Lunes, 14 de septiembre de 2009

Decepcionante, la propuesta económica para 2010: CEESP

En materia impositiva afectará principalmente a los causantes cautivos, afirma

Reprueba que no elimine regímenes especiales, que ocasionan pérdidas por $500 mil millones al año

Instó al gobierno a desarrollar políticas públicas para aprovechar el bono demográfico

Juan Carlos Miranda

 

El Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) consideró decepcionante la propuesta de paquete económico para 2010, manifestó que no contiene un proyecto de país a largo plazo y que se refugia en medidas parciales que sólo contribuyen a moderar los desequilibrios fiscales.

En materia impositiva, sostuvo el organismo dependiente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), la propuesta presentada ante el Congreso de la Unión por el secretario de Hacienda no es más que una miscelanea fiscal que afectará principalmente a los causantes activos.

Criticó que el aumento en la tasa del impuesto sobre la renta (ISR) incidirá directamente en los contribuyentes que ya pagan impuestos, sin afectar a grupos informales que no lo hacen, pero que representan un costo importante para el gobierno federal, el cual debe satisfacer sus necesidades mediante servicios de salud, educación, seguridad y energía, entre otros.

Estos cuestionamientos del sector privado al paquete económico se inscriben en un contexto de rechazo generalizado de analistas del sector privado, académicos y cámaras industriales y de comercio.

El jueves pasado, 17 personajes de la política y la academia de México, entre los que destacan los ex secretarios de Hacienda, David Ibarra y Jesús Silva Herzog; el ex candidato presidencial y ex gobernador de Michoacán Cuauhtémoc Cárdenas; el ex director del Banco de México Carlos Tello; los ex subsecretarios de Hacienda Francisco Suárez Dávila y Carlos Heredia y el investigador Rolando Cordera, coincidieron en que el proyecto presupuestal de Felipe Calderón está de cabeza y su propuesta recaudatoria ahondará la recesión, generará tensión social e incentivará el desempleo.

El CEESP también reprobó que la propuesta fiscal para 2010 no incluyera eliminar los regímenes especiales que, dijo, provocan que el gobierno tenga pérdidas fiscales por 500 mil millones de pesos al año (3.98 por ciento del producto interno bruto (PIB).

La propuesta del Ejecutivo prevé un aumento temporal del ISR de 28 a 30 por ciento para empresas y personas físicas en el periodo 2010-2012; un aumento de 2 a 3 por ciento en la tasa del impuesto a los depósitos en efectivo (IDE) y que el monto a gravar sea a partir de 15 mil pesos, en vez de los 25 mil pesos actuales, así como una nueva contribución generalizada de 2 por ciento para el combate a la pobreza.

El paquete fiscal propone aplicar un impuesto de 4 por ciento a los servicios de telecomunicaciones como el uso de Internet y teléfono celular, exceptuando la telefonía pública y rural, así como el servicio de interconexión.

Así, cualquier usuario pagará 21 por ciento más de impuestos: 15 por ciento del impuesto al valor agregado (IVA), 4 por ciento de impuesto especial sobre producción y servicios (IEPS) y 2 por ciento del impuesto a la pobreza.

Además de esta cascada impositiva se propone ajustar de manera mensual los precios de las gasolinas, el gas y la electricidad.

El paquete, presentado el pasado 8 de septiembre en el Congreso de la Unión, pretende también incrementar la tasa en el impuesto a la cerveza de 25 a 28 por ciento, y una cuota adicional de 3 pesos por litro para las bebidas alcohólicas de más de 20 grados gl (Gay Lussac).

Adicionalmente se establece una cuota adicional de 80 centavos por cajetilla de 20 cigarrillos a partir de 2010, que aumentaría a dos pesos por cajetilla en el transcurso de cuatro años, y se incrementa de 20 a 30 por ciento la tasa de IEPS que se cobra en juegos y sorteos.

El Centro de Estudios Económicos del Sector Privado destacó que la propuesta del Ejecutivo no refleja un esfuerzo claro para reducir el gasto gubernamental, aun cuando se contempla la desaparición de algunas secretarías, medida que calificó de insuficiente.

Para 2010 se propone un total de gasto equivalente a 24.6 por ciento del PIB (...) Esto, en términos absolutos, lo vuelve a ubicar como el gasto históricamente más alto, señaló el CEESP.

