) denunció que miembros del Ejército mexicano torturan de forma sistemática, con golpes e incluso descargas eléctricas, a los detenidos que interrogan en sus cuarteles militares, lo que vuelve a situar a las fuerzas locales en el punto de mira precisamente mientras trabajan para combatir los altos índices de delincuencia en el país norteamericano.

Tales supuestos abusos fueron perpetrados este año y Chihuahua figura como el estado en que más torturas se cometieron, precisamente porque en el entorno de Ciudad Juárez se ha incrementado sustancialmente la presencia militar para combatir el narcotráfico.

Esta escalada de violencia, estas muertes en el "fuego cruzado", continuarán más allá de la probable aprobación del paquete de iniciativas con las que Calderón pretende blindarse del calificativo de genocida. Las bajas entre la población civil, después de ello, serían "legítimas", pero ¿qué ocurrirá con las que hasta ahora se han dado al sacar al Ejército de sus cuarteles sin un respaldo jurídico?

Como la guerra que va ganando "aunque no lo parezca", esta batalla también ya la tiene perdida.

Y ANTE TANTA derrota, no hay un replanteamiento en el war room en el que los panistas han convertido a Los Pinos. No escuchan ni a sus propios correligionarios, contra los que, por cierto, también entablan batallas aunque sean molinos de viento.

Apenas, otra vez, el ex Vicente Fox Quesada recomendó a su correligionario panista y sucesor –"haiga sido como haiga sido"--, Felipe Calderón Hinojosa, que no permita que en la relación bilateral su homólogo de Estados Unidos, Barack Obama, le vaya a tomar el pelo, así como a él George W. Bush, se limitó a darle palmaditas.

Lo ha dicho antes y ahora después de la visita del Ejecutivo estadounidense, quien vino a darle aquí una sopita de su propio chocolate: atole con el dedo.

Calderón recibió espejitos de "legitimación", donde ahora se admira a si mismo. También coloridas cuentitas verde olivo y azul policiaco en forma de helicópteros para que siga jugando a la guerrita. Entregó, a cambio, bastas porciones de nuestra dorada soberanía, y permisos argentinos para que desde la capital nacional mexicana se espíe a América Latina.

Tras la visita de Obama, "el logro mayor es para Washington que obtiene del gobierno mexicano la autorización para instalar en el Distrito Federal un Centro Conjunto en el que participarán efectivos de varias agencias norteamericanas: la DEA; Migración, Aduanas y Vigilancia Fronterizas (ICE, por sus siglas en inglés) y Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego y Explosivos (ATF), sin descartar agentes de la CIA y el FBI. Por el lado mexicano habrá representantes del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), de la Procuraduría General de la República y de las secretarías de Seguridad Pública federal, Defensa Nacional y de Marina. No hay representantes de la sociedad civil, de la academia, ni de organismos de defensa de los derechos humanos, lo cual contraviene una disposición del Congreso estadunidense, la Sección 1406, aprobada con relación a la Iniciativa Mérida que establece que el Departamento de Estado deberá informar a los comités parlamentarios el establecimiento ‘…de un mecanismo consultivo, conformado por autoridades relevantes del gobierno mexicano, organizaciones mexicanas de defensa de derechos humanos así como otras organizaciones importantes de la sociedad civil, a fin de hacer recomendaciones con respecto a la implementación de la Iniciativa Mérida de acuerdo con las leyes mexicanas y el Derecho Internacional.

"Nada de lo que contempla esta Sección se ha considerado en el Centro Conjunto. Más aún, es altamente probable que este Centro en la operación real se convierta en una base de operaciones de la inteligencia norteamericana en nuestro país. ¿Puede hacer esto el gobierno sin consultar al Congreso? ¿Por qué el Poder Legislativo no se ha pronunciado sobre el tema? Se trata de un Centro que operará desde la Ciudad de México y atenderá esencialmente cuestiones de inteligencia con alcance a toda América Latina"

 

 

Astillero.

