Jueves, 17 de marzo de 2011

Monopolios y doble moral

Carlos Fern?ndez-Vega

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Voraces y desbocados, los monstruos econ?mico-financieros creados por el poder pol?tico neoliberal se han salido de control. Presumidos por aquel como s?mbolo inequ?voco de la modernidad mexicana (Salinas dixit) y del s?lido avance de la democracia de, por y para los empresarios (Fox ?dem), sus copatrocinadores ya no saben qu? hacer con ellos ni c?mo meterlos al redil. Sometido por su propia creaci?n, el gobierno mexicano no hace nada para remediar esta situaci?n, mientras la embajada estadunidense en M?xico se dice sorprendida y preocupada por el sostenido avance y la creciente influencia de los barones aut?ctonos en la toma de decisiones en los ?mbitos Judicial, Legislativo y Ejecutivo de M?xico.

Lo detallan los cables de Wikileaks, publicados por La Jornada, y el panorama no es grato. El gobierno mexicano no atina a tomar decisiones para acabar con monopolios, duopolios y oligopolios, ante el peligro que para ?l representa quedar mal con alguno de los involucrados, cada uno de los cuales le significa un jugoso apoyo financiero para sus ambiciones electorales. A su vez, la preocupaci?n de la legaci?n estadunidense, y los intereses que ella representa, se enfoca en el sector mexicano de las telecomunicaciones (y por obvias razones en los consorcios dominantes: Telmex, Telcel, Televisa y Tv Azteca), tal vez por ser ?ste el ?nico, a estas alturas, en el que sus grandes capitales no tienen acceso pleno al pastel, y no precisamente por los resabios legales en la materia o por el patriotismo gubernamental, sino por el hecho contundente de que tales monstruos representan un impedimento real para la apertura del mercado y para que las trasnacionales del ramo claven los colmillos en este exquisito negocio (que incluye una tercera cadena de televisi?n) hasta ahora reservado mayoritariamente a los nacionales, hoy en plena guerra por el control de los bienes otrora de la naci?n.

Pero ni el paralizado gobierno mexicano ni la preocupada legaci?n estadunidense tienen qu? reclamar. Desde la supuesta oposici?n, los panistas apoyaron con todo la pol?tica privatizadora de Salinas y Zedillo (de la banca a los ferrocarriles, sin olvidar la telefon?a) y a los monstruos empresariales de ella resultantes. Fox s?lo lleg? c?nicamente a poner la cereza al pastel, mientras los vecinos del norte aplaud?an la modernidad econ?mica mexicana y celebraban la transici?n (con el indeleble sello del Consenso de Washington) de los monopolios del Estado a los monopolios privados. Felipe Calder?n estaba entre los aplaudidores, pero tiempo despu?s se le cruz? una candidatura a Los Pinos, y en campa?a prometi? estimular la competencia mediante el combate a monopolios, duopolios y oligopolios, aunque en los hechos s?lo los ha fortalecido.

?Por qu? hasta ahora la preocupaci?n de la embajada estadunidense en torno a monopolios, duopolios y oligopolios?, de acuerdo con las puntuales revelaciones de Wikileaks-La Jornada. ?S?lo a estas alturas registr? que diez magnates concentran 12 por ciento del PIB mexicano, controlan las ?reas m?s productivas de la econom?a y ejercen creciente influencia en la toma gubernamental de decisiones? Ser?a una reacci?n por dem?s tard?a de la diplomacia norte?a, toda vez que el desmantelamiento del aparato productivo del Estado mexicano comenz? casi tres d?cadas atr?s, con Miguel de la Madrid, aunque fue en el salinato cuando se pis? a fondo el acelerador, sin hacer menos al zedillato. As?, la productiva f?brica de monstruos concentradores de riqueza e ingresos no se limita a la telefon?a y a la televisi?n (nacida ?sta desde el poder en tiempos de Miguel Alem?n). El abanico es enorme, e incluye banca, telecomunicaciones, miner?a, ferrocarriles, l?neas a?reas, acero, az?car, gas, sat?lites, carreteras, aeropuertos y mucho m?s, por mucho que la legislaci?n vigente lo impida, sin olvidar la existencia de una instituci?n antimonopolio, la Comisi?n Federal de Competencia, que tampoco atina ni se anima a poner orden.

No es un hecho novedoso ni aislado lo que ahora preocupa a la embajada estadunidense. Es la historia de los ?ltimos cinco lustros. En pol?tica no hay casualidades. Tampoco en los negocios. Por eso llama especialmente la atenci?n uno de sus despachos (correspondiente a 2007 y registrado por Wikileaks-La Jornada), por medio del cual la legaci?n reporta a Washington que en manos de Calder?n estar?a la autorizaci?n de una tercera cadena televisiva, lo que parece una visi?n simplista de la realidad mexicana. ?Qui?n toma las decisiones en el caso, por ejemplo, de las telecomunicaciones mexicanas?

