Lunes, 25 de julio de 2011

C?mo surgen y son reconocidos los derechos humanos

Arnaldo C?rdova

Todos los procesos nacionales modernos de desarrollo democr?tico y de edificaci?n del Estado de derecho, ha sido reconocido ampliamente, implican, en todos los casos, una limitaci?n constante y creciente del poder del Estado y una extensi?n concomitante de la libertad y tambi?n del poder del ciudadano (que se revela en su participaci?n y en su facultad de decidir en la esfera pol?tica, as? como en la protecci?n dentro del orden p?blico de sus necesidades e intereses). De hecho, es eso, precisamente, lo que define y da significado al Estado democr?tico de derecho. El tema de los derechos humanos, en particular, tiene sentido s?lo en esa perspectiva.

C?mo surgen esos derechos y c?mo y por qui?n son reconocidos, son cuestiones que resultan esenciales y de gran oportunidad. Fueron preguntas que se hicieron varios especialistas, abogados y funcionarios cuando recientemente fue aprobada la reforma constitucional sobre la materia. La primera entra?a un cuestionamiento acerca de la creaci?n o aparici?n de tales derechos. La segunda implica el hecho de que esos derechos deben ser reconocidos y protegidos. Inmersos, adem?s, como estamos desde que termin? la Segunda Guerra Mundial en un rico y ampl?simo sistema internacional de derechos humanos, esas cuestiones vienen a ser de doble naturaleza: nacional e internacional.

Los derechos, en la tradici?n jur?dica y pol?tica moderna, s?lo pueden tener tres or?genes: uno, Dios que los introdujo en la naturaleza del hombre; dos, la raz?n que, como facultad unificadora de todos los humanos en sus designios y fines, los formula como elementos infaltables en la definici?n de la persona humana y, tres, la voluntad de todos los individuos que, a su vez, se personifica en el acuerdo de todos para crear el orden pol?tico y jur?dico y el Estado que lo debe regir. Una gran parte de los reg?menes pol?ticos modernos (incluido el mexicano) se rige por la tercera opci?n. Las otras son cosa del pasado.

Los derechos humanos, por tanto, son creados por los hombres reunidos pol?ticamente y expresados como derecho y como mandato. En constituciones, como la nuestra, que se rigen por la idea fundadora de la soberan?a y el consenso del pueblo, los derechos humanos son una creaci?n del pacto que dio nacimiento al sistema institucional mexicano y a su Estado. ?Qu? tendr?a entonces que ver aqu? el que esos derechos deban ser, adem?s, reconocidos? Es algo tan importante como lo es el tr?nsito entre el mero planteamiento o formulaci?n de los mismos y su realizaci?n concreta en el ?mbito de la vida social y pol?tica, garantiz?ndolos y protegi?ndolos. Para eso sirve el Estado.

La reforma constitucional de la que se habl? antes es, para el caso, un acto formal de reconocimiento de los derechos que, en la nueva letra de la Carta Magna, implica tambi?n el reconocimiento de los instrumentos jur?dicos superiores, en el orden internacional, que son los tratados y convenios en los cuales dichos derechos constan y son reconocidos por la comunidad mundial. Lo primero significa que la defensa y la protecci?n de tales derechos es una obligaci?n ineludible del Estado Mexicano y de sus instituciones. Lo segundo, que esos derechos ya han sido reconocidos y legitimados por el orden jur?dico internacional y que sus instituciones de impartici?n de justicia, como las cortes y los tribunales internacionales, deben velar por su protecci?n e integridad.

Se trata, en nuestro caso, de una innovaci?n hist?rica. Desde la segunda mitad del siglo XIX arrastramos un sistema de protecci?n de garant?as que muy pronto se volvi? obsoleto y, en las condiciones de los estados autoritarios porfirista y pri?sta, nulo en su aplicaci?n, porque eran reg?menes a los que lo menos que les interesaba era proteger a sus ciudadanos. Fue entones cuando se repet?a sin cesar que la Constituci?n estaba de simple adorno y no era respetada ni cumplida. Muchas veces se la dio por letra muerta.