Cuestionó que con la propuesta, mientras la CNDH y los poderes Legislativo y Judicial verían incrementados sus recursos, la educación pública y comunicaciones y transportes tendrían una reducción de 18.9 y 6.7 por ciento, respectivamente, lo que implica una asignación ineficiente de recursos.

Opacidad presupuestal

No cabe duda de que no hay recurso que alcance cuando no hay transparencia y rendición de cuentas, temas que brillaron por su ausencia en la propuesta del Ejecutivo. (...) Tal vez sea el momento de que el Poder Legislativo tome la iniciativa y proponga cambios radicales, sentenció.

Por otra parte, el CEESP apremió al gobierno federal a implementar políticas públicas que permitan al país aprovechar el bono demográfico, debido a que de lo contrario estaremos convirtiendo una oportunidad en un verdadero problema.

Explicó que de acuerdo con estimaciones del Consejo Nacional de Población, México cuenta desde 2006 con un bono demográfico –momento en que la población económicamente activa (PEA) es mayor a la población dependiente– el cual se extenderá hasta 2028.

Esto, apuntó, conlleva retos de política pública, ya que para que la economía se beneficie del bono demográfico, deberá crear las condiciones necesarias para generar empleos productivos.

Sin embargo, para incorporar la PEA al mercado laboral, México necesita generar un millón 100 mil empleos al año, para lo cual se requiere una tasa de crecimiento económico de 5 por ciento anual.

No obstante, explica el CEESP, no sólo la generación de empleos permitirá que se obtenga el mayor provecho del bono, sino que habrá que invertir en capital humano para que la fuerza laboral esté a la altura de las necesidades de un mercado cada vez más demandante.

Gran parte de los niños y jóvenes de hoy,. que serán la fuerza laboral del mañana,. viven en condiciones de pobreza y carecen de los medios necesarios para el pleno desarrollo de sus capacidades, alertó.

Agregó que aun cuando existen programas como el de desayunos escolares y Oportunidades, no son suficientes y se requiere una estrategia social más completa que atienda las verdaderas necesidades de la población, que son también las de la economía.

¿De qué sirven todos estos esfuerzos si la educación impartida en las escuelas es de mala calidad?, preguntó el organismo.

Por un lado, sostuvo, se deben desarrollar las condiciones de crecimiento y generación de empleos necesarias para absorber a la PEA y, por el otro, políticas públicas encaminadas a desarrollar una fuerza laboral sana, capacitada en torno a las necesidades del mercado laboral, y capaz de integrarse a un mundo cada vez más competitivo, puntualizó.

El síndrome Santa Anna

Bernardo Bátiz V.

 

En estos tiempos turbulentos y angustiosos la nación mexicana parece que se hunde en un mar agitado en el que no puede encontrar puerto; todo pareciera que está mal, y muy mal algunos aspectos de la vida social y económica. No podemos llegar a la democracia, seguimos empantanados en las viejas prácticas de triquiñuelas, fraudes y gastos excesivos que aturden y apabullan a los votantes. En materia económica la situación es peor, porque toca lo más sensible de los ciudadanos, que es el bienestar de sus familias; el hambre llama a las puertas y quienes están al frente de esta sociedad parece que no pueden por su cuenta imaginar salidas y soluciones y no hacen otra cosa que voltear sus ojos angustiados hacia el exterior; todo nos tiene que venir de fuera: dinero, tecnología, organización, y hasta el lenguaje; esto evidencia su complejo de inferioridad.

En lo social tampoco estamos muy bien; los valores que han sostenido a la sociedad mexicana y que son la reserva moral con la que contamos se cuartean y amenazan con la ruina; la educación es deficiente, el campo está abandonado, la industria es improductiva y la corrupción campea a lo largo y ancho de nuestro territorio.

En un país democrático se buscarían las soluciones mediante la participación ciudadana en los procesos electorales, escogiendo candidatos, programas y líneas políticas para favorecerlos con el sufragio; aquí, parece que esta solución no tiene espacios adecuados para este momento. Ante el cierre de caminos y salidas, una parte importante de la gente, entre ellos las clases medias altas, vuelven los ojos al pasado y añoran los tiempos antes repudiados del régimen priísta.

El síndrome Santa Anna se nos aparece como una sombra que nos señala el camino. No aprendimos las lecciones de la historia.

