Martes, 16 de noviembre de 2010

El conocimiento y los pol?ticos

Jos? Blanco

Conforme en los ?ltimos lustros del siglo XX el mundo entraba aceleradamente en la sociedad y econom?a del conocimiento, las tensiones entre los gobiernos y quienes generan y distribuyen el conocimiento han aumentado sin pausa. El conocimiento de base disciplinar se ampl?a a velocidad vertiginosa: hoy se duplica cada cinco a?os, y para 2020, lo har? cada 73 d?as (ONU) y es absolutamente indispensable para resolver todo. La universidad qued? entonces como en el ojo del cicl?n.

El desarrollo del conocimiento produjo inimaginables formas de desarrollo de la vida social, pero tambi?n trajo problemas de magnitud inmensurable. El cambio clim?tico, los brutales desastres derivados o la crisis econ?mica que ha cimbrado hasta sus cimientos a los estados del mundo, todo est? en cuesti?n y todo ello tambi?n s?lo puede solucionarse mediante el conocimiento mismo. No es extra?o que la educaci?n superior, la investigaci?n cient?fica y tecnol?gica, la cr?tica, que vive en el coraz?n mismo de la universidad, est?n sujetas a procesos formidables de debate y de transformaci?n, en el mundo.

Muchas sociedades y gobiernos, trabajan y discuten ese hecho sin pausa. Los usuarios del conocimiento, sociedades, empresas, organizaciones de todo tipo, gobiernos, de un lado, y quienes generan y distribuyen el conocimiento, de otro, poseen con frecuencia criterios distintos, y llegar a acuerdos entre todos los actores absorber? mucho tiempo y muchos recursos. Pero s?lo la ceguera de intereses de corto plazo o la de la ignorancia, que con frecuencia van de la mano, pueden producir posiciones perplejas y mentes ofuscadas que est?n contra el desarrollo del conocimiento; vale decir, contra la universidad.

En todos los pa?ses desarrollados el espacio de la educaci?n superior pas? a ocupar una centralidad inexcusable, reconoci?ndose as? que la universidad de elites del pasado, es s?lo una pieza de museo. Es dif?cil creerlo, pero en M?xico no es central, sino marginal. Es muchas veces un residuo y una instituci?n desconfiable, aunque las encuestas sociales de cualquier encuestador las ubiquen en el lugar n?mero uno, y sean los pol?ticos quienes ocupan el ?ltimo sitio.

M?xico, sus clases y grupos dominantes, empe?ados como parecen estar en que el pa?s ocupe cada vez peores lugares en todo, no pod?a dejar fuera de ese af?n suicida a la educaci?n superior. No hablo de intenciones: son hechos. En el asunto de los recursos se les comprime todo cuanto sea posible.

Cada a?o la discusi?n sobre el presupuesto es harto distinta. Pareciera natural, el mundo cambia, nuevos problemas aparecen. Pero para los diputados mexicanos, en general, esas son apenas unas cuantas razones, hay otras sensiblemente m?s graves: en la arena del debate cambian los rudos y los t?cnicos y las estrategias de lucha cada a?o, porque esos actores principales no tienen prioridades. Todo depende de la correlaci?n de fuerzas, de la cercan?a de unas elecciones, o del tama?o de la presi?n de interesados organizados. Ahora les subimos un poquito, ahora se los quitamos. ?Es esa una pol?tica de Estado?: no, es el desastre. La educaci?n superior requiere recursos crecientes en presupuestos plurianuales, porque la matr?cula debe crecer y porque en la sociedad del conocimiento la educaci?n superior es por necesidad cada vez m?s intensiva en capital.

No todo queda ah?. En tierra de abundantes zopencos pol?ticos suceden m?s desdichas: en 2009 el gobernador panista de Tlaxcala acompa?ado de sus poderes pol?ticos formales, cambi? la Constituci?n local, y la ley org?nica de la universidad de esa entidad federativa para que su hermano fuera relegido rector. Lind?simo, ?no es cierto? En septiembre pasado el gobernador de Durango y sus compadres del Congreso local, en un santiam?n cambiaron la ley org?nica de la universidad, para impedir que una persona que no era de las huestes del gobernador, pudiera intentar legalmente relegirse, y adem?s el Congreso, s? el Congreso, nombr? a una rectora provisional. No tard? mucho tiempo en que alguien le hiciera ver las barbaridades legales que estaba cometiendo, de modo que hubo que recular, pero no completamente: se niega a restituir la situaci?n legal en el lugar en la que la hizo trizas. En ambos casos esos se?ores gobernadores creen que la autonom?a prevista en la Constituci?n Pol?tica de los Estados Unidos sirve para que se aseen el final del intestino.