El siguiente ejercicio, que resume c?mo estaba armada la telara?a de intereses en el sector en ese mismo a?o de 2007, nos da una idea de qui?n, en realidad, las toma: Cemex es el monopolio cementero en M?xico, y su cabeza visible es Lorenzo Zambrano, quien tambi?n participa en Televisa, la cual es presidida por Emilio Azc?rraga Jean, empresario presente en el consejo de administraci?n de Tel?fonos de M?xico, de Carlos Slim, magnate que a su vez forma parte del consejo de administraci?n de Televisa, consorcio en el que ten?a asiento Mar?a Asunci?n Aramburuzabala (esposa del ex embajador Tony Garza), del Grupo Modelo, del duopolio cervecero en el pa?s, en el que sobresale Valent?n D?ez Morodo, a su vez participante en el consejo de administraci?n de Kimberly Clark, que preside Claudio X. Gonz?lez Laporte, en su momento presidente del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, ?ste con asiento permanente en Tel?fonos de M?xico y Televisa, emporio en el que aparece Germ?n Larrea, cabeza del Grupo M?xico, consorcio en el que tambi?n participan Claudio X. Gonz?lez Laporte y Valent?n D?ez Morodo, todos ellos beneficiarios de la reprivatizaci?n de Banamex, al igual que Roberto Hern?ndez (tambi?n integrante del consejo de administraci?n de Televisa), quien vendi? a Citigroup por medio de la Bolsa Mexicana de Valores, en las que todas las empresas citadas participan.

El gobierno de Estados Unidos conoce a la perfecci?n c?mo se manejan las cosas en M?xico, qui?n toma las decisiones y qui?nes son los capos, pero ahora se dice preocupado por el juego del monopolio y la falta de competencia, especialmente en el sector de las telecomunicaciones. ?Casualidad?

Mayor?a y raz?n

Adolfo S?nchez Rebolledo

Inexorablemente nos adentramos en la sucesi?n presidencial. No superada por la alternancia, la tradici?n convierte el recambio electoral del Ejecutivo en el acto supremo de la pol?tica nacional. Todo se subordina al nacimiento del nuevo rey sexenal, aunque ya todo el mundo sabe que no todo lo que reluce es oro y que los tiempos son muy otros. Cierto que el halo de misterio se ha disipado junto con las reglas del viejo presidencialismo y hoy la lucha descarnada se libra dentro de los partidos, en el no siempre discreto intercambio de favores entre las dirigencias pol?ticas y los grupos de poder y en el dialogo mediatizado, ?a la americana?, de los aspirantes con la ciudadan?a, en cuyo nombre se defienden los m?s variados intereses.

Adem?s del des?nimo acumulado hacia la clase gobernante, el imaginario colectivo vislumbra la Rep?blica como una hechura extra?a que no acaba de equilibrar los poderes, en la que a?n sobresale la enorme cabeza presidencial sobre las raqu?ticas extremidades legislativa y judicial. La transici?n democr?tica le dio fuerza al voto, introdujo reformas y mayores contrapesos al presidencialismo, pero no cre? un r?gimen nuevo. Al contrario, se ceb? sobre el legado del anterior y se qued? a medias, empantanado entre la alternancia como suprema (y m?xima) aspiraci?n y la continuidad obligatoria de las formas de poder dominantes. Con las campa?as a todo vapor y la aplicaci?n de la mercadotecnia nos hicimos modernos de un d?a para otro, aunque se valoraron menos los aciertos en la construcci?n institucional (el IFE, por ejemplo) que los derroches de libertad y dinero con que el panismo gan? las elecciones. La derrota del PRI abri? el camino a la ficci?n pol?tica consistente en creer que los cambios de fondo ya estaban consumados y, lo que es m?s importante, que la democracia pod?a sustraerse de la realidad marcada por la polarizaci?n y la desigualdad.

La idea de que el principio de mayor?a lo es todo para la democracia olvida que ganar en los n?meros no siempre implica tener la raz?n. Hemos visto c?mo las campa?as, la mercadotecnia y la ayuda de las instituciones favorece la conformaci?n de ciertas preferencias electorales, pero a?n no vemos a los partidos y a sus prohombres defender un proyecto racional para M?xico, esto es, un conjunto de ideas y propuestas capaces de resistir al mercadeo de los votos. Y eso es, justamente, lo que hace falta. En el M?xico de hoy, tan resistente al debate ideol?gico o la simple manifestaci?n de las ideas program?ticas, existen, pese a la molestia de los posmodernos, asuntos cuya seriedad no puede ser abordada con los criterios ratoneros de la disputa electoral seg?n la entienden los asesores que pululan como moscas en la miel.

