Domingo, 10 de julio de 2011

Los feudos del caciquismo

Arnaldo C?rdova

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Las elecciones locales que hemos presenciado el pasado domingo 3 de julio, sin exageraci?n, pueden llamarse paradigm?ticas y no tanto por lo que mostraron en s? mismas, vale decir, unas comunes y corrientes elecciones en las que es tradicional el abuso del poder por aquellos que desde el gobierno dominan y manipulan los procesos electorales. Se trata de otros factores que ahora se han revelado y que han comenzado a definir lo que en adelante ser? la lucha electoral, en una ausencia total de reglas a las que todos puedan atenerse por igual y en ausencia de una autoridad arbitral que organice de verdad y conduzca eficazmente los procesos electorales.

El primer elemento que resalta, aunque ya estaba presente desde hac?a m?s de diez a?os, desde la primera derrota presidencial de PRI, es la consolidaci?n de ese poder que se ha llamado feudal, de los gobernadores pri?stas de los estados en los que conservaron el poder y en donde organizaron sus fortalezas inexpugnables. A primera vista eso no tendr?a nada de extra?o, pues se trataba de entidades dominadas desde anta?o por el PRI. Ello no obstante, lo notable ha sido que esos estados no se han desarrollado constitucional y democr?ticamente, de manera que en ellos fuera efectivo el imperio de la legalidad. Desde tiempos de Fox, el gobierno panista descubri? que podr?a encontrar en los gobernadores pri?stas a magn?ficos aliados ligados por intereses ciertos y seguros.

Fox aprovech? las participaciones federales de las entidades federativas y, poco despu?s, los dineros de los gasolinazos y, en particular, de los excedentes petroleros, para alimentar y cebar las finanzas de los gobernadores, convirti?ndolos en mandatarios tan opulentos que jam?s en el pasado hab?an dispuesto de tantos recursos que pudieran utilizar, adem?s, del modo m?s discrecional. Se trataba, de hecho, de una alianza de facto que miraba, desde el punto de vista del gobierno foxista, a una estabilidad interior que le pareci? esencial. Para los gobernadores se trat?, evidentemente, de la oportunidad de consolidar su poder local y hacerlo aut?nomo y por entero dependiente de su propia voluntad. En esto todos ellos hicieron un silencioso consenso y se mantuvieron unidos.

La creaci?n de la Conago fue obra de ellos y les ayud?, aunque no estaban solos, pues les acompa?aban los de los otros partidos, a mantenerse unidos y hacer un frente com?n. El peligro de que su poder se desperdigara y, as?, se perdiera, se conjur?. Los pri?stas, al parecer, han logrado superar el trauma que les provoc? la p?rdida de la Presidencia de la Rep?blica y, en consecuencia, del poder que los manten?a disciplinados a la pol?tica nacional y a sus intereses generales. Ahora encontraron en sus gobernadores esa ancla de poder que los mantiene como una gran fuerza nacional capaz en todo momento de contender por el poder de la naci?n. Cabe preguntar, ?qu? pas? con la reforma pol?tica en esos estados? ?Es que siempre estuvieron al margen de ella?

Los estados y sus gobiernos pri?stas, por supuesto, siempre estuvieron en el proceso reformista. Un hecho, eso s?, que los analistas de todas las tendencias pusieron de relieve, fue que el poder presidencial obstaculiz? en todo momento el desarrollo democr?tico de las entidades. Pero no lo pudo evitar. A final de cuentas tambi?n en esos estados la gente aprendi? a votar y a elegir, tambi?n a debatir pol?ticamente y a hacer sus elecciones. La antigua pol?tica monol?tica del pri?smo fue demolida desde sus principios. Adem?s, el mismo poder presidencial coadyuv?, en honor de sus alianzas secretas, a entregar poco a poco el poder en los estados a las fuerzas de oposici?n y, en especial a una, el PAN (Baja California, 1989). Todo ello fue fruto de la fuerza que cobr? la reforma pol?tica.

?sta sigui? incontenible hasta que el PRI perdi? la Presidencia en el 2000. En 1997, la izquierda perredista conquista el Distrito Federal, la entidad m?s rica y la segunda por su poblaci?n. Era de esperarse y muchos lo hicieron que con la expulsi?n del PRI de la Presidencia la reforma marchar?a todav?a a un ritmo mucho m?s intenso. Pero no fue as?. Los pri?stas nunca entendieron la reforma pol?tica (de ella s?lo pensaban que su gobierno la hab?a concedido graciosamente) y, una vez en la oposici?n, jam?s pudieron hacer nada por ella, porque siguieron sin entenderla y, lo que es peor, sin compartirla. Para ellos todos los problemas de la pol?tica se reducen a saber qui?n tiene el poder y cu?nto suma ?ste.