Y el inefable desgobernador Gonz?lez M?rquez, de Jalisco, que codesgobierna la entidad con el no menos inefable cardenal Sandoval, desde 2007 le debe setecientos millones de pesos a la Universidad de Guadalajara de ?recursos federales!, que se embols? impunemente. Lo que no fue ?bice para que en ese mismo a?o ?recursos federales! por casi 90 millones fueran donados a la Iglesia de Sandoval, por este gorilesco desgobernador de vez en cuando alcoholizado, que fue en ese estado que a gritos inform? a la sociedad jalisciense de su haza?a.

No son las ?nicas universidades estatales que, en la sombra informativa, viven situaciones similares. He ah? el lugar del conocimiento para la clase pol?tica mexicana. Por esa raz?n produce una sonrisa amarga leer en La Jornada del pasado s?bado a Paul Krugman, Premio Nobel de Econom?a 2008, recomendando que M?xico fortalezca seriamente la educaci?n, pues aquellos pa?ses que tienen grandes historias exitosas, son aquellos que tienen una poblaci?n bien educada y esto fue mucho antes de que fueran ricos, como Corea y China.

La guerra sin rostro
Javier Sicilia

M?XICO, D.F., 15 de noviembre.- Toda guerra es terrible: muerte, miedo, despojo, odios que se expresan en atrocidades, familias rotas, miseria. Sin embargo, la guerra que desde hace a?os vive M?xico tiene un sesgo in?dito: carece de significado. Hasta hace poco ?pienso en la Independencia, en la Revoluci?n o en los movimientos armados de Am?rica Latina?, las guerras, con todo y su cauda de desgracias, se mov?an sobre ideas de justicia y de porvenir. Ideas abstractas, ciertamente, cuyas consecuencias resultaron contrarias, pero que al menos se?alaban un horizonte sin el cual los seres humanos estamos privados de sentido. Hoy esas ideas no existen.?

La mayor parte de las ideas de Felipe Calder?n y su gobierno ?no hablemos de las del crimen organizado?, que caminan en el sentido de la privatizaci?n, del fortalecimiento y la expansi?n de los grandes capitales, del dinero y de los privilegios, no son precisamente ideas que tengan que ver con la justicia y el porvenir. Por el contrario, han cobrado costos alt?simos en miseria, divisi?n de familias y angustia que la guerra ha venido a potenciar.?

En este sentido, no s?lo vivimos una guerra inimaginable, sino tambi?n una sociedad inimaginable en el orden de la justicia y del porvenir. Una guerra cuyos rostros, como el de los torturados, s?lo manifiesta las huellas del absurdo, hace que nos sintamos presos en una telara?a. No la podemos entender. No tenemos ninguna certeza de lo que saldr? de all?. Simplemente padecemos con la zozobra de los personajes de Kafka. Da la impresi?n de que habitamos en un mundo dirigido por fuerzas ciegas y sordas que se niegan a escuchar los gritos de advertencia, los consejos y las s?plicas.?

A fuerza de una violencia sin sustento, tanto Calder?n como el crimen organizado han ido destruyendo algo fundamental para la vida humana: la confianza en que sobre la base de una pol?tica o de una guerra hay sentido de justicia y de porvenir. Por el contrario, a lo largo de estos a?os s?lo hemos visto mentir, manipular, envilecer, torturar y matar. Nada ha podido impedirlo. No porque quienes perpetran esta guerra est?n persuadidos ?como lo estuvieron quienes las hicieron en el pasado? de la fuerza de sus ideas sobre la justicia y el porvenir, sino porque est?n pose?dos por las fuerzas ciegas del mercado, que s?lo puede mantenerse mediante un movimiento que se pretende perpetuo. Su dilema, como lo se?alaba Jean Robert, es el de un Shakespeare pervertido: ?crecer o dejar de ser?.?