Poner a tono nuestro r?gimen de protecci?n de derechos con las normas internacionales, en la creaci?n de muchas de las cuales participaron y participan nuestros representantes diplom?ticos es, a no dudarlo, un logro enorme.

Ahora bien, de lo expuesto podr?a ponerse en duda que, como en el tradicional derecho natural, en un r?gimen pol?tico enteramente construido por los hombres, vale decir, civil y de derecho, los derechos humanos sean inherentes a la persona humana y que sean, por ello, la base para definirla como tal. De ninguna manera. S?lo el iusnaturalismo cl?sico estim? que el hombre nace ya con esos derechos. En la perspectiva civilista de creaci?n del orden pol?tico, el pacto social que da lugar al Estado, el ser humano es redefinido como portador de esos derechos, pero ?stos no son obra de ninguna potencia divina ni de ninguna otra especie, sino creaci?n y definici?n que el consenso popular lleva a efecto.

Y, ?por qu? el Estado creado por el pacto debe reconocer especialmente esos derechos y estar comprometido con su protecci?n y promoci?n? Por la sencilla raz?n de que, una vez creados, tales derechos s?lo pueden ser agredidos y violados por el propio Estado y sus instituciones y autoridades. Es un concepto que ha costado mucho elaborar y poner a punto, precisamente, por la fragilidad de la vida humana en sociedad. Aun pensando en una sociedad perfecta, en la que la violencia pudiera ser eliminada por completo, aun as? la vida humana seguir?a siendo fr?gil, porque sigue existiendo el ?nico ente capaz de ponerla en peligro, el Estado (incluidos sus funcionarios).

Es verdad que la persona humana es m?s f?cil y m?s frecuentemente agredida por sus cong?neres que por el Estado. De hecho lo es. Pero a nadie le puede venir en mientes que un individuo cualquiera es similar al Estado en su capacidad de agresi?n y, sobre todo, en la fuerza que ostenta. Desde las Cartas constitucionales de finales del siglo XVIII (en la naciente Norteam?rica y la Francia revolucionaria) en quien se pensaba como agresor de los derechos del hombre era, precisamente, en el Estado. Y lo mismo ocurri? con la Carta de los Derechos Humanos de la ONU, de 1948. Es a los estados a los que se dirige y a los que conmina a llevar a cabo una pol?tica de respeto y protecci?n de los derechos.

E igual sucede con todos los instrumentos internacionales que han venido creando las sucesivas generaciones de derechos humanos. No constituyen exhortos a los individuos a que respeten a sus semejantes. Son demandas perentorias a los estados y, sobre todo, la fijaci?n puntual de sus obligaciones al respecto. Los derechos humanos (que algunos prefieren llamar derechos fundamentales, sin que se haya explicado la preferencia por el t?rmino; acaso sea para indicar su rango superior) son derechos que se levantan como un valladar en contra del poder del Estado y de su uso arbitrario e ilegal en perjuicio de los miembros de la sociedad.

Jam?s podremos hacer a menos del Estado como organizador de la vida social; pero, si prevalece el respeto y el inter?s por la persona humana, deber? ser un Estado cada vez m?s y m?s reducido en su poder, en su capacidad de agresi?n y cada vez m?s comprometido con el bienestar y la felicidad de la persona humana. Y la base ineludible de esa transformaci?n lo ser?n siempre los derechos humanos que deben seguir desarroll?ndose y creciendo en calidad y n?mero.

Defensores de derechos, las nuevas v?ctimas del narco

Jesusa Cervantes

M?XICO, DF, 22 de julio (apro).- La presencia del crimen organizado, el aumento de sus ganancias y la impunidad con que algunos c?rteles han actuado en el pa?s se han presentado, como la mayor?a de los mexicanos lo ha percibido?, desde que Felipe de Jes?s Calder?n Hinojosa declar? ?su guerra? al narco.

Los c?rteles m?s perseguidos por el gobierno federal han sido Los Zetas y La Familia (este ?ltimo hoy ramificado en Los Caballeros Templarios). En paralelo, la violencia en M?xico y sus manifestaciones se han ido diversificando. De los decapitados se pas? a los desollados o, incluso, quemados vivos.

