Jueves, 03 de diciembre de 2009

Chanchullo en Honduras

Ángel Guerra Cabrera

 

Estados Unidos ha fracasado en su intento de legitimar su chanchullo electoral en Honduras mediante una gran operación mediática de lavado de cerebros encabezada por CNN y las enormes presiones de su diplomacia a varios gobiernos latinoamericanos. En primer lugar ha sido un fracaso dentro del pueblo hondureño pues todos los datos disponibles de fuentes confiables tienden a confirmar el acatamiento por cientos de miles de electores del llamado a la abstención hecho por la Resistencia Popular. Si se exceptúa a los dóciles al imperio, una mayoría de corresponsales extranjeros en Honduras e investigadores independientes descartan la desbordante asistencia a las urnas proclamada por la dictadura pues la magra concurrencia a los centros de votación fue notoria.

El chancullo es una pieza clave del guión elaborado por el Departamento de Estado para legitimar el golpe pero hasta ahora sólo los gobiernos más incondicionales de Washington –Colombia, Panamá, Costa Rica y Perú– se han prestado a la infamia de reconocerlo. Este guión comenzó a aplicarse por lo menos desde que la señora Clinton encargó a Óscar Arias la mediación entre el presidente Manuel Zelaya y los golpistas, que aunque dio a estos un respiro no les pudo conseguir la legitimación planeada por la diplomacia del Potomac debido a la creciente resistencia popular interna y a la negativa internacional a reconocer a la dictadura. Después del fracaso de la gestión de Arias el subsecretario Tomas Shannon asumió personalmente la tarea, que culminó con los acuerdos del 30 de octubre según los cuales se suponía que el Congreso golpista restituyera a Zelaya en la presidencia en cuestión de días. Cuando la dictadura violó flagrantemente lo acordado y el mequetrefe de Micheletti llegó al extremo de crear un gobierno de unidad nacional al margen de Zelaya, Shannon afirmó que ello no quitaría validez a las elecciones. Era tanto el interés de Washington en el éxito del chanchullo que durante noviembre se produjeron dos visitas a Honduras de Craig Kelly, el segundo de la diplomacia yanqui para América Latina.

Es una cuestión de principios el no reconocimiento a unas elecciones organizadas por los golpistas, con candidatos golpistas, en un país que lleva en estado de sitio y sometido a una brutal represión desde el 28 de junio y donde no existe respeto alguno por las más elementales libertades democráticas. Para colmo, con empresarios y fanáticos de ultraderecha e integrantes de la contrarrevolución (anti)cubana de Miami actuando como observadores internacionales. Congruente con la posición de principios el chanchullo ha recibido un resuelto repudio del presidente de Brasil Luis Inacio Lula da Silva así como de sus homólogos Cristina Fernández de Kirchner, Tabaré Vázquez y Michele Bachelet, del mandatario ecuatoriano Rafael Correa en su condición de presidente pro tempore de la Unasur y de todos los gobiernos de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba). La posición firme de estos países ha forzado al Departamento de Estado a un galimatías en los esfuerzos para explicar su postura, que movería a risa si el asunto no fuera tan grave. Es así que este diario en su Rayuela del lunes pasado afirmaba: Una vez legitimen el golpe militar en Honduras, que por ahí va la cosa, ¿quién se atreverá a hablar de democracia en América Latina? O en palabras de Fidel Castro: Muere el golpe o mueren las constituciones.

Y es que de eso se trata. De haber diálogo con los golpistas o con el supuesto presidente electo, o reconocimiento a cualquiera de los actos de la dictadura, se estará sentando el precedente para que, como alertaron Lula y Correa, otros se sientan en libertad de dar un golpe y luego limpiarlo convocando a elecciones.

La resistencia hondureña ha salido victoriosa y fortalecida de la farsa electoral y esto es muy importante pues será la lucha del pueblo de Honduras y no ningún conciliábulo internacional la que a la postre decida el destino del país centroamericano. No habrá paz en Honduras mientras persista el orden oligárquico que sujeta al imperialismo las estructuras económicas, políticas y sociales del país. No habrá paz en Honduras mientras no se cumpla con el clamor popular de convocar a una Asamblea Constituyente, que con todas las garantías de participación democrática devuelva el poder al pueblo.

