Lunes, 22 de noviembre de 2010

Victoriano Huerta, el traidor sobreviviente
Miguel ?ngel Granados Chapa

M?XICO, D.F., 22 de noviembre.- Si Victoriano Huerta y su red de secuaces pensaron que la historia los absolver?a, se equivocaron. Sus nombres han sido y seguir?n ligados a la m?s baja actitud en el espectro cristiano de la existencia: la traici?n.?

Tal dijo Enrique Krauze ?Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010 en el campo de la historia? hace 17 a?os, con motivo del octog?simo aniversario del asesinato de Madero, a manos de los esbirros de la fiera de Colotl?n. Asombrado, he visto c?mo el equivocado fue Krauze. Huerta es admirado, ?mucho? o ?algo?, por 41% de los entrevistados en una encuesta levantada en v?speras de celebrar el centenario del comienzo de la Revoluci?n.?

El Grupo Reforma ?que publica el diario de ese nombre en la Ciudad de M?xico, as? como El Norte, en Monterrey, y Mural en Guadalajara? realiz? ese sondeo por el 5 y 6 de noviembre. ?Los resultados son representativos de los adultos que tienen una l?nea telef?nica en su domicilio?, se explica en la nota metodol?gica. No sorprende que los protagonistas de la Revoluci?n m?s admirados sean Zapata y Villa, por encima de Madero. Me dej? estupefacto, en cambio, que un porcentaje tan alto ?cuatro de cada 10? admiren al traidor de febrero de 1913, si bien esa cifra es menor que la de los encuestados que lo execran, que llega al 46%.

Quiz? aferrado en exceso a mi subjetividad, me parece que es necesario explicarnos lo que juzgo una anomal?a, que lo es no condenar de modo un?nime a ese chacal. Ese error moral puede deberse a ignorancia, es decir, a no saber qui?n fue Huerta, qu? hizo y a qui?n. Tambi?n podr?a ocurrir que ese resultado sea producto de la confusi?n, y que la gente que dijo admirar a Victoriano Huerta haya cre?do opinar en favor de Adolfo de la Huerta, el sonorense que rompi? con Obreg?n, su amigo y jefe, 10 a?os despu?s de la felon?a del jalisciense.

Ser?a m?s sorprendente, sin embargo, que la admiraci?n por Huerta proviniera de la informaci?n de que dispone el grueso de la sociedad, una informaci?n que trate con lenidad al asesino de Madero. En refuerzo de esa hip?tesis recuerdo la normalidad con que el secretario de Gobernaci?n Carlos Abascal orden? incluir al traidor en la galer?a de sus antecesores, como si hubiera ocupado ese cargo en circunstancias normales, que no fueran producto de un forzamiento militar. En esa misma l?nea de la interpretaci?n panista de la historia, encuentro natural el modo benevolente en que la p?gina oficial del centenario de la Revoluci?n, el sitio del gobierno de la Rep?blica presenta la ficha biogr?fica de Huerta.

Afirma que particip? ?en la pacificaci?n de Yucat?n en 1901?. Ese es el modo porfirista de referirse a la gran matanza de indios mayas ordenada desde el centro y ejecutada con gran brutalidad por Huerta, que con la experiencia de ese lance tambi?n incurri? en genocidio contra el pueblo yaqui. Es peor, sin embargo, el perd?n que la historia oficial del presente extiende a Huerta. Lo llama ?presidente interino?, en vez de llamarlo sencillamente ?espurio?, pues si bien el Congreso le extendi? el nombramiento, lo hizo forzado por el peso del Ej?rcito al que Huerta hab?a vuelto contra su jefe leg?timo.

Taimado, Huerta hab?a transitado de su condici?n de alto comandante del Ej?rcito federal a ganar la confianza de Madero. Cuando el 9 de febrero de 1913 se inici? lo que pretend?a ser la contrarrevoluci?n, la restauraci?n del antiguo r?gimen con Bernardo Reyes a la cabeza, en el ataque de un batall?n de la escuela de aspirantes al Palacio Nacional el defensor del baluarte, el fiel general Lauro Villar, fue herido, por lo que se hizo necesario reemplazarlo. Para ello, seg?n refiere Vasconcelos en su Ulises criollo, Madero aprovech? ?el ofrecimiento que en ese instante hizo de su espada el general Victoriano Huerta. De momento se hab?a convertido as? en el jefe militar del pa?s?.