Todo mundo habla del narco, los periodistas se han convertido en especialistas en el tema, los investigadores cada d?a ponen mayor atenci?n, el ama de casa, los tenderos, los encargados de gimnasios, muebler?as o cualquier tipo de negocio, pueden sostener una conversaci?n en torno a El Chapo Guzm?n, los Arellano F?lix, Los Zetas, el c?rtel del Golfo (o CdeG, como los llaman en algunas zonas del pa?s).

Cualquier mexicano que lea la prensa o escuche la radio puede, sin excepci?n, hablar de ?la ma?a?, ?los narcos?, ?los malitos?.

Pero de lo que no se habla es de c?mo la violencia desbordada en M?xico se ha trasladado justamente contra quienes defienden la vida misma, a quienes se han dedicado a defender a los m?s indefensos: los migrantes.

Estoy hablando de los defensores de derechos humanos de los migrantes, en su mayor?a activistas de centros, casas y albergues encabezados por religiosos con el apoyo de comunidades de base y laicos.

Resulta impactante c?mo de la mano de la violencia, el repunte de la criminalidad y presencia del crimen organizado han escalado el hostigamiento y agresi?n hacia quienes trabajan en dichos centros humanitarios.

Las cifras no enga?an. Durante el sexenio de Vicente Fox, los albergues destinados a brindar apoyo emocional, de alimentaci?n, vivienda y sobre todo seguridad de su vida, fueron atacados en forma espor?dica: una en 2004 y otra en 2005. Ning?n ataque se tiene registrado en 2006.

Lo contrario se observa desde que Felipe de Jes?s Calder?n Hinojosa declar? ?su guerra? contra el crimen organizado: estos centros se convirtieron en blanco ya no s?lo de polic?as locales, federales o agentes de migraci?n, sino tambi?n de diversos c?rteles. El caso m?s emblem?tico ha sido el ataque de Los Zetas.

Y tambi?n emblem?tica es ya la figura del padre Alejandro Solalinde, cabeza del albergue ?Hermanos en el Camino?, en Ixtepec, Oaxaca.

As?, para hablar de los abusos contra migrantes y los defensores de los derechos humanos el padre Solalinde es referente.

Un ejemplo es c?mo, en julio de 2010, debido a que un grupo de 20 extranjeros hondure?os solicitantes de la condici?n de refugiados permanec?an en el albergue ?Hermanos en el Camino?, miembros de la delincuencia organizada atacaron en dos ocasiones el lugar con la intenci?n de secuestrar a los indocumentados.

En diciembre de ese mismo a?o, uno de los tantos integrantes del c?rtel de Los Zetas fue detenido; su declaraci?n ministerial fue videograbada y transmitida por Televisa, ah?, el presunto criminal dec?a que ante las bajas del c?rtel ?supuestamente debido a la persecuci?n del gobierno federal?, estaban reclutando nuevos miembros, sobre todo entre los indocumentados, raz?n por la que atacaban albergues o casas del migrante.

Pero este tipo de centros no s?lo es atacado por el crimen organizado reconocido, tambi?n por el no reconocido oficialmente y el cual integran los las distintas corporaciones policiacas.

Recientemente, el Instituto Nacional de Migraci?n (INM) dio a conocer c?mo algunos de sus agentes hab?an detenido a centroamericanos migrantes y los hab?an vendido o entregado a c?rteles de la droga.

En su informe de Movilidad Humana, al que pertenecen los albergues dirigidos por religiosos, consideraron urgente que las autoridades dise?en ?un documento de identificaci?n que evite que los polic?as municipales de los estados fronterizos contin?en asalt?ndolos, violentando sus derechos humanos y vendi?ndolos (a los migrantes) a los miembros de la delincuencia?.

En este entramado de complicidades, los albergues y su personal han sido objeto de acusaciones tan absurdas como el de dedicarse a la trata de personas, de ser se?alados por las propias autoridades, incluyendo un Congreso local (el de Coahuila), de ?dar albergue a asesinos?, y por lo mismo desacreditar su trabajo.

Otros, a?n peor, como el caso de Ra?l Mandujano, director de Atenci?n a Migrantes en Chiapas, han sido acusados de pertenecer a la delincuencia organizada, todo para no investigar su muerte, luego de que en 2008 desapareci? y fue encontrando sin vida tiempo despu?s.