Ese crecimiento, como podemos verlo en las pol?ticas econ?micas del gobierno y de la clase pol?tica, y en la guerra que en nombre de dicho crecimiento se ha desatado, s?lo puede realizarse mediante la destrucci?n continua de dominios de existencia, de territorios y modos de vida; mediante la colonizaci?n de culturas, lenguajes y formas de pensar; mediante el despojo y el miedo. As?, en nombre del crecimiento, sea el de la legalidad (el del gobierno y los grandes capitales) o el de la ilegalidad (el del crimen organizado), vivimos una guerra sin significado que nos tiene en el terror y va ahondando la miseria.?

En este caos es imposible la persuasi?n. Los seres humanos de este pa?s hemos sido entregados a la violencia de fuerzas ciegas. Nos ahogamos en medio de gente que s?lo cree en el poder del dinero. Y para quienes s?lo podemos vivir con el di?logo, la amistad y las relaciones de confianza, la guerra que han desatado y la forma de vida que quieren imponernos son el infierno.

En este sentido, el problema pol?tico fundamental de M?xico es saber si es posible seguir habitando un mundo en el que el crimen, en nombre del crecimiento ?sea legal o ilegal?, est? legitimado y la vida humana es vista como una realidad f?til ?recursos humanos intercambiables, bajas colaterales, vidas prescindibles como las de los animales.?

Si creemos todav?a en que es posible hacer compatible la justicia, la paz social y el orden con la idea de la producci?n y el consumo desmedidos, habr?a que decir que s?, y entonces habr? que resignarse a una guerra cuyos resultados, en el orden del horror, son impredecibles. Si decimos que no, tendremos que aceptar que para detener esta realidad t?xica hay que inventar pol?ticas que disocien la justicia y la paz de la cuesti?n del crecimiento, de la producci?n y del consumo desmedidos, y la asocien con la fuerza de las comunidades y sus relaciones de soporte mutuo.?

S?lo mediante proyectos que recobren los ?mbitos de comunidad, es decir, ?mbitos de subsistencia, en donde la primera regla es asegurar los medios de sustento de los m?s d?biles, podr? detenerse el absurdo. Esta l?gica, ajena a las abstracciones de justicia y de porvenir de las guerras de anta?o, y m?s ajena a?n a las fuerzas ciegas de la guerra que hoy vivimos, hace posible la justicia y el porvenir en sus relaciones de solidaridad y de cooperaci?n. Pero esto no depende ya del gobierno, que se mueve, al igual que el crimen organizado, en la?racionalidad irracional?de una econom?a del dinero, de la producci?n y del consumo sin l?mites. Depende de la gente y del sentido com?n, el m?s escaso ?para nuestra desgracia? de los sentidos.

Adem?s opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andr?s, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los cr?menes de las asesinadas de Ju?rez, sacar a la Minera San Xavier del Cerro de San Pedro, liberar a todos los presos de la APPO y hacerle juicio pol?tico a Ulises Ruiz.

La revoluci?n olvidada

Marco Rasc?n

Crecimos y fuimos formados bajo los discursos de la Revoluci?n Mexicana que nos dar?a todo; que creyendo en quienes la hab?an institucionalizado, el futuro estar?a asegurado para nosotros y nuestros hijos.

En el campo, los agrarios, organizados para votar y ya no para producir; en la industria, los obreros acuerpados en aquel Estado encarnado cada sexenio por un presidente que representaba la unidad nacional y un solo partido, que por identidad ten?a los colores de la bandera nacional, para que nadie se confundiera.

Fueron ellos mismos los que, contradiciendo en los hechos su propio discurso, sus propias leyes escritas y no escritas, decidieron que aquellos discursos ya no serv?an y los postulados de aquella Revoluci?n eran un obst?culo; entonces se empez? a tejer una cortina de humo contra lo que hab?a sido la ideolog?a gubernamental: el nacionalismo revolucionario pri?sta, que no fue transformado ni evolucionado, sino liquidado.