Estado (médico) de excepción

Epidemia de miedo

Tapabocas social

Julio Hernández López

Todo de un golpe: mediante un simple decreto, sin siquiera tomar la opinión del congreso pripánicamente controlado, el ocupante de Los Pinos se otorgó a sí mismo (a través de su dependiente, el secretario de Salud) facultades discrecionales para aislar individuos, allanar casas y locales, hacer compras cuantiosas sin licitación pública y suspender concentraciones públicas (¡Aguas: llegó la SS!). Además, la crisis provocada por la influenza opacó y desequilibró las campañas electorales en puerta, incrementó la desesperanza cívica, introdujo el virus de la desconfianza y elevó el del conservadurismo en la plaza normalmente liberal del Distrito Federal, colocó en las calles de esta capital del país a soldados en misiones hoy solamente sanitarias, permitió que por televisión abierta de alcance nacional (Televisión Azteca) se transmitieran misas católicas y tendió una cortina de humo viral sobre temas polémicos en curso como las cuentas públicas de Fox, la propuesta felipista del estado militar de emergencia, las amenazas de represión neoporfirista en Cananea y el escándalo de la Lotería Nacional en Campeche (donde Germán alegremente reinstaló como coordinador de la campaña panista a uno de los acusados por el caso de soborno).

El tapabocas político y social tiene como antecedentes los manejos tramposos que los mismos dictaminadores de hoy han hecho en temas como el narcotráfico, la crisis económica y los préstamos recientes (sólo ayer, 205 millones de dólares del Banco Mundial). La suspicacia colectiva va de los diez mil muertos por asuntos de drogas al riesgo de fallecimientos por una epidemia tardíamente detectada y mal manejada; del catarrito de Carstens y la fanfarronería original de Calderón a la influenza porcina que en otras latitudes no ha provocado el estremecimiento que en México; de la buena fe y la evidencia mediática de que el problema es real al temor de que esté siendo utilizado políticamente por los siempre desesperados ocupantes ilegítimos del poder mexicano, deseosos de trastocar los escenarios electorales que en estos momentos les auguraban derrotas sonoras en comicios federales y locales; de la creencia en las intenciones más o menos buenas de los gobernantes a La doctrina del shock, el libro en que Naoime Klein (No logo) demuestra que el capitalismo emplea constantemente la violencia, el terrorismo contra el individuo y la sociedad. Lejos de ser el camino hacia la libertad, se aprovecha de las crisis para introducir impopulares medidas de choque económico, a menudo acompañadas de otras formas de shock no tan metafóricas: el golpe de la porra de los policías, las torturas con electroshocks o la picana en las celdas de las cárceles.

Hechos públicos, intenciones privadas (aunque, ¿cuán comprobable es lo que hasta ahora las autoridades federales y capitalinas han mantenido en el controlado ámbito de las declaraciones a los medios, sin dar datos específicos de los muertos, sin permitir que especialistas independientes analicen los reportes médicos y tengan acceso a evidencias biológicas de la epidemia?). Desgracia pública, negocios privados. Catástrofe de temporada, apocalipsis de fin de semana, adiós momentáneo pero augural a la convivencia táctil (no a los saludos de mano y de beso) y el médico guanajuatense Córdova saliendo al paso, junto con el trastabillante semisecretario de Educación, Alonso Lujambio, que habría reprobado un Enlace de primero de primaria por no saber contar ni el número de días que no habrá clase (tres y pico, dijo el funcionario), y el sargento Javier Lozano, que para compensar los malos tratos a los obreros se desvivió en amabilidad hacia los empresarios para ver si les da su regalada gana atender las circunstancias difíciles del país y no aprovechan la situación para correr o castigar a quienes falten al trabajo o lleguen tarde.

