Domingo, 04 de octubre de 2009

Denuncian el asesinato de otros dos miembros de la resistencia en Honduras mientras Occidente mira a otro lado

 TeleSur

 La resistencia hondureña y organismos de derechos humanos condenaron los asesinatos este viernes maestro Mario Contreras, subdirector del Instituto Abelardo Fortín, y del dirigente lenca Antonio Leiva, ambos miembros de la resistencia, quienes murieron bajo circunstancias que hacen presumir sicariato.

Según el informe preliminar del Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (Cofadeh) el maestro Contreras se encontraba a 100 metros de su residencia cuando dos hombres desconocidos que se trasladaban en moto le propinaron dos disparos en el rostro. Contreras fue trasladado a un centro hospitalario, pero falleció a los pocos minutos.

El Centro para la Prevención, Tratamiento y Rehabilitación de las Víctimas de la Tortura y sus Familiares (CPTRT) también denunció la muerte violenta de Contreras y en un comunicado afirmó que "según testimonio brindado por familiares al CPTRT, se presume que los hechos fueron ejecutados por sicarios, ya que el fallecido no fue despojado de ninguna pertenencia, descartando hasta el momento los indicios de robo".

Este viernes en horas de la tarde, fue encontrado el cuerpo sin vida de otro miembro del frente de la resistencia, el dirigente lenca Antonio Leiva, en la zona de Santa Bárbara al occidente del país. Según las versiones de los allegados, en horas de la mañana fue raptado, y su cuerpo fue hallado en una aldea de esa zona.

Cofadeh ha registrado 16 asesinatos y decenas de heridos desde el golpe contra el presidente de Honduras, Manuel Zelaya, el 28 de junio pasado, que estableció a Roberto Micheletti como gobernante de facto.

"Hemos investigado y documentado adecuadamente los casos de doce personas que han muerto en forma violenta, en la mayoría de ellos producto de la represión de la Policía a manifestaciones populares, y estamos completando la información relativa a otras", dijo la presidenta del Cofadeh Berta Oliva, a los medios internacionales.

"Tenemos docenas y docenas de denuncias de personas que han sido heridas y golpeadas en el marco de las protestas", entre ellas el candidato presidencial independiente Carlos H. Reyes quien se recupera de una severa lesión en uno de sus brazos.

Las autoridades del gobierno de facto sólo reconocen el fallecimiento de un activista el pasado 5 de julio, cuando miles de personas se congregaron en el aeropuerto de Tegucigalpa para recibir al derrocado presidente Manuel Zelaya, a quien finalmente se le impidió aterrizar.

No obstante, las autoridades aseguran que no se sabe con certeza de dónde procedió el disparo que mató al manifestante.

Persecución política

La presidenta de Cofadeh afirmó que su organización tiene información precisa "de 96 personas acusadas ante los tribunales de justicia por el presunto delito de atentar contra la seguridad del Estado, es decir, por sedición, un cargo que es de naturaleza estrictamente política". De esas 96 personas, seis están detenidas en distintos centros penales, incluida una educadora.

Oliva denunció también que varios dirigentes opositores recibieron amenazas de muerte anónimas y que los miembros de Cofadeh temen por su seguridad personal.

Entre los amenazados mencionó al candidato presidencial Carlos Reyes, el líder agrario Rafael Alegría, el dirigente obrero Juan Barahona, la diputada izquierdista Silvia Ayala y el activista de los derechos humanos Andrés Pavón.

La Cofadeh, creada en la década de 1980 por familiares de unas 180 personas desaparecidas por los militares, estudia la posibilidad de presentar denuncias ante organismos internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos o la Corte Penal Internacional.

Recluidos en sus cuarteles los militares celebran el Día del Soldado en Honduras

Arturo Cano

Enviado

Tegucigalpa, 3 de octubre. En el aniversario del natalicio del héroe centroamericano Francisco Morazán, Día del Soldado, los militares hondureños no celebran como siempre, con fastuosos desfiles en las calles, exhibiendo sus equipos y armamento, sino en ceremonias privadas en los cuarteles. Ahora su presencia en las calles tiene otro sello. En un número que oscila entre los 400 y los 600 en los alrededores de la embajada de Brasil, por ejemplo, donde controlan quién entra y quién sale e incluso qué tienen permitido recibir los huéspedes de la representación diplomática.