A 100 a?os del Plan de San Luis lanzado por Francisco I. Madero contra el r?gimen de Porfirio D?az, el pa?s de nuevo estalla. La pol?tica se desacredita por los pol?ticos que con las viejas herramientas de la demagogia, el clientelismo, el contratismo, los subsidios, las complicidades palaciegas, las maniobras de la vieja usanza, quieren arreglar los problemas de un pa?s que ellos mismos ya no conocen, que se les fue de las manos, que trae perdida su identidad ante el mundo. De ser pretendidamente l?deres de los pa?ses No Alineados en la d?cada de 1970, ahora somos el pa?s m?s alineado que hace que hasta los estados de la uni?n del norte ejerzan mayor autodeterminaci?n frente a su federalismo, que nosotros los mexicanos, encargados de cuidar sus fronteras.

Para esto nos dise?aron la transici?n pactada en alg?n rinc?n del poder, donde la alternancia pol?tica en la Presidencia, estados y municipios se hizo moneda corriente, a cambio de que la pol?tica econ?mica no cambiara nada.

Quien hizo esto fue en principio el PRI, que puso los cimientos del pa?s que ahora tenemos. Fue el PRI que cambi? el discurso de la Revoluci?n Mexicana, por el de la modernizaci?n bajo los nuevos principios. Cambiamos alternancia pol?tica como sin?nimo de democracia a cambio de destruir las instituciones de bienestar social y las palancas de nuestro desarrollo econ?mico interno; a cambio de transformar nuestros conceptos contra la pobreza como una tarea nacional incumplida de la Revoluci?n a una idea filantr?pica para apaciguar las contradicciones con despensas, repartos de dineros para fortalecer el consumo de los monopolios.

Los modernizadores privatizaron estructuras e industrias, pero no abrieron. El capitalismo que heredamos ni siquiera fue un capitalismo basado en la competencia y el riesgo empresarial, sino en los monopolios claramente prohibidos en la Constituci?n, pero que ahora son la base de esta dictadura apoderada de la pol?tica, la comunicaci?n, la legalidad y las decisiones. Esto condujo a que M?xico se convirtiera en el para?so de los contubernios y el delito. La compenetraci?n entre pol?tica y delito es cada vez mayor, y se ha hecho un nuevo divorcio entre sociedad y la fuerza p?blica, entre legalidad e ilegalidad.

Treinta mil muertos, mayoritariamente j?venes, derivados de una violencia gestada no ahora, sino desde hace a?os, hicieron que el asombro se volviera rutina y, definida como una guerra, se convoc? a la unidad nacional en torno a ella como complemento del enfrentamiento que se vive en la pol?tica y donde todos se dicen salvadores, cuando todos son los principales culpables de lo que hoy somos.

A 100 a?os de una de las revoluciones m?s importantes del siglo XX nuestros postulados son el atraso, la apat?a, la vieja demagogia pri?sta, ahora extendida a toda la pol?tica. La transici?n se hizo, igual?ndonos a los principios del pri?smo, luego de que la alternativa se hab?a forjado, precisamente rompiendo con lo que significaba el PRI desviado e institucionalizado.

Si a geometr?a pol?tica nos atenemos, el PRI es la representaci?n de la gran derecha a la que desde 2006 los protagonistas pol?ticos centrales han favorecido para restaurarse. Los responsables de enterrar al viejo r?gimen sometieron el futuro del pa?s a su corta visi?n personalista y ahora se identifican por no aceptar ning?n cambio en su estrategia, aunque la realidad les grite en la cara. A 100 a?os de la Revoluci?n, el pa?s tiene tambi?n mala suerte.

Han cambiado tanto las cosas, que los 100 a?os de la revoluci?n ahora ya no se celebra el 20 de noviembre, sino el 15. El desfile ya no es deportivo y social para ense?ar los avances en salud, alimentaci?n o empleo, sino para ense?ar el armamento que no ha disuadido a los promotores de la violencia.

A 100 a?os de ese gran acontecimiento, que marc? la entrada de M?xico en el siglo XX y sus luces, sigue habiendo b?squedas; ya no se trata de si gana uno u otro personaje con votaciones rid?culas y con gran abstenci?n ciudadana. No es un tema de personalismo, sino de principios, ?tica y convicciones colectivas.

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Publicado por solaripa69 @ 11:45
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