Mi?rcoles, 12 de agosto de 2009

Marchan zelayistas para demostrarle a Micheletti que no somos cuatro gatos

Restablece el gobierno de facto el toque de queda en la capital tras disturbios en manifestación. Llegan a San Pedro Sula y Tegucigalpa cholutecos, paraiseños, olanchanos... para presionar. Este golpe se hizo en EU con halcones, Negroponte y militares serviles: ex rector de la UNAH. Arias, con A/H1N1

Arturo Cano

Enviado

Tegucigalpa, 11 de agosto. ¿Se va a pudrir Honduras luego de que Barack Obama pintara su raya respecto de una intervención mayor de su país en el conflicto? No, si el asunto queda en manos de la resistencia. En el día 45 de la batalla contra los golpistas, miles de hondureños llegan de todas las latitudes y se suman a cinco mil que los esperan en las calles de esta ciudad. Marchas similares arriban al mismo tiempo a la norteña ciudad de San Pedro Sula. El plan es permanecer en ambas ciudades el resto de la semana. Los cholutecos, los paraiseños y los olanchanos van a dormir aquí y saldrán a diario a las calles, para marchar en los alrededores de la casa presidencial, “y demostrarle a Roberto Micheletti (presidente de facto) que no somos los ‘cuatro gatos enmascarados’ que él dice”.

No son cuatro gatos, pero tampoco el número suficiente para tumbar al gobierno golpista a fuerza de acciones callejeras. Por eso la resistencia dice ir a más, y anuncia que si en los próximos días no se restituye a Manuel Zelaya en la presidencia, van a aumentar y profundizar las acciones. Así, pretende boicotear a las empresas que promovieron, financiaron y ejecutaron el golpe político-militar.

Los líderes de la resistencia ofrecen una rueda de prensa en medio de la multitud que espera a los marchistas del interior del país. Expresan, de entrada, su repudio a las tácticas dilatorias del gobierno de facto, que en maniobra dominguera logró que la misión de cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA) pospusiera su vista hasta finales de la próxima semana. Fue una artimaña para que los cancilleres no vieran al pueblo movilizado, dice el dirigente sindical Israel Salinas.

El alargamiento de los plazos fortalece la idea de que el gobierno de facto pretende, si no le queda otra, aceptar la restitución de Zelaya, aunque busca que su regreso sea lo más cercano posible a las elecciones del 29 de noviembre. Los golpistas pretenderían así que las fuerzas armadas, con el pretexto del proceso comicial, estuvieran bajo las órdenes del Tribunal Superior Electoral, así como evitar que Zelaya tuviese un papel decisivo en la contienda.

Ningún acuerdo puede estar por encima de la Constitución. Si Zelaya regresa sería con todas las atribuciones que le dan las leyes al presidente, dice Carlos Eduardo Reina, cercano colaborador de Zelaya.

En los últimos días, los liberales con Zelaya han reaparecido en el escenario, luego de mantener una discreta presencia en las movilizaciones contra el golpe.

El fin de semana pasado celebraron una reunión de la que sacaron un acuerdo principal: desconocer a Elvin Santos como candidato a la presidencia. La proclama de los liberales contra el golpe de Estado militar marca el principio de una batalla que darán las fuerza opuestas al gobierno de facto para construir una candidatura presidencial contra los partidos tradicionales, vuelva o no el presidente Zelaya.

El insomnio de julio

La resistencia acusa recibo del mensaje de Guadalajara, México: Pensamos que con el nuevo gobierno en Estados Unidos habría un cambio de conducta, pero seguimos esperando que Barack Obama demuestre que quiere que la democracia prevalezca en América Latina, dice Juan Almendares, ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, recién desempacado de Washington, a donde viajó con una delegación de la resistencia.

Almendares dice no tener duda: “Este golpe fue hecho en Washington, por los halcones y John Dimitri Negroponte en acuerdo con los poderosos de este país y los militares serviles”.