Est? tambi?n el caso del padre Heyman V?zquez, de Arriaga, Chiapas, quien fue acusado por agentes federales de ser traficante de personas. Y a esto hay que sumar las innumerables amenazas de muerte en contra de los miembros de un centro o albergue, por no entregar al crimen organizado a los migrantes que acuden en su ayuda.

Y por supuesto el hostigamiento diario de casas de migrantes que son vigiladas las 24 horas por hombres armados en camionetas y a quienes, a pesar de ser denunciados, las polic?as no hacen nada.

En el M?xico sangriento de Felipe Calder?n, los defensores de los derechos humanos de los migrantes tambi?n est?n siendo atacados, justamente porque el crimen organizado quiere reclutar gente desesperada que migra de su pa?s en busca de una mejor condici?n de vida.

En el M?xico rojo que Calder?n explot?, los defensores de los derechos humanos de los migrantes son estigmatizados. En m?s de una ocasi?n he escuchado de integrantes del Ej?rcito que la delincuencia organizada ha infiltrado a los defensores, que los manipula y que ?stos terminan ayudando a los delincuentes.

No lo podr?a asegurar, pero tampoco dudar?a que el crimen organizado pretendiera hacer lo que los militares se?alan; de ser as?, en lugar de satanizarlos, las autoridades deber?an proteger a?n m?s a esta gente que tiene un coraz?n tan grande y que su trabajo es ayudar al necesitado (de amor, de seguridad, de certeza porque hoy no va a morir de hambre o va a ser abusado).

Hay un caso de una defensora de derechos humanos, encargada de un albergue que en 2010 hosped? ?en su casa, no en el albergue?, a una extranjera luego de que ?sta le asegurara que era v?ctima de violencia intrafamiliar.

D?as despu?s, la defensora encontr? entre la mochila de la migrante los documentos personales de ella y de su familia (pasaportes, actas de nacimiento, etc?tera), y tambi?n se enter? que la mujer era pareja de un miembro de la delincuencia organizada. Por esta raz?n, la indocumentada decidi? salir del pa?s, exiliarse.

Las casas o albergues de los migrantes, sus promotores y trabajadores, deben, sin duda alguna, ser protegidos, si no por las autoridades (que tienen la obligaci?n), por lo menos por la ciudadan?a. Es igualmente un asunto de humanidad, de solidaridad, de amor que tanta falta le hace a este pa?s lleno de muerte y negaci?n.

Algo anda mal? muy mal

Rolando Cordera Campos

Algo anda mal cuando la riqueza se acumula y los hombres decaen (En prosa po?tica y generosa, el poeta David Huerta tradujo para m? los versos iniciales de The Deserted Village de Goldsmith, de esta manera: ?En prosa informativa, la traducci?n ser?a como sigue: ?Mal le va, v?ctima de imperiosos [o premiosos] males, a la tierra donde la riqueza se acumula y los hombres decaen.? Versioncilla en m?dicos versos espa?oles (dos alejandrinos, con rima y todo): Mal le va a un pa?s, presa de males imperiosos, con visibles riquezas y habitantes borrosos?.

As? iniciaba Toni Judt lo que ser?a su conmovedor testamento, convertido por la maestr?a de su prosa y la profundidad de su reflexi?n en un manifiesto central para rehabilitar el mundo y salvar a la especie. En Ill Fares the Land (The Penguin Press, NY, 2010), este gran pensador hist?rico y cr?tico social nos lega un trazo magistral de lo que puede ser la agenda global para encarar, con alg?n optimismo razonado, las amenazas con que arranc? el nuevo milenio.

Roto el contrato social que configur? la posguerra y modul? la evoluci?n del planeta hasta entrados los a?os setenta del siglo XX, la civilizaci?n pretendi? encontrar un nuevo camino con la erecci?n de un nuevo orden internacional que encauzar?a la nueva posguerra, una vez desplomado el comunismo sovi?tico y su econom?a mundo, y habiendo entrado la econom?a internacional a una enga?osa velocidad de crucero con la globalizaci?n financiera y la vertiginosa liberalizaci?n comercial que la acompa?ara. Como hoy sabemos, aquella presunci?n del presidente Bush I ante la victoriosa coalici?n de la primera guerra del Golfo result?, en el mejor de los casos, una ilusa hip?tesis de trabajo.

