Viernes, 28 de agosto de 2009

A dos meses del zarpazo en Honduras

Ángel Guerra Cabrera

Washington pudo haber desmontado por anticipado la aventura golpista en Hondura, pues el Departamento de Estado –no se digan el Pentágono y la CIA- conocía al dedillo los aprestos, en el país centroamericano y en Estados Unidos, para derrocar al presidente Zelaya. O podía haberlo hecho con posterioridad a la reunión de la OEA, cuando se manifestó el clamoroso rechazo latinoamericano a la asonada.

Bastaba que hubiese congelado las cuentas bancarias en Estados Unidos y prohibido el ingreso a ese país de los jerarcas del gobierno gorila si es que le parecía excesivo el retiro temporal de los 600 militares que mantiene en la base de Soto Cano. Nadie puede discutir que al vecino del norte no le tiembla el pulso en materia de sanciones cuando son de su interés; y si no, allí están intactas las medidas que intentan matar de hambre y enfermedades al pueblo de Cuba hace casi medio siglo. En este caso se trataba de un simple tirón de orejas a los cabecillas oligárquicos del golpe que los hubiera rendido al instante puesto que –como a sus pares de América Latina- la vida les resulta insoportable sin casa en Miami y cuenta bancaria en Estados Unidos.

La cuestión central es que la oligarquía y el ejército hondureños han sido criaturas e instrumentos orgánicos de la potencia estadunidense desde fines del siglo XIX y de eso depende toda su fuerza militar y política, delegada por aquella. Por consiguiente, sobre Washington recae, cuando menos, la responsabilidad moral del golpe. Recuérdese que Honduras fue sede del virreinato de John Negroponte en los ochentas: centro de actividad de escuadrones de la muerte, rampa de lanzamiento de la guerra contra la revolución Sandinista y las insurgencias en El Salvador y Guatemala, epicentro del escándalo Irán-contras y de las operaciones de la CIA en América Central, entre cuyas piezas fundamentales están el architerrorista Luis Posada Carriles y Félix García, quien ordenó el asesinato de Che Guevara. El torturador Billy Joya, asesor de seguridad de Micheletti, pertenece a esa camada y es fundador de aquellos escuadrones de Negroponte.

En el mejor de los casos los gorilas fueron estimulados y empujados al golpe por poderosas fuerzas políticas del establishment estadunidense sabiendo de antemano que Obama no podría oponérsele enérgicamente ni siquiera por salvar la cara luego de sus rutilantes promesas en la Cumbre de las Américas. ¿Quién toma en serio hoy aquella cumbre con las bases en Colombia y su sombría amenaza?

En resumen, a dos meses del golpe de Estado queda claro que, en términos de acciones políticas, Washington no pasará del apoyo al “Acuerdo de San José”, concebido por el Departamento de Estado para que el régimen gorila se consolide dando tiempo a que expire el mandato de Zelaya o, tal vez, entregar a este por unos días u horas, vísperas de elecciones amañadas, una presidencia “atada de pies y manos”, como la ha calificado su esposa Xiomara Castro. De allí la importancia de que se mantenga viva la solidaridad de los pueblos y de los gobiernos progresistas con la resistencia antigolpista pues será más difícil mantener el aislamiento diplomático de los gorilas una vez que se bañen en el Jordán de las elecciones.

En todo caso, el Frente Popular de Resistencia contra el Golpe de Estado ha dado una batalla ejemplar, mucho más consistente y prolongada que la imaginada inicialmente por sus dirigentes más optimistas pero insuficiente para derrocar a corto plazo a una dictadura militar apoyada bajo cuerdas por Estados Unidos. No hay la menor señal de que podamos esperar en lo inmediato la restitución del orden institucional en Honduras, aun en el improbable caso de una fugaz reinstalación de Zelaya. De la OEA no vendrá la solución.

De modo que las fuerzas populares están abocadas a una lucha prolongada y ya no limitada a la meta inmediata del retorno de Zelaya sino a lo que resalta como aspiración mayoritaria del movimiento popular hondureño: la instauración de un régimen surgido de un gran proceso de consulta al electorado y de una asamblea constituyente de raíz y carácter popular, antioligárquico y por la justicia social. Tal lucha sólo podrá triunfar si está asentada en la más estrecha unidad de las fuerzas populares puesto que su victoria no sólo implicaría un desafío a la oligarquía y al ejército hondureño sino al orden geopolítico decidido por Estados Unidos en nuestra región.

Golpe de Estado ni dios lo quita”; en Chile duró 17 años, ¿cuántos en Honduras?

Pedro Echeverría V.

1. La diferencia entre un Golpe de Estado y una Revolución es radical. El primero es la toma violenta del poder por militares generalmente guiados por un sector de la clase política, es decir por elementos internos del propio gobierno (Honduras) o bien cuando los militares se hacen directamente cargo (Huerta en México, Pinochet en Chile); en los tres casos con apoyo de los EEUU. Pero también puede haber golpes de Estado ejecutados por las fuerzas económicas del mercado, cuando un oligopolio internacional desplaza del poder a otro. Algunos hablan de influencia excesiva del poder militar en el gobierno civil que en muchos de los casos lo llevan a cabo mediante los golpes de estado o pronunciamientos. La Revolución, por el contrario, es un profundo movimiento social de abajo, de los explotados, contra el sistema de explotación y opresión.