El memorioso periodista hondureño Félix Molina apunta un dato que puede ser más que curioso. El presidente Manuel Zelaya dio a conocer en marzo una carta que le envió en diciembre de 2008 al entonces presidente electo Barack Obama. La misiva fue entregada por Patricia Rodas, canciller de Zelaya, y en ella el presidente hondureño acusaba a Estados Unidos de intervencionismo y pedía a Obama que su futuro gobierno se distinguiera por el respeto al principio de no injerencia en los asuntos de otros estados.

No se crea, sin embargo, que los enojados con Estados Unidos sólo militan en la resistencia. Las declaraciones y artículos de prensa que destilan rencor contra los gringos, en el lado de los golpistas, podrían llenar un grueso volumen que comenzaría con la frase: Ingratos gringos, nosotros que tanto hemos hecho por ustedes. Un ejemplo: en el diario La Tribuna, propiedad del ex presidente Carlos Flores Facussé, casado con una estadunidense y quien pasa largas temporadas en Estados Unidos, el articulista Boris Zelaya dice que para Honduras ya no hay sueño, sino pesadilla americana: “¿Qué hondureño no ha soñado alguna vez vivir en Estados Unidos?... Hemos crecido aprendiendo las memorias de sus próceres… Admiramos su democracia… ¿Será que ahora son amigos de quien les dice ‘gringos go home’?”

De ahí la importancia, se dice aquí, del retiro de las visas diplomáticas a cuatro funcionarios clave del gobierno de Micheletti. Lo frasea así Víctor Meza, ministro de Gobernación de Zelaya: “La visa estadunidense es, para los grupos empresariales y políticos locales, algo así, como una tarjeta de identidad, un documento que les valida su condición nacional… es el documento clave, la fórmula que les proporciona personalidad, el vínculo con la existencia, con la vida social.

El otro documento es la tarjeta de invitación a las festividades del 4 de julio, aniversario de la independencia de Estados Unidos. Quienes la reciben se sienten plenos, ciudadanos completos, socialmente realizados. Si el ansiado sobre no llega, el terror es abismal, la angustia es infinita y la ansiedad no cesa. Todo junio es un mes de miedo, de preocupación e insomnio. No duermen, sueñan con la llegada del cartero, el aviso en la puerta.

Del canto de La Pichu al toque de queda

¿Quieren que cante? ¡Sííí!, gritan abajo del carro de sonido. Y Hortensia Zelaya, de 21 años e hija del presidente en el exilio, se arranca a capela con Nos tienen miedo porque no tenemos miedo, de la dupla Felipe-Rodríguez, que los zelayistas han convertido en himno de sus marchas.

Honduras resiste, insiste y persiste, dice poco antes La Pichu, única de los cuatro hijos de Manuel Zelaya que anda metida a fondo en la resistencia.

La marcha es la más grande desde el pasado 5 de julio, cuando los manifestantes esperaron al presidente Zelaya en el aeropuerto de Toncontín.

Antes que su hija, Xiomara Castro de Zelaya afirma que la resistencia no solamente pretende el regreso de su marido al poder del Estado, sino también convertirse en la oportunidad de transformar a Honduras y no dejar que la fuerza de las armas doblegue el corazón ni la razón.

La marcha avanza rumbo a la casa presidencial. A una cuadra, pasa frente a contingentes de soldados y policías, sin incidentes. Una parte de los manifestantes caminan hacia el centro de la ciudad, mientras los restantes se dirigen a la Universidad Pedagógica Nacional, con clases suspendidas a consecuencia del virus A H1N1, donde habrán de descansar.

En el camino, según testigos, un policía de tránsito dispara contra uno de los manifestantes, de los que suelen ir en avanzada a bordo de motocicletas. Lo hiere en la pierna izquierda.

El balazo termina en un desastre. Grupos de manifestantes atacan el autobús donde presuntamente huye el policía y le prenden fuego. A continuación lanzan pedradas contra negocios de comida rápida e incendian un restaurante de pollo instantáneo.

Todos los negocios de comida rápida son propiedad de poderosos empresarios que los zelayistas tienen en la lista negra por haber financiado el golpe de Estado. Un motivo adicional para los persistentes ataques contra ese tipo de negocios es que no pagan impuestos, pues sus dueños se acogieron a una ley que los exenta por favorecer el turismo.