Por ejemplo, los militares tienen prohibido que Manuel Zelaya y sus acompañantes reciban alimentos enlatados y cualquier tipo de bebida energizante. Los alimentos tienen que ser preparados y listos para consumirse en ese momento o las siguientes horas. Aun cuando, por esa razón, se suponga que los alimentos deben ser frescos, la mitad de los ocupantes de la embajada se intoxicaron ayer con un guisado de pollo.

Mientras la tropa se deja grabar y fotografiar por la prensa internacional, sus mandos, los generales aparecen continuamente en los medios dando entrevistas o pronunciando discursos.

Las cosas que han sucedido en este país, que nos han metido en una crisis, tiene un propósito, el propósito de que Honduras se rencuentre, el propósito de que tenga la oportunidad de generar los cambios que son necesarios para salir adelante y, es más, creo que también tiene un propósito divino. Cuando casi toda la familia hondureña se ha divorciado o, mejor dicho, se ha separado por situaciones políticas, hay una institución que ha permanecido fuertemente unida, que son las fuerzas armadas de Honduras, dice el jefe del estado mayor conjunto, general Romeo Vásquez, en la ceremonia.

El general, que busca así salir al paso de las versiones que sugieren una división del ejército en torno a la salida negociada, hace publicar suplementos especiales de la conmemoración y acude a una misa oficiada por el obispo auxiliar Juan José Pineda, mediador de la iglesia católica entre Zelaya y Micheletti.

En numerosos blogs de la resistencia circulan profusamente un par de recortes del periódico El Heraldo, en su edición del 2 de febrero de 1993: A prisión, 11 miembros de Banda de los Trece. El recuadro informa que el teniente coronel Wilfredo Leva Cabrera y el entonces mayor Romeo Vásquez Velásquez irán a la Penitenciaría Central por apadrinar a la banda dedicada al tráfico internacional de autos robados. Son todos los datos que hay sobre el episodio.

Hoy la historia es otra. En los últimos días, Vásquez se ha parado casualmente en los hoteles donde se hospedan los periodistas extranjeros para ofrecer declaraciones. Invariablemente manifiesta que las fuerzas armadas respaldan el diálogo, pero que los términos del acuerdo son asunto de los civiles.

El suplemento de 12 páginas está lleno de felicitaciones a los soldados, firmadas por Micheletti y todos los comandantes. Incluye también un artículo que presume la capacitación que en materia de derechos humanos reciben los miembros del ejército en todos los niveles de mando, con los auspicios del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y un montón de organismos nacionales. Pero no dice, claro, que la capacitación ha resultado tan deficiente que hace poco expertos de Naciones Unidas declararon que es inquietante que elementos policiales y militares estén recurriendo al uso excesivo de la fuerza mediante golpes y disparos para disolver manifestaciones callejeras.

El suplemento también contiene un acróstico dedicado a las virtudes de los soldados, en cuya última línea se lee: Obediente, apolítico y no deliberante.

Son las características de los soldados hondureños que, según el comandante general del ejército, Miguel Angel García Padgett, capturaron al presidente Zelaya y lo sacaron del país para detener un socialismo, un comunismo, un chavismo disfrazado de democracia.

Se cuenta aquí que el general Vásquez tiene en su escritorio lleno de papeles un ejemplar de Los deliberantes. El poder militar en Honduras, libro de Matías Funes, ex diputado del Parlamento Centroamericano que recuerda en esas páginas que los militares hondureños de 1963, furibundos anticomunistas, cerraron la proclama del golpe de Estado más sangriento que han dado en la historia de este país, con un verso que dice: Alta es la noche y Morazán vigila.

El turno de usar el verso es del Partido Liberal, que hace publicar una plana entera con la imagen de Francisco Morazán y la misma frase que, como se sabe, es de un poema del comunista Pablo Neruda.

El homenaje a Morazán ocurre simultáneamente en El Salvador, país vecino del que el héroe fue presidente. Su epitafio allí dice: Lego mis restos al pueblo salvadoreño en prueba de mi predilección y reconocimiento por su valor y sacrificio en defensa de la libertad y de la unión nacional.

Morazán murió fusilado en Costa Rica. De Honduras había sido desterrado.

 


Publicado por solaripa69 @ 11:28
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