La sucesi?n del a?o 2012 se presenta en un pa?s cuyos problemas lejos de resolverse se multiplican y agravan. Basta echar una ojeada a las grandes cifras de la desigualdad para comprender que no hay democracia viable si no cambian las condiciones de vida de millones de mexicanos condenados a la miseria. Como en los tiempos cl?sicos de los griegos, se puede a aspirar a una democracia para los privilegiados, pero la realidad har? explotar tales ilusiones. Invisibilizar a los que menos tienen (como reza el eufemismo oficial) es la perspectiva suicida que en nombre de la modernidad adoptan los que mandan y gobiernan una naci?n cuyo principal capital en su gente. El gran pa?s emergente que es M?xico no acabar? de dar el salto cualitativo si no pone en el centro de sus preocupaciones el qu? hacer con los j?venes y c?mo darles una ocupaci?n productiva, aun si para ello debe reducir las ingentes ganancias de sus capas m?s privilegiadas. Asegurar la educaci?n de calidad es un tema de tal importancia que ya no puede resolverse como si fuera un asunto patrimonial entre el sindicato, sus l?deres y el aparato burocr?tico del que dependen las decisiones pedag?gicas. Construir la politica energ?tica que se requiere para estar a la altura de la situaci?n global implica abandonar la mentalidad de quienes creen que la ?nica obligaci?n de los gobernantes es hacer negocios r?pidos y recibir palmadas en la espalda de los due?os del planeta.

En fin, los partidos no quieren ocuparse de estos aburridos temas. Prefieren el chascarrillo y la guerra sucia, el aturdimiento de los espots repetidos hasta la neurosis, la imagen a la palabra, pero el m?todo encierra una trampa obvia, pues m?s all? del mercado, no hay duda de que la disputa real, la verdadera es, justamente, la que gira en torno a esas cuestiones fundamentales y no, como se nos quiere hacer creer, en la simpat?a de los candidatos o en los recursos de la publicidad.

Todo este alegato me trae de nuevo a la cuesti?n de las alianzas que hoy divide a la izquierda. El debate, en tono menor, se ha referido a los temas t?cticos, a si es o no cuesti?n de principios acordar con el adversario, a si es la ?nica manera de ganar o de parar al PRI, a la pugna por las candidaturas? En fin, no entrar? en esos detalles que no tocan el fondo pero enturbian el an?lisis; ?deber?an los partidos ofrecernos en las elecciones de 2012 una propuesta lo m?s clara posible de soluci?n a los graves problemas que cualquier ciudadano ilustrado puede enumerar? ?Hay excepciones a esta obligaci?n que es pol?tica y moral? ?Est? la izquierda en condiciones de relegar su plataforma para ganar una elecci?n estatal aunque se fracture su ya de por si fr?gil fuerza electoral y se difumine su singularidad? Creo que si la izquierda no llega a un acuerdo pol?tico sobre el tema de las alianzas ser? imposible un frente unido de cara al 2012. No es un asunto de personalidades sino de evitar el naufragio anticipado. De contar o no con un programa racional que sirva para resolver los problemas nacionales.

Quiz? la fractura es inevitable, pero lo menos que podr?a esperarse es que la izquierda confronte su destino sin cobijarse en una simulaci?n pol?tica, dando la batalla por sus posiciones estrat?gicas y mirando hacia el futuro

Presunto culpable

Octavio Rodr?guez Araujo

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Todo documental tiene sesgos. ?stos responden al guionista, al director, al editor, a los patrocinadores y a otros muchos factores que se me escapan. Un amigo muy apreciado critic? recientemente la edici?n de que fue objeto Presunto culpable porque se seleccionaron las partes (de la larga grabaci?n de un juicio) que conven?an a sus intereses. Todo documental, como toda pel?cula, e incluso la mayor parte de las entrevistas, y hasta las noticias, es editado, y en general, con sesgos.

Sicko, de Michael Moore (2007), por ejemplo, miente ol?mpicamente al elogiar el sistema de salud p?blica de Canad?. Simplemente exagera el alcance de su cobertura y, sobre todo, la eficiencia de su funcionamiento. No lo critica y lo presenta como si fuera un modelo a seguir universalmente, especialmente en Estados Unidos. Tiene raz?n en demostrar que el sistema de salud estadunidense deja mucho que desear, que no cubre a muchos millones de habitantes de ese pa?s, pero pasa por alto que la salud p?blica en Canad? no es tan eficiente como quisieran sus ciudadanos. Es un sistema muy burocratizado, como ocurre en M?xico con los hospitales y cl?nicas del sector p?blico de la salud, incluidos el ISSSTE y el IMSS.