 

STPS: faccionalismo y desaseo

Editorial “La Jornada”.

 

El titular de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), Javier Lozano Alarcón, anunció ayer que la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje (JFCA) decidió no otorgar la toma de nota a Martín Esparza Flores como secretario general del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), toda vez que se acreditaron –según Lozano– diversas violaciones al Contrato Colectivo de Trabajo de la organización sindical durante el proceso electoral que tuvo lugar entre abril y junio pasados. Ante tal situación, el funcionario sostuvo que dicho proceso debe ser anulado y que se debe convocar a la realización de nuevas votaciones. Por otro lado, Lozano calificó de improcedente la destitución del tesorero del SME, Alejandro Muñoz –ordenada por esa organización en septiembre pasado–, y afirmó que se mantienen intactos los registros y la toma de nota de quien se ha venido desempeñando como el principal opositor a la dirigencia gremial encabezada por el propio Esparza.

Las declaraciones del funcionario revisten aspectos lamentables, tanto en la forma como en el fondo. En primer lugar, al reconocer la existencia jurídica del SME mediante el otorgamiento de la toma de nota a su tesorero y los llamados a realizar nuevas elecciones en ese gremio, Lozano incurre en una inconsistencia mayúscula, habida cuenta de que él mismo ha desempeñado un papel central en los empeños del gobierno federal por desaparecer a Luz y Fuerza del Centro (LFC) y a su sindicato. Significativamente, el propio Lozano canceló el pasado martes la posibilidad de una recontratación colectiva de los trabajadores de ese organismo público descentralizado bajo la tutela del SME, toda vez que ésta será personal y caso por caso, aseveró; de aceptar esa lógica, carecería de sentido repetir el proceso de elección interna en el sindicato. De hecho, la postura adoptada en la práctica por el gobierno federal lleva implícito el mensaje de que esa organización sindical ha perdido toda razón de ser.

Por lo demás, las constantes intromisiones del gobierno federal en los asuntos internos de los organismos gremiales –ahora mediante un uso faccioso y a todas luces indebido de procedimientos burocráticos y administrativos– tienen como telón de fondo un proceso de revisión, emprendido por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, del marco legal en que se desempeña la secretaría frente a los sindicatos y en el que, a decir de especialistas en la materia, podría estar en juego la definición sobre si las autoridades laborales tienen atribuciones para intervenir en la vida interna de los organismos gremiales. Como botón de muestra, baste señalar que ayer mismo la segunda sala de la Corte aceptó analizar el recurso de amparo promovido por el dirigente minero, Napoleón Gómez Urrutia, ante la negativa de la secretaría de otorgarle la toma de nota, un recurso que según los propios magistrados podría sentar precedente respecto de decisiones futuras en la materia.

Al parecer, el gobierno federal pretende aprovechar, por conducto de su secretario del Trabajo, el enredo legal generado por las propias autoridades, al emprender acciones que no están establecidas con claridad en el ordenamiento legal vigente en materia laboral, como la intervención en los procesos de elección de las dirigencias sindicales, la convalidación o el desconocimiento de las mismas o bien la convocatoria a realizar nuevos comicios.

Un elemento de contexto adicional es la presencia en el país de sindicatos estadunidenses y canadienses que han expresado su respaldo a los electricistas despedidos: los representantes gremiales que se encuentran en México afirman que con la extinción de LFC y las agresiones al SME, el gobierno de México violó sus propias leyes y acuerdos internacionales, como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Más allá de la incertidumbre jurídica a escala interna, existen, en el ámbito internacional, severos cuestionamientos sobre la legalidad de las medidas contra la empresa paraestatal y sus trabajadores, cuestionamientos que podrían generar problemas en las relaciones de México con sus dos principales socios comerciales.