Con la Gran Recesi?n con que se cierra la primera d?cada del tercer milenio, la sociedad mundial en formaci?n vive con crudeza los saldos de la aventura globalista y se ve obligada a rendirse ante la evidencia de que la crisis no qued? atr?s, como pretendieron los cancerberos de Wall Street. En todo caso, la ca?da productiva cambi? de piel y ahora se presenta como una abrumadora cascada de endeudamiento p?blico cuya extensi?n planetaria augura nada menos que, ahora s?, una tormenta perfecta, la madre de todas las crisis sincronizada por un interminable aletargamiento laboral, el ajuste draconiano en la periferia europea y el atolladero suicida en que los ululantes republicanos y su fauna religiosa de acompa?amiento han metido a la gran patria de Lincoln y Roosevelt, tal vez a la espera del juicio final y la reconquista de Jerusal?n para los fieles.

Nada es cierto en estos d?as, menos los titulares de la prensa internacional y sus ?mulos vern?culos que anuncian el nuevo rescate griego y el salvamento del euro. Como tampoco lo ser? el acuerdo provisional al que deba llegar Obama para dizque salvar a Estados Unidos de un default que nadie puede querer, en primer lugar los acreedores for?neos encabezados por los pujantes mandamases del Reino del Medio.

Lo que s? se impone como si fuera epidemia de influenza, es una dictadura silente y taimada encabezada nada menos que por los rescatados de ayer, convertidos en los secuestradores de hoy. Secuestradores de la soberan?a de los pa?ses, del pacto social que ha sostenido a los estados desarrollados y de lo que ose moverse fuera del radar del c?lculo financiero impuesto como verdad universal por los sacerdotes del dogma liberista o neoliberal.

Sin embargo, consumar la revoluci?n de los ricos de que gusta hablar Carlos Tello, implica algo m?s que la sumisi?n de gobernantes, ex?getas y consejeros a dicho dogma. Declarar finiquitado el Estado de bienestar erigido despu?s de la segunda tragedia b?lica equivale a convocar a otra tragedia mayor, ahora con instrumentos aparentemente as?pticos y sustentados en una racionalidad presuntuosa, que s?lo los necios y los tontos pueden profesar en serio.

Devastar el complejo edificio de protecci?n y entendimiento sociales en el que ha descansado con todos sus asegunes la estabilidad pol?tica de Occidente, implica abrir una nueva caja de Pandora de la que sin remedio saltar?n los viejos espectros del capitalismo liberal, como la explotaci?n salvaje y el individualismo nihilista y destructor, acompa?ados por los jinetes del nuevo Apocalipsis ordenados por la cat?strofe natural y el cambio clim?tico, el ?nico cambio que no parece admitir posposiciones ni soluciones improvisadas. Es de esto que tratan de hacerse cargo la mentes mejores del mundo avanzado, a las que buscan agregarse las dirigencias del mundo emergente encabezadas por los portentosos continentes civilizatorios de India y China.

En un contexto tan complejo y desafiante como ?ste, resultan pueriles las pretensiones subideol?gicas de traer a suelo patrio las majaderas supercher?as de la ultraderecha americana, que no s?lo quiere acabar con lo que queda del New Deal rooseveltiano sino con todo aquello que pueda parecerse a una pol?tica comprensiva y socialmente incluyente. Querer naturalizar ese estado de naturaleza que pretenden implantar como paradigma universal los extremistas gringos y sus primos anglos, no s?lo puede ser criminal por sus implicaciones sobre la vida social y el orden democr?tico, sino un error hist?rico tremendo que d? al traste con lo poco que la humanidad ha conquistado para su autodefensa y el cuidado del entorno.

Querer hacerlo, adem?s, bajo el disfraz de una democracia encadenada por mayor?as inventadas que a su vez permitir?an una dictadura legal, desde luego anticonstitucional, no puede sino reputarse como un atentado a lo que nos queda de civilidad y posibilidades de salir del hoyo de violencia en que la torpeza (por lo visto infinita) del panismo ahist?rico nos ha metido.

