Mi?rcoles, 29 de abril de 2009

Javier Aranda Luna

Si las reformas educativas deben incidir positivamente en los alumnos y sus escuelas, en sus comunidades y en sus países, como señala la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), las reformas educativas implementadas en México durante los gobiernos panistas, han resultado un fracaso.

Hace unos años, cuando Vicente Fox encargó el changarro presidencial para hacer campaña, se eliminó la historia prehispánica de los planes de estudio y las habilidades en materias básicas como lectura y matemáticas tocaron fondo. ¿Qué resultados podíamos esperar de otras asignaturas si nuestros estudiantes ni siquiera entendían lo que leían? Parecía difícil superar tal desastre pero olvidé que entre las huestes panistas no hay imposibles. Gracias a una nota de Laura Poy Solano publicada el 23 de abril en estas páginas, me enteré que el actual gobierno decidió eliminar, con el decreto del 21 de octubre del año pasado, la enseñanza de la filosofía en los bachilleratos.

El argumento con el que se han querido justificar esos atropellos en los dos sexenios panistas ha sido la poca rentabilidad de nuestros jóvenes en el mercado laboral. Según la Reforma Integral de la Educación Media Superior estos cambios curriculares les permitirán a los alumnos obtener un empleo, razonablemente bien pagado. ¿Cierto? No lo creo: los datos dicen que en este sexenio del presidente del empleo un egresado de licenciatura, de cualquier área, tuvo las mismas oportunidades –antes de la recesión mundial– que alguien que sólo estudió primaria: convertirse en chofer de taxi o engrosar las filas del comercio informal.

Pero soy injusto, me corrijo: los mejores estudiantes sí tienen posibilidades de buenos salarios y desarrollo profesional. Sólo que no en México sino en el extranjero. ¿O no es cierto que Mario Molina terminó convirtiéndose en asesor de Barack Obama?

Por los tumbos de las reformas educativas parece que la educación en México se está dejando a la mano invisible del mercado, a las leyes de la oferta y la demanda laboral. Leyes, por lo demás, que ni en economía han resultado ser una buena opción. ¿Recuerda que nos dijeron que el sector financiero era la verdadera clave de la prosperidad? ¿Que la política económica del país era no tener política económica?

Sólo espero que en las próximas reformas de materia educativa no se incluya, en aras de la modernidad, un Index de libros prohibidos como soñó posiblemente el desaparecido secretario de Gobernación, Carlos Abascal.

¿De veras creerán que eliminando la filosofía nuestros jóvenes serán más competitivos? ¿Sabrán nuestros expertos a sueldo con cargo al erario que dos de los países más competitivos y productivos del mundo como Alemania y Japón no han excluido de sus planes de estudio la lógica, la ética ni la filosofía? ¿Sabrán que Alemania incluso ha sido desde hace más de un siglo cuna de grandes filósofos?

De nada sirve ser la economía número 11 del mundo si somos de los países con menor inversión en materia educativa, científica y tecnológica. Qué bueno que se evalúe a los alumnos con la Prueba Pisa para medir sus conocimientos y que se mida el desempeño de los maestros según las calificaciones de sus estudiantes. La prueba que hace falta, curiosamente, es la más importante: la de evaluar a políticos y empresarios por el grado de inversión que hagan en materia educativa, y por su capacidad para absorber la mano de obra especializada.

Si la filosofía es cosa de vida porque contribuye al buen vivir (enseña la virtud, el deber y la vida recta), expulsarla de la enseñanza sólo puede ser obra de una violenta ignorancia. Ignorar la filosofía es ignorar los principios y esta verdad de piedra: que ella siempre entierra a sus enterradores.

 

 


Publicado por solaripa69 @ 11:47
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