La decisi?n que fue tomada desde el Estado y desde el poder real del pa?s de oponerse a como diera lugar a L?pez Obrador en 2005, represent? un golpe mortal a nuestra todav?a endeble democracia, haci?ndola naufragar en medio de pr?cticas fraudulentas y conspirativas, y anulando la participaci?n de la ciudadan?a en la elecci?n de sus gobernantes. Los gobernadores pri?stas tuvieron un activo papel en la conjura, llegando a traicionar a su propio candidato, para dar su apoyo al prospecto de la misma conjura, Felipe Calder?n. Eso cre? nuevas redes de complicidades entre el gobierno panista y los pri?stas que gobernaban la mayor?a de las entidades. Fue entonces, precisamente, que las vacas gordas llegaron a los solares de los gobernadores y ?stos supieron aprovecharlo fortaleciendo su propio poder.

El hecho resultante es que esas entidades se est?n volviendo a pasos acelerados unos sepultureros de la democracia. No todos los mandatarios marchan al parejo, incluso hay m?s de un perdedor que no supo comportarse a la altura. Pero todos ellos son m?s amigos de la lucha sucia y antidemocr?tica que del juego legal de los procesos electorales. El abuso del poder y del erario p?blico para crear lealtades entre los diferentes grupos sociales y compromisos que se satisfacen con aut?nticas migajas, sobre todo entre los pobres y marginados, hacen in?til la contienda electoral. All? puede saberse de antemano qu? resultados van a dar las elecciones, las cuales se dirimen por el poder del dinero y del aparato p?blico.

Ese poder caciquil de los gobernadores pri?stas ha llegado a corromper de tal manera las instituciones electorales locales, que ?stas ya no pueden funcionar como ?rganos confiables a los que todos puedan recurrir en busca de justicia ante los abusos de los gobiernos locales y de su partido. La misma ciudadan?a no conf?a en ellas. Se dice que la mayor?a de los mexiquenses no son originarios de la entidad, pero no son ellos los ?nicos que no votan; pues el Edomex tiene ?ndices de abstencionismo superiores a la mitad del padr?n electoral y as? ha sido a lo largo de la historia. Cuando ese poder caciquil no aleja a los electores, entonces los corrompe compr?ndolos con despensas, materiales de construcci?n y otros bienes.

Los estados gobernados por los pri?stas son una aut?ntica tumba de la democracia y no hay mucho que se pueda esperar de ellos en el futuro. A veces es su propio abuso del poder el que los arruina, como ocurri? en Puebla y Oaxaca. Pero en el resto lo que ocurre es que su poder omn?modo y atrabiliario se fortalece cada vez m?s. Por supuesto que esto tiene un remedio, pero es largo, tedioso y peligroso: es el remedio que imponen las masas conscientes y organizadas cuando deciden, en un supremo esfuerzo de voluntad colectiva, derribar a sus caciques y opresores. La historia es testigo de ello.

Para Adolfo S?nchez V?zquez, maestro y amigo entra?able, in memoriam

Periodo extra, pura simulaci?n

Jesusa Cervantes

M?XICO, DF, ?(apro).- El carro completo del PRI trajo nuevos br?os al partido: el l?der nacional priista Humberto Moreira se atrevi? a hablar y hasta se olvid? de los ?expedientes negros?; el gobernador mexiquense Enrique Pe?a Nieto decidi? arrancar su campa?a hacia la Presidencia con la exigencia de un ?candidato ?nico y de unidad?, y los diputados, por fin, se atrevieron a poner sobre la mesa la factibilidad de un periodo extraordinario de sesiones.

Lo criticable de todo esto es que los legisladores y la dirigencia nacional del PRI hablen de un periodo extra para avalar la reforma pol?tica cuando ?sta, de aprobarse, no ser?a aplicable para las pr?ximas elecciones federales.

Los priistas son unos c?nicos, creen que la gente no tiene memoria. Creen que la poblaci?n, en un momento en que los partidos pol?ticos han perdido credibilidad, ya se olvid? de que fue el propio Pe?a Nieto ?precandidato puntero del PRI a la Presidencia de la Rep?blica? quien rechaz? la reforma pol?tica.

Cuando a?n se estaba en tiempo de aprobar la reforma propuesta por el Senado de la Rep?blica, que por cierto permite las candidaturas independientes y la iniciativa ciudadana, el propio gobernador del Estado de M?xico par? en seco la reforma en la C?mara de Diputados hasta que se rebas? el l?mite de su aprobaci?n.

Me explico: para que dicha reforma hubiese tenido efecto en las elecciones presidenciales de 2012, debi? ser aprobada por la C?mara de Diputados el pasado 30 de junio y tambi?n avalada por 17 congresos locales, pero eso no fue as?.

Y ahora, c?nicamente dicen que s? est?n abiertos a un periodo extraordinario y a avalar la reforma pol?tica.

Una m?s. Por lo que se refiere a la reforma a la Ley de Seguridad Nacional, se espera que para el 27 de julio est? listo el dictamen final y as? poder convocar a periodo extraordinario para el mes de agosto.

S?lo que aqu? hay que preguntarse ?a qui?n pretenden beneficiar con este nuevo proyecto de dictamen?