En suma, ante el desaseo administrativo y legal con que ha actuado el gobierno federal en este episodio, el conflicto exhibe hoy aristas nuevas y preocupantes y, lejos de resolverse, se profundiza en complejidad y en encono. En tal circunstancia, resulta imperativo que el Ejecutivo federal cobre conciencia de los riesgos nacionales que implica la cruzada antisindical en general, y contra los trabajadores de LFC en particular, anteponga los intereses de la nación a los apetitos privatizadores empresariales, refrene a sus belicosos colaboradores, ordene el cese del hostigamiento y de las provocaciones contra el SME y se comprometa, con voluntad política y buena fe, en un diálogo orientado a solucionar en forma positiva y constructiva el problema creado hace ya ocho semanas por la misma autoridad.

Felipe es un perdedor

 

Ramón Alfonso Sallard

¿Dónde está el México ganador que prometiste, Felipe? ¿Para esto querías el cargo?

En tres años, que se cumplieron el 1 de diciembre, tu gobierno ha sido un auténtico desastre. Y no es asunto de interpretaciones, sino de fríos números. Todos los indicadores te condenan. Los resultados de tu gestión tienen al país al borde del estallido social.

Lo peor es que no lo reconoces. Te atribuyes aciertos inexistentes, surgidos del manual propagandístico de Goebbels, y las fallas e incumplimientos simplemente se las adjudicas a los demás. Todo es culpa de enemigos internos y externos. En el mejor de los casos, los problemas se deben a factores que escapan a tu control y deseos. Ni tu equipo ni tú aceptan responsabilidad, mucho menos culpa, por la catástrofe nacional.

La humildad no está en tu diccionario. El concepto del bien común que aprendiste de niño en el Partido Acción Nacional, no forma parte de tu vida. De otra forma sabrías que para obtener una nueva oportunidad, debes pasar antes por tres etapas: reconocimiento de culpa, arrepentimiento y reparación del daño. Aún no transitas la primera y, por lo que se ve, difícilmente darás ese paso.

En lugar de formular justificaciones inverosímiles todos los días, debías pedir perdón por la magnitud del fracaso. Enseguida tendrías que ofrecer un cambio de rumbo. Pero lejos de hacerlo, insistes en más de lo mismo. Peor aún: pretendes rescatar viejas fórmulas económicas y políticas que ya han demostrado su ineficacia. La ventaja que tienes, al menos hasta hoy, es que en México no existe la revocación de mandato. De lo contrario ya habrías sido despedido de tu trabajo por incompetente.

De hecho, los poderes fácticos que te apoyaron en 2006, prácticamente te han abandonado. Algunos de sus más conspicuos representantes hablan del principio de Peter y creen que llegaste a tu nivel de incompetencia, tal como le ocurrió a Vicente Fox en cuanto puso un pie en Los Pinos. Si a eso le sumamos que un amplio segmento de la población no te reconoce legitimidad alguna, el asunto no pinta nada bien para ti.

“Haiga sido como haiga sido”, fue la frase que marcó tu ascenso a la Presidencia de la República. Dicho en otras palabras, tu premisa sería la misma que muchos políticos profesionales utilizan para justificar sus actos ilegítimos e ilegales: el fin justifica los medios. El problema es que los segundos sí han quedado claros, pero no el primero. Tu mala lectura de Maquiavelo no acredita esa confusión. A menos, claro está, que el fin haya sido el poder por el poder mismo, en cuyo caso hablaríamos de un político megalómano.

Suponiendo, sin conceder, que el fin haya sido construir un México ganador, el fiasco ha sido monumental. Aunque la división entre ganadores y perdedores es propia de la sociedad consumista norteamericana y responde más al estilo de vida gringo que al nuestro, tú propusiste, Felipe, esa categoría de análisis, ese marco de referencia, ese parámetro para medir resultados.

Consecuentemente, Felipe, la medición que propusiste no deja lugar a dudas. Establece tu real dimensión. Te presentaste como un ganador sin serlo. Fuiste, eres y serás un fraude. Un engañabobos.

 


Publicado por solaripa69 @ 10:52
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