Sortear la crisis actual no ser? posible con bravatas financieras y el aparente optimismo ingenuo de sus oficiantes alojados en Hacienda y Banxico. Pero tampoco avanzaremos mucho si nos empe?amos en postergar sin fecha de t?rmino las decisiones primordiales sobre el futuro de nuestras capacidades de autogobierno.

Una convenci?n que ponga al pa?s en el rumbo de un efectivo cambio en la manera de conducir la vida p?blica, es lo que deber?a reclamarse a los aprendices de prudente que dicen encabezar los poderes del Estado. M?s que de releciones y creaci?n de mayor?as espurias, hay que hablar y decidir cuanto antes en el Congreso y fuera de ?l, sobre un cambio de r?gimen que abra las puertas de Palacio a la mayor?a ciudadana y su diversidad social, hoy aherrojada por una pobreza siniestra que las percepciones de los spin doctors totonacas o importados no han podido ni podr?n exorcizar.

El reconocimiento de las v?ctimas que reclaman el poeta Sicilia y sus compa?eros de marcha, tiene que extenderse sin demora a quienes mal viven la desigualdad inicua que nos marca y cuyos hijos se ven impelidos a encarar los m?s crueles dilemas. Vaya que hay marcha por delante? pero sin abandonar la complejidad endiablada del presente. Que no parece dispuesta a darnos respiro.

Mafias y bandas como forma de gobierno

Gustavo Esteva

Un horror gelatinoso amenaza cada vez m?s la vida cotidiana. En muchas partes ya no se puede salir a la calle a ciertas horas. Ese toque de queda no declarado marca l?mites y orienta el comportamiento. En una variedad de esferas, sin embargo, no hay siquiera toques de queda que delimiten lo que podemos o no hacer. No sabemos ya d?nde se hallan peligros a menudo mortales.

El deterioro y paulatino desmantelamiento de las estructuras del Estado-naci?n y la acelerada descomposici?n de las clases pol?ticas, es decir, el estado de cosas que se generaliza en el mundo y en el que M?xico tiene el dudoso honor de estar a la vanguardia, afecta observaciones e interpretaciones. Las categor?as convencionales se quedan vac?as; los anteojos a trav?s de los cuales vemos y experimentamos el mundo se vuelven opacos; las evidencias que golpean la mirada no encuentran acomodo en nuestras maneras de percibir la realidad? Miop?as y cegueras de esta ?ndole resultan peligrosas ante los riesgos del momento, cuando es imperioso actuar con lucidez y pulso firme.

Seg?n Foucault, la arbitrariedad del tirano es licencia para el crimen: mientras m?s desp?tico sea un poder, m?s numerosos ser?n los criminales. Javier Sicilia constata un Estado delincuencial, organizado en torno a la impunidad y el parasitismo: Nuestra clase pol?tica vive una forma de criminalidad tan impune como la delincuencia que dice combatir; al convertir el fraude en modo de vida y hacer de la depredaci?n, del pillaje y del crimen simples t?cnicas de gesti?n, la verdadera diferencia entre el crimen legal y el ilegal s?lo es una diferencia de intensidad. (Proceso 1811, 17/6/11).

Intuiciones que hace tiempo consider?bamos marginales adquieren de pronto centralidad. Manuel Rozental apunta la mafiosidad cada vez m?s general. La palabra mafia alud?a a una organizaci?n criminal espec?fica, de origen siciliano. Se aplic? m?s tarde a cualquier organizaci?n clandestina de criminales y luego a cualquier grupo organizado que intenta defender sus intereses: la mafia del teatro, por ejemplo. Es ya una forma generalizada de organizaci?n social y pol?tica. El estilo mafioso caracter?stico de la maestra no es ya la excepci?n, sino la regla. En pol?tica, abarca desde el ?ltimo cacique de pueblo hasta Los Pinos; desde el peque?o bur?crata, el empleado de ventanilla o el funcionario medio hasta los secretarios de Estado, el presidente y cuadros o militantes de todos los partidos; en la vida social, caracteriza la operaci?n de medios, bancos y grandes empresarios lo mismo que el funcionamiento social en barrios y comunidades alejadas, desde boleros y vieneviene hasta los hombres m?s ricos del mundo.