Antonio López de Santa Anna fue 11 veces presidente de México, entre 1833 y 1855: cometía barbaridades, perdía las batallas, huía frente al enemigo, imponía altísimos impuestos, hasta por el número de ventanas de las casas y por los perros que tuvieran los ciudadanos, y así y todo, una y otra vez ante la primera crisis que se le presentara al país, los notables, la clase política de entonces, de todas las tendencias y convicciones, clérigos y militares, yorquinos y escoceses, corrían a llamarlo, ahí donde estuviera: en Manga de Clavo o en Venezuela, en el Caribe o en El Lencero.

Volvía a cometer errores y al poco tiempo los que tomaban las decisiones se olvidaban de lo hecho por el general veracruzano y corrían a rogarle que salvara al país.

Pareciera que empezamos un camino parecido al que se vivió en aquella primera mitad del siglo XIX; ellos, nuestros bisabuelos, llamaban asustados a Santa Anna cada vez que había crisis política, económica o social; nosotros, olvidando aquellas lecciones, volvemos los ojos al PRI, que ya demostró con décadas de mal gobierno, que no es lo mejor para este país.

En el año 2000 el cambio de estafeta política que tuvo dos expresiones, una a nivel nacional y otra local en la ciudad de México, parecía el inicio de una nueva era; lamentablemente, el gobierno federal cayó en manos ineptas e irresponsables que no pudieron dar el paso siguiente para consolidar la democracia y entrar por el camino de la justicia social. En la ciudad de México las cosas fueron distintas y se demostró que es posible gobernar con honradez y eficacia simultáneamente; sin embargo, como fuera, se impidió que esa línea de cambio se consolidara y ante las dificultades y las de malas, hoy muchos sólo piensan en correr a buscar al Revolucionario Institucional, como antes corría a buscar al general de los entorchados y del apodo significativo, El Quince Uñas.

El PRI sigue siendo el mismo; su discurso no ha variado, su ambigüedad ideológica es la de siempre: hace gala del mismo sistema de control, del hermetismo de sus dirigentes y del control rígido de sus militantes que siempre esperan la oportunidad de ser ellos los que desde arriba dominen las cosas. Sus lemas siguen siendo los mismos: no me den, pónganme donde hay, vivir fuera del presupuesto es vivir en el error y un político pobre es un pobre político.

Hacia ese partido vuelven los ojos los asustados clasemedieros mexicanos, olvidan los gobiernos voraces, la falta de democracia, el centralismo y la corrupción sindical, los negocios desde el poder y la persecución a los opositores, y sin pensar, sin repasar la historia y aprender sus lecciones, se aferran a lo que les parece el último clavo ardiendo para salvarse.

Afortunadamente, hay un movimiento que ha mantenido la esperanza en un cambio desde abajo, que señala las fallas y las debilidades de los actuales gobiernos panistas tan iguales a los viejos gobiernos priístas, y a su alrededor podemos tratar de romper este destino que parece llevarnos a la repetición del esquema de Santa Anna, ahora no con un personaje, sino con un grupo político; es el momento de recordar las lecciones y de buscar otras formas de salir adelante. Si me tropiezo con una piedra, mal haya la piedra; si me vuelvo a tropezar con la misma piedra, mal haya sea yo.

 

El paquete económico, asalto a los bolsillos

CARLOS ACOSTA CóRDOVA

La propuesta de programa económico del gobierno calderonista no gustó a nadie. Empresarios y académicos la tildan de tramposa y consideran que el afán recaudatorio no resuelve el problema de fondo, pues lejos de cobrar más impuestos a los ricos pretende que sean las clases medias las que sufraguen la crisis. El experto en derecho fiscal Mariano Latapí sintetiza el problema: el paquete fiscal no sólo atenta contra toda la actividad económica, sino que podría ahondar la crisis.

En menos de una semana, los aplausos y elogios que tímidamente pudo arrancar el presidente Felipe Calderón con su mensaje a propósito del tercer informe de gobierno se trocaron en rechazo casi unánime.

La razón: a nadie gustó su programa económico para 2010, pues no resuelve la emergencia económica, nada hace para sacar al país de la crisis, ni procura abatir el ya apabullante desempleo; en cambio, sí concita el encono social, puesto que  –de nuevo– es el bolsillo de la gente y la caja de las empresas el argumento principal para que el gobierno pueda tapar el enorme boquete de 300 mil millones de pesos que dejará la crisis económica el próximo año.