Impedidos de tomar la sede del gobierno, a la que lleg? Madero para simbolizar que estaba en pleno ejercicio del poder, los rebeldes encabezados por el sobrino de su t?o, F?lix D?az, y por el tambi?n traidor general Manuel Mondrag?n, se hicieron fuertes en la Ciudadela. Desde all? atacaron el Palacio Nacional. Huerta no combati? con toda su fuerza a los alzados: ?Aun para los que no estaban acostumbrados a observar el desarrollo de una acci?n militar ?reflexion? el despu?s general Francisco L. Urquizo?, la batalla por la recuperaci?n de la Ciudadela ya estaba resultando un tanto rara, extra?a, fuera de lo que era natural que de ella se esperara, sobre todo si se tomaban en cuenta las declaraciones que reiteradamente hab?a hecho el comandante militar de la plaza y jefe de las operaciones en la ciudad, general Victoriano Huerta, quien hab?a asegurado una y otra vez, ante quien quiso o?rlo, que tomar posesi?n de la Ciudadela y acabar con sus defensores era una operaci?n sumamente sencilla y que no entra?aba ning?n peligro de fracaso?.

Semejante extra?eza manifest? Vasconcelos mientras los sucesos ocurr?an: ??Por qu?, pregunt? dirigi?ndome al ministro de Guerra tras uno de esos disparos, por qu? los sublevados tienen tan buena punter?a y en cambio los nuestros nunca le pegan a la Ciudadela? ?Por qu? no asaltan y acaban en dos horas con ese manojo de ratas?, insist?. Es una verg?enza que 400 hombres tengan en jaque a toda la naci?n que est? en paz y apoya al gobierno?.

Era que la traici?n estaba en curso. El historiador Stanley R. Ross fija su consumaci?n a pocas horas despu?s de iniciada la Decena Tr?gica, como se llam? al tenso e intenso periodo del 9 al 22 de febrero: ?El martes 11, a las 10.30 de la ma?ana, escasamente 15 minutos despu?s de que empez? la ofensiva federal, el general Huerta y F?lix D?az conferenciaban (?) El primer fruto del pacto se produjo en las horas avanzadas de la tarde, cuando a un destacamento de las fuerzas rurales se le orden? avanzar al descubierto sobre la calle de Balderas. Las ametralladoras de los rebeldes de la Ciudadela (?) hicieron pedazos la cerrada formaci?n de los rurales?.

Alfonso Taracena retrata, como si hubiera estado presente, la dimensi?n del fingimiento del traidor ya en obra: ?Un armisticio concertado al amanecer es roto a las 2.00 de la tarde, debido a que no se llega a un acuerdo para la introducci?n de v?veres en la Ciudadela, si bien Huerta dice a Madero que deb?an enviar a los sublevados hasta mujeres y licores para que cuando la fortaleza caiga no quede uno de ellos en toda la ciudad. Y levanta al presidente dici?ndole: ?Est? usted en brazos del general Victoriano Huerta??.

El 18 de febrero se precipitan los acontecimientos. Huerta se descara y arresta personalmente a Gustavo A. Madero, hermano del presidente, conocido por su influencia sobre don Francisco, y a ?ste mismo, en el Palacio Nacional. Para garantizar la paz seg?n su modo de entenderla, el embajador estadunidense Henry Lane Wilson re?ne en su oficina al rebelde D?az y al infidente Huerta. El acuerdo entre ambos estaba siendo puntualmente cumplido, pero el diplom?tico metiche quiso ser parte y beneficiario del convenio. All? se firm? el Pacto de la Embajada, seg?n el cual Huerta asumir?a la Presidencia y convocar?a a elecciones que ganar?a el sobrino del dictador huido a Francia; los intereses estadunidenses quedar?an bien preservados en uno y otro caso.

El 19 de febrero Madero y el vicepresidente Pino Su?rez, prisioneros en Palacio, son obligados a renunciar. Una C?mara entre timorata y temerosa acepta las dimisiones. El secretario de Gobernaci?n, Pedro Lascur?in, suple a los renunciantes durante 45 minutos, suficientes para nombrar secretario de Gobernaci?n a Huerta, que ha urdido toda la trama. Lascur?in se retira y Huerta es presidente. Que los reaccionarios en 1913 y en 2010 lo llamen ?interino? no lo libra de su verdadero car?cter de espurio.

Su felon?a ir? a?n m?s lejos. Huerta mismo y el embajador de Washington enga?an al cuerpo diplom?tico y a la familia de Madero, a quienes aseguran que el expresidente podr? salir al exilio. En vez de eso, Huerta ordena el traslado de sus eminentes prisioneros a Lecumberri. Y en el camino, los matones C?rdenas y Pimienta, a las ?rdenes de Aureliano Blanquet, un feroz traidor casi a la altura de Huerta y acatando instrucciones del espurio, asesinan al presidente y al vicepresidente. Como ocurre en 2010, se simula un tiroteo, y se informa que Madero y Pino Su?rez fueron v?ctimas del fuego cruzado entre sus custodios y una banda que pretendi? rescatarlos. Un da?o lateral, pues.