Pasan largos minutos antes de que hagan su aparición los bomberos y más para que la policía antimotines, a la espera de refuerzos, la emprenda nuevamente contra los manifestantes, con toletes y bombas lacrimógenas. Los marchistas son perseguidos hasta la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán.

Son delincuentes los que están adentro. Venimos a garantizar el orden, para evitar que sigan destruyendo la propiedad privada, dice un jefe policiaco, mientras sus muchachos atrapan a 50 manifestantes, según la resistencia al golpe militar.

Poco después, debido a los disturbios, el gobierno de facto anuncia, en cadena de radio y televisión, el restablecimiento del toque de queda en la capital, de las 10 de la noche a las 5 de la mañana del miércoles.

¡Me lo meten preso! o la propaganda de los golpistas

Roberto Micheletti ha decidido, según dijo el pasado viernes, no volver a hablar de Hugo Chávez porque ese señor está loco.

Ni falta que hace. Los medios hondureños hablan todos los días de Chávez y desde el golpe de Estado han puesto en el aire decenas de espots que presentan al venezolano como un peligro para América Latina. Primero se trataba de cortos manufacturados en Venezuela, particularmente por el ultraderechista venezolano Alejandro Peña Esclusa. A principios de julio pasado, Micheletti recibió a Peña como si se tratara de un jefe de Estado. Últimamente, el gobierno de facto ha realizado sus propios anuncios, siempre usando el verbo incendiario de Hugo Chávez como regalo inestimable. La televisión hondureña transmite una y otra vez imágenes de un discurso del presidente venezolano: ¡No se puede permitir que pequeños grupitos embochinchen al país!, grita Chávez, en un acto de masas. Y se despacha: ¡Hay que echarles gasolina y prenderles fuego! ¡El que agreda a un policía o un militar comete un delito! ¡Doy la orden de una vez, los dirigentes de eso hay que detenerlos. ¡El que salga a quemar un cerro, a trancar una calle, me lo meten preso!

Los líderes de la resistencia tienen que hacer malabares para enfrentar esa campaña que sí rinde frutos, y divide incluso a los zelayistas: Ellos (los golpistas) sí son chavistas, porque quieren cerrar Radio Globo, dice una joven que marchó desde Olancho para participar en la marcha de la resistencia al golpe. Lo único que ha hecho el presidente Chávez es ayudar a Honduras, replica un joven a su lado.

La resistencia es calificada de chavista y en las marchas blancas, que desaparecieron del escenario hace dos semanas, era común escuchar el grito de el que no brinque es venezolano.

El político liberal y popular conductor de radio y televisión Eduardo Maldonado, no tiene compromisos ni afinidad ideológica con Chávez, así que puede responder rudamente: ¿Quién manda cerrar radios en Venezuela? ¿Quién es el que manda apalear manifestantes allá en Venezuela? ¿Quién cierra las radios aquí? ¿Quién apalea a los manifestantes aquí? Entonces, ¿quién se parece a quién? He ahí la diversidad de la resistencia hondureña.

Anochece a punto del toque de queda. La atención de una parte del país y de casi todos los medios no está en lo sucedido hoy, sino en lo que podría ocurrir mañana. ¿Con las nuevas marchas anunciadas? No, en el juego donde la selección hondureña de futbol se juega el boleto para el Mundial de Sudáfrica. Claro, las manifestaciones preocupan, pero sólo en la medida en que puedan causar daño al normal desarrollo del partido. Dice un conductor de televisión: ¿Que hondureño querría dañar este encuentro?

¡Ah, esos costarricenses!, sigue el conductor, al hacer escarnio de la decisión de los seleccionados ticos de traer sus propias botellas de agua desde su país.

Largas emisiones de radio y televisión son dedicadas a todos los detalles del encuentro, incluyendo entrevistas en vivo desde San Pedro Sula, sede del partido, donde los jefes de la policía explican los cinco círculos de seguridad que evitarán que los zelayistas pretendan echar a perder el juego que Honduras espera ganar por goliza.

Pero, ¿no todo eran elogios para Costa Rica y su presidente Óscar Arias en su papel de mediador? Hoy, por si algo faltara en la crisis hondureña, se informa que Arias contrajo el virus A/H1N1. ¡Ah, esos costarricenses!