Esta condici?n mafiosa se complementa con la multiplicaci?n de bandas. Hace muchos a?os la palabra se aplicaba solamente a grupos de gente armada que operaban al margen de la ley. Se us? despu?s para pandillas juveniles urbanas y luego se generaliz? para aludir a grupos que se re?nen para robar, asaltar y cometer otros delitos. Es ahora una forma de existencia social. Hay barrios en que un joven no puede sobrevivir si no est? afiliado a alguna de las bandas que operan en ellos.

En vista de que el pa?s entero est? expuesto a mafias y bandas que operan al margen de todas las normas legales e institucionales, dentro y fuera de los aparatos del Estado, se hace enteramente evidente el car?cter monstruoso y disparatado de la guerra de Calder?n. Haber convertido un asunto de salud p?blica en cuesti?n de seguridad nacional y haberla abordado con aparatos podridos hasta el tu?tano, socavados por bandas y mafias, s?lo puede explicarse por niveles casi inconcebibles de incompetencia y corrupci?n, de signo perverso.

Al plantearnos desde abajo y a la izquierda qu? hacer ante todo este horror, al pensar c?mo enfrentarlo con nuestra propia energ?a y capacidad organizativa, desde el tejido social desgarrado en que vivimos, no debemos olvidar otra dimensi?n del asunto: bandas y mafias existen tambi?n como signos de resistencia y algunas pueden estar expresando la rebeld?a radical de quienes padecen las formas m?s agresivas y oprobiosas del capitalismo. Entre los inempleables, los j?venes ninis (ni estudian ni trabajan), las personas que antes se arrojaban al saco de sastre de los lumpen y poco a poco van formando mayor?a, est?n surgiendo grupos que cobran conciencia de la naturaleza del sistema y deciden enfrentarlo. Un art?culo notable de Ciccariello y Andrews, Cualquier sinverg?enza puede gobernar, explora esta posibilidad al analizar la huelga de hambre de presos de California (www.counterpunch.org/maher07222011.html).

En esta hora de emergencia nacional, cuando necesitamos actuar con decisi?n y entereza, debemos reconocer que en esta noche oscura no todos los gatos son pardos.

La reforma pol?tica

John M. Ackerman

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Se equivocan quienes han convertido la llamada reforma pol?tica en una bandera de lucha de las causas progresistas. La C?mara de Diputados cometer?a un grave error si avala sin modificaciones lo aprobado por el Senado en esa materia. Los diputados primero tendr?an que debatir a fondo las propuestas para incorporar los ajustes necesarios para convertir el documento en una verdadera propuesta para el cambio social.

Javier Sicilia y el peque?o grupo de j?venes que el mi?rcoles pasado asisti? a la Comisi?n Permanente pecan de soberbia: ?No venimos a pedirles, sino a exigirles que aprueben la reforma pol?tica. Si tienen que convocar a un periodo extraordinario o trabajar horas extras es su problema: la aprueban, es un mandato ciudadano? Apru?benla como se las mand? el Senado?. Los manifestantes demuestran un preocupante desconocimiento de los procesos democr?ticos al erigirse en representantes de un inexistente mandato ciudadano y exigir que en lugar de discutir las reformas los diputados se comporten como meros levantadedos.

En febrero de 2010, un grupo de intelectuales y ex funcionarios p?blicos encabezado por H?ctor Aguilar Cam?n, Jorge Casta?eda y Federico Reyes Heroles ya hab?a utilizado una estrategia similar para defender la propuesta de reforma pol?tica de Felipe Calder?n. Su pol?mico desplegado titulado ??No? a la generaci?n del ?No?? se inici? con la misma orden sorda de cancelar el debate democr?tico: Amigos legisladores: aprueben las reformas. No hay nada m?s que discutir, hay que votar y punto, aclaraban los organizadores en m?ltiples entrevistas.