Huerta se rodea de gente ?decente? que no vacila en servir a un asesino, a quien en vez de vituperar se ensalza por haber salvado a M?xico del peligro que era Madero para el pa?s. En los siguientes meses, el espurio se port? como quien era: ?En la persecuci?n a los opositores a su gobierno destac? el asesinato del senador Belisario Dom?nguez y de los diputados Serapio Rend?n y Adolfo Gorri?n, as? como el encarcelamiento de los integrantes de la legislatura, con el fin de elegir otra que aprobara todas sus medidas?, escribe el doctor ?lvaro Matute en la muy sint?tica visi?n de esta ?poca aparecida en la Historia de M?xico, un volumen coordinado por la doctora Gisela von Wobeser, directora de la Academia Mexicana de la Historia con que el gobierno de Calder?n festej? los centenarios.?

?Huerta ?contin?a? se enfrent? al problema de que a pocos d?as de tomar el poder hubo cambio en el gobierno de Estados Unidos. El nuevo presidente Wodrow Wilson no aprob? la manera mediante la cual Huerta hab?a llegado al poder y no le otorg? reconocimiento diplom?tico. M?s adelante, ya en 1914, un incidente naval en Tampico, donde fue atacado un barco de Estados Unidos, propici? el desembarco de tropas de ese pa?s en Veracruz. As?, el gobierno de Huerta ten?a que atacar varios frentes: la intervenci?n, el Ej?rcito Constitucionalista que avanzaba del norte al centro del pa?s, y los zapatistas en el sur.?

Tras sucesivas derrotas militares, Huerta tuvo que renunciar el 15 de julio de 1914 y huy? del pa?s. Pretendi? volver a?o y medio despu?s, y se radic? en El Paso, en una finca de su propiedad. Pero por burlar la ley migratoria (y hacer un gui?o de buena voluntad al triunfante carrancismo) fue llevado preso a Fort Bliss. All? muri? v?ctima de cirrosis hep?tica. El salvaje bebedor que fue sucumbi? al alcohol el 13 de enero de 1916.

En noviembre de 2010, v?speras del centenario de la Revoluci?n que combati?, su recuerdo sobrevive, no s?lo para su mal, pues sorprendentemente hay mexicanos que lo admiran.

Qu? le vamos a hacer.

Frutos de la Revoluci?n

Bernardo B?tiz V.

Alrededor de la fecha emblem?tica, 20 de noviembre, de la redonda cifra, cien a?os, se ha escrito abundantemente, y si hubiera alg?n acucioso recopilador que se ocupar? del asunto ver?amos con curiosidad y asombro con cu?ntos ep?tetos se ha enlazado la palabra Revoluci?n.

Se ha dicho que fue traicionada, interrumpida, falsificada, congelada, olvidada, desviada, muerta y enterrada, mistificada; que el actual gobierno la celebra a rega?adientes y sin convicci?n, y que solamente en las entra?as m?s profundas del pueblo est? a?n latente y marca una l?nea de la que nos apartamos o a la que nos acercamos, pero nunca perdemos del todo.

Dos de los partidos pol?ticos importantes o grandes, el PRI y el PRD, presumen en sus siglas con el vocablo; uno es revolucionario e institucional, lo que no deja de ser contradictorio, y el otro sostiene una revoluci?n ya no cruenta y armada, sino democr?tica.

El PAN de hoy no se asume revolucionario. En tiempos mejores, cuando era fiel a sus principios originales, especialmente entre 1966 y 1988, aceptaba ideales revolucionarios, reconoc?a el valor del movimiento y luch? por un cambio democr?tico de las estructuras, aun cuando hoy da la espalda a esta etapa de nuestra historia.

Entre los partidos menores, el que se identifica m?s con principios revolucionarios es el PT; el que usurpa el nombre de ecologista no es m?s que un grupo de oportunistas, que sobrevive en tanto sirve a otros partidos y en tanto medra con sectores de la poblaci?n defensores del medio ambiente, pero faltos de informaci?n pol?tica.

Ninguno de los otros, ni el Panal ni Convergencia ni los grupos locales, se opone a los principios de la Revoluci?n Mexicana, aun cuando no todos los practiquen a cabalidad; m?s Convergencia que los otros se identifica con ellos.