Aplaza la OEA la visita a Honduras

Dpa

 

El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, anunció ayer que la misión de cancilleres latinoamericanos que debería haber partido el martes a Honduras para tratar de resolver la crisis tras el golpe de Estado viajará finalmente a finales de la semana próxima o en la última de agosto.

Tenemos la situación de que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos hace una importante visita el lunes y probablemente iríamos inmediatamente después, tal vez a finales de esa semana o a comienzo de la siguiente, explicó Insulza en rueda de prensa tras una reunión en Washington reservada del Consejo Permanente de la OEA, que debatió el aplazamiento de la misión después de las trabas puestas por el gobierno de facto en Tegucigalpa.

La OEA confirmó el lunes anterior el aplazamiento de la misión conformada por Insulza y los cancilleres de Argentina, Canadá, Costa Rica, Jamaica, México y República Dominicana, que debería haber viajado hoy a Honduras, después de que el gobierno de facto de Roberto Micheletti cuestionó la participación de Insulza por su falta de objetividad, imparcialidad y profesionalismo en el ejercicio de sus funciones.

Insulza agregó que no quiere polemizar y reiteró la disposición de la OEA de hacer cumplir el Acuerdo de San José como la solución más razonable de la crisis, pero dijo que la composición de la delegación no es negociable.

A todo esto, un grupo de 15 legisladores demócratas pidió al presidente Barack Obama que congele las cuentas de los miembros del gobierno golpistas hondureño y les prohíba el ingreso a Estados Unidos, en carta suscrita entre otros por Raul Grijalva, José Serrano y Linda Sánchez.

Honduras: ¿Una nueva fase inminente?

 

Toni Solo

Tortilla con sal

 

 

Cuando el Presidente Barack Obama dijo la semana pasada que él no pudo apretar un botón para restaurar al Presidente Manuel Zelaya al cargo por lo cual fue elegido, solo hubieron dos interpretaciones. O el Presidente de los Estados Unidos no estuvo dispuesto a implementar la resolución sobre Honduras de la Organización de Estados Americanos que en su momento el gobierno de Barack Obama apoyó. O, y absurdamente, el Presidente Obama alegó que su gobierno no pudiera implementar aquella resolución. El Presidente Obama usó un sofisma derechista cuando argumentó que los críticos que siempre condenaron a Estados Unidos por sus intervenciones ahora llaman precisamente por una intervención.

Pero el Presidente Manuel Zelaya y otras personas que critican el papel histórico de los gobiernos estadounidenses en la región no están exigiendo una intervención. Lo que esperan es que el gobierno de Estados Unidos cumpliera con sus obligaciones de acuerdo con las resoluciones de la OEA y de las Naciones Unidas para restituir inmediatamente a Manuel Zelaya como el Presidente legítimo de Honduras. Hay que recordar que es Estados Unidos que, durante décadas, ha entrenado a los militares hondureños en la Escuela de las Américas para desaparecer a las personas, para torturar, para reprimir las poblaciones civiles de la región.

Son las transnacionales de Estados Unidos que se han beneficiado durante décadas de un sistema de concesiones tributarias de parte del gobierno de honduras totalmente favorable a ellas para así acumular indebidas ganancias multimillonarias año tras año. Es Estados Unidos que ha equipado el ejército hondureño para asesinar, desaparecer y encarcelar a la heroica resistencia popular hondureña. Es Estados Unidos que ha intervenido constantemente en las políticas de los gobiernos de Honduras en contra de los intereses de la mayoría empobrecida. Y ahora Barack Obama, oportunista e hipócrita consumado, se mofa de que él no pueda apretar algún botón para apoyar a Manuel Zelaya.

Honduras - la diplomacia en la balanza

Puede ser que Obama no tenga las ganas de levantar un dedo para apretar ese mentado botón, pero otros dedos, miles, sí saben apretar un gatillo. Barack Obama y Hillary Clinton han empeorado las cosas de una manera deliberada por medio de su doble-discurso y sus cínicas tácticas dilatorias con el compinche perenne del imperio, Presidente Oscar Arias de Costa Rica. El rechazo por ellos de las medidas adecuadas para acabar con el golpe ha forzado al Presidente Manuel Zelaya y al movimiento popular en Honduras a adoptar las tácticas de una guerra de desgaste que se intensifica inexorablemente.