El sistema de salud canadiense, que es universal, tiene deficiencias graves. Un m?dico amigo, canadiense, que trabaja en un hospital de Toronto, tuvo un derrame cerebral (stroke) y le dijeron que lo pod?an atender semanas despu?s, cuando todo mundo sabe que es una urgencia que debe atenderse lo m?s pronto posible si se quiere evitar da?o neurol?gico quiz? irreversible. Tuvo que ir a Estados Unidos y pagar un hospital privado. A otro amigo, mexicano residente en Canad?, lo mandaron a su casa porque sus sangrados nasales no eran peligrosos. Vino a M?xico y el m?dico se sorprendi? de que no hubiera muerto: ten?a la presi?n arterial por las nubes. As? pues, Moore, tan elogiado por su valent?a y sus denuncias, sin cuestionamientos entre la gente progresista, es tambi?n sesgado.

El documentalista Juan Manuel Sep?lveda, citado en extenso por Julio Hern?ndez L?pez en Astillero, parece no darse cuenta de las barbaridades que dice. Afirma, por ejemplo, que detr?s del documental Presunto culpable se esconde una obra que recurre a los mismos vicios del sistema al que denuncia, y m?s adelante se?ala que el documental comete el mismo agravio que denuncia. Presupone la culpabilidad e incluso condena a todos los que no son su cliente-personaje. Es decir, el abogado-con-c?mara no s?lo abusa de la presunci?n de culpabilidad, inmediatamente la convierte en condena irrevocable, sin otorgarle al resto de los personajes el derecho de un juicio imparcial y un abogado defensor.

Cuando uno ve en los judiciales su conveniente, obvia y c?nica amnesia (no me acuerdo), a la fiscal (agente del Ministerio P?blico) no demostrar nada para sostener su acusaci?n, sino simplemente decir que est? haciendo su chamba y al juez aprobando y sonriendo cuando es testigo de tales aberraciones, no se puede decir que los documentalistas y sus patrocinadores presupusieron la culpabilidad de quienes no son su cliente-personaje. ?En d?nde se ha visto que el abogado defensor de un presunto delincuente le facilite las cosas a la parte acusadora y que le otorgue al resto de los personajes (el testigo, los polic?as judiciales, la agente del Ministerio P?blico y el juez) el derecho de un juicio imparcial y un abogado defensor, como dice el se?or Sep?lveda? Adem?s de que esto no le corresponde a un abogado defensor; si as? lo hiciera, la barra de abogados tendr?a todo el derecho de suspenderle la licencia para ejercer su profesi?n. Los abogados defensores tienen la obligaci?n profesional (?tica aparte) de defender incluso a los culpables. Si no fuera as?, no habr?a abogados. Los fiscales, por otro lado, tienen la obligaci?n de armar un juicio con pruebas y no basarlo en lo dicho por un testigo que igual puede estar diciendo mentiras. Y, finalmente, los jueces tienen la obligaci?n de exigir pruebas, analizarlas, ponderarlas y revisar incluso si el expediente est? bien armado o no para aceptar la procedencia de un juicio.

Lo que han hecho los documentalistas es exhibir un juicio de los miles y miles que se realizan todos los d?as en M?xico y que, precisamente por como son llevados, han llenado las c?rceles (que son otra de las verg?enzas del pa?s) de inocentes o, si se prefiere, de presuntos culpables que, por a?adidura, son pobres. Los delincuentes ricos o de cuello blanco no est?n, salvo contadas excepciones, en las prisiones ni mucho menos mezclados con los que forman la mayor?a en los mal llamados centros de readaptaci?n social, que no son otra cosa que pocilgas con rejas donde no s?lo se venden drogas il?citas sino que se hacen negocios por fuera con la complicidad de los custodios. Nuestro sistema penitenciario, y no se nos deber?a olvidar, es una escuela de iniciaci?n y perfeccionamiento de delincuentes, no centros de readaptaci?n social.

Lo que molesta a los cr?ticos de Presunto culpable es que sus patrocinadores sean burgueses y que la exhibici?n del documental haya sido negocio, y buen negocio gracias a una juez que quiso prohibir su exhibici?n. Si el documental hubiera sido patrocinado por la cooperaci?n de los habitantes de la sierra de Oaxaca, digamos, y exhibido en una casa particular de una colonia proletaria de la ciudad de M?xico, entonces estar?a muy bien. Si el ?nico testigo, que por cierto no atin? a demostrar que el presunto culpable hubiera disparado a su primo, no fuera un muchacho humilde y de escasos recursos intelectuales, todo estar?a bien pues la ideolog?a del pobrismo gana sobre la objetividad. ?Y las pruebas y los otros testigos? ?Se le practic? la prueba de Harrison al presunto culpable?

Finalmente, el p?blico tiene derecho a juzgar, incluso a los juzgadores. Que se nos niegue es otra cosa. Si pudi?ramos ejercer ese derecho, muchos funcionarios y gobernantes estar?an en la c?rcel.

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Publicado por solaripa69 @ 10:49
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