La etapa violenta de 1910 a 1929, cuando menos dos d?cadas, dej? un mill?n de muertos, lo que nos hace preguntarnos si tal sacrificio vali? la pena y si queda algo de lo que la motiv?. La respuesta debe ser positiva: hay mucho de valioso que heredamos del movimiento revolucionario, hay razones para celebrar; en primer lugar, nos dio identidad nacional, el tipo de revolucionario mexicano, el campesino armado, las soldaderas, los trenes repletos, la caballer?a de jinetes de sombrero ancho y carabina en la mano, la infanter?a de calz?n blanco, que Orozco consagr? en el mural La Trinchera, salieron a flote de un M?xico profundo que sacudi? las estructuras sociales de principios del siglo XX y se sobrepuso a los lechuguinos y petimetres de la aristocracia, a los hacendados explotadores y a los condecorados militares de carrera.

En el balance a cien a?os quedan, a pesar de titubeos y traiciones, logros importantes que tenemos que valorar con todo y la cr?tica situaci?n por la que atraviesa el pa?s, logros que nos permiten mantener esperanzas de que las cosas se compongan.

Entre ellos, en primer lugar est? la Constituci?n que a?n nos rige, la primera que incorpor? las garant?as sociales en un texto fundamental; la primera que reconoci? que si bien los individuos tienen derechos fundamentales, indispensables para su existencia como personas, hay tambi?n derechos que corresponden no a individuos, sino a sectores o categor?as sociales: los campesinos, los obreros en una primera etapa y luego, los ind?genas, las mujeres, los ni?os, los ancianos, los minusv?lidos.

Cada franja de la comunidad nacional, por sus peculiares circunstancias y caracter?sticas, merece un reconocimiento especial y la protecci?n espec?fica de la ley. Los logros en este sentido son consecuencia inmediata y directa de la Revoluci?n, que mostr? adem?s que la justicia no es hacer tabla rasa de todos, como pretendi? el liberalismo individualista del que se aprovechan los voraces, sino que, seg?n la harto conocida f?rmula, la justicia es tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales.

Los marginados, los m?s d?biles, los de abajo, requieren atenci?n especial y legislaci?n protectora que disminuya sus desventajas y les permita ser miembros de pleno derecho de la amplia comunidad nacional. Los indios, los desarrapados, los pobres, son reconocidos en los principios constitucionales y pueden exigir los derechos que la Revoluci?n consigui? para ellos; derecho a la educaci?n gratuita, a la tierra y libertad, a salarios m?nimos, a descanso y vacaciones pagadas, a organizarse, a juicios imparciales y equitativos, y a no tener que bajar de la banqueta cuando viene un catr?n en sentido contrario; en una palabra, a ser y sentirse mexicanos y ciudadanos como el que m?s.

Al menos eso, pero mucho m?s se rescat? entonces: los conceptos de igualdad, de dignidad personal y de democracia, no podemos dejar de reconocer que tomaron carta de naturalizaci?n en nuestro pa?s en buena medida gracias a la Revoluci?n Mexicana. Hoy, ante los nuevos embates en contra de estos derechos, la Constituci?n nos reconoce instrumentos de defensa.

Tambi?n se rescat? el derecho al patrimonio puesto en peligro por la codicia y la insidia; el subsuelo, el petr?leo, las costas, las tierras agr?colas, los bosques y los agostaderos, el espacio a?reo son reconocidamente nuestros y no debemos dejar que se nos arrebaten. La Revoluci?n triunf? y luego fue traicionada, pero dej? una rica herencia, un patrimonio que antes de ella no era reconocido al pueblo y eso vale por s? mismo, aun cuando nos encontremos hoy en riesgo de que, si no luchamos para preservar ese patrimonio, podemos perderlo.

La revoluci?n, la historia inacabada

V?ctor Flores Olea

Y es que no existe realmente una revoluci?n concluida, terminada en el sentido de que se cumplan por entero sus finalidades. Porque la historia, en su esencia, es un proceso, un continuo esfuerzo por cambiar, por avanzar, por vencer los retrasos, las traiciones y las negaciones, una perpetua lucha por ampliar sus ma?anas y extender sus finalidades. Pasos adelante, frenos, pasos atr?s. Lucha entonces siempre inacabada y siempre llena de promesas y esperanzas, que son la forma misma de vivir de las sociedades humanas. De ah? sus grandezas y miserias.