En septiembre de 2007, los principales medios de comunicaci?n tambi?n tomaron el Senado para obligar a los representantes populares a modificar la redacci?n de la reforma electoral. En aquel encuentro hist?rico, Pedro Ferriz articul? un discurso similar al que hoy presenta Sicilia: No creo que vengamos a dialogar con ustedes; venimos a reaccionar de ustedes.

La propuesta de candidaturas independientes del Senado asegurar?a una mayor dominaci?n de los poderes f?cticos y los intereses particulares sobre la pol?tica nacional. No hay duda de que los partidos pol?ticos hoy se han convertido en mafias cerradas que no rinden cuentas a absolutamente nadie. Pero la idea que un ciudadano sin estructura partidista, y con fuertes patrocinadores del sector privado, ser?a un candidato m?s cercano a la poblaci?n no es m?s que un espejismo.

El que paga manda, reza el sabio dicho popular, y estos candidatos tendr?n que recibir grandes cantidades de dinero para poder desarrollar una campa?a viable. Algunos ejemplos recientes incluyen la no-candidatura presidencial del Doctor Simi en 2006 y la candidatura presidencial de Ross Perot en Estados Unidos en 1992 y 1996.

Las candidaturas no-partidistas a escala municipal o estatal presentar?an menos problemas por la cantidad de recursos que se requieren. Pero a escala federal, y sobre todo para una elecci?n presidencial, estas candidaturas dar?an el pretexto perfecto para burlar los controles sobre el financiamiento privado. Una eventual reforma en la materia tendr?a que diferenciar con mucho cuidado entre los diferentes ?mbitos de gobierno, as? como fijar l?mites tajantes a escala constitucional para el financiamiento electoral.

Asimismo, es falso que exista un mandato ciudadano para Sicilia en esta materia, dado que la propuesta de candidaturas independientes fue expl?citamente rechazada por el Pacto de Ciudad Ju?rez, del pasado 10 de junio. Con mucha raz?n, los participantes en la mesa 6 del encuentro decidieron dejar fuera estas candidaturas y prefirieron apoyar otras figuras como el plebiscito, el referendo y la revocaci?n de mandato, as? como la democratizaci?n de los medios de comunicaci?n, todas excluidas de la minuta del Senado.

La propuesta del Senado sobre la relecci?n legislativa cuenta con problemas similares. Te?ricamente, un diputado o un senador que pueda ser relecto inmediatamente para el mismo cargo tendr?a incentivos para independizarse de las c?pulas partidistas y acercarse a la ciudadan?a, ya que los electores ser?an los que decidir?an su permanencia en el cargo. Sin embargo, el documento del Senado incluye la relecci?n inmediata tambi?n para los diputados y senadores plurinominales, nombrados por los partidos, otorgando as? a?n m?s poder a los dirigentes partidistas, ya que el bot?n que controlan ser?a m?s jugoso.

La relecci?n tambi?n implica serios problemas en materia de fiscalizaci?n y equidad de las campa?as electorales. El art?culo 134 de la Constituci?n proh?be expl?citamente la utilizaci?n de recursos p?blicos para promover las candidaturas de los funcionarios p?blicos. Ser?a casi imposible mantener esta importante prohibici?n si todos los legisladores del pa?s pudieran ser relectos inmediatamente en sus cargos. S?bitamente se legalizar?a la utilizaci?n de los recursos de los grupos parlamentarios del pa?s para financiar las campa?as pol?ticas, tal como ya ocurri? en 2009 con el grupo del PVEM en la C?mara de Diputados.

Las otras figuras aparentemente progresistas incluidas en la reforma pol?tica, como la consulta popular y la iniciativa ciudadana, no son tan riesgosas como las candidaturas independientes y la relecci?n legislativa. Sin embargo, la forma en que est?n redactadas asegura que casi nunca ser?n utilizadas por la poblaci?n.

Aquellos ciudadanos interesados en una verdadera transformaci?n social no tendr?an que dejarse llevar por la distracci?n de una reforma pol?tica mal planteada, sino trabajar por una transformaci?n de fondo en la estructura de poder social, econ?mica y cultural, as? como por una renovaci?n integral de la clase pol?tica nacional.

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Publicado por solaripa69 @ 9:51
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