El miércoles 2, un Felipe Calderón exultante gritó un "ya basta" a las actitudes timoratas, a los miedos, los mitos y los prejuicios, a los tabúes que impiden la transformación real del país. "Es la hora de cambiar, y de cambiar a fondo", dijo en Palacio Nacional.

Y llamó al país, a los actores políticos y económicos, a la sociedad toda, al cambio, a hacer a un lado los obstáculos y las inercias que lo impiden.

"En esencia –dijo–, lo que propongo es pasar de la lógica de los cambios posibles, limitados siempre por los cálculos políticos de los actores, a la lógica de los cambios de fondo, de los cambios necesarios."

Aplausos. Elogios. Quienes acudieron a su mensaje, salieron contentos, esperanzados. "Se oyó y se vio bien el presidente", fue un comentario frecuente entre empresarios, políticos de distinto signo, líderes sociales, académicos, gobernadores… Los aplausos de Marcelo Ebrard daban cuenta del ánimo que produjo el discurso del presidente.

Pero rápido el gozo se fue al pozo. Apenas seis días duró. El martes 8, el gobierno federal entregó al Congreso el paquete económico para el próximo año, y apenas se conocieron sus principales contenidos, el presidente y su discurso por el cambio quedaron exhibidos.

Porque lo que evidencia el programa económico –y en ello insistieron, criticaron y reclamaron, el resto de la semana, empresarios, analistas, legisladores, políticos, académicos, líderes, representantes religiosos– es que en su confección nada hay que apueste al cambio, sí muestra muchos miedos del gobierno y mucho cálculo político.

Aunque los medios informativos coparon sus espacios con la información del paquete económico, vale la pena resumir: el gobierno federal había dicho que enfrentaría el extraordinario faltante de ingresos públicos en 2010 con una combinación de más deuda, un mayor ajuste al gasto público y cambios en el marco tributario para aumentar la recaudación.

Respecto de la deuda pública, Calderón no se animó a incurrir en un mayor déficit: según expertos consultados, tuvo miedo de quedar mal ante las calificadoras internacionales, que amagan con bajar el grado de inversión del país; de paso admitió implícitamente que el desempeño de la economía será tan pobre el próximo año que no dará para aguantar un mayor déficit. Oficialmente éste será de 0.5% del PIB, unos 60 mil millones de pesos, menor inclusive al de este año.

 

 

El PAN: ¿Y sus principios?

Editorial de EL UNIVERSAL

Por muchos años pensamos que en el PRI radicaba el monopolio de la corrupción, el clientelismo, el uso de las instituciones para provecho propio, la privatización de los recursos públicos, entre otros muchos males. Se creyó por tanto que mágicamente ocurriría un “cambio” cuando un partido distinto al tricolor llegara al poder.

Durante los últimos 9 años el PAN se ha encargado de derrumbar ese mito: después del PRI sobrevivieron los valores y la cultura política mexicana.

El pragmatismo y la poca dignidad de la política son elementos que estaban ya en México antes del arreglo político inaugurado por Plutarco Elías Calles. El Partido Acción Nacional arrebató al Revolucionario Institucional el poder presidencial, pero hizo lo que sus fundadores jamás hubiesen imaginado: continuar con los modos, las formas y las alianzas que ellos se habían prometido derrumbar en beneficio del país.

A 70 años de la creación del PAN, muchos herederos de Manuel Gómez Morín se preguntan: ¿dónde quedó la ética originaria? ¿Por qué se perdió el rumbo del partido apenas tocaron sus representantes los recintos del poder? La respuesta es simple: como dijera Max Weber, no es lo mismo la ética de la responsabilidad, que la ética de la convicción. Enfrentados a la responsabilidad de gobernar, a la dificultad de combatir los intereses enraizados en las estructuras nacionales, los panistas optaron por hacer a un lado sus convicciones o —por lo pronto— las arrinconaron en el discurso.

Tiempo es, quizá, de dejar de hablar de la reforma del Estado para comenzar a formular la reforma de la sociedad. Hasta que los mexicanos no mutemos de cultura política y transformemos la manera como nos relacionamos con el poder, los partidos que nos gobiernan —sin importar sus siglas— se seguirán pareciendo entre sí.

 


Publicado por solaripa69 @ 10:04
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