El presidente de la Comisi?n de Gobernaci?n, el panista Javier Corral, elabor? junto con un grupo de legisladores un nuevo documento y tuvo como invitado a un tercer factor: personal jur?dico de la Polic?a Federal (PF).

Ahora, el nuevo documento ya no otorga al Ej?rcito todas las facultades para que combata el crimen organizado o reprima manifestaciones pol?ticas o sociales; adem?s, abre la posibilidad de que los militares que participen en una violaci?n sean sujetos de juicio civil y no castrense. Hasta aqu? esta ser?a una buena noticia.

Sin embargo, todo el poder que antes ten?a el Ej?rcito en el anterior predictamen, ahora lo tendr? el secretario de Seguridad P?blica federal (SSPF). Y su titular, Genaro Garc?a Luna, no es precisamente un elemento del gobierno al que la ciudadan?a le tenga confianza. De ah? la pregunta de a qui?n se trata ahora de beneficiar.

El problema de este predictamen es que, como el anterior, fue elaborado por un peque?o grupo, sin la participaci?n del resto de los partidos pol?ticos.

Y por lo que se refiere a la reforma laboral, un verdadero retroceso en los derechos de los trabajadores, todo apunta a una simulaci?n, ya que el PRI aval?, desde antes de que concluyera el periodo ordinario de sesiones, la propuesta de Felipe Calder?n. Incluso, logr? el apoyo de c?maras empresariales y sindicatos afines a al partido.

Despu?s de dos meses de espera, nada ha cambiado. El PRI sigue en la misma t?nica: a favor de una ley laboral regresiva, una ley de Seguridad Nacional que beneficia a un grupo pol?tico ?y no precisamente a la poblaci?n?, y en contra de una reforma pol?tica que pueda abrir la puerta a una vida m?s democr?tica.

Las elecciones y el sindicalismo

N?stor de Buen

Las perspectivas a partir del resultado de las elecciones no parece que sean favorables al sindicalismo. Basta repasar los a?os transcurridos desde la Revoluci?n para advertir que, salvo en la aprobaci?n del art?culo 123 constitucional, de notable influencia de Salvador Alvarado y de su representante en el Constituyente: H?ctor Victoria, lo que sigui?, fundamentalmente a partir del presidente Plutarco El?as Calles, fue el nacimiento y desarrollo del sindicalismo corporativo representado principalmente por la Confederaci?n Regional Obrera Mexicana (CROM), que convirti? a Luis N. Morones en personaje principal.

No cambiaron mucho las cosas con el nacimiento, en 1936, de la Confederaci?n de Trabajadores de M?xico (CTM), dirigida originalmente por Vicente Lombardo Toledano, pero que manifest? desde un principio su lealtad absoluta con el gobierno dirigido entonces nada menos que por L?zaro C?rdenas.

La presencia, a?os despu?s, de Manuel ?vila Camacho y, sobre todo, de Miguel Alem?n, no s?lo no cambi? las cosas, sino que las complic? de manera evidente cuando Lombardo Toledano fue expulsado de la CTM y su puesto lo asumi? despu?s de un breve periodo nada menos que el inmortal Fidel Vel?zquez. Desde entonces el sindicalismo se convirti? en un ap?ndice del Estado, como sigue siendo en este momento.

Los diversos gobiernos del PRI, nombre que asumi? el partido en el poder, en una notable contradicci?n terminol?gica, desde entonces han hecho todo lo posible por destruir al sindicalismo. Con L?pez Mateos fue evidente la agresi?n inmunda contra el sindicato ferrocarrilero, y a lo largo de los a?os, las perpetuadas contra los sindicatos democr?ticos, bien mediante la represi?n directa, en los hechos; contra el reconocimiento de sus derechos mediante maniobras de la Secretar?a del Trabajo, al desconocer los resultados de sus asambleas democr?ticas; mediante actos de su instrumento habitual: la Secretar?a del Trabajo y de la Previsi?n Social, con la negativa de sus registros o de la toma de nota de sus dirigentes.

El PRI demostr? fehacientemente ser enemigo rotundo de la clase obrera, poniendo en duda permanentemente el sentido revolucionario invocado en su nombre, que m?s que nombre parece apodo.

Ahora el PRI vuelve al poder y todo hace pensar que repetir? la haza?a en las ya cercanas elecciones presidenciales. Hay que reconocer que el PAN se ha lucido con sus haza?as en el mismo terreno. El sindicato minero ha sufrido el m?s feroz combate a manos del Estado, que no ha logrado ni lograr? destruirlo, y la misma suerte le ha tocado al Sindicato Mexicano de Electricistas, en pie de guerra en su combate permanente contra el Estado.

Es evidente que las razones del problema est?n, adem?s, en la misma Ley Federal del Trabajo y en esa combinaci?n dram?tica entre el Poder Ejecutivo y el poder jurisdiccional en materia laboral. Naturalmente que la ?ltima palabra la tendr?n los mismos trabajadores, y hoy en d?a es cada vez m?s notable la solidaridad internacional.

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Publicado por solaripa69 @ 11:17
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