2. El secretario general de la OEA, José Miguel Insulza señaló el miércoles que retornó de Honduras sin acuerdo alguno. Indicó en el Consejo de la OEA que ''la amnistía para lo propiamente político no debería ser una dificultad'', pues está contemplada en la constitución de Honduras y es algo que opina podría manejarse. Indicó que el presidente de facto, Roberto Michelleti reconoció que hubo un ''grado de error'' en sacar a Zelaya del país durante el golpe. Dijo Insulza que hay una gran oposición al regreso de Zelaya. “No encontramos a nadie que estuviera de acuerdo con el retorno''. El representante alterno de Estados Unidos, Lewis Anseelem, indicó durante la sesión que su país ha suspendido ''toda ayuda no esencial'' a Honduras y sostiene que el regreso de Zelaya es ''indispensable''. Como dicen: “golpe dado ni dios lo quita”.

3. El golpista Michelleti se siente muy cómodo y seguro como presidente de facto en Honduras. El cacareado bloqueo decretado por la OEA y el gobierno de Obama fue una farsa. El golpista se ha reído de las medidas y ha declarado que está dispuesto a resistirlas. El pueblo hondureño demostró una gran fuerza en las calles condenando el golpe de Estado y exigiendo el regreso del presidente Manuel Zelaya, pero al parecer la represión fue más fuerte y los líderes del movimiento poco pudieron hacer. El golpe de Estado de Honduras tiene muchas similitudes con el realizado Chile en 1973, pero también muchas diferencias; aquel fue más descarado y brutal porque el gobierno de Allende se había declarado socialista y porque el gobierno de los EEUU intervino de manera abierta; además la lucha de clases y su antagonismo fue clara.

4. El general Pinochet, después de su sangriento Golpe de Estado en Chile para derrocar y asesinar a Salvador Allende, estuvo en el poder 17 años (1973-90) porque contó con todo el apoyo del gobierno de Nixon y su canciller Kissinger, pero luego con todos los demás gobiernos yanquis. Pinochet además fue apoyado por los grandes empresarios y parte de las clases medias chilenas de la derecha, así como por el clero y los partidos cristianos. Michelleti y sus generales han contado con el apoyo “subterráneo” del gobierno de Obama y la Clinton, así como el de los empresarios y el clero. Aunque casi todos los países han condenado el Golpe, la realidad es que en la mayoría ha sido una condena verbal muy tibia, mucho para estar acorde a Obama y salir del paso; y eso lo sabe muy bien el golpista hondureño y sus generales.

5. La realidad es que el derrocamiento de Zelaya ha significado una derrota a la corriente de izquierda de Chávez/Morales/Correa y un triunfo de Obama y los gobiernos incondicionales a él. El gobierno de Zelaya –a pesar de sus orígenes empresariales y burgueses- se había acercado mucho al venezolano y eso, para Obama, era muy peligroso en estos años en que el balance de las fuerzas en Latinoamérica está favoreciendo a las tendencias progresistas. En este punto puede verse que el golpe de Estado en Honduras tiene claras similitudes con el de Chile de 1973 pues también Allende significaba el inicio del ascenso de gobiernos de izquierda por la vía electoral. El derrocamiento de Allende demostró una vez más que por la vía electoral no se podría construir el socialismo y fortaleció la lucha guerrillera en Nicaragua y El Salvador.

6. En los últimos 10 años se ha demostrado que sí pueden llegar al gobierno personajes de izquierda y de centroizquierda por la vía electoral. Sin embargo, fuera de los casos Venezuela/Bolivia/Ecuador, que han logrado reformar o cambiar sus Constituciones, los demás gobiernos siguen maniatados o atados por las Constituciones burguesas y eso los obliga a seguir gobernando para la misma burguesía que dijeron antes combatir; pero lo más grave es que –como sucedió en Chile y en Honduras- son víctimas fáciles de golpes de Estado mediante la acusación de que han violado la Constitución. Asumir el gobierno ha resultado menos difícil que mantenerse en él realizando los cambios más urgentes y necesarios para el pueblo. Lula, Tabaré, Bachelet, Kirchner, no han podido hacer nada para debilitar las formas capitalistas de explotación. Las han renovado.

7. Ahora los líderes de la OEA y otros gobiernos hablan de la necesidad de una “reconciliación” en Honduras, es decir, que se acepte todo lo sucedido. El gobierno golpista de Michelleti parece fortalecido porque incluso plantea que está dispuesto a resistir el tiempo necesario. Sus partidarios están puestos para realizar manifestaciones apoyadas por empresarios y medios de información. El presidente de facto está dispuesto a realizar entre unos meses las elecciones y a entregar el poder al presidente (seguramente incondicional del él) electo. El gobierno de Obama, con la instauración de bases militares en Colombia ha desviado la atención en Honduras demostrando que puede hacer cosas peores. Hoy casi nadie recuerda a Zelaya porque las bases militares son indudablemente, más amenazantes. Chávez, Morales y Correa deben cuidarse.

 


Publicado por solaripa69 @ 10:01
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