Mi?rcoles, 08 de julio de 2009

Honduras: Dictadura militar mantiene detenidos a 800 manifestantes

TeleSUR/VTV

Según el recorrido por la prensa hecha por el enviado especial de Venezolana de Televisión, Eduardo Silvera autoridades de seguridad del Gobierno de facto informaron este lunes que más de 800 personas fueron detenidas por violar el toque de queda impuesto en Tegucigalpa y otras zonas de Honduras, tras una jornada de manifestaciones por parte movimientos sociales a favor de la restitución del presidente constitucional, Manuel Zelaya.

La policía de la capital afirmó que los arrestos se produjeron en los últimos días y que las personas serán liberadas en las próximas horas.

Un portavoz agregó que los detenidos suman 771 en Tegucigalpa, 24 en Sabanagrande y 25 en Talanga, municipios cercanos a la capital hondureña, donde este domingo miles de manifestantes llegaron al aeropuerto para recibir a Zelaya, a quien le fue bloqueada la entrada a la nación por parte del Ejército.

En la represión por parte de la Fuerza Armada este lunes, se registró un muerto y seis heridos de gravedad. De acuerdo con dirigentes sindicales y sociales, la cifra de víctimas pueda ser mayor.

Por otra parte, las manifestaciones ya se ejecutan en diversas localidades de Honduras exigiendo la restitución del hilo constitucional en el país.

Se estima que entre 120 mil y 200 mil hondureños acudieron a darle la
bienvenida a Zelaya. Entretanto, los medios de comunicación privados y
el gobierno de facto apoyan la actitud del Ejército golpista, y
aplauden el hecho de haber impedido el aterrizaje de Manuel Zelaya.

 

 

 

Honduras: restituir la legalidad.

 

El presidente de la Corte Suprema de Justicia de Honduras, Jorge Rivera, dejó entrever ayer, en el décimo día transcurrido desde la asonada militar contra el orden democrático en ese país, una posibilidad de que el presidente constitucional, Manuel Zelaya Rosales, pueda regresar sin temor a ser detenido: que el Congreso –el mismo que el pasado 28 de junio avaló el cuartelazo en Honduras, presentó una apócrifa carta de renuncia de Zelaya e invistió como presidente interino a Roberto Micheletti– otorgue, si lo considera oportuno, una amnistía política al mandatario destituido.

La declaración se produjo poco antes de que la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, anunciara desde Washington que el presidente de Costa Rica, Óscar Arias, se desempeñaría como mediador en el diálogo entre el gobierno constitucional de Zelaya y el régimen de facto encabezado por Micheletti. Más tarde, tras una reunión con Clinton, el propio Zelaya dijo que lo acordado con la canciller estadunidense y con el mandatario costarricense no es una negociación, sino la planificación de la salida de los golpistas.

La postura del funcionario del Poder Judicial hondureño es improcedente por partida doble: por un lado, porque omite señalar que la instancia que él encabeza es partícipe, junto con otros sectores políticos, empresariales y clericales reaccionarios de Honduras, de una conjura delictiva que ha subvertido la institucionalidad democrática y el estado de derecho en el país centroamericano; por el otro, porque soslaya que, al día de hoy, la única salida para la crisis política por la que atraviesa esa nación pasa por el fin de la aventura golpista de la oligarquía hondureña y la restitución inmediata del orden constitucional.

Más que una muestra de voluntad política para resolver el conflicto, lo dicho por Rivera constituye un signo de debilidad del régimen espurio ante la profundización de las medidas de aislamiento político y económico en el plano internacional, y ante el recrudecimiento mundial de las condenas en su contra: significativamente ayer, desde Moscú, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, reiteró su rechazo al golpe hondureño y su apoyo a la presidencia de Zelaya, al tiempo que defendió el principio universal de que los pueblos deben elegir a sus líderes, estemos nosotros de acuerdo o no con éstos.

A lo anterior debe añadirse, como muestra de la inviabilidad del proyecto golpista, la admirable resistencia popular que sigue desarrollándose en las calles de Honduras, a pesar de la brutalidad represiva puesta en práctica por el ejército y la policía –que hasta el momento arroja un saldo de al menos un muerto, decenas de heridos de bala y centenares de detenidos–, no obstante la brutal desigualdad de fuerzas entre éstos y los manifestantes.

Los elementos que se comentan, en suma, pueden ser indicios de agotamiento en el régimen espurio de Honduras, y deben ser aprovechados por la comunidad internacional para incrementar presiones diplomáticas, económicas e institucionales, para terminar, de ese modo, con un episodio que ha significado un retroceso histórico lamentable para la nación centroamericana, para América Latina y para el mundo. Más que negociar, el gobierno de facto encabezado por Roberto Micheletti tiene que fijar, cuanto antes, las condiciones y la fecha del retorno de Manuel Zelaya al cargo presidencial.


Publicado por solaripa69 @ 16:56
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