Debemos entonces concluir que la historia, en cierta forma se despliega por ciclos, que por definici?n es una historia c?clica. Pero, ?cu?l es el elemento determinante de tales ciclos? La respuesta m?s rigurosa es la de Karl Marx, en el sentido de que son las clases sociales y sus luchas las que definen, al final de cuentas, el ser y el modo de los enfrentamientos que est?n en la ra?z de los cambios, de los ciclos, de los movimientos de la historia. Por supuesto, quienes se niegan a ver la historia de este modo, quienes se identifican con el status quo y con los dominadores, y desprecian las fuerzas que los refutan, negando la permanente lucha de clases (aunque sean n?tidas hasta el capitalismo), viven los grandes cambios sociales como terremotos inexplicables, a veces hasta cuando ellos mismos son los beneficiarios de las contradicciones.

Lo anterior porque hoy vivimos el centenario oficial de nuestra Revoluci?n de 1910 como se vive el aniversario de un jolgorio o de una fiesta fr?vola. Imag?nense, ?el PAN en el poder festejando un movimiento social que estuvo siempre en sus ant?podas, en sus aspectos popular e institucional, contra el que siempre luch? y quiso frenar y desviar! ?Pero no, no se alarmen demasiado!

Tambi?n los herederos del movimiento revolucionario hecho partido pol?tico, el PRI actual y de muchos a?os, se encuentran en situaci?n semejante: separados y eventualmente opuestos al n?cleo de medidas realmente revolucionarias de 1910, como sus cong?neres de Acci?n Nacional, adversarios en la pr?ctica de la matriz realmente revolucionaria y popular del movimiento centenario.

Unos y otros, al proclamar la santidad de las instituciones actuales, simplemente sostienen el car?cter perpetuo de la dominaci?n presente, la estructura inamovible de las actuales relaciones sociales. Tal es en conjunto el prop?sito central de sus pol?ticas y de sus celebraciones de aniversario.

Sin reparar en que la matriz de la revoluci?n en 1910 no fue la abstracta construcci?n de instituciones sino la concreta reivindicaci?n y satisfacci?n de necesidades presentes: injusticias, desigualdad, violencia de los opresores, sometimiento, despojos, p?rdida de libertades.

Como bien sostuvo en su ensayo de hace dos d?as en este mismo diario Adolfo Gilly, El ?guila y el sol (Genealog?a la rebeli?n y la pol?tica de la revoluci?n): Una fue la rebeli?n de las comunidades y los campesinos del norte y del sur que se hizo revoluci?n del pueblo en los ej?rcitos de Emiliano Zapata y de Pancho Villa. Otra fue la revoluci?n pol?tica de los jefes y dirigentes liberales que culmin? en la Constituci?n de 1917 y en los sucesivos gobiernos mexicanos desde 1920, una vez derrotados los campesinos en armas y absorbidas sus rebeld?as radicales en reformas agrarias y democr?ticas legales. O, entre otras menciones que hace Gilly, la de Walter Benjamin para quien ?la historia de los oprimidos es un discontinuum..., y la de los opresores un continuum?. La primera llevando a la nivelaci?n y la segunda a una radical ruptura. O todav?a, mencionando a Le?n Trotsky: Las masas no van a una revoluci?n con un plan preconcebido de sociedad nueva, sino con un sentimiento claro de la imposibilidad de seguir soportando la sociedad vieja.

Pero por debajo de los festejos centenarios organizados por el continuum de las elites, m?s all? de sus diferencias a cien a?os de distancia, no tan profundas como intentan hacernos creer, se gesta sin duda ya el discontinuum de quienes buscan una ruptura, un corte radical o importante con la situaci?n dominante: escandalosas desigualdades econ?micas, marginalismo, abandonos indecibles, explotaci?n sin miramientos.

?Por supuesto que un n?mero creciente de mexicanos claman por la satisfacci?n de sus necesidades! ?Claro que tambi?n exigen la ruptura profunda con el orden establecido! Tal cosa no significa que la ruta sea necesariamente la de la lucha armada, al menos por hoy, pero recordemos que en la historia de pronto la cantidad modifica la calidad y sus v?as de desarrollo resultan inesperadas. En todo caso, pareciera que estamos en el proceso de cerrar un ciclo y de abrir otro distinto, en que nuevamente se realizar? un esfuerzo para que las necesidades de las mayor?as se cumplan, ahora s? (en otro intento serio), para que sus demandas se cumplan con rigor.

Parece, pues, que en Nuestra Historia estamos en el proceso de cerrar un ciclo y abrir otro nuevo, en la historia cuyo significado m?s profundo es el de la perpetua movilidad (la historia no tiene fin), el de la permanente b?squeda para trascender los enfrentamientos, sus injusticias. Por mi parte pienso que este esfuerzo de ruptura es la verdadera celebraci?n que esperamos, tan ajena a las conmemoraciones del mismo injustificable y repudiable.

A la memoria de Antonio Delhumeau

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Publicado por solaripa69 @ 10:12
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