Lunes, 20 de julio de 2009

GUELAGUETZA, ¿OFRENDA O LA “SUPREMACÍA”  DE LA CULTURA OCCIDENTALIZADA?

 

Nota introductoria. El presente es el último apartado del documento “Oaxaca. IV Centenario” de Jesús Lizama.

 

 

El programa de festejos del IV Centenario y su número principal, el Homenaje Racial, siguieron las líneas generales del nuevo modelo de nación, elaboradas por los ideólogos posrevolucionarios.

 

La historia fue reconstruida, exaltando el pasado indígena, pero negando su presente, a esa "raza primitiva y decadente". Ideas de este tipo, abiertamente racistas y discriminatorias, no surgieron en Oaxaca a raíz de la Revolución sino que a partir de ella tomaron mayor impulso y legitimaron plenamente la forma de actuar de una minoría, que se concebía a sí misma como no india, y que se propuso, a semejanza de lo que acontecía en el resto del país, de dotar de contenidos a una identidad, la "oaxaqueña" en este caso, un término que, como el "mexicano", pecaba de general, pero que fue utilizado para tratar, por un lado de exterminar al indio a través de la integración a la nación, así como para imponer sus propias concepciones a la heterogénea población de la entidad.

 

El regionalismo surgido con mayor vigor en Oaxaca a partir de la década de los años veinte no hizo sino insertarse en el proceso mismo que vivía el país. Pudiera parecer que fue algo diferente, que fue la respuesta localista a la política homogenizadora nacional; sin embargo, no era tal cosa, sino que fue parte de ese mismo fenómeno, puesto que a través de lo local, losoaxaqueños se vincularon a lo nacional y contribuyeron en la obra de construcción del México que Bonfil (1989) llamó "imaginario".

 

Pero pudiera parecer, también, que en Oaxaca el indio vivo no fue negado sino revalorizado, puesto que gran parte del programa de festejos del IV Centenario se basaba en su participación. Aquí consideramos que efectivamente se revalorizaron algunos elementos de la cultura indígena, como la danza, la música o el vestuario, pero esto se hizo siguiendo, de nueva cuenta, las propuestas regionalistas impulsadas por los gobiernos posrevolucionarios de Oaxaca.

 

En la ciudad, la fiesta la hicieron los indios del interior del estado y no los urbanos. En los primeros se veían aquellos valores que eran buenos y dignos de ser conservados, por eso podemos encontrar frases como "fiesta de la gallardía india", "la música como mejor representante de la raza", o bien, calificativos impuestos a los indios por los no indios como "humilde", "ingenuo", "pudoroso" o "estoico"; se aceptaba a los indígenas del interior de la entidad sencillamente porque éstos no vivían en la ciudad, porque al término de su participación en la fiesta regresarían a sus comunidades y no se volvería a tener contacto con ellos.

 

Pero los indios urbanos, los que estaban ubicados en las llamadas "clases populares", no fueron aceptados y, a la par que los foráneos fueron alabados por sus expresiones culturales, los urbanos fueron ocultados. A los primeros se les elogió el vestuario autóctono mientras que se intentó exterminar el de los segundos.

 

La revalorización del indio vivo fue sólo relativa, y en el Homenaje Racial se evidenció plenamente; los indios hincaron la rodilla ante la representante de Oaxaca; se presentaron ante ella sumisamente, y de nuevo dieron cuenta a los espectadores de que no eran sino una "raza" inferior, que veía y reconocía la superioridad de la sociedad urbana, le rendía pleitesía y le pedía a voces -impuestas por los organizadores- participar de su cultura. "Tienen sed de cultura", había dicho el cronista refiriéndose a los niños mixes que participaron en la ocasión.

 

En una sociedad como la de Oaxaca en los años treinta, con una economía estancada a causa de los sismos de 1931, era lógico que estas fiestas tuvieran también el papel de ser las reivindicadoras del orgullo local. Por eso, se dijo que servían "como estímulo a los oaxaqueños y como aliciente poderoso para la lucha diaria", no sólo porque la fiesta fue en sí misma un momento de distensión social, sino porque la programada para el IV Centenario estaba llena de simbolismos que referían al papel privilegiado de la ciudad con respecto a la población indígena, y porque en ella misma los órdenes sociales vigentes salían reforzados. Podríamos echar mano, si se nos permite, de la metáfora del personaje de un célebre cuento de los Hermanos Grimm, que al exclamar "espejito, espejito...", buscaba encontrar en el objeto aquella respuesta que deseaba escuchar.

 

Así, pues, en el IV Centenario, Oaxaca se miró al espejo, queriendo encontrar en ese pedazo de cristal plateado representado en el programa general de festejos, aquello que sólo a ella le interesaba ver y, curiosamente, lo logró.

 


Publicado por solaripa69 @ 10:08
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