La estrategia del Presidente Zelaya ha sido de agotar todas las opciones diplomáticas mientras se esperan algunos resultados de la presión sobre el régimen golpista por medio de la resistencia no violenta del movimiento popular en Honduras. La ruta diplomática ya se ha agotado. El precio de aquella estrategia ha sido docenas de personas asesinadas, veintenas de personas desaparecidas, cientos de personas heridas y miles de personas detenidas. Los detalles completos de las violaciones masivas de derechos humanos fundamentales cometidas por el régimen golpista solo saldrá en las semanas y meses que vienen. Es algo estudiosamente ignorado por la maquinaria propagandística imperial de los medios corporativos internacionales, y también por muchos medios supuestamente alternativos.

La confianza inoportuna en la diplomacia y la ausencia de medidas suficientemente consecuentes contra el régimen golpista han conducido a un empate. El gobierno de Estados Unidos y sus aliados urgen al Presidente Manuel Zelaya a firmar el acuerdo confeccionado por ellos y Oscar Arias, un acuerdo que favorece burdamente a los golpistas. Ahora toca al Presidente Manuel Zelaya a dilatar. El y su equipo probablemente van a hacer lo posible para prolongar las negociaciones sobre un eventual acuerdo que se traban en varios puntos claves. Primero, el régimen golpista no acepta la restitución de Manuel Zelaya a la presidencia e insiste que cualquier gobierno interino incluye ministros impuestos por ellos para la defensa y la seguridad interna del país.

En segunda lugar, por su parte, la oposición popular en Honduras jamás aceptará la propuesta de impunidad para los golpistas y los verdugos militares quienes, a estas alturas, han cometido crímenes imperdonables. En tercer lugar es más que claro que Manuel Zelaya ya no es en una posición determinante con respecto al veto del acuerdo Arias de una asamblea constituyente nacional. Aquella demanda legítima y categórica del pueblo hondureño ya no depende de la voluntad del Presidente Manuel Zelaya.

En Honduras - una nueva fase

En los próximos días Manuel Zelaya y su equipo estarán negociando y dialogando a sabiendas de que en Honduras las cosas probablemente cambiarán dramáticamente si el régimen golpista siga intransigente. Para mañana, el martes once de agosto, cientos de miles de manifestantes pacíficas van a haber llegado en las dos ciudades más importantes de Honduras, Tegucigalpa, el capital, y San Pedro Sula, el centro industrial. Si el ejército y la policía intentan de nuevo de reprimir estas manifestaciones de apoyo masivo para el Presidente Manuel Zelaya, será imposible descartar un cambio repentino en las tácticas de la oposición popular.

Honduras es un país muy pequeño. Se sabe muy bien quienes son los principales golpistas. También se sabe que el asesor de seguridad de Roberto Micheletti, Billy Joya, y sus siniestros cómplices, cuentan con una lista de muerte que incluye más de cien dirigentes populares. En aquellas circunstancias no es posible evitar la violencia armada. Los dirigentes del movimiento popular en Honduras no van a esperar a brazos cruzados mientras los escuadrones de la muerte del régimen golpista los asesinen e intimiden a sus familias bajo la vista complaciente del gobierno de Estados Unidos.

Muchos de los golpistas principales - por ejemplo, Carlos Facussé, Jorge Canahuati, Rafael Ferrari, Ricardo Maduro, el banquero Jorge Bueso Arias - están muy conscientes de esta realidad. Algunos ya han trasladado sus familias a Miami. Los oligarcas plutócratas que organizaron el golpe confían en el poder de sus grandes sobornos. Ellos compraron al alto mando militar con millones de dólares - una cifra mencionada es de US$11 millones - para asegurar el golpe. Con el conflicto a las puertas de una nueva fase, los oligarcas y su retaguardia estadounidense y regional podrían ver su inversión sometida a una prueba dura y sangrienta.

 


Publicado por solaripa69 @ 10:17
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