¿1984 con el Big Brother epidémico o los preparativos para filmar una versión local del guión de los hermanos Wachowski que acá se llamaría Con D de Desconfianza o el 666 conmemorativo del segundo año de la legalización del aborto en el Distrito Federal (regreso a clases, el 6 de mayo; dinero disponible para enfrentar el problema, 6 mil millones de pesos; número de tapabocas repartidos en el D.F., 6 millones)? El desamor en los tiempos de la influenza a partir de los tapabocas de azul panista. Ciudadanos sometidos a la dictadura de la miseria institucionalizada, con sistemas de salud abatidos por la corrupción de funcionarios y empresarios y por el pensamiento neoliberal todavía dominante en las élites. Cuerpo social extenuado que de pronto se encuentra con los anuncios de fin de mundo mientras, por ejemplo, en Estados Unidos, los casos son pocos, controlados y sin muertes. En Washington se declaró ayer el estado de emergencia de salud pública, pero ello no es sino un mecanismo usual para destrabar fondos que permitan enfrentar oportunamente determinadas incidencias susceptibles de empeorar. Y ayer mismo, John Brenman, el asistente de la Casa Blanca para asuntos de seguridad interna, negó (y con ello le dio fuerza a la especulación) que lo sucedido en México fuese un bioterrorismo y aseguró que es muy temprano para saber si hubo una acción premeditada para generar el brote de influenza porcina.

Pero, mientras son peras o son porcinos, el panorama político y social cambia en México, con el virus del miedo reproduciéndose aceleradamente y con analistas atentos en las alturas a las reacciones de la sociedad y los opositores al poder ante decisiones que avanzan en la instalación de mecanismos de amedrentamiento colectivo que inhiban participaciones electorales, que ante el peligro real o exagerado fomenten el conservadurismo, que vayan arrinconando incluso la idea de lo electoral y lo democrático y que permitan continuar con formas de control arbitrarias, con prolongados estados de excepción, sea por razones médicas, militares o sociales. ¡Hasta mañana!

 

 

 

Miedo.

Ricardo Alemán

Aún nadie sabe si se trató de una acertada estrategia mediática y de comunicación —ya que ante el brote epidémico de influenza porcina muchos ciudadanos no salieron de sus casas en el valle de México los pasados viernes, sábado y domingo—, o si de plano asistimos a una moderna versión de la invasión marciana de Orson Wells.

Como se sabe, el 30 de octubre de 1938, Orson Wells provocó pánico colectivo en Nueva York al trasmitir por radio fragmentos del libro La guerra de los mundos —de H.G. Wells—, sobre la invasión de marcianos a la tierra, lo que marcó no sólo la apoteosis de la radio, sino el arranque del poder persuasivo de los medios electrónicos.

Casi 70 años después, resulta inédito el espectáculo de la ciudad más grande del mundo paralizada en todas sus actividades —igual que todo el valle de México—, a causa no de una invasión marciana, sino del mortal virus de la influenza porcina —mutación de la típica gripe humana—, para la cual no existe vacuna, aunque se tienen antivirales de notable efectividad cuando se detecta a tiempo.

¿Frente a qué tipo de fenómeno social estamos? ¿Podemos hablar de una impensable y veloz conciencia colectiva capaz de paralizar a millones de capitalinos —para quienes la fiesta no tiene horario ni fecha en el calendario—, ante una emergencia pandémica? ¿O simple y sencillamente asistimos a un episodio de miedo colectivo, ante el riesgo de contagio? De punzante sabiduría, el refranero popular parece ofrecer respuesta. Dice: “El miedo no anda en burro”. Buena respuesta, pero parcial. ¿Miedo a qué? ¿Por qué?

El miedo es —casi siempre— a lo desconocido. Se desató miedo colectivo por eso, porque pocos saben qué es la gripe porcina; porque todos fueron enterados de que es una nueva cepa y que no existe vacuna. Y que el contagio se puede producir con un simple saludo. ¿Quién no saluda de mano o de beso? Y frente a lo no conocido los habitantes del valle de México —entre ellos los chilangos, por más cosmopolitas, enterados y modernos que se dicen—, actúan bajo idéntica premisa que cualquier mortal: miedo a lo desconocido.

En efecto, nadie debía dudar del riesgo colectivo de contagio. Nadie debía escatimar medidas preventivas. Pero ningún gobierno, medio de comunicación o culto religioso debe estimular el miedo colectivo. Jugar con el miedo social también es jugar con fuego.

 


Publicado por solaripa